JUEGO DE BURLADORES BURLADOS
EN LA CUENTÍSTICA DE GUILLERMO TEDIO

Armando Martínez Gutiérrez
amarli@telesat.com.co

El que tiene costumbre y gusto de engañar a otro, no se debe quejar cuando es engañado.

Miguel de Cervantes

Yo no vi el antifaz que cubría tu rostro cuando me entregué.

Canción de Tito Cortez



El intento por abordar los rasgos identificativos en la obra literaria de un determinado escritor nos plantea de inmediato la necesidad de establecer los límites temporales o períodos de tiempo en los cuales se ha producido el corpus estético objeto del pretendido estudio. Tal delimitación no solo facilita valorar las tendencias literarias del autor en esa etapa histórica de su producción, sino que permite rastrear posibles variantes ideológicas de su visión del mundo, en relación con otras obras suyas anteriores o posteriores. De este modo, “se puede concebir al autor individual como hombre-signo histórico dentro de un contexto social en el cual se comporta como un productor de signos literarios y dentro del cual evoluciona dialéctica o diacrónicamente” [1].

Al tenor de estas consideraciones emprendemos la búsqueda ponderativa del libro También la oscuridad tiene su sombra [2], del narrador y crítico literario Guillermo Tedio, obra publicada en el mes de diciembre de 1984. La colección de estos diez cuentos comporta una gama de historias fantásticas, donde lo grotesco, teatral y carnavalesco conceden una particular naturaleza a los acontecimientos trágicos desencadenados.

De la misma manera, los cuentos compendian una trilogía de elementos determinantes para el desarrollo de la acción, como son el erotismo, la sangre y la muerte. Estos aspectos transversalizan la variedad de tramas del discurso narrativo de la obra.

En consecuencia, observemos cómo el primero de los principios enunciados cobra especial presencia en los relatos, cuando el escritor conjuga hábilmente circunstancias eróticas con elementos teatrales (trágicos y cómicos), conformando una original mixtura discursiva. En “El Zaigred”, por ejemplo, encontramos a un frenético amante transformado en bestia felina para poseer a Omaida, la frustrada pintora que protagoniza y dirige el ritual escénico de su entrega carnal:

“Se aproximaba con movimientos de avance y retroceso, los ojos imantados por la amplia cama donde estaba Omaida con su cuerpo desnudo, lechoso, de bordes iridiscentes por la luz indirecta de las pequeñas lámparas que colgaban del cielo raso. Ella se parapetaba tras las almohadas, muro inútil frente al filo de las monstruosas uñas” (p. 13).

El sincretismo erótico-teatral resulta más que evidente en el pasaje anterior. Otro tanto ocurre en “Todos los rostros en tu rostro”, donde J. Duval, actor trastornado por la excitante voluptuosidad de Mariela, logra por fin seducirla,  al valerse de una misteriosa máscara:

“Entonces, con decisión, él se acercó, le tomó una mano, y la sacó a bailar. Ella no opuso resistencia, tendió en cambio una dulce sonrisa que hizo nacer en el corazón del hombre un bosque de ardientes girasoles. Como hipnotizada se dejaba conducir por los brazos masculinos mientras escuchaba susurros de amor ferviente que la obligaban a pedir perdón por sus anteriores actitudes de desdén” (p. 25).

El antifaz mágico del personaje no es la máscara festiva y alegre de la cultura popular. Aquí se utiliza para embaucar e impostar con vileza de sentimientos, y no muestra el principio carnavalesco del juego de la vida, que establece una relación ridiculizante entre la realidad y la imagen individual [3]. En sentido contrario, esa careta corresponde a la máscara del grotesco romántico y moderno que “disimula, encubre, engaña  [...] y adquiere un tono lúgubre. Suele disimular un vacío horroroso, la «nada»” [4].

Por otra parte, el aciago final del mencionado cuento “El Zaigred”, está matizado por la repugnancia de la sangre. Las festivas escenas del comienzo, con la acordada farsa de Roberto convertido en bestia, son abruptamente remplazadas por las terroríficas imágenes de la muerte de Omaida. La estructura dramática del relato, así concebida, nos plantea una especie de tragicomedia al revés, donde lo grotesco [5] se erige en factor preponderante:

“El Zaigred husmeó el lecho con su nariz parda y húmeda, de fosas contraídas. El ojo central se movió sanguinolento, la pupila agitándose en su órbita monstruosa, recobrando una vida violenta. La garra estirada cortó el aire, destripó una almohada y penetró en la carne cuya sangre comenzó a entintar las sábanas” (p.17).

Relacionado con el aparte anterior, conviene recordar que en criterio de Mijaíl Bajtín, la “nariz es siempre el sustituto del falo” [6], razón por la cual adquiere notoria importancia en la imagen grotesca del cuerpo. El mismo autor, retomando al investigador alemán Schneegans, agrega que “la mezcla de rasgos humanos y animales es una de las formas grotescas más antiguas” [7]. Las analogías con el relato aludido no podrían ser más reveladoras.

No menos grotesca resulta la escena final del cuento “Gatopardo”, que alude a los pormenores del asesinato de Francisco Aragón, narcotraficante traidor de sus anteriores compinches que, por toda paradoja, resulta masacrado en una trampa que él ha tendido para eliminarlos, pasando así de burlador a burlado en el fatídico trance:

“Los Torrenegra emergieron a derecha e izquierda y le fueron partiendo el alma, reventando la sangre con una puntería metódica, dejando largamente accionados los gatillos de las automáticas. El cuerpo no caía, se mantenía erguido, detenido en vilo por el contrapeso de las descargas hasta que de golpe enmudeció el  zumbido del plomo y el guiñapo comenzó a doblarse” (p. 60).

En cuanto a la presencia de la muerte, es bueno anotar que ocho de los cuentos del libro También la oscuridad tiene su sombra encierran el deceso  trágico de los actores protagónicos. En las dos restantes historias las escenas finales sugieren siniestros desenlaces también. Una lectura atenta de los relatos permitirá la comprobación de lo expuesto.

Las consideraciones presentadas hasta el momento, delinean las características del cuento fantástico moderno, matriz architextual de las narraciones de Guillermo Tedio. A continuación, se esbozan otros criterios de importancia en la exploración del universo significativo de su cuentística.
 
Inicialmente, retornemos al relato “Todos los rostros en tu rostro” para observar cómo los acontecimientos son catapultados por la temática de la mutación, de “el doble”. Es a partir de esta coyuntura que sobrevendrán las personalidades ocultas, subyacentes, de algunos personajes, como en el caso del comediante  J. Duval,  mencionado antes, quien suplanta reiteradamente su identidad al estamparse en la faz una colección de trece caretas encantadas, que contienen todas las expresiones que puede tomar el rostro humano. Tamañas actitudes apuntan a lo que el psiquiatra Sigmund Freud categoriza como siniestro en su obra Lo Siniestro [8], ya que entrañan situaciones de infamia y perversidad. Sin embargo, tal como lo dijimos en un trabajo anterior sobre este mismo cuento [9], para que se produzca esta atmósfera siniestra en las obras literarias, los sucesos deben causar una confusión o desconcierto en los lectores. Es decir, no se encuentra una explicación lógica a tan singulares eventos, los cuales escapan a los límites de lo entendible, lo razonable. Debido a estas circunstancias, se fraguan muchas especulaciones interpretativas sobre los acontecimientos narrados que parten de estudios psicológicos, filosóficos, sobrenaturales, etc.

Efectivamente, este cuento, como todos los demás, propone el rompimiento del orden cotidiano y previsible de los hechos, determinando en los lectores un choque con su visión del mundo. Por esta razón, se resquebrajan los mecanismos de internalización de la realidad, debido a la imposibilidad de racionalizar el misterio que esconden las fatídicas máscaras, de manera especial, la que determina la muerte del actor:

“Por fin logró prender el velo, o por lo menos eso creyó él, y tiró entonces fuertemente para arrancar de un solo envión la cara postiza. La máscara no cedió: las uñas entraron profundo en la carne, tiñéndose de rojo. Luego, siguieron algunos alaridos que terminaron apagándose en una fuga de sangre y latidos” (p. 27).

Situaciones como la anterior postulan una especie de unicidad entre la realidad y la fantasía, conformando de paso, una isotopía connatural a las narraciones de Tedio en esta publicación [10]. Así, el protagonista de “Arosemena juega”, empeñado en el juego de sentenciar a muerte a sus vecinos, haciéndoles llamadas telefónicas, ahora experimenta una cruel incertidumbre porque en la noche recibe, o cree recibir, una llamada de horror que lo sentencia a morir también, ubicándolo en el rol del cazador que al disparar le sale el tiro por la culata:

“Lo mordía el recuerdo de la pesadilla aunque no podía develar si había sido un sueño o un retazo cruel de la realidad  [...] de modo que se levantó obsesionado por aquella llamada venida de la realidad o de la incoherencia del sueño, no lo sabía” (p.34).

Una confusión similar ocurre en torno a Ebenecer, personaje de “No han visto el mar mis ojos”, quien en medio de un paisaje andino, y por tanto, muy lejos de la costa, es encontrado muerto por los lugareños en circunstancias que proporcionan gran desconcierto:

“Desde la penumbra les llegó un vaho de aguas saladas, una tufarada de peces y mariscos. Ebenecer estaba allí, en mitad de la habitación, sobre el piso de barro, envuelto en sedimentos marinos, como el cadáver de un buzo que retorna de los fondos abismales” (p. 51).

En relación con esta amalgama de realidad y fantasía, es bueno recordar que en los relatos de La noche con ojos [11], primer libro de cuentos publicado por Guillermo Tedio, en 1979 --cinco años antes de la colección que nos ocupa--, ya esta tendencia, aunque no constituía un rasgo definido a plenitud, era particularmente manifiesta en relatos como “No basta una muerte”, donde el personaje militar es desestabilizado por el pánico al recibir una nota, con amenazas de muerte, de un guerrillero vilmente asesinado por él mismo, meses antes. Sin embargo, ahora verificaba con angustioso asombro que la letra del mensaje era la misma del beligerante muerto; al parecer, la misiva era remitida desde el más allá.

Pero si en relación con la unidad fantasía-realidad encontramos elementos de identidad entre ambas publicaciones, no ocurre así con las temáticas abordadas en una y otra colección. En La noche con ojos percibimos un escritor “comprometido” con los cambios sociales en favor de las clases populares, como fiel reflejo de la formación política de izquierda que tuvo Tedio en los primeros años de la década de los setenta. Así encontramos reflejada, en algunos relatos de esta primera publicación, la lucha de sectores campesinos contra sus explotadores naturales, representados estos últimos, en terratenientes, capataces, militares, “asesores norteamericanos” y especímenes similares. En tanto que, en También la oscuridad tiene su sombra los temas tratados son de carácter urbano y el autor implicado penetra más en el inconsciente de los personajes para caracterizar mejor sus comportamientos; percibimos, entonces, un escritor de  oficio, empeñado en afinar su discurso narrativo, en búsqueda de propuestas que entrañen la tan esquiva identidad literaria. De esta manera, se hace evidente en Guillermo Tedio el postulado de Domingo Miliani referido a la evolución dialéctica de los autores, al que aludimos en la introducción del presente estudio.

Continuando con la identificación de los trazos narrativos en la obra de este escritor caribe, señalemos ahora que los cuentos de También la oscuridad tiene su sombra encuentran su fundamentación estructural en lo que hemos denominado el juego de los burladores burlados. En efecto, la presencia de esta propuesta actancial enmarca la totalidad de los relatos en estudio. De esta forma, tal como ocurre con el ciego de El lazarillo de Tormes, en cada una de las historias contadas los triunfadores iniciales resultan literalmente atrapados en las tramoyas de sus propias deslealtades. Sobre este aspecto, ya dimos algunos adelantos (ver las referencias a “Gatopardo” y a “Arosemena juega” en las páginas 3 y 5, respectivamente). Para ilustrar la hipótesis planteada se tomarán tres cuentos, pero sugerimos a los potenciales lectores el  gratificante ejercicio de comprobar lo expuesto con una lectura pertinente.

En “Las huellas sin camino”, por ejemplo, asistimos a la cruel venganza de que es objeto Carlos Grisales, por parte de un antiguo compañero de estudios, a quien años atrás le había quitado la novia. Su propia esposa Susana, ahora amante clandestina del vengador, participa del terrorífico plan en que bajo toda suerte de engañifas, Carlos es conducido hasta el pantano donde, tardíamente, y en medio de una horrorosa angustia, hace consciencia de la retaliación de la que es protagonista.

Para el caso que acabamos de referenciar, la hipótesis planteada se configura a través de una trampa a la que el actante es conducido. Sin embargo, en otros relatos el señalado juego de los burladores burlados se plasma desde muy variadas ópticas. Así, en “También la oscuridad tiene su sombra”, cuento que da título al libro,  mediante una postura de dobles o espejos, el personaje ha creído burlar su propia personalidad, terminando, en el intento, brutalmente asesinado por su legítima identidad:

“Entonces Ignacio Tapias vio a Ignacio Tapias. Estaba allí, de pie, mirándolo con sus ojos burlones llenos de triunfo.  [...],   se acercó y lo cogió por el cuello y las piernas como a un indefenso pelele de trapo. Luego levantó en vilo su cuerpo rígido de pánico y lo lanzó con una fuerza inaudita y misteriosa contra el ventanal” (p.85)

Conocedor pleno de su oficio narrativo, el autor se prodiga en detalles de verosimilitud para darle confiabilidad a la atmósfera fantástica que ha venido tejiendo desde el principio. Esta fórmula, destinada a obtener una mayor credibilidad de los lectores, se constituye en valioso recurso discursivo en todos los cuentos de Guillermo Tedio. Veamos una muestra de esos detalles en la culminación del suceso anterior:

“Mientras caía al vacío, al pavimento de afuera, (Ignacio) alcanzó a escuchar el tintineo de los vidrios despedazados en el aire” (p. 85).

Otro tratamiento facilitador del entorno dicotómico de los burladores burlados, lo percibimos en “Una brasa profunda en sus pupilas”, relato en el cual nos detendremos un poco. Su trama gira alrededor de la rivalidad constante entre abuelo y  nieto por la visión del mundo que cada uno posee, motivo por el cual son constantes las discusiones entre ellos. Tales discrepancias alcanzan su estado más crítico cuando el muchacho refuta categóricamente al  anciano por creer en la existencia del diablo. El último recurso del abuelo para convencer al incrédulo joven, consiste en disfrazarse de demonio para asustarlo, por lo cual se transforma en “una figura rojiza, una especie de demonio de circo, con nariz y orejas puntiagudas, barba tupida y cachos de chivo” (p. 41).

Sin embargo, ante la intimidación de la inesperada figura, el muchacho lanza un garrote que cae pleno en la humanidad del espantajo, produciendo su huída lastimera. El particular talante de esta transformación constituye en sí mismo una muestra de carnavalización [12], otra de las categorías literarias connaturales a las narraciones en discernimiento. Hasta aquí, el rol de burlador- burlado se lo enfunda el abuelo Nicanor. No obstante, es la presencia auténtica del diablo, apenas insinuada al final del cuento, lo que va a resolver, a favor del anciano, el irreconciliable antagonismo del abuelo con el nieto. Con la alusión a este tercer cuento cerramos lo referente al juego de los burladores burlados.

Pero aprovechemos el pasaje anterior para señalar un aspecto relativo al trabajo de orfebrería que el escritor despliega en su gesta narrativa. En este sentido, Guillermo Tedio va dejando en sus relatos una especie de “pistas reveladoras” para que los lectores las integren a la estructuración semántica de los sucesos; así, en una evidente referencia al defecto físico del abuelo, el narrador focaliza la actitud  asumida por el nieto, al observar la aparición del diablo:

“José Miguel seguía contemplándolo con la cara iluminada por la sorna, sobre todo porque cierta cojera le impedía dar con efectividad los brincos que intentaba” (p. 41).

La presencia carnavalizada de un diablo cojo se constituye en el elemento revelador de su verdadera identidad. Con artificios de esta categoría, el autor va cimentando la tensión y la intensidad [13] de sus relatos, subyacentes al andamiaje estético concebido.

Asímismo, otro recurso discursivo manejado por el escritor para delinear la intensidad de la acción y la tensión interna de sus relatos, es la recurrencia a una particular adjetivación que va “cocinando”, a fuego lento y, desde un primer momento, atmósferas de aciagos desenlaces. A modo ilustrativo, en “Gatopardo” encontramos una variada gama de expresiones como: “la enferma lucidez de su espantosa hambre de oro”, “su melancólica vida de sombra solitaria”, “la muerte espiaba en cada esquina con su guadaña siniestra” (p. 55). Estas adjetivaciones por sí solas podrían constituirse en lugares comunes pero, como en el caso de las fichas de un rompecabezas, adquieren su verdadera dimensión semántica por la disposición catalizadora que ocupan en el cuento.

Con pertinencia al carácter teatral de los cuentos, ya referenciado antes, recordemos que el libro También la oscuridad tiene su sombra se introduce con un interesante epígrafe de la tragedia Hamlet, como adelantando a los lectores la naturaleza escénica de su contenido.

Efectivamente, la presencia de este género en los relatos tiene que ver con la apasionada inclinación de Tedio por el teatro, género que cultivara durante sus años juveniles. Conviene recordar que la celebridad inicial del entonces promisorio narrador, la debe precisamente al trabajo teatral. Son memorables sus adaptaciones de comedias clásicas, las cuales ajustaba a problemáticas sociales del momento, sin deterioro de sus contenidos y juegos escénicos originales. No en vano es, entonces, la referencia intertextual al genio de Molière, ya que en ese entonces el cuentista logró afortunadas recreaciones de comedias como El médico a palos y Las preciosas ridículas, entre las más recordadas.

Por otra parte, una manifestación de la cultura popular de primordial presencia en los cuentos de Tedio es el relativo a la paremiología. El autor integra en su discurso literario expresiones populares de arraigada tradición que, con ingenio de prestidigitador, va encajando en la acción narrativa. Del cuento “Aquel pobre cielo de luceros turbios” destacamos el adagio “del ahogado el sombrero” (p. 94), por cuanto fundamenta la acción vengativa del personaje protagónico para dejar ciego a Libardo Calle, ante la frustrante imposibilidad de matarlo, desde el más allá. La implementación de este recurso, en situaciones como la referida, postularía una novedad en la narrativa de Tedio, ya que estas expresiones no aparecen en los relatos con afanes costumbristas ni como marcadores de una determinada clase social, sino como fundamentación ideológica y visión del mundo de los personajes, al momento de tomar decisiones trascendentales para el desarrollo de los acontecimientos. Del mismo tenor son otras expresiones populares que encontramos perfiladas en los demás relatos, tales como: “el muerto era muy grande” (p. 64), “realmente Dios le da carne al que no tiene dientes” (p. 67), “dejó la tórtola el nido” (p. 76), “coger el toro  [...]   por los cuernos y ponerlo patas arriba” (p. 82).

Cambiando de rumbo, no cabe la menor duda de que los actores centrales de las distintas historias son entes psicóticos. En efecto, los personajes protagónicos de cada uno de los relatos, inmersos en un mundo de aislamientos sociales y familiares, se ven repentinamente acorralados por la angustia de sus problemáticas interiores y, en los intentos por trascender ese retraído mundo de frustraciones, van orientando sus fatídicos decesos. En este sentido, asistimos a las complejas circunstancias que se suscitan cada vez que uno de estos mutantes remonta los límites de la cotidianidad, con los sucesivos desdoblamientos de su personalidad aparente.

Relacionado con este último caso, disentimos del crítico literario Roberto Vargas, quien aduce que los personajes de Tedio no buscan “trascender su propia mediocridad, sino encontrarse a sí mismos, a esa otra mitad de sí mismos que no está en el aquí y el ahora” [14]. Sin embargo, el mismo crítico podría contradecirse, al plantear que situaciones como la de Ignacio Tapias, personaje del cuento que intitula el libro, configuran “desde un punto de vista práctico y científico  [...] esquizofrenia cíclica, esto es, desdoblamiento de la personalidad de modo temporal pero recurrente” [15].

Al respecto, valdría la pena preguntarse, también desde ese punto de vista práctico, si el desdoblamiento aludido no implica de hecho trascender, sobrepasar el límite de esa personalidad no deseada del sujeto. De esta forma, creemos, más bien, que el problema de estos personajes postula un estado de esquizofrenia catatónica, ya que su carácter entraña un negativismo extremo, centrado en estados de mutismo y ensimismamiento, con tendencia a la adopción de posturas extrañas y manierismos marcados, que los conducen al rechazo de sus aparentes identidades [16]. Por la misma razón, los individuos esquizofrénicos viven una realidad alterada y se deterioran progresivamente hasta escindir la personalidad no deseada.

Aunque literalmente el término esquizofrenia significa “mente dividida” (esquizo: del griego schizein que significa dividir, y frenia: del griego phreén que significa  mente), lo cierto es que no se trata de que los individuos tengan dos personalidades. La división se determina es por la interacción entre la realidad y la persona, razón por la cual, los personajes se hallan, con el pasar del tiempo, más alejados de lo real, y más encerrados en un mundo interior colmado de delirios y fantasías.

En relación con los ejes isotópicos manejados por el cuentista, aparecen bien delineados los de la oscuridad, la soledad y el de las sensaciones olfativas, considerados, a juicio nuestro, como los de mayor relevancia. Algunos de estos aspectos ya han sido relacionados implícitamente en párrafos anteriores.

El paratexto de naturaleza emblemática y simbólica que intitula los diez relatos comporta, quizás, la mayor de las isotopías  de sentido presentes en el discurso narrativo de Tedio: la oscuridad. En efecto, la noche, como relación espacio-temporal, guarda total correspondencia con los sucesos siniestros, fantásticos y sobrenaturales que libran los personajes. Mientras tanto, las circunstancias que podrían catalogarse de lógicas y reales se dan durante el día, contrario dialéctico de la noche. Estos estados exteriores de la aparente realidad, guardan, como en “El Cuervo”, de Edgard Allan Poe, una total correspondencia con el atribulado mundo interior de los actores: un mundo de insufrible soledad e insoslayables frustraciones. Podríamos también referirnos a la penumbra, como un estado intermedio entre la oscuridad de la noche y la luz del día, para señalar ese lado sombrío o inexplicable de los acontecimientos.

Asímismo, la presencia de ciertas emanaciones olfativas va marcando el paso que conduce del peligro a la muerte. Para citar solo un ejemplo, de los muchos posibles,  encontramos  en “Gatopardo” a un  Elías Torrenegra, líder narcotraficante de reconocida peligrosidad , al que “siempre que la muerte le husmeaba muy de cerca los talones, un olor fuerte a meados fermentados le golpeaba el olfato”(p. 58). De paso, encontramos una remitencia intertextual al antológico relato de Tomás Carrasquilla “En la diestra de Dios Padre”, donde Peralta, eje y motor de los sucesos, goza del privilegio de decodificar los olores en beneficio propio.

En concordancia con lo planteado, Guillermo Tedio logra una identidad narrativa propia gracias a la mixtura de elementos fantásticos, teatrales, carnavalescos y grotescos de singular presencia en sus historias. Estos componentes son matizados por la tragedia interior de los protagonistas que, ineluctablemente, los  guiará a cometer la hamartía propiciatoria de sus conmovedores desenlaces. Por esta razón, el desarrollo de la acción está determinada siempre por trampas y venganzas, y por el juego de dobles, ya que la frustración de los personajes los obliga a refugiarse en la aparente felicidad de sus torcidos procedimientos.

Los anteriores aspectos, sumados a una singular gama de artificios discursivo-narrativos, hacen de También la oscuridad tiene su sombra  una propuesta literaria suficiente, y alejada del tan recurrido realismo mágico, del cual muchos narradores posteriores al boom garciamarquiano, no han logrado romper su cordón umbilical.

NOTAS:

1. Domigo Miliani. “Historiografía literaria latinoamericana. Más allá del inventario y de la anécdota. La historia posible”. En: Ana Pizarro, Hacia una historia de la literatura latinoamericana. El Colegio de México, México, 1987, p. 100.
2. Guillermo Tedio. También la oscuridad tiene su sombra. Barranquilla. Ediciones El gallo capón, 1984. Todas las citaciones de los cuentos que aparecen en el presente trabajo son tomadas de esta publicación.
3. Mijaíl Bajtín. La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid, Alianza Editorial, 1999, p. 42.
4. Ibid., p. 42.
5. Ibid., p. 273. Lo grotesco es una categoría literaria cuyos signos característicos más marcados son “la exageración, el hiperbolismo, la profusión y el exceso”. En la misma obra el autor nos revela que  “la verdadera naturaleza del grotesco es inseparable del mundo de la cultura cómica popular y de la cosmovisión carnavalesca”. p. 47. Sin embargo, es bueno aclarar que la concepción de lo grotesco en la obra narrativa de Guillermo Tedio corresponde a lo grotesco romántico y moderno que,  según el propio Bajtín, constituye “un grotesco de cámara, una especie de carnaval que el individuo representa en soledad, con la conciencia agudizada de su aislamiento”. p. 40.
6. Ibid., p. 284.
7. Ibid., p.284.
8. Sigmund Freud. Lo Siniestro. Ed. Americana, Buenos Aires, 1943. En esta obra el autor, a partir del cuento de E.T.A. Hoffmann, “El hombre de la arena”, establece una categorización de lo siniestro que incluye la presencia del doble como portador de lo fantástico y de los deseos y fantasías infantiles reprimidos que se consideraban irrealizables.
9. Armando Martínez. “Mutaciones histriónicas del psiquismo en “Todos los rostros en tu rostro”, de Guillermo Tedio”, en línea. Revista literaria La Casa de Asterión. Volumen II- Número  6. (2001). Dirección URL: <http://lacasadeasterion3.homestead.com/v/2n6rostros~ns4.html>. Consulta: septiembre 10 de 2001.
10. En efecto, cada uno de los cuentos de esta colección constituye una propuesta narrativa enmarcada en sucesos que superan los límites de lo racional para adentrase en el mundo confuso de lo mágico y lo sobrenatural. En lo referente al concepto de isotopía,  nos permitimos recordar que esta entidad ha sido definida por Aljirdas Greimas como un “conjunto redundante de categorías semánticas que hace posible una lectura uniforme  [...] tal como resulta de las lecturas parciales de los enunciados, después de la resolución de sus ambigüedades, resolución guiada en sí misma por la búsqueda de una lectura única”. Angelo Marchese y Joaquín Forradelas. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona, Ariel, 1998, p. 223.
11. Guillermo Tedio. La noche con ojos. Barranquilla, Ediciones Punto y Aparte, 1979. La nota correspondiente al cuento “No basta una muerte” corresponde a esta publicación.
12. Según Bajtín, la literatura carnavalizada ”es aquella que haya experimentado, directa o indirectamente, a través de una serie de eslabones intermedios, la influencia de una u otra forma del folklore carnavalesco”. Mijaíl Bajtín. Problemas de la poética de Dostoievski. Santafé de Bogotá, F.C.E., 1993, p. 152.
13. Al respecto, Cortázar señala que “tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor”. Julio Cortázar, “Algunos aspectos del cuento”. En: Del cuento y sus alrededores: Aproximaciones a una teoría del cuento. Carlos Pacheco y Luis Ibarra (compiladores). Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1997, p. 391.
14. Roberto Vargas.”Una visión sobre los cuentos de Guillermo Tedio”. En: Huellas Nº 20. Revista de la Universidad del Norte. Barranquilla, Uninorte, 1987, p. 25.
15. Ibid., p. 25.
16. En relación con la esquizofrenia y sus diferentes modalidades, conviene mirar el siguiente documento: Gloria Marsellach Umbert. “La Esquizofrenia”. El psicólogo en la Red, en línea. Dirección URL:
<http:www.ciudadfutura.com/psico/articulos/esquizofrenia.htm>. Consulta: septiembre 27 de 2001.
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©   Armando Martínez Gutiérrez

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 15
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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