RECUERDOS DE MI BARRIO ABAJO:
EL SINDICATO
Cesar “Paraguitas” Morales
En la calle Bolívar entre Olaya y Aduana con nomenclatura 46-208 había una casona de estilo dórico construida en 1926. Su diseño se hizo para funciones de gala y presentaciones de obras de teatro, aquí debutó en el canto, siendo una niña, Estercita Forero, quien vivía en una casa grande de paja en esa misma cuadra, con el número 46-45. Una vez culminada su feliz etapa como centro de la cultura, y ante la construcción de otros escenarios, como el vecino Teatro Apolo en el corazón del viejo Prado, seguramente más apropiados y con mayores comodidades, esta edificación fue adaptada para albergar a los estudiantes de la escuela pública No. 9, más conocida entre sus alumnos con el cariñoso mote de “La novena”; luego sería ocupada por La Sociedad de Ingenieros Mecánicos y, finalmente, fue la sede del Sindicato de Navieros.
Esta cuadra era calentísima. En ella vivían unos manes de apellido Angulo, a los que apodábamos “Los Mosquitos” por lo flacos que eran, ellos fueron los pioneros del Seconal y el Despará, pepas que se metían dizque para viajar y sentirse mono. “Igualito al LSD que meten los Beatles”, decían promoviendo la nueva opción para trabarse.
Había también tres hermanos de apellido Méndez, a los que les decíamos “los brothers”, que eran mas buscapleitos y bronqueros que el carajo, eran muy temidos porque además de estar bien constituidos físicamente, a la hora de darse trompá caían los tres al mismo tiempo y jodían a todo el mundo. Mejor dicho, ¡eran culos de hijueputas! Fíjense cómo son las cosas: hoy en día son unos manes respetables y profesionales.
Cuando el río Magdalena perdió importancia como medio de navegación fluvial, se acabó el puerto y el Sindicato de Navieros se disolvió. La casona fue abandonada y tan solo cobraba vida cada año, por la época de los carnavales, cuando en ella se llevaba a cabo el baile “La Despedida” que se efectuaba el Martes de Carnaval, y unos vivarachos disfrazados de “viudas” llorando a Joselito Carnaval nos metíamos a la brava embistiendo al portero. Estando adentro nos quitábamos los disfraces y con la plata del rebusque del Joselito, empezábamos la rumba para despedir el carnaval de turno. ¡Qué tiempos aquellos, mi brother!
Nadie imaginó que en esa casona vieja y semi-abandonada, se gestara un cipote movimiento artístico llamado “EL SINDICATO”, integrado por unos manes que se coleteaban. Eran bacanísimos y en su hablao se les notaba que tenían buena materia gris en el bolo.
EL SINDICATO estaba integrado por Carlos Restrepo, “El Charles”; Ramiro Gómez, “El Rá”; Alberto del Castillo, “Albertico”; Efraín Arrieta, “El Comandante”, y Aníbal Tobón, “Mandrake.” Algunas veces, muy pelao aún, “El Coleto” Efraín Cortés, hoy residenciado en París y conocido como “el Pintor del Barrio Abajo”, incursionaba por esos lados.
No está de más decir que el atrincheramiento de estos bacanes en esa casona se debió al romance de “El Charles” con Yolanda, su esposa hoy en día, quien era hija del propietario del inmueble y les dio como vivienda a la pareja este lugar. El suegro bacano se llamaba Carlos Casas y corría el año 1973.
Estas pintas metían vareta, todos, y su ración semanal era de media libra de cannabis que compraban donde “El Bula”, un jíbaro que tenía su expendio en la calle Santana entre Roble y Primavera. Por la abundante competencia en el barrio, este jíbaro se ideó una campaña en la que promocionaba su vareta de esta manera:
“¡Producto de exportación, mi pana!
¡De la Sierra pa’ la boca!
Pura concha’ e coco
No da dolor de bolo, ni pone la vista colorá!
Da una traba bacanola. ¡Pruébala y verás!”
Un dato bacano es que Efraín Arrieta, “El comandante”, se dio a la tarea de coleccionar todas las “chicharras” o colillas de los quimbombos que se metían y, años después, las pegó una detrás de otra, aprovechando su textura particular y el color del papel chamuscado, haciendo un cipote cuadro bien coleto llamado “Collage” al mejor estilo del “Arte conceptual”, también conocido como “Arte de ideas”, el cual más tarde fue utilizado por Ramón Illán Bacca, un profesor universitario considerado el más notable escritor costeño de la generación posterior a la de García Márquez, para ilustrar la carátula de su libro “Marihuana para Goering”.
Estos manes eran existencialistas, bebían en la fuente intelectual de Camus y de Jean Paul Sartre, y su delirio era el arte en todas sus expresiones: pintura, poesía, teatro, música, etc... No se metían con nadie en el Barrio Abajo y nadie del barrio se metía con ellos, pues, eran unos “Yones” simpáticos y agradables que inspiraban confianza y vacilaban el idioma hablando al revés a la perfección, y de sus labios salían términos que hacían carrera como “el brother”, “mi pana”, “boquio”, “la fraca”, “prendiendo necu la varecuneca”, pues, coleto que se respetara tenía que estar al día con las últimas innovaciones del “idioma” , sino “estaba en dana” y “quedaba domaman”.
Estos coletos tenían unas vainas más raras que el carajo. En una ocasión los vimos recogiendo zapatos viejos por toda la ciudad. Salían en bicicleta, en una moto vieja o en un Willys.
“¿Hey, loco, qué van hacer con esa carrandanga de guayos viejos?, les preguntábamos.
Y contestaban: “¡Una nota chévere!”
La curiosidad nos mataba y empezó un operativo de espionaje para saber cuál era la nota hasta que descubrimos, a través de claraboyas y por encima de las paredillas, que en una alacena estaban clavando todos esos zapatos viejos.
“¡Eche, culo de traba, cuadro!”, comentábamos los que no sabíamos de estas vainas.
¡Nojoda! Y cuán grande fue la sorpresa, cuando nos enteramos que estos manes habían coronado el primer puesto en el Salón Nacional de Artes Plásticas en Bogotá con su obra “ALACENA CON ZAPATOS” y se habían ganado un buen billete de premio y un viaje al Brasil.
Esos manes fueron los pioneros del Arte Conceptual, arte cuya esencia es la de no depender de lo bello, de lo bonito y cuyo gran exponente es nada más ni nada menos que Álvaro Barrios que, entre otras cosas, fue profesor de todos ellos en La Escuela de Bellas Artes.
¡NOJODA!, ¡MI BARRIO ABAJO HA DADO DE TODO, CUADRO!
¡POR ESO LO QUIERO!
P.D. Nomenclatura actual de las calles mencionadas de Barranquilla en este recuerdo:
Bolívar (41)
Olaya (46)
Aduana (50)
Santana (46)
Roble (51)
Primavera (52)
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© César “Paragüitas” Morales
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 15
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2003
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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