La fugacidad de la pasión
y la constancia del amor
en el cuento "O.R.L.", de Marvel Moreno

Mercedes Ortega González-Rubio

          Desde hace unos años, la obra de la escritora barranquillera Marvel Moreno (1939-1995, reina del Carnaval de Barranquilla en 1959) ha surgido fuertemente como objeto de estudio en la crítica literaria. En 1980 publicó su primer libro de cuentos titulado Algo tan feo en la Vida de una Señora Bien, rebautizado por voluntad de la escritora como Oriane, tía Oriane. En este volumen se describe el ambiente y la sociedad de Barranquilla, pero se han reconocido aspectos que podrían, de igual forma, encajar en cualquier lugar del mundo. Siguió luego la novela En diciembre llegaban las brisas (1987), traducida a varios idiomas y ganadora del premio Grinzane-Cavour otorgado al mejor libro extranjero en Italia. En 1992 publicó el segundo libro de cuentos,
El encuentro y otros relatos.
Muere en Paris en 1995 de una incurable enfermedad, sin haber publicado su último libro de cuentos: Las fiebres del Miramar, que fue editado finalmente en un volumen de Cuentos completos por la Editorial Norma, en 2001, bajo el cuidado de su amigo y mentor, el crítico literario francés Jacques Gilard. Hay aún una novela inédita: El tiempo de las Amazonas.

          Los críticos han señalado que su obra gira en torno a un tema que se puede sintetizar en esta frase: La mujer, oprimida por una sociedad masculina y patriarcal, halla su libertad por medio de la sexualidad. Las Fiebres del Miramar es un libro de siete cuentos escritos al final de la vida de la escritora, en los que Marvel Moreno continúa explotando su obsesión: la infelicidad de la mujer, en la mayoría de los casos latinoamericana, por causa del marido castrante e incapaz de satisfacerla sexual y emocionalmente, o el familiar consanguíneo igualmente castrador (padre, madre, abuela...). La autora penetra en la sociedad burguesa que no va más allá de la apariencia, olvidándose del ser.

          En el relato "O.R.L" [1], Marvel Moreno sigue mostrando a la mujer que busca su felicidad y que cuando la encuentra, vive su pérdida trágica porque alguien se la arrebata. En este relato, quiere señalar que quizás la mujer europea es más sedentaria en la admisión de la dependencia y el dominio masculino. El espacio en el que se reúnen cinco historias con las focalizaciones y las narraciones de cinco mujeres, en este cuento, es un hospital en París, que en uno de sus departamentos, presta el servicio de O.R.L. u Otorrinolaringología (de allí la sigla). Durante una semana, cinco mujeres son hospitalizadas por distintas causas en esa misma sala y cada una va presentado la tragedia de su propia vida en la que se involucran otros personajes.

          Las interpretaciones de este ensayo parten de una lectura personal y femenina del cuento. Y aunque se intente argumentar las propuestas con elementos del mismo texto y se utilicen  algunas técnicas de análisis basadas en la estructura particular del cuento, sabemos que el resultado tendrá mucho de subjetivo.

          La narración es simétrica en su estructura narrativa. Tiene ocho párrafos en monólogo interior, distribuidos de la siguiente manera: Los párrafos 1º, 3º, 5º y 7º, es decir, los impares, corresponden a la voz y la mirada de una mujer latinoamericana. Denise, la quinta narradora, dice de ella: "Gracias a su acento me imagino que es latinoamericana y habla en español todo el tiempo con un hombre que debe ser su marido". Los párrafos pares, es decir, 2º, 4º, 6º y 8º, corresponden a la voz y la focalización de cuatro mujeres europeas (francesas): la anciana Sylvie Lelong, la maestra novia de Jean, la madre de Anne, y la carcelera Denise

          La narración se abre entonces en primera persona, al igual que todas las demás: una mujer llega a la sala Jackson del Hospital Necker y se queda allí una semana en la que es visitada por su hija y su esposo. Esta primera narradora  (la extranjera latinoamericana) cuenta que no ha podido dormir, "oyendo los alaridos pegados por una anciana que entró hace media hora."

          Inmediatamente entra la segunda voz, Sylvie Lelong, la anciana, viuda desde hace veinte años y quien nunca se pudo sobreponer a la pérdida de su esposo George. El lector no puede confundirse con la técnica contrapuntística de las narradoras porque Marvel Moreno va dando pistas e indicios de la propietaria de la voz. Sylvie, por ejemplo, comenta que frente a ella, "al otro extremo de la pieza, una mujer me mira desde su cama. Tiene un ojo entumecido como el de un boxeador que perdió por knock-out." La mención del ojo es un elemento anafórico pues ya sabemos que la primera narradora tenía un ojo irritado. Pero a Sylvie no le interesan las desgracias de las demás pacientes, solo la suya propia.

          De aquí en adelante, el lector, que ya conoce la posición de la autora con respecto al amor, se queda sorprendido. En estas historias no hay crítica directa pero sí una sonrisa irónica sobre el mundo íntimo de la vida de las mujeres francesas. Las historias, sinceramente románticas, se sumergen en la profundidad femenina, con todas las posibilidades de sentido que ella posee.

          Sylvie amaba a George y era correspondida. Pero George murió, y ella lo llama en voz alta, desesperada: "¿Dónde estás? [...] No me abandones [...] ¿Por qué me dejaste?" El grito interior de la necesidad del otro es patético y triste pero tan real que termina siendo comprensible. No hay burla escandalosa, ni aquí ni en las demás historias, pero sí una dulce y analítica mirada comprensiva. Marvel parece decirnos que la mujer no puede estar sola, pues es un ser que necesita siempre de la compañía de otro, que vive siempre en la dependencia. Por supuesto, está señalando, principalmente, de manera crítica al redundar en ello, una necesidad de compañía de la mujer europea. Al no poder consigo misma, Sylvie nos dice: "Estoy sola, tengo miedo. Con George nada de esto habría ocurrido."

          George no es como los personajes masculinos de los otros cuentos de Marvel. Este hombre resulta comprensivo, amable, incondicional, "generoso en amor." La voz de George, recordada por Sylvie y dirigida a ella, aparece en estilo  directo: "Gorrión, morir no es nada, pero dejarte sola me parte el corazón." La historia de Sylvie termina sin consuelo.

          Regresa entonces la primera narradora, que ya lleva tres días en el hospital y no mejora. Es una mujer fuerte, que incluso mantiene el humor en los momentos difíciles de su enfermedad: "[...] con una compresa y un poco de esparadrapo me he hecho un vendaje a la manera de un pirata." No se queja; estoicamente cuenta, en monólogo interior, lo que le sucede a ella y suministra alguna información sobre los otros pacientes del entorno. Narra que la anciana Sylvie se fue y ha llegado una muchacha muy ordenada, profesora de niños.

          La historia de esta muchacha se refiere a la decepción que le produjo el primer amor serio, Jean. Él posa de ser bohemio, hace que ella, huérfana de madre, se traslade de lugar y vuelva a su ciudad natal, a casa de su abuela, hermana y padre. Ella misma confiesa: "Había dejado a mi familia con el fin de asumirme y salir adelante por mi cuenta." Jean la abandona por Doris, que parecía una "gringuita superficial". Ella quiere morir, le ruega a Dios que Jean no la abandone, pero él prefiere insultarla, decirle que lo ha decepcionado. Ella se plegó a él, y él no pudo soportarlo: cargar con el amor de otra persona es pesado. Debido al shock, ella pierde la mitad de la audición, por eso está en el Servicio O.R.L. Sin embargo, hay esperanzas: "[...] lo sé en el fondo de mí misma, encontraré algún día el modo de resignarme." Habría que discutir si resignarse es una victoria o una derrota. Esta es la diferencia de la historia de Sylvie con la de la profesora; la primera vive su tragedia completamente, sin darse oportunidad para la reflexión positiva; la segunda es más racional, va a superarlo algún día pues piensa que ella sola tuvo la culpa.     

          Nuevamente se retorna a la primera narradora (la mirada latinoamericana) que ya está mejorando. Ella analiza a las demás pacientes, observa su comportamiento con su único ojo, está pendiente de las visitas. Nos presenta a la nueva enferma, que parece encontrarse en estado de choque emocional, con un vendaje que le envuelve la cabeza, cubriéndole una oreja. Siempre se marca el cambio de narradora; la nueva paciente dice: "quisiera gritarle a todo el mundo, a las enfermeras, a esa mujer que me observa desde su cama [...]". La profesora también había comentado que frente a su cama "una extranjera con un ojo vendado como el de un pirata, me pide que apague la luz [...]". Poco a poco nos enteramos de más detalles de la primera narradora. 
 
          La cuarta mujer tiene una hija adolescente, Anne, al parecer autista o con algún tipo de síndrome, que acaba de sufrir una crisis por causa de una violación y los consiguientes embarazo y aborto; atacó a la madre, cortándole una oreja. La niña es la vida de esta mujer: "[...] con ella me sentía plena y tranquila. Antes del nacimiento de Anne sufría de crisis de melancolía. Recuerdo con espanto el cuarto oscuro y mi impresión de que la vida carecía de interés. Mi marido trataba de darme ánimos y mi médico nos había aconsejado tener un hijo. Y luego llegó Anne y todo cambió para mí." Algo siempre se interpone en la felicidad de estas mujeres, quizás porque la encuentran de la forma equivocada, no en sí mismas sino en otra persona, esposo, novio o hija.

          Finalmente, la primera narradora está sanando. Introduce a la última de las pacientes, Denise, "una mujer de unos cincuenta años [...]" que "da la impresión de poseer la agresividad de un toro de lidia." La enfermedad va cediendo, el ojo mejora, y ella quiere volver a su casa para ver a su perrita y a su nieta. Su estadía en el hospital la ha cambiado un poco, se ha vuelto "más sensible al sufrimiento de la gente."

          Denise es una cuarentona, con apariencia masculina, celadora de una cárcel de  mujeres. Al serle infiel a su marido con el padre de una presidiaria, contrajo el SIDA. Ella encuentra la felicidad al lado de Víctor, con el que se casa, cambiando así su vida llena de amargura y mal humor. Se vuelve más humana, más femenina, ayuda a las reclusas. Toda la historia es sórdida, de los bajos fondos, como lo dice Bajtin. Denise confiesa: "[...] cuando comprendí que Víctor carecía de la experiencia y la madurez sicológica necesarias para satisfacerme, volví a la voluptuosidad silenciosa". Pero el padre de una de las internas, exconvicto por homicidio, la seduce, transmitiéndole el VIH. Ella no quiere perder a Víctor, no sabe como explicarle que "la pasión es fugaz y el amor constante". Pero Víctor la perdona y la apoya. Así termina las historia de Dense, llena de esperanzas.

          Denise nos cuenta que la extranjera ya se va. El cuento comienza en presente: "Heme, pues, hospitalizada". Es como el diario de la primera narradora. Ella vive en el ahora, su discurso casi se limita a contar lo que ve en la sala, vive el día a día, casi sin preocuparse por el futuro o el pasado. No cuenta la génesis de su enfermedad. Las demás pacientes, en cambio, narran su pasado, su vida. El presente en el hospital las une, como si este lugar conformara una burbuja en que la actualidad de la enfermedad las llevara a la reflexión sobre el pasado y el futuro de sus vidas.

          El lector puede asociar lo que le sucede a la primera narradora con la biografía de la autora, que murió de lupus en París y que debió pasar muchas veces por la situación de la primera narradora. Puede entonces decirse que el cuento es autobiográfico o que los párrafos impares participan del autor implicado. Poco importa. Un autor siempre se nutre de sus propias experiencias y las trabaja en su obra. Las mujeres de "O.R.L.", aparte de la primera narradora, son todas europeas, con distintos oficios. Tenemos a una solitaria anciana ama de casa; una profesora joven, otra ama de casa y una carcelera. Viven el amor de una forma extrema, están seguras de que aman.

          El hospital, como lugar de encuentro, por la comunidad de la enfermedad, reúne las historias de estas cinco mujeres. Un hospital es un sitio deprimente, debido a las condiciones en que se llega. Es también una burbuja para la reflexión, pues se está mucho tiempo solo y quieto. El otro lugar que unifica las vidas de estas mujeres es el hogar (un locus terribilis, para tres de ellas), al que no se quiere regresar porque se van a encontrar con algo que no les gusta, una presencia o una ausencia de la que huyen. En el caso de Sylvie Lelong y la profesora, es la soledad. La madre de la niña con problemas mentales encontrará a su esposo pero quizás no a su hija. Denise se reconcilia con Víctor; este es el único final feliz, junto con el de la primera narradora, que irá a reunirse con su esposo, su perrita, su hija y su nieta. Es paradójico este happy end pues son las dos únicas que tienen una enfermedad incurable y mortal.

          Cada narradora es, a su turno, subjetiva. Ven lo que sucede desde su muy personal perspectiva. Hay otras voces en sus discursos (novios, padres, médicos, esposos, amigos), pero las narraciones tienen un tono muy íntimo. El monólogo interior es la técnica utilizada para causar en el lector la impresión de acercamiento, de confesión del alma que tiene cada historia. Nunca se hubiera logrado ese efecto con un narrador en tercera persona o con una focalización externa. Estas mujeres nos cuentan todo, no tienen necesidad de ocultar sus sentimientos más bajos y guardados, los más cursis y patéticos. Se revelan tal cual son.

          Quizás son estas mismas mujeres las que se oponen a la consecución permanente de su objeto de deseo, porque asfixian y ahogan las relaciones en que se mueven. En "O.R.L.", Marvel Moreno nos revela los procesos mentales de la mujer francesa, siempre moviéndose entre la fugacidad de la pasión y la  constancia del amor.

NOTA:

[1] Marvel Moreno. "O.R.L."  (pp. 377-396). En: Las fiebres del Miramar. Cuentos completos. Bogotá, Norma, 2001. Todas las citas se hacen de esta edición.

LA AUTORA:

Mercedes Ortega González-Rubio es egresada del Colegio Alemán de Barranquilla (Colombia), licenciada en Español y Lenguas de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Actualmente realiza el segundo año de Maestría en Literatura Hispanoamericana, en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. Coordina la sección de literatura infantil El baúl de los disfraces, de  LA CASA DE ASTERIÓN.
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©   Mercedes Ortega González-Rubio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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