Mujeres, ¿han dicho mujeres?
Olga Gálvez Lisbet de la Hoz Ricardo Sosa
Este trabajo fue realizado en el Seminario sobre la cuentística de Marvel Moreno (Primer semestre de 2003, curso noveno de Lenguas Modernas), orientado por el profesor Manuel Guillermo Ortega, dentro del Proyecto de Investigación aprobado por COLCIENCIAS, en convenio con la Universidad del Atlántico: "El Cuento Caribe Colombiano: Historia, Poéticas e Identidades Socio-culturales".
Proponemos aquí un análisis de algunos cuentos de Marvel Moreno incluidos en el volumen Las fiebres del Miramar [1]. Hemos tomado como título de nuestro ensayo el del sexto cuento "Mujeres, ¿han dicho mujeres?" para exponer la temática a tratar en nuestro trabajo. Señalaremos las diferentes facetas de la mujer marveliana (ama de casa, sirvienta, prostituta, madre, independiente-liberal). Estos roles van siendo desplegados por la autora a lo largo de las narraciones.
A nuestro modo de ver, la mayoría de las mujeres mencionadas en estos cuentos se encuentran insatisfechas, frustradas y/o maltratadas, reflejando así la condición real de los hombres, quienes viven en un mundo donde únicamente cuentan los valores masculinos.
La primera mujer de la que hacemos referencia es el ama de casa. Este tipo de mujeres se encuentra en casi todos los cuentos de Moreno. Ellas nos son presentadas como unas personas infelices, confinadas en sus casas y a una vida social superficial. Constituyen objetos de propiedad de sus esposos. Diana, en "La hora del gato", es una esposa consagrada a su hogar y a sus hijos:
"Además, Diana tenía la vocación maternal y sus hijos la adoraban" (pág. 352).
Sin embargo, su opinión no era tenida en cuenta para nada por Alfonso Jaramillo, su marido, quien en un principio la manejó como a un títere.
"Siempre había sido egoísta y arrogante, siempre se había considerado superior a Diana, imponiéndole sus deseos sin tener en cuenta los de ella [...] aceptó la dirección de aquella empresa de cemento en una unidad que Diana desconocía, obligándola a abandonar a sus amigos y sus clientes (págs. 348-349).
Otro caso parecido a este es el de Ana María Caicedo en el cuento "El revolver". Esta mujer "tenía todo para ser feliz: dos hermosos niños de 7 y 8 años de edad" (pág. 397). Marvel Moreno nos plantea de esta manera la perfecta mentira, el mundo ideal de la ama de casa. Desde nuestro punto de vista, Moreno presenta esta situación con ironía. Pero como no todo en esta clase social es vida color de rosa, aparece un lunar que va a cambiarlo todo y convertirlo en una total desgracia e infelicidad, la conducta de su esposo.
Así, "su marido se puso a engañarla con su secretaria [...] aquel descubrimiento le permitió comprender por qué su marido llegaba tarde todos los días y se mostraba de malhumor en su presencia" (pág. 397).
De la misma manera, Ana María sufría el maltrato físico: "Apenas regresó a la casa le pegó bofetadas a Ana María hasta hacerle sangrar los labios e inflamarle las mejillas" (pág. 398).
Aunque se habla poco de la vida que Madeleine llevaba al lado de Pierre cuando estuvieron casados, en "Mujeres, ¿han dicho mujeres?", se sobreentiende, en las frases dichas por el narrador, que no era feliz y que llevaba una vida rutinaria y vacía. Al igual que Diana, su función al lado del marido, era la de un objeto decorativo en el hogar:
"Y se casó con Madeleine. No podía decir si habían sido realmente felices, nunca le había interesado saber lo que sentían las mujeres" (pág. 406).
Por su parte, en el cuento "La maldición", podemos ver otro ejemplo de mujer sometida. Elvira, además de ser golpeada por su esposo, se encontraba prácticamente encarcelada por él:
"En Cali su médico había hecho venir a Francisco Sandoval a su consultorio con el fin de explicarle que su mujer era frágil sicológicamente y no podía soportar por mucho tiempo sus insultos [...] y cuando él le respondió que hacia lo que le daba la gana con su esposa [...]" (pág. 369).
La mujer que por estar enferma del ojo, se encuentra en "O. R. L.", lleva una vida matrimonial tan aburrida, rutinaria y poco feliz, que le resta importancia a su marido y extraña más al perro que a él. Se preocupa más por lo que pueda estar sintiendo el animalito, que por lo que su marido pueda pensar:
"No veo la hora de regresar a casa y ver a mi perrita. Espero que no me haya olvidado" (pág. 391).
La temática de las empleadas domesticas abusadas por sus patrones e hijos es el pan de cada día. No es un secreto que muchas son jovencitas que apenas se están formando y que son engañadas y abusadas para luego ser tiradas a la calle, sin el menor asomo de piedad.
No resulta difícil suponer que este cuento es un fiel reflejo de esta triste realidad. En el cuento "Juega, playboy", vemos que la madre busca a una criada para que el niño se inicie en su sexualidad. Así, luego de que la muchacha es usada, es puesta de patitas en la calle. Aquí el rol del personaje iguala al de una prostituta. Las empleadas domésticas son utilizadas para satisfacer necesidades sexuales. Aquí la criada viene a ser eso que le permite al muchachito divertirse y comenzar a ser hombre.
"Desde que Freddy tuvo doce años, su madre [...] hizo dormir a una criadita en una esterilla colocada justo al pie de la puerta de su cuarto. Así, cuando Freddy se levantaba de media noche debía dar una zancada sobre la criadita [...]. Un día no dio la zancada y le pareció más agradable quedarse junto a la muchachita y entregarse a los juegos del amor" (pág. 369).
En el cuento que da título al libro, "Las fiebres del Miramar", encontramos a Piedad, quien vive una situación similar. Es usada por Nick para satisfacer sus deseos sexuales:
"[...] una de las sirvientas del Miramar, Piedad, despertó el interés de Nick [...]. Sus ojos la seguían de mesa en mesa" (pág. 360).
Por otro lado, en Las fiebres del Miramar, hay mujeres astutas que logran quitarse las cadenas que las atan a sus esposos, se liberan y finalmente logran hacer de sus vidas lo que realmente desean. Diana, en "Mujeres, ¿han dicho mujeres?" se va con el amor de su vida, Felipe Holguín, liberándose así de Alfonso Jaramillo:
"Le dijo fríamente que iba a separase de él para vivir con Felipe Holguín" (pág. 357).
Elvira no deja a su esposo aunque sobre este pesa una maldición. Debido a su status social, a ella le gusta más el titulo de viuda que el de divorciada:
"Convencida de que el estado de viuda le convenía más que el de mujer separada [...] hizo las cuentas como todo el mundo en la ciudad y supo que dentro de pocos días se encontraría libre, heredaría la fortuna de su marido" (pág. 357).
Madeleine, luego de aceptar divorciarse de Pierre, muestra un cambio físico, consigue un trabajo y se va con otro hombre. Sin duda alguna, dejó de ser un simple adorno al lado del importante hombre de negocios y llegó a ser y a hacer lo que realmente deseaba:
"contra todo lo esperado, Madeleine no opuso la menor resistencia, más aún, pareció feliz de recuperar su libertad. Se cortó los cabellos como un hombre, consiguió trabajo en una agencia de viajes y se puso a vivir con un muchacho muy apuesto, diez años menor que ella" (pág. 408).
Marie-Andreé, en "Mujeres, ¿han dicho mujeres?", es una mujer contemporánea, independiente y liberada. Ella no soporta que Pierre la frustre en todas sus expectativas sexuales y decide separase de él. No quiere seguir atada a un hombre a medias. Se divorcia sin importarle las apariencias o el qué dirán:
"Marie-Andreé descubrió que no sentía nada a su lado y lo acusó de no saberle hacer el amor" (pág. 408).
Para finalizar, las mujeres de Marvel Moreno, en Las fiebres del Miramar, conforman una baraja de opciones. Allí se encuentran las que mencionamos: el ama de casa, la madre, la sirvienta, la prostituta, la liberal e independiente. Encarnadas en los diferentes personajes: Diana, Elvira, Ana María, Madeleine, en su mayoría son maltratadas por sus esposos. Solo algunas de ellas logran librarse del lazo del cazador y llegar a ser lo que desean.
Basándonos en los hechos anteriormente descritos y analizados, podemos concluir que en los relatos de Marvel Moreno se ve claramente la tesis planteada por Pierre Bordieu sobre la violencia simbólica y su relación de poder.
"La violencia simbólica es esa violencia muda e inerte de las cosas que, al ser incorporadas a través de un acostumbramiento casi insensible y convertida en disposición, aparece desconocida como tal violencia" [2]*(pág. 159).
Es decir, aunque algunas de las féminas no son maltratadas física ni verbalmente, están siendo violentadas solo con el hecho de ser ignoradas.
Sin duda alguna, el papel de la mujer en la sociedad no ha cambiado; sin embargo, los parámetros a través de los cuales se valora este ha variado. Se les ha permitido incursionar en nuevos campos, alternando la profesión con el hogar y su papel de mujer y ama de casa. Por consiguiente, podemos ver que Marvel Moreno no se encuentra alejada de esta realidad.
NOTAS:
1- Marvel Moreno. Las fiebres del Miramar. En: Cuentos completos. Bogotá, Norma, 2001. Todas las citas son de esta edición. 2. Francisco Vásquez García. Francisco. Pierre Bordieu: La sociología como crítica de la razón. Madrid, Montesinos, 2002, pág. 159. ________________________________________ © Olga Gálvez Lisbet de la Hoz Ricardo Sosa
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen IV - Número 14 Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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