EL “OTRO” PERIFÉRICO
EN DOS RELATOS PUERTORRIQUEÑOS
Silvia María Valero
Marta Aponte Alsina, (Puerto Rico) publicó en 2001 el libro de cuentos La casa de la loca y otros relatos. De este trabajo tomaré sólo dos de ellos, “La loca de la casa (1887)” [1] y “Casa negra (1904)” para abordar el análisis de la construcción del “otro” desde dos miradas: la que el intelectual masculino de fines del siglo XIX tiene sobre la mujer en el primero y la del norteamericano invasor sobre Puerto Rico y su gente, en el segundo.
En ambos casos, si bien el contexto en que se inscriben cada uno es diferente, lo que predomina es una mirada, desde el sujeto de poder, desdibujadora del real interior del “otro”.
Sintéticamente, diré que el primer cuento narra la historia de Rosario, una española casada y radicada en San Juan de Puerto Rico a fines del siglo XIX, con Alejandro Tapia, escritor puertorriqueño. Muerto éste, ella emprende la tarea de continuar la escritura de un relato que su marido dejó inconcluso, --cuyos personajes también se denominarán Rosario y Alejandro--, y todo el trabajo será el desarrollo de una tensión entre la escritura femenina que lucha por imponerse libremente auténtica y la voz del sujeto masculino, que, aunque ausente, todavía deja sentir su impronta falogocèntrica.
El segundo relato simplemente muestra una familia de norteamericanos instalados en Puerto Rico luego de la guerra del ’98 y su constante descubrimiento de lo “nativo isleño”. Acompañando esta aventura, va con ellos una máquina de fotografías Kodak con la que se intenta estatizar en un papel la vida del “otro” y el paso de los norteamericanos por el espacio no sólo geográfico sino cultural del “otro”, --ya apropiado--, hasta que son interceptados por una negra que, por medio de la burla, logra poner en ridículo a uno de los gringos. Es tomada prisionera pero logra escapar, riéndose de la venganza que la isla hará recaer sobre los intrusos.
La naturalización de lo cultural femenino
“La loca de la casa” da muestras claras de cómo el pensamiento intelectual masculino, logofalocèntrico, del siglo XIX, construye un sujeto mujer desde una mirada de dominación. De esta manera, se busca ontologizar un individuo sumiso y con actividades indelegables por su condición femenina.
Dentro de la historia narrada por el sujeto de la enunciación, con Rosario y Alejandro como personajes, se intercala la historia que Rosario irá escribiendo con los mismos personajes [2]. Sin embargo, y esto es lo que me interesa destacar, se van produciendo cambios en la conciencia de la mujer, que dan cuenta de la resignificación a la que Rosario somete al mundo (discursivo) y que la resignifica también a ella. Reconoce que el lenguaje que la ha construido en todo el tiempo de su matrimonio, es un lenguaje masculino que coarta sus posibilidades intelectuales y vivenciales, para reducirla a una-mujer-de-su-casa. En esta instancia, se pone de manifiesto lo que Simone de Beauvoir modelizó con el nombre de “en situación”, en la medida en que Rosario, ya sin el peso de la presencia masculina, jerárquica y poderosa, intenta deconstruir el discurso masculino y patriarcal que la conformó.
En la utilización de palabras que su marido no hubiera elegido, Rosario busca reconocerse y reconocer como suyo el objeto-escritura que la define. Y así, en un imaginado diálogo con Alejandro, personaje del cuento que ella relata, hace decir a la protagonista del “cuento interior” , que es ella misma:
“...el lenguaje no me pertenece. A menos que dejen entrar al diccionario ciertas palabras prohibidas, esas que se elevan de la tierra y palpitan en el aire que nos llena los pulmones. Palabras como reyar, por ejemplo. ( 62)
A lo que su marido le responde: “--Estás hecha una criolla.”( 62).
El vigor intelectual de Tapia responde a los cánones académicos. La función de Rosario fue alimentar, nutrir y proteger, pero ella siente que es el lenguaje el que le permitirá afirmarse en su identidad de sujeto, en un lenguaje que el “Otro” (el otro del otro, en este caso) no acepta . Se puede hablar del asomo de una perspectiva heterogénea en la variante del español puertorriqueño a la hora de comparar el lenguaje que emplea el escritor, el letrado, y el que quisiera usar la mujer, que representa el Puerto Rico periférico, en comunidad con la América apasionada, esa “América del sentimiento” como la llama Sarah de Mojica.
Con la escritura, Rosario no sólo ordena su realidad sino que revela los mecanismos de poder afianzados en la sociedad patriarcal. Siendo la escritura y el nombrar las cosas una actividad privilegiada en cuanto dadora de poder, es la usurpación de ese privilegio lo que Rosario está poniendo en juego. De alguna manera, está confirmando la imposición social de su invisibilidad como mujer portadora de un saber y de un poner en acto ese saber que es la escritura literaria.
Con aquellas palabras (“Estás hecha una criolla.”), Alejandro pone en evidencia que el modelo de mujer que esta ideología plantea como deseable es el de la que podemos denominar “civilizada”, como concentradora de progreso, en oposición a una “bárbara”, que exhibe como valor el disfrute. Y aquí surge una nueva problemática: la del placer.
En varias ocasiones, Rosario manifiesta su goce por la sensualidad puertorriqueña, expresada en el lenguaje, en las costumbres. Sin embargo, esto mismo hará que se vea a Puerto Rico como un país bárbaro, alejado del pensamiento, la reflexión, la lógica, cuando la viuda recuerde a su esposo marchándose al Ateneo... “a prodigar sus solitarias reflexiones sobre el arte y la literatura en un país alejado por pura sensualidad de la filosofía.” (18)
Será en el pensamiento torturado por el deseo del cuerpo insatisfecho por la ausencia del hombre, cuando Rosario deje al descubierto la domesticación moral. El placer, y sobre todo el autoplacer, es concebido bárbaramente, atravesado por la ley ya no sólo paterna, sino divina:
“Imposible saber qué pesa más, si la eternidad aparente del esqueleto o el segundo fugaz de la carne que me niego a castigar, porque es una barbaridad el pecado, una barbaridad que alguien haya podido concebir la existencia del pecado. […] el cuerpo vacío de manos, abandonado en sus huecos, ardiente pareja sujeta al hambre carnal del esqueleto que insistía en desvestirla a la fuerza. (19)
El cuerpo de Rosario, receptáculo de su represión, logra la sublimación del deseo en la escritura. Usa lo que le está prohibido --la letra-- para transgredir la otra prohibición, que es la del deseo físico. Por eso, en el “cuento interior” dirá de su personaje femenino-Rosario, al que podríamos llamar “su otro yo”:
“Su verdadera Eva dormía un sueño inquieto, en la cama con aspecto de caracola para ninfas exhaustas, […] blandamente sensual y olorosa a los jazmines del jardín... ( 19)
Por otro lado, en el campo semántico con que se delimita el “ser” o “no ser” un género, sobresale la manera de denominar al colectivo mujer: el bello sexo. Es decir que el ideal femenino culturalmente instaurado es la belleza física, la fragilidad (sensible, de espíritu sublime, madre y esposa), en una asociación de género y sexo. Pero también en una oposición al “ser” hombre, identificado con la lógica, el pensamiento, la razón.
Existe en “La loca de la casa” una instalación en la periferia de ciertas actitudes sociales e individuales de Rosario. Sin embargo, esta construcción cultural se enmascara en la naturalización de la función doméstica de la mujer que deriva, consecuentemente, en la naturalización de la exclusión de determinadas actividades y deseos. Asímismo, la protagonista busca romper con la oposición jerárquica binaria de las palabras, en su intento de constituirse como ser en la lengua parlante. Es en esa búsqueda de la liberación de la naturalizada prohibición cultural, que Rosario encontrará el intersticio por donde escapar a la ley patriarcal.
El “otro” pintoresco de la colonización en “Casa negra”
La “casa negra” del título hace referencia a la cámara fotográfica que porta Susan, retratando todo lo que a su paso se le aparece como raro en cuanto exótico. Así, se convierte en el elemento fetiche que le permite capturar el afuera de las cosas, la apariencia formal, que para ella, desde su mirada colonizadora, se reviste de extravagancia, del exotismo propio del país caribeño. Es la mirada turística, incapaz de obturar la imagen externa para ahondar en cuestiones existenciales. La isla, su flora, su fauna, pero principalmente su gente, “los nativos”, se convierten en lo distinto apto para ser retratado y así, en esa imagen estática, concentrar el asombro, la extrañeza que produce el otro. Y allí está ella para mostrarlo al mundo civilizado:
“[…] ella le mandaba souvenirs coleccionados en la nueva posesión caribeña: ejemplares de la flora y la fauna, tipos humanos, la imagen en cartulina de algún negrito angelica”. .(82)
Sin embargo, esta actitud no es tan inocente, en cuanto va estableciendo la dicotomía civilización-barbarie a cada paso, donde cada término acoge los elementos respetando en su totalidad el legado sarmientino.
A manera de una crónica colombina, Susan va descubriendo la rareza del “otro”, la anormalidad, lo abyecto, a tal punto que el narrador nos dice que la familia está realizando “una excursión al país de los puertorriqueños”: parafaseo de la obra del argentino Lucio V. Mansilla, [3] donde lo que sirve como categoría igualadora es la barbarie, la incivilización, el salvajismo de los indígenas en un texto y de los “nativos puertorriqueños” en el otro. Y al igual que las cartas que el argentino envía a su amigo en las que narra las costumbres de tierra adentro, para Susan, todo lo que ve es un espectáculo que, como agregado, los demás deben saber que ella está viviendo, de lo contrario perdería todo sentido. Si las fotos serán un documento inapelable, también piensa (Susan):
“[…] en la carta que escribiría dando cuenta de aquel espectáculo: «En los pueblos de esta isla hay personajes raros que deambulan libremente por las calles, como si se hubieran abierto las puertas del manicomio, mendigos que llevan todas sus pertenencias en un saquito, perros sarnosos, niños barrigones y desnudos, qué lugar éste» (98).
Es decir que todos forman parte del mismo conjunto de lo desechable, de la escoria social: perros sarnosos, mendigos, niños barrigones y desnudos. La actitud de Susan me recuerda la explicación que T. Todorov exhibe en La Conquista de América. El problema del otro, acerca de la reacción de Colón ante los indígenas: “Su actitud frente a esta otra cultura es, en el mejor de los casos, la del coleccionista de curiosidades y nunca la acompaña un intento comprensión”. (45)
Es importante la humanizaciòn que el narrador hace de la máquina fotográfica: la llama por su “nombre de pila”: Kodak. A veces es ella la que actúa sola, sin una mano humana que la maneje. Es la representación de la importancia de la fotografía, el dejar estáticos momentos “pintorescos” (Susan elige el adjetivo pintoresco para explicar la impresión que le causan determinado personajes o sus acciones. Adjetivo relacionado con lo digno de ser mirado, lo asombroso por lo que presenta a la vista), como una manera de lograr que quienes no están presentes crean en esa realidad exótica que con palabras no se puede narrar. Cuando el poder explicativo de éstas desaparece, asoma la fuerza de la imagen, real, impactante y constatadora de la existencia del otro para quienes no pueden verificar con sus propios ojos la verdad del colonizador civilizado, blanco, occidental, y, agregaría, pulcro, tomando este adjetivo de la dicotomía que Rodolfo Kusch [4] establece entre hedor latinoamericano/pulcritud europea, sobre todo en el episodio en que uno de los personajes, Bobby, pelea con “dos chiquillos que nunca, seguramente nunca jamás, habían visto una ducha.” (102)
Claro que no sólo la suciedad es una característica propia de los “nativos”, sino que se anexa a otro elemento ontologizador y excluyente, vinculado siempre a la irracional barbarie: el sexual. Se habla de que son “fornicadores nativos”, aún más que “el fornicador español”, con lo que comprobamos que la mirada establece distintos grados de abyecciòn (no olvidemos que el tiempo en el que se enmarca este relato es apenas seis años después de que España perdiera a Puerto Rico como colonia en manos de Estados Unidos.) Ante la naturalidad de la desnudez de los niños nativos, la reflexión de las gringas es la del colonizador superior cuya misión es civilizar, o lo que es lo mismo, imponerse culturalmente:
“Serena, en cuclillas, le abrió los brazos a un negrito desnudo, con el sexo --qué descaro, cuán necesitadas de instrucción moral estas gentes-- -hecho un badajito puntiagudo bajo la campana de la barriga, […] y ella se imaginó mientras tomaba la foto, el calce que merecía: «A Puerto Rico baby boy in his native costume»”. (97)
Ahora bien, hasta acá una historia de miradas colonizadoras ya conocidas. Pero lo importante de este relato es la perspectiva de un personaje que sólo aparecerá en la historia, y por unos pocos segundos, al ir promediando la misma. Se trata de una negra machorra, que se atreve, en un acto de resistencia, a enfrentar sin violencia a los intrusos.
En medio de una sesión de fotos del gobernador Hunt junto a un ostentoso automóvil negro, frente al cual todos los trabajadores de la hacienda quedan subyugados, hace su aparición “la loca del pueblo”: “se paró a poca distancia del gobernador, con los brazos colocados en jarras y las piernas abiertas, un verdadero negativo fotográfico del otro, sacando al frente el vientre y el bulto de entrepiernas.” (99)
Ella hace lo que la normativa social proscribe. Al no tener el peso de la convención sobre sí, su normatividad está regida por la curiosidad. Ella también descubre algo extraño y entonces se invierten los roles. Es ella quien se le anima al blanco y, lo que es más humillante, a través de la risa, de la burla: “Aquello no podìa durar, qué espectáculo, la reacción de la plebe una risotada nerviosa que se regó epidémica”(99).
Reírse del mandato es correrse de la dialéctica para desarticular el argumento, la lógica binaria de disciplina/resistencia. La ironía tiene que ver con desconocer los términos del planteamiento de la cuestión, y el otro (el otro del otro, al igual que en el cuento anterior) no puede jugar el poder en esos términos. Entonces se pone el poder violento sobre la escena, y la negra es arrastrada por los pies insensiblemente.
En seguida, Susan establece, por asociación, una antropomofización zoomórfica al vincular los chillidos de la negra con los del cerdo que habían degollado la noche anterior. Perspectiva colonizadora que se impone y nos fulmina verdades.
Finalmente, cuando con la ayuda de los isleños la negra logra escapar de la jaula en la que la encerraron, describe al blanco con adjetivos disfóricos desde su mirada. Pero, lo que los caracteriza negativamente es, precisamente, carecer de aquello que, desde la ideología colonizadora, y retomando a Kush, se insertaría en la categoría “hedor” de América: “el olor a claveles de muerto de aquellos blancos gringos, que no sudaban chorizo como los españoles , ni orines como los cerdos, un tufo sin peso ni gracia”. (105)
De alguna manera, lo que les falta, es el flujo vital isleño. No buscan llegar a la esencia de la tierra que están pisando porque todo se reduce a lo exterior. La negra los ve con sus limitaciones y debilidades, pero al referirse a ellos como “bestias carnívoras”, està sintetizando lo que de rapaz, destructivo y salvaje tiene la colonización. Nuevamente el otro del otro, como dije anteriormente:
Aquella gente pisaba la tierra como si el suelo bendito fuera un fogón de carbones encendidos que hay que apagar a patadas. El más que mea de todos ellos no sabía lo que era una invitación a bailar, a festejar, a hundirse dibujando sobre las sendas del rayo las corrientes subterráneas” (103).
De esta manera, finalmente, lo propio y natural toma venganza contra los intrusos usurpadores. Algunas de las represalias son de naturaleza muy real. La misma negra anuncia que recordará a los blancos por “sus delirantes retortijones, atormentados por el espíritu de aquel puerco cerrero.” (105). Otras revanchas vendrán desde lo desconocido, insertando así lo fantástico al final de la historia: “[A] Susan […] le sorprendió que, mientras mamÁ y Serena dormían nerviosas, su casita negra soltara feroz una carcajada de tripas hambrientas.” (103)
Como vemos, en ambos cuentos se establece el punto de partida para la descalificación en lo que el “otro” tiene de bárbaro e irracional desde la mirada superior de sujeto de poder. La heterogeneidad racial, étnica, genérica, hace de estas mujeres seres invisibilizados en su verdadero ser interior, oprimidos por distintas leyes que los marginan a existencias intrascendentales.
Rosario, si bien es el paradigma de la mujer decimonónica, blanca, occidental y de clase media, educada para funciones impostergablemente femeninas, no constituye el único “sujeto mujer” posible de ser analizado. Así, en el caso de la negra, me atrevería a decir que ella cumple la función de representar toda una cultura avasallada. En ella se conjugan las diferentes marginalidades: mujer, negra e isleña, frente al blanco de la metrópoli usurpadora.
Si bien es claro que no es comparable la exclusión discursiva que hace Alejandro de su esposa con la expulsión del sistema social a la que es sometida la negra del segundo cuento, ambos casos sirven de ejemplos para demostrar que los sujetos periféricos hallan mecanismos de contrahumillaciòn que dan cuenta de que el disciplinamiento no se logra totalmente, y desde donde, simbólicamente se puede resistir.
NOTAS:
1. El análisis de este relato es la reproducción de un fragmento de otro artículo publicado de manera más completa en cuanto se analizaban aspectos que no toco en el presente trabajo, en http://www.geocities.com/marcas1pr/desde_ellimite_6hml, año 2003, vol. 6, bajo el tìtulo “La cultura letrada como constructora del sujeto mujer en «La loca de la casa»”.
2. Para diferenciarlo del relato central, lo denominaré “cuento interior”.
3. Me refiero a Una excursión a los indios ranqueles que escribe Mansilla luego de ingresar a territorio ocupado por aborígenes en plena campaña al desierto, a fines del s. XIX en Argentina, que terminará con la matanza de todos ellos para la recuperación de tierras que, entre otras cosas, eran necesarias para instalar vías de ferrocarril.
4. “El adjetivo hediento que esgrimo a veces, se refiere a un prejuicio propio de nuestras minorías y nuestra clase media, que suelen ver lo americano, tomado desde sus raíces, como lo nauseabundo, aunque diste mucho de ser aíì”( Kusch, 21).
BIBLIOGRAFÍA:
APONTE ALSINA, Marta. “La loca de la casa”. En: La casa de la loca y otros relatos. México, Alfaguara, 2001.
BUTLER, Judith. “Sujetos de sexo/género/deseo”. En: El género en disputa. Nueva York, Routledge, 1990
_______________ “Vínculo obstinado, sometimiento corporal. En: Los mecanismos psíquicos del poder. Stanford University Press, 1997.
_______________ “Sexo y género en El segundo sexo, de Simone de Beauvoir”. En: Mora. Revista del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género. Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires. N°4. Octubre de 1998. (10-20)
DE BEAUVOIR, Simone. “Introducción” y “Conclusión”. En: El segundo sexo. Buenos Aires, Sudamericana. 1999.
DE MOJICA, Sarah. “Sujetos híbridos en laliteratura puertorriqueña: Daniel Santos y Yo-Yo Boing. Literaturas heterogéneas y créoles” En: Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año XXVIII, N° 56. Lima-Hanover, 2° semestre de 2003.
KUSCH, Rodolfo. América Profunda. Buenos Aires, Biblos, 1999.
TODOROV, Tzvetan. La conquista de América. El problema del otro. México, Siglo XXI, 1987.
LA AUTORA:
Silvia Valero: (Córdoba, Argentina). Profesora en Castellano y Literatura, Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba en la República Argentina y, actualmente, cursa la Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, tras haber ganado la beca que el ICETEX otorga a estudiantes extranjeros.
_____________________________________________________
© Silvia María Valero
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 15
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v4n15otro.html