DIRECCIONES DEL CRONOTOPO
EN LOS PARIENTES DE ESTER,
DE LUIS FAYAD

Mar Estela Ortega González-Rubio
marortegagr@hotmail.com


La presencia de la ciudad en la literatura colombiana, desde El Carnero, de Juan Rodríguez Freyle, hasta Satanás, de Mario Mendoza, ha sido un tema recurrente. Durante la década de los setentas del siglo pasado, los autores, concientes de los cambios sociales y políticos que estaba enfrentando el país, trataron de abordar la cotidianidad, interpretando los fenómenos sociales de la ciudad y explorando a través de numerosos temas los problemas de la existencia del ser urbano enfrentado a las fuerzas del sistema. Una de estas novelas fue Los parientes de Ester (PDE), escrita por Luis Fayad [1] , en 1978. En ella se hace un examen impávido de la vida bogotana, y se convierte la desesperanza en un estado de serenidad ante el caos del mundo.

Esta novela trae al ámbito de la narrativa colombiana contemporánea un tema trascendente: el del sujeto social con las opuestas obsesiones que lo hacen un hombre histórico y desorbitado. Esta primera narrativa de Fayad, continuamente revisitada, hace un examen de  las relaciones sociales al interior de uno de los Aparatos Ideológicos de Estado [2] : la familia. Uno de los interes de este ensayo es el de poner a dialogar la novela con uno de los teóricos de la Sociología de la literatura: Mijail Bajtin [3] . Igualmente el de realizar un estudio de PDE, teniendo en cuenta precisamente la retórica dialógica y dialéctica planteada por el teórico ruso, determinada en parte por la posición social, cultural y psicológica de los actores que se comunican y cruzan en la novela. Para ello, nos parece fundamental el concepto de cronotopo acuñado por Bajtin.
La viudez de un empleado sin importancia, su energía por conservarse y educar a los hijos entre una parentela golosa y farsante, forman el entramado temático de capítulos breves y exactos, maniobrados por un narrador que se proyecta sin caer en la inapetencia. A lo largo del texto, un discurso deja entre líneas la ironía y el humor. En PDE, las vivencias del protagonista son también las vivencias de una clase obrera aún no contaminada por la burguesía emergente. Con razón se ha dicho que esta obra de Fayad refleja mejor que otras "la disgregación del orden social acaecido sordamente durante el período del Frente Nacional" (Cursio: 1975, 101).

La familia vista por Fayad está conformada por el padre que, como modesto empleado público, vela con extrema dificultad por la educación de sus hijos y sueña con tener un día su propio negocio; la madre que sólo existe en el recuerdo y que en las obras de Fayad es invariablemente un ama de casa; los hijos pequeños que van al colegio sin cancelar sus pensiones; los hijos adolescentes que sueñan con estudiar inglés en el Colombo-Americano; la muchacha del servicio que ha trabajado desde siempre con la familia y que se ha convertido, a fuerza de lealtad, en un miembro más; la hermana casada con un árabe negociante; los tíos (el vividor, el falso millonario cuya muerte es anhelada en silencio por los familiares, el que esconde a su mujer e hijo por miedo al escarnio público); y por último, las tías solteronas brujas (la que manda, la que acompaña y la que asiente con la cabeza).

Ante las conductas de estos personajes, podemos reconocer que el enfrentamiento en PDE se da entre dos grupos familiares fácilmente identificables por la antropología histórica de la familia y que convierten a la ciudad en un escenario polifónico. Estos dos grupos familiares se relacionan con un contexto y con unos valores de interlocución definidos por los protagonistas del diálogo. Para Mijail Bajtín, es importante superar la concepción del lenguaje como un organismo monolítico, fijo, preestablecido, ajeno a los fenómenos culturales y a la diversidad social del habla. Bajtín estudia el lenguaje, ya no como sistema, sino como proceso productor de sentido y por tanto como acto ideológico-social.

El cronotopo constituye la columna vertebral de cualquier narración; es el lugar en donde los nudos de la narración se atan y se desatan:

“Llamaremos cronotopo (literalmente: tiempo-espacio) a la conexión intrínseca de las relaciones temporales y espaciales que se expresa artísticamente en la novela. Este término es empleado en matemáticas y fue introducido como parte de la Teoría de la Relatividad de Einstein. [...] Lo que nos importa es el hecho de que expresa la inseparabilidad del tiempo y del espacio (el tiempo como cuarta dimensión del espacio)” (Bajtín, 1981, 84-85).

El cronotopo organiza los eventos narrativos de la obra, posibilita la visión del tiempo en el espacio, permite la comunicación de la información narrativa y da lugar a la unión de los elementos espaciales y temporales en un modo inteligible y concreto. El tiempo se condensa aquí, se comprime, se convierte en visible desde el punto de vista artístico; y el espacio, a su vez, se intensifica, penetra en el movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los elementos del tiempo se revelan en el espacio, y el espacio es entendido y medido a través del tiempo.

La manera como el cronotopo representa el tiempo y el espacio permite organizar el devenir en una narración literaria y darle sentido. En la cultura colombiana, el tipo idílico de obras literarias tiene una tradición fuerte que arranca de las novelas fundacionales del siglo XIX. En la mayoría de las literaturas europeas e hispanoamericanas, esta línea de literatura decimonónica suele relacionarse con el romanticismo, término que cobija tanto el titanismo como el tradicionalismo. Parece más preciso el término inglés “sentimentalismo” (desde Richardson y Sterne hasta Dickens).

El espacio de la casa Camero tiene todos los rasgos del cronotopo idílico: es un mundo pequeño y autosuficiente donde se turnan las dos únicas generaciones en un ritmo cíclico. La casa, cuando vivía Ester, está presentada como un rincón familiar, un escondite del “afuera”. Tiene las cualidades del locus amoenus clásico: “[Gregorio] había estado toda la tarde solo en casa leyendo el periódico y oyendo la radio, y al final llegaba Ester y le contaba la charla de la visita y lo que supiera de nuevo, y [...] en ese momento le parecía que el día había transcurrido bien” (Fayad, 1984, 8) [4] .

Los momentos de remembranza de Ester se relacionan con el tiempo y el espacio idílicos. El tiempo perfecto y circular es el del recuerdo, y como el recuerdo sigue vivo en la memoria de todos, el espacio no se cae sino que continúa representando los valores positivos, aún después de la muerte de Ester. Es un mundo de illud tempus que Gregorio mira con cierta distancia, sabiendo que jamás volverá. Sin embargo, el espacio idílico de la casa está reforzado también en la figura de sus hijos, en su comunicación con ellos y en la dulzura y amabilidad de Doris. El tiempo aquí transcurre en forma de espiral, no hay cambios significativos después de la muerte de Ester. Hay proyectos personales en Gregorio (restaurante) y en Hortensia (trabajo en almacén, estudiar inglés), pero estos proyectos (que finalmente fracasan) no logran romper el orden inamovible de la casa, convirtiendo al cronotopo “familia cercana” en algo estático. Al principio de la novela, leemos: “Cuando Ester murió Gregorio Camero sintió su ausencia por todos los costados, pero no la falta de orden en el hogar. No comprendió entonces la insistencia de los parientes para que los hijos y él se separaran y fueran a vivir a casas ajenas” (5).

La novela comienza justo cuando el idílico cronotopo “familia cercana” se ve amenazado: “Después de la muerte de su esposa Gregorio Camero continuó viviendo en la misma casa con sus tres hijos, a quienes atendía Doris” (5). Ester está muerta y “ellos [los parientes] habían estado entrando y saliendo de la casa, dando la impresión de que no la habían abandonado desde la noche del velorio” (5). El cronotopo “familia cercana” se ve en problemas frente al cronotopo “familia lejana” que se ha edificado frente a otros valores, no premodernos como los de Gregorio, sino modernos. La amenaza al pequeño idilio familiar lo constituyen paradójicamente los parientes de la esposa fallecida. Estos representan el mundo “de afuera”, lo viciado, la modernidad, el progreso, la ventaja económica. La amenaza del mundo lejano se concreta en la presencia permanente de los familiares tanto en los espacios privados (casa y trabajo de Gregorio) como en los públicos (calle y cafés).

En la novela, la invasión de los parientes tiene significación múltiple y contradictoria. Su peor consecuencia es la apropiación momentánea del espacio idílico y, en este sentido, la amenaza de destrucción de aquel mundo autónomo. Sólo abandonan la casa de Gregorio cuando se acaba el café:

“Al cabo de los días los parientes dejaron de asistir [...]. Una noche Doris le informó a la tía Mercedes que el café se había terminado y los parientes tomaron la noticia como una calamidad pasajera. Pero a la noche siguiente [...] los más pudientes no concurrieron a la cita temiendo que les solicitaran ayuda. Luego desaparecieron otros, [...] hasta asustar a los que estaban a punto de pedir limosna”. (22-23)

A su vez, la invasión revela al protagonista valores auténticos: el amor de padre, la fidelidad y amistad al defender a Doris del ataque de las tías y la honestidad para consigo mismo. Fayad no pretende estudiar la evolución de los caracteres, sino narrar el acontecimiento clave en que se revela el personaje. En este texto ocurre lo que en otras dos novelas de Fayad, Una lección de la vida y Compañeros de viaje: se condensa en un momento clave la esencia del destino humano; no interesa ni la psicología de un personaje ni la cronología biográfica sino los valores puestos a prueba después de una situación difícil, la esencia de una vida vista sub specie aeternitatis.

En la literatura europea e hispanoamericana, desde el siglo XVIII, el idilio nunca se da puro. La contraposición clásica de edad-de-oro / edad-de-hierro, o campo / ciudad se encuentra cada vez menos. Los polos de la antinomia son disímiles. Primero, el género idílico adquiere un aspecto elegíaco, el mundo in illo tempore está visto con la nostalgia de ubi sunt. Segundo, la confrontación se da ahora en la urbe, donde el mundo hipócrita del egoísmo, el mercado y la futilidad forman un marco de coacción y una amenaza que a veces asoma en el rincón feliz. No es el campo sino en la misma ciudad donde hay momentos idílicos. El motivo de contraste está entre el mundo del pequeño núcleo familiar y el mundo viciado de los parientes.
El episodio del velorio de Ester sirve para comprender el contexto de este momento clave: la revelación del destino mutilado de un hombre que ha sufrido la muerte de su esposa. Gregorio se da cuenta de la vida perfecta que lleva sólo en el momento en que Ester muere (paraíso perdido); el relámpago de comprensión es suscitado por la muerte. La muerte es la forma de conocimiento que penetra en la sustancia vital. La revelación del vivo frente al muerto es un motivo romántico. Otro ejemplo claro de esta observación lo encontramos en María, de Jorge Isaacs, cuando Efraín sólo reconoce que la en el momento en ella está muerta.

Notemos que el motivo de la muerte de Ester no es unívoco. La muerte se puede leer como un emblema del fin de lo idílico. Su esposo se siente culpable por su muerte, siempre piensa que él pudo hacer algo más y se recrimina duramente. Pero la muerte de Ester marca también el despertar de Gregorio a la realidad de sus circunstancias, el abrir los ojos a otro espacio-tiempo donde los valores en los que él cree, están desgastados. El espacio-tiempo romántico que vivía con su esposa se acaba, él tiene que reconstruirlo a través de sus hijos y abrir los ojos a un mundo distinto que va a poner a prueba su honestidad, su valor y su fortaleza para enfrentar a los hipócritas.

Ahora, el rincón del idilio no era auténtico del todo, tenía momentos falsos y degenerados. La vitalidad y el valor auténtico están en el protagonista y con él se trasplanta al universo corrupto de los parientes. El personaje mismo contiene un mundo que trasciende al que le rodea. Lo auténtico está en el interior del personaje principal pero trasciende a ciertos espacios. Hay una nostalgia por el mundo pasado, cuando Ester existía. En el nuevo espacio se revela lo profundo de la nostalgia: no se trata sólo del amor de pareja y la vida con los hijos, sino de la pertenencia del hombre al universo, a la unidad del mundo. Es una nostalgia que es propia de la condición humana, inconsciente e indeliberada en el espacio idílico, consciente en el espacio histórico.

La revelación de la Ester muerta impulsa a Gregorio a buscar otro punto de apoyo: la expectación de montar un restaurante con Ángel, el tío de Ester. El nombre del tío no deja de ser esperanzador. El restaurante se convierte en un refugio objetivo en la topografía de la ciudad; es el símbolo de la independencia económica y laboral. Antes, él no había tenido esa preocupación porque Ester estaba ahí, pero ahora debe buscar la forma de autoconsolarse en pos de continuar su vida. El restaurante siempre será para Gregorio una segunda opción, un contentillo momentáneo no transgresor, como se verá al final de la novela, cuando todos sus sueños se vienen al piso. El protagonista, al soñar con el restaurante, abandona su rincón cerrado y se lanza al mundo grande en una hazaña quijotesca. Igual que Don Quijote, es guiado por valores que están dentro de él, en su voluntad. Así, se deja arrastrar por el tío Ángel, quien tiene también su pequeño paraíso fuera del universo de tía Mercedes y los parientes.

Otro aspecto, relacionado con la muerte que rompe el espacio y el tiempo idílico, es el agotamiento de la sucesión de generaciones: el núcleo familiar limitado es una de las variantes del cronotopo idílico. En la novela, la familia de Gregorio es pequeña y feliz, y es cuando la familia se vuelve multitudinaria cuando asoman las grietas y contrariedades. Al final de la novela, el mundo de los parientes (valores negativos) no triunfa, termina inclusive autodestruyéndose porque se revela su verdadera condición: asesinos, ladrones, locos y mentirosos. Los parientes no destruyen la relación de Gregorio con sus hijos, pero enseñan al protagonista a defenderse contra la sociedad opresora. La casa Callejas se presenta como excluyente a lo largo de toda la novela. Gregorio no entra nunca en ese espacio. Es precisamente esta exclusión la que le da a este lugar un mayor peso textual. El cronotopo “familia lejana” es el que origina el conflicto argumental, es el gran motivo embaucador del protagonista.

Por otra parte, Bajtín afirma que el concepto de cronotopo se puede extender más allá de la literatura, pues existen cronotopos de la vida real, como el cronotopo del encuentro o el del clan romano (1981: 97-138). En suma, la organización del tiempo y el espacio en unidades coherentes y cargadas de significado no se realiza únicamente dentro de los textos literarios, sino que también es un elemento fundamental de la vida social. Para poder realizar una biografía interiorizante fue necesario crear un cronotopo de la vida privada (centrado en el hogar y los acontecimientos que en él se dan) que se distinguiera claramente de los cronotopos de la vida colectiva; este es el caso de PDE.

Los cronotopos reales (Bogotá, en este caso específico) determinan en buena medida los literarios. Esto resulta particularmente claro en el caso del cronotopo folclórico primigenio. Esta concepción unitaria y totalizadora del tiempo y del espacio integraba en un todo armonioso los ciclos agrícolas, los ciclos estacionales, los ciclos astrales y los ciclos de la vida humana (1981 : 206). Esta unidad primigenia (sospechosamente parecida, por cierto, al paraíso perdido cristiano o al comunismo primitivo marxista) se vio rota conforme la vida privada se fue separando de la vida colectiva y surgieron cronotopos adecuados a la individualidad, un proceso vinculado al surgimiento de las clases sociales (206-210). Las ideas de Bajtín sobre el papel estructurante de la espacialidad son fundamentales. Al hacerlo, privilegia de modo eminente lo que Cassirer, en su Antropología filosófica (1993), llamó espacio perceptivo. Es decir, no el considerado en la homogeneidad resultante de su abstracción, sino en la particularidad de su concreción; y a este lo entinta la experiencia sensible de quien percibe.
Poblado por personajes de distintas clases y capas sociales, a la novela urbana le fue consustancial una diversidad que se acentuó en el registro pormenorizado de conflictos del individuo con el entorno en que se desenvolvía. En la novela urbana afloran cuestionamientos de tipo ontológico, y el cronotopo se convierte así en un elemento activo, sobre todo cuando se incorporan tópicos que aluden a ciertas quiebras morales. Luis Fayad se acerca a algunas problemáticas inmediatas de la época  y ofrece un vivo cuadro de las miserias, la efervescencia social y esa razonada (y a veces impalpable) frustración de entonces. A propósito de ese sentimiento, conviene subrayar que se trata de una entidad real, pero muchas veces debemos tomarla con reserva, ya que dicha frustración es también un constructo sociocultural del presente con respecto al pretérito o la idea que nos hacemos de él.

En PDE se advierte una ironía solapada, todo ello vinculado al afán de apresar la vida cotidiana bogotana, sus hipocresías e intenciones veladas. Así, la novela transcurre en un mundo sombrío, amenazado por la perversión y la neurosis. El ámbito citadino cobra cierta densidad en la novela. La presencia activa de la urbe representa una especie de contribución al discurso del desarraigo y la desorientación espiritual del individuo, tópicos de primer orden en el quehacer narrativo de Fayad. La ciudad aquí no es presentada como un organismo procaz, que se amplifica, por ejemplo, en los espacios de la violencia, la rumba y las drogas.

En PDE sentimos más bien el temblor de la conciencia de hombres roídos por el abatimiento y la consternación, al par que nos es dado manejar un modelo de mucho aliento narrativo de la vida durante la década de los setentas, un tejido de los intercambios cotidianos desde el punto de vista de lo dicho, pero sobre todo, de lo que no dicho. PDE maneja una serie de problemáticas vinculadas al desasimiento espiritual, el proceso de hacer del yo un escondite seguro. Con Fayad asistimos a una expresión en detalle de aquellas situaciones cuyas secuelas anulan toda certidumbre en los personajes, seres a veces pusilánimes (Ángel, Amador) que pretenden escapar de la realidad inmediata a causa de temores de índole moral y, asímismo, de una urbe cada vez más impersonal.

El contacto que Gregorio Camero tiene con el mundo exterior a la casa basta para que aparezcan ciertas referencias muy puntuales sobre la geografía urbana. La ciudad contada es Bogotá en la década de los setentas. La época se puede establecer con seguridad por la referencias al dinero. En cuanto al espacio, hay ciertos lugares como el edificio del Ministerio, donde trabaja Gregorio; la carrera Séptima; la Avenida Jiménez; el Café Pasaje, donde se reunirán Gregorio y Ángel para hablar sobre el restaurante; el barrio Santa Fé, donde vive Rosa (la mujer clandestina de Ángel); la Plaza de Bolivar; el Capitolio; la Catedral; los Seguros Sociales; el barrio Teusaquillo, donde queda la casa de los hermanos Callejas; el barrio Santa Teresita, donde Alicia y Hortensia se deslizan en el automóvil; la Universidad Libre; La Salle; la Externado de Colombia; la Gobernación; el Banco de la República y el Centro Colombo-Americano, entre otros.

La urbe constituye un elemento que participa en la acción, complejizando el entramado artístico. Se distinguen en la ciudad, claramente, dos polos: el del barrio Teusaquillo, donde se encuentra la casa Callejas y el barrio del sur, donde vive Gregorio. La Bogotá de Gregorio se ciñe al itinerario de una familia anodina y modesta. Tras ella, la ciudad se presiente como "celda gris y fría, urbe del despojo, pero también del beneficio personal" (Pineda Botero: 1999, 57). En el hogar, las relaciones, intrigas y conflictos traducen el malestar de una sociedad ganada al orden mercantil y sin embargo aferrada a las tradiciones y apariencias.

El apellido Callejas es el fruto tardío de una familia de “cierto prestigio” en “alguna época”. Los hermanos (Mercedes, Julia, Ángel y Victoria) viven en una casa en Teusaquillo, que es un barrio bogotano de cierta importancia en los años cincuentas. En los años setentas este mismo barrio se convierte en el asidero de familias venidas a menos que continúan aparentando un cuadro suntuoso. Al respecto, Cristo Figueroa dice que la sociedad bogotana, después del proceso de modernización latinoamericana hacia mediados del siglo XX, “continuó apegada a su mentalidad tradicional bajo una pomposa apariencia metropolitana. En dicha ciudad, el paso de lo rural a lo urbano y el acceso a lo moderno ocurre en condiciones sui géneris que generan tejidos culturales caracterizados por la heterogeneidad, la resistencia y el conflicto” (2001, 38).

El espacio urbano en PDE, de conciencia o externo, se erige en piedra angular de la arquitectura de la novela y, en consecuencia, ve enaltecida su densidad semántica. Lo consigue mediante estrategias formales diversas, entre las cuales ocupan un lugar señero ciertas figuras del caos, en especial la del laberinto, que simbolizan soledad, inseguridad, angustia, falta de asideros ideológicos antes firmes y ya desmoronados para un ser humano (Gregorio) que, nuevo Ulises, hace un viaje interior en busca de su propio ser, del sentido de su existir.

Más allá de la pluralidad de los cronotopos literarios y reales, Bajtín hace continuamente referencia a una plenitud del tiempo que los cronotopos expresan con mayor o menor exactitud. Así, por ejemplo, juzga negativamente al cronotopo folclórico por ser cíclico. Igualmente equivocada le parece la concepción clásica que habla de una Edad de Oro perdida en el pasado. Bajtín esboza la historia del progreso de los cronotopos hacia una mayor adecuación a la plenitud del tiempo, es decir, el surgimiento de una visión lineal y progresiva del devenir, que el autor considera ser la real y que es la que impera en la cultura occidental moderna.

Mi propósito, en suma, ha sido el de aplicar la riqueza explicativa del concepto de cronotopo a la novela PDE, cuyo cronotopo idílico y cíclico representa los valores positivos del héroe, en contraposición con el cronotopo de la concepción occidental del tiempo y de la historia. Según el cronotopo histórico occidental, el camino de evolución y progreso conduce, necesariamente, a un futuro mejor. El cronotopo del camino requiere que fijemos nuestra mirada hacia delante. Así, se nos presenta como una sucesión de triunfos: el de la verdadera religión sobre los paganismos, el de la razón sobre la tradición, el del conocimiento sobre la ignorancia o el de la tecnología sobre las limitaciones intrínsecas a la vida terrenal. Cualquier revés o retraso (y ya estas palabras implican una valoración muy clara) no es más que una pequeña aberración en un recorrido predeterminado e indetenible. Así, la historia se convierte en una comedia en el sentido aristotélico del término: una trama que tiene como desenlace la reconciliación. Todas las destrucciones, todas las agresiones a otras culturas son justificadas por su incorporación a esta marcha triunfal.

Un ejemplo de la fuerza de esta convicción es PDE. En la novela se justifica la integración de Gregorio y sus hijos al mundo hipócrita de los parientes (es decir, el despojo de sus valores, la destrucción de su intimidad y su incorporación forzosa al núcleo familiar Callejas) con el argumento de que al convertirlos en “parientes” se les abre la posibilidad de ser partícipes del “progreso”.

Más allá de señalar las nefastas consecuencias que la imposición de la cultura occidental y su cronotopo histórico han tenido sobre las demás culturas del orbe, lo que me interesa es analizar la manera como la inquebrantable convicción de los occidentales de estar localizados en el centro de la única historia, de ser los poseedores de la verdadera historicidad, ha facilitado la imposición de su dominación sobre el resto de las sociedades del planeta.

El cronotopo lineal es la base de la muy antigua convicción occidental de que su triunfo, su imposición de relaciones de dominación sobre otras culturas, ha sido siempre el resultado necesario de su superioridad, de su posesión de la verdad, de su mayor evolución. En PDE, naufraga este cronotopo espacializado en la casa Callejas con un crecimiento temporal hacia el progreso. Ángel, aunque consigue enfrentarse a Mercedes, debe aprender a vivir con la frustración de no poder realizar su negocio (el restaurante); Honorio está quebrado y no puede robar a nadie; Amador es un ser pusilánime y mendicante; Mercedes enloquece al darse cuenta de que su hermano la robaba; Victoria y Julia son mujeres larvadas por la obediencia cuya existencia es completamente inútil.

Así tenemos que en PDE, el cronotopo histórico occidental intenta pero no consigue absorber otros cronotopos y subordinarlos a su unicidad. Y aunque el cronotopo histórico impone una hegemonía como parte de una estrategia de dominación, Gregorio se mantiene de pié en su pequeño paraíso egoísta, en su menuda mentira romántica que lo salva de la aniquilación moderna. El mundo de la familia cercana triunfa sobre el mundo de los parientes y esto nos señala que aunque estos dos mundos inconmensurables intercambien información, ideas (con los inevitables malentendidos), el idílico y romántico se impone sobre el cronotopo histórico occidental en una relación de poder claramente desigual. Aunque hay varios cronotopos (reales o no), no hay un verdadero dialogismo en PDE, ya que el mundo de los parientes es puesto como mero contrincante del mundo idílico de Gregorio, que para Fayad es la axiología positiva de la novela. El cronotopo idílico, como ya dijimos antes, tiene una historia larga y entretenida en la literatura colombiana y latinoamericana; no es en nuestros países un "microuniverso condenado a la desaparición" (Bajtín: 2001, 40). 

NOTAS:

[1] Luis Fayad (Bogotá, 1945) vive a Bogotá de niño, para luego contar esta ciudad desde el exilio. Ha publicado Los sonidos del fuego (1968), Olor a lluvia (1974), Compañeros de viaje (1991), La carta del futuro. El regreso de los ecos (1993) y Un espejo después y otros relatos (1995), entre otros.

[2] Los otros Aparatos Ideológicos de Estado son: la Iglesia y la Educación. Término acuñado por Althusser en “Ideología y aparatos ideológicos del Estado, en notas para una investigación”. En: Revista Milenio, Nº 4, 1989.

[3] Mijaíl Bajtín (1895-1975) fue un extraordinario pensador ruso, cuya obra alcanzó prestigio en los círculos académicos moscovitas de los años 60, para luego ser reconocida y aclamada en occidente después de su muerte. Su obra y la de quienes formaron el círculo intelectual y académico del autor están en el origen de la nueva lingüística, la sociolingüística, la narratología, la antropología literaria, los estudios culturales y las construcciones hipertextuales. Estuvo siempre muy abierto a las corrientes filosóficas y científicas de su tiempo; siguió de cerca, entre otros muchos, los postulados de Einstein, trasladando ciertos conceptos acerca de la relatividad a los estudios del diálogo, a los procesos de comunicación.

[4] Todas las citas de la novela serán de esta primera edición colombiana de La Oveja Negra; la primera corresponde a la editorial Alfaguara en 1978 y la tercera y última realizada por la Universidad de Antioquia en 1993. 

BIBLIOGRAFÍA:

Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos del Estado: Notas para una investigación. En: Revista Milenio, Nº 4, 1989.

Bajtín, Mijail. “Formas del tiempo y del cronotopo en la novela”. En: Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus, 1989.

----------------. Problemas de la poética de Dostoievski. México: Fondo de Cultura Económica, 1986.
----------------. Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI, 1989.

Cassirer, Ernst. Antropología filosófica. Bogotá: FCE, 1993.

Curcio Altamar, Antonio. Evolución de la novela en Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1975.

Fayad, Luis. Los parientes de Ester. Bogotá, La Oveja Negra, 1984.

Figueroa Sánchez, Cristo Rafael. “Relectura de Los parientes de Ester en la geografía narrativa de Luis Fayad: historia de una crisis urbana”. En: Revista de Ciencias Humanas. No. 29. Pereira: 2001, pp. 35-45.

Pineda-Botero, Álvaro. “De la arcadia a la neurosis”. En: Del mito a la posmodernidad, la novela colombiana de finales del siglo XX. Bogotá: Tercer Mundo, 1990.
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©   Mar Estela Ortega González-Rubio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 16
Enero-Febrero-Marzo de 2004

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN IV - NÚMERO 16