Poesía Caribeña colombiana
escrita por mujeres
Eva Durán
(Selección, Parte III)
Ver la Parte IV haciendo clic aquí.
21. CLEMENCIA TARIFFA
(Santa Marta)
Senos
Suaves, pequeños y tiernos
siempre erguidos, siempre firmes.
Senos de carne blanda
grácil figura y vaivén excitante,
que invitan a probar
las delicias de la tez canela.
Tallados sin aguja, ni cincel
sobre musgo secreto
son montes cubiertos de azúcar
para una boca insaciable
**
En mis ojos polarizados
se reflejan cometas rojas
de largas colas
parecen cabellos,
volátiles figuras,
pájaros escuálidos.
Recuerdo, los lunares
de mi amante.
Sepia
Una hebra de cabello
un crespo vello púbico
¡oh cuánta melancolía!
**
Yo no puedo pedir
un aro de Saturno
para mi delgado puño
ni una cinta de agua
para amarrar tristezas.
En cambio
sí puedo ofrecer
la excitante abertura
que centra mis labios
Velada
¡Hermosa luna de volcanes!
esta noche no tiene luna
sin embargo
escribo y hablo
a la sombra
que ocupaba su lugar.
¡Dulce luna de azúcar!
azúcar en terrones
cubre tu rostro
con un velo seguro
porque de noche
salen los niños
sobre hormigas doradas
y creerán tener derecho
sobre ti.
¡Cóncava luna de agua!
yo estoy aquí
en una patria infiel
en la mira de tus ojos
en un mecedor azul
triste y desnuda
cantando
frente al espejo
22. MYRIAM REINA
(Bogotá, 1960)
La tarde muerta.
El sonido del ausente,
los días que no fluyen
cuando cae la luz.
—y se pierden las flores secas
—y yo, muero tan lento
**
A solas
me cuento una bella historia
en la que no existo.
**
Te ofrezco
mis fronteras expandidas
mis extremados silencios
mis manos suaves
mis pies pequeños
y mi oficio de artesana
que sabe bien las formas
para tallar el amor.
**
Ella mora en mí
la de siempre
la extraviada,
la ajena
que pone en duda
cuanto hago.
**
Fragmentos
2.
en la ebriedad de esta noche, podremos
inventar las noches que nos faltan
6.
de la mano de la ebriedad, camino a la guarida de la pequeña suicida
7.
¡Cuántos ojos perdidos en la infancia de un pájaro!
23. LIDIA SALAS
(Barranquilla, 1948)
Canción de mar
(la llegada)
Hoy he llegado
a la ciudad diecinueve
de mi itinerario,
aquí también el cielo gris
está cruzado de alambres y palomas.
De repente,
todo me parece conocido:
los parque, las calles y las gentes.
He descubierto todo de segunda mano
y no sé si la ciudad aquélla
se espeja en mi pupila
porque todos los clisés de mi memoria
han grabado su imagen
o porque el mundo a fin de cuentas
tiene la misma calle
en todas partes
(el encuentro)
He ascendido
por el túnel de mí misma
y he encontrado tras la piel
de cemento la ciudad,
más tarde diría,
que había autopistas y edificios
en el este
y barrios engendrados por el hambre
en las afueras
y en las calles lustrabotas y maricos,
vendedores y rateros,
prostitutas y extranjeros;
también recordaría,
que conocí el amor en aquel tiempo
y que lo hice desesperadamente
como los viajeros en la ciudad de paso
(era yo sólo eso)
(la entrega)
y él decía:
"Venías circundada con el signo
de las fugas;
te llevo a la esfera luminosa
de la noche que nos llama,
te recorren mis manos y mis besos
para abrir en tu carne
una fosa para mi soledad:
volveremos a las estaciones
para mirar de lejos los que parten;
olvidarás la búsqueda de tu ciudad
perdida
(el gemido)
el amor
es el grito,
es la corta embriaguez de los instantes,
es el bocado que nos lanza alguien
para colmar esa atávica hambre
que nos hinca;
Se me dio con la fugacidad del beso,
después la ciudad
se ha tornado otra vez solitaria
y todos me borran sus huellas
para que no pueda encontrar
nunca más sus caminos
Árboles en fuga
I
Árboles de la montaña
abatidos por el viento de los páramos
gélidos y solitarios,
arrollados por moles de niebla
silenciosa,
con hojas sollozantes
persiguiendo el persistente
itinerario de la brisa;
perecieran,
por el arco vencido de sus tallos,
gigantes desterrados
anclados en su huída
por el gris que rueda y rueda
hacia el abismo
II
Caravana de bosques
corriendo en el camino de mi infancia
pasaban raudos hacia atrás,
entonces no sabía
que era yo la que tenía
aquel impulso parabólico, fugaz
Amé siempre la niebla,
exiliada del mar y los veranos
habité la voz de tus raíces,
en tu regazo de paz
III
Llegamos
a orillas de la cima,
al son de las cigarras,
al ruido solitario de las piedras
rozándose allá abajo
en el cauce de un río,
al verde olor de monte de la hierba
y el agua de los vientos
emparamó los cuerpos
y se llevó en sus ondas los gemidos.
Lluvia
I
Al cristal de la puerta
lo empaña la lluvia.
Afuera,
Las gotas se inclinan
buscando la tarde
y la tarde,
en el gris de las nubes,
evade los dardos.
El agua que cae
asesina en el polen de un lirio
otros lirios
y se cuelga de un árbol;
Dios navega en la proa de papel
de un buque inundado
y ruedan las aguas
III
Adentro,
las mismas palabras;
prostitutas ancianas con labios
de niñas,
niñas con sexos ancianos,
(mordidos por hongos)
y todas miran la lluvia
igual que en la infancia
Entretanto,
se queman los recuerdos con humo,
tu amor se anuda en mis ansias
y llueve en la tarde
Parahelios
A Jenny: con amor infinito
I
De vuelta en la memoria:
la curva de mi vientre
como luna,
hilazas de un milagro
eran sus venas
que entretejían mi dicha.
Mas allá del recuerdo
están tus sueños,
la huella de tu vuelo
en mis espejos
y el eco de tu risa;
yo seré este manojo
de versos solamente
Dios fugitivo
Dios de yeso
en el pesebre del primer diciembre.
Dios de vino y pan,
del rayo,
de la brisa,
del mar.
¿Cuándo cambié tu nombre por mi nombre?
Cuándo asolé tu ara solitaria?
Dios, Dios, Dios,
Dios Fugitivo,
¿acaso fuiste un sueño solamente?
24. LADYS POSSO
(Cartagena, 1974)
Plegaria
I
Doliendo.
Como astillas en el cuerpo.
Castigo eterno.
Ladrón de mis horas y mis días.
Dios inflamado de besos
—regálame uno.
Dios de suaves manos
—déjame tocarlas.
Dios de párpados hinchados
—permíteme posar mis labios en ellos.
Dios gimiente
—acude a mis dedos para aliviar tus dolores.
II
Dios aterido a la vida
con dedos temblorosos.
Semejando el gesto del naufrago
ante el madero.
Dios incierto
de labios embriagantes
y miedos latentes.
Atrapando la noche en sus tristes ojos
y el brillo de la luna
en su sonrisa.
Sacudiendo su cuerpo en torrenciales lluvias
que mitiguen su hambre peregrina
de Dios abandonado.
Más allá del mutilado gesto,
las alucinadas sirenas y
el lujurioso suicidio.
Una ahorcada
pide clemencia
desde sus desorbitados ojos,
con su violácea lengua
vuelta hacia ti
espera el tiempo en que te apiades de ella
y desates el hilo ariadnático que los une
para... volver a la nada.
De lo que no soy
La próxima vez que te encuentre,
prometo morder fuerte.
La próxima vez que te encuentre,
prometo botar saliva a raudales.
La próxima vez que te encuentre,
sabré estrujar, arañar.
La próxima vez que te encuentre,
prometo dar justo valor a mi lengua.
La próxima vez que te encuentre,
si te encuentro,
el amor habrá cambiado de morada.
Crónica de la dama
Niña que en vientos grises,
vientos verdes aguardo.
Alejandra Pizarnik.
Esta que se desenfrena
cada noche en la rumba,
que prefiere la música
al silencio íntimo de su cuarto.
Esta que camina las calles
sin buscar a nadie
porque sabe que "nadie"
la ha rotulado y clasificado.
Esta con rostro adusto
que olvidó la sensibilidad del dolor ajeno
y que aprende cada día
los andamiajes de nuestra burocracia.
Esta la de los cabellos de seda
en los que cuelga una sonrisa triste.
Esta
La Desconocida
La Errática
La Mutante
La que se busca adentro y no se encuentra.
No escribe,
convencida de que su única salvación
está en el papel.
Mentira diaria
El ventanal opaco
El humo escurriendo por su cuerpo moreno
Todo saudade.
Todo perdida.
Buscar en los rostros de la noche
el nunca obtenido.
Buscar en los rubios cabellos
los negros azabache.
Flamea como estandarte
mi mentira diaria.
Otro sobreviviente
Me revuelvo entre las sábanas
y me es imposible dormir.
Arriba, sobre mí
otro ser araña con insistencia.
Con sus pequeñas patas
recorre, persistente,
el cielo raso.
Tampoco él puede conciliar el sueño.
Acaso su angustia parézcase a la mía.
25. ALBA ROSA RAMÍREZ
(Magangué,1963)
Sabré
Si el hechizo de los magos
restregara mi cuerpo
con jabón y lirio de albahaca
Si los ancianos
aún fuman su pipa
para entender el cuento de la madreselva
Si el dios Bache
baja y me moja
y me hace olvidar las palabras
Si Martín Salas cree que los leopardo
son aún presa fácil
Si los indios Thathelocco
pierden su edad
por equivocada que esta sea
Sabré
todo de mí
de mis padres que se fueron
de los poetas que murieron
o se hayan en el exilio
de las tontas escrituras
que los literatos escriben
sin haber necesidad
Sabré
¿Quién sabe si hoy o mañana?
**
Hay poetas
Hay hijos que lloran
Hay poemas que se pierden
Buscando un lugar fijo
Si un poeta rompiera sus ideas
¿Qué quedará detrás o delante de mí?
En estas calles de mi barrio
Aún fuma el hombre su desgracia
Están llenas de agujeros
Placidas y vacías.
Estas calles
aún polvorean el atizo del susurro del mar
Creo que no tienen escamas para nadar
Están llenas de grietas
que el mismo habitante
no entiende
porque hay algo de sueño en ellas
sí, las calles huelen a sudor
Tienen sed estas calles
A decir verdad
mejor es
empezar a estudiarlas
Nativo
Crece la hierba
sobre el pasto mojado
Nativo
vive aquel errante
compadecido con su propia suerte
Nativo
tiene el hombre alas
como el caballo que pasa por el viento
Tiene el orín de los basureros
sin quemar la importancia de sus redes
Tiene el mojado de los verdes pastos
sin abrir sus alas semiabiertas
Nativo
aún creo verlo por las calles
sin hallar la salida.
Los niños tienen sed
I
Piden justicia
Se les niega un trozo de pan
un trozo de mantecado
Exclaman por sus techos adheridos
pero nadie los auxilia
Son solo cometas que van y vienen
en busca de otra oportunidad.
II
Vuelan y vuelan
sin rumbo fijo
como aguas que pasan por el mismo riachuelo
Son pececillos que agilizan el anzuelo de su sed
son misericordiosos
y tienen el alma vacía
de tanto pedir justicia
pero nada se les concede.
Salmo 21.