Textos,
pretextos
y otros vértigos
Pedro Conrado Cúdriz
Hay que remarcar que la brevedad por el simple hecho de ser minimalista, no deja de tener su estructura estética, alegórica, que se expresa de manera compacta y alusiva, como un rayo de luz en la oscuridad. El embrujo de un texto breve es que puede expresar el asombro de la escritura, el poder de la síntesis y el vértigo del escritor. Como escribí en otra parte, el escritor bajo el temblor de su propio asombro, cuchillo en lápiz, corta la flor de las alucinaciones para propulsar el hálito de las tiernas sensibilidades de la inteligencia superior. Quiere asombrar y siembra heridas, quiere herir y sólo azuza el asombro.


¡La eternidad te tocará el costado


una desolada visión de cosas idas


y la inapelable brevedad de todo!
La lluvia lava felizmente la piedra
que no se cambia por pájaro.





La hoja que cae majestuosa sabe
de la fiesta que arman las que están en tierra.
El sol besa la piel
de la futura flor marchita







Vivir es hermosamente doloroso.
La crisálida en el arco de la vida no duda,
Es mariposa.
El reloj
inútilmente se deshace del tiempo.








La impaciencia del frutero 
exalta la sabiduría de la fruta que no cae a tierra.
Los pueblos duermen
bajo la tiranía
de los elegidos.
son como las olas.
La vida sola,
solo para uno o dos:
tres es carnaval.
La nostalgia
Tengo ochenta y cinco años, dos menos que mi abuelo, dijo el niño. Será por la bendita nostalgia o simplemente porque soy un niño.
Discusión
Las dos ancianas mantienen ardorosas una infeliz discusión sobre la mayoría de edad. Peligrosamente defiende cada una, a su manera, su frescura. Al final, tal vez por hastío, la más joven dice a la que aparenta mayor edad:
--“Me llevas la ventaja y la alegría del vivir de un bebe de un año.”
La casa
En el patio, la dulzura del amarillo divierte a la salamandra. En el corazón del hombre que habita el patio la diversión es la soledad de la casa.
Nostalgia de la mano
Andrade salió maltrecha del accidente, sin una mano, que quedó allí, en un rincón olvidado del auto, llorando, inconsolable y triste, la ausencia del cuerpo.
La sonrisa
¡No, no me mates!
El arma se detuvo peligrosamente en el aire. El floriculturista observó la sonrisa de la orquídea.
El tedio
Se tendió muerta, en toda la esquina de La Felicidad, mientras la brisa y los que transitaban por el lugar caminaban presurosos a pocos metros del cadáver. Algunos se detenían por curiosidad pura a observar la muerte y sus zapatos desgastados por la vida y el fino pantoloncito interior, de color azul claro, que gritaba de dicha.
Sísifo
Al principio del castigo, Sísifo sufrió lo inimaginable. Subir y ver caer la roca era espantoso, no por el castigo eterno que era merecido, sino por la perniciosa rutina. Después de miles de años, el rey de Corinto, abandonó el sufrimiento para dar paso a la felicidad absoluta: nada más hermoso que ver caer la roca con la naturalidad y la lógica de la desesperanza.
Delicadeza
Se sintió solo en el manto de la noche y su mano izquierda, tierna y suave, se posó delicada sobre su pecho. La mano derecha atrapó la izquierda en el acto. ¡Qué susto!
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© Pedro Conrado Cúdriz
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 16
Enero-Febrero-Marzo de 2004
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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