Veleidades del machismo en Las fiebres del Miramar, tercer libro de cuentos de Marvel Moreno
Yulitza Fontalvo Figueroa John Flórez Molina Hans Sánchez Robles
Este trabajo fue realizado en el Seminario sobre la cuentística de Marvel Moreno (Primer semestre de 2003, curso noveno de Lenguas Modernas), orientado por el profesor Manuel Guillermo Ortega, dentro del Proyecto de Investigación aprobado por COLCIENCIAS, en convenio con la Universidad del Atlántico: "El Cuento Caribe Colombiano: Historia, Poéticas e Identidades Socio-culturales".
El machismo es un conjunto de actividades y comportamientos que rebajan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón. En la obra de Marvel Mareno, Las fiebres del Miramar, podemos apreciar como este tópico juega un papel primordial en cada uno de sus relatos.
¿Quien de nosotros no recuerda frases como estas: "No llore: Los hombres no lloran", "Hable como hombre". Pocas cosas parecieran importar más que ser macho, supermacho. Y por macho se sobrentiende una actuación del hombre que es fuerte, robusto, valiente e irresistible a las mujeres. En uno de sus artículos, James B. Canel define el machismo así: "Es una exageración de la hombría en la que predominan la vanidad ostentosa, la bravata y un amor propio rayando en el narcisismo".
La imagen del hombre machista en los cuentos de Las Fiebres del Miramar, parte no solamente de su interior sino también de su exterior. El interior del hombre machista alude al hecho de ejercer dominio y posesión de las mujeres y sus pensamientos, sumado a un poderío social conferido por la prosperidad económica. La aceptación de estas prácticas por parte de la sociedad es un parámetro injusto pero ya aceptado por las personas. En esa aceptación los hombres se encuentran muy cómodos. El hombre machista pasa a creerse un ser superior a la mujer, a quien mira como un objeto, un adorno de poco valor y sin derecho a decidir y pensar por sí sola. Miremos cómo Marvel Moreno nos muestra esta realidad:
"Alfonso Jaramillo era un hombre todavía optimista cuando llego a la ciudad para dirigir la más importante fabrica de cemento del país" (pág. 347) [1].
Nick Peterson "era heredero de un hombre de gran fortuna en Boston" (pág. 359).
"La fabrica donde trabajaba Jose Caicedo de gerente" (pág. 397).
"Sentado sobre una montaña de oro duramente adquirido, Pierre Estain" (pág. 405).
"En una universidad norteamericana, Fernando Calvo aprendió el lucrativo oficio de Bolsista (pág. 397).
Con lo anterior, vemos cómo a los hombres de los cuentos de Marvel Moreno le es atribuido un poderío económico que los coloca indudablemente en el "spotlight" de la sociedad. La definición de virilidad tiene que ver con un hombre en el poder, con poder, de poder. La masculinidad se iguala con ser fuerte, exitoso, capaz, confiable y ostentador de control. Las propias definiciones de virilidad desarrolladas en nuestra cultura perpetúan el poder de los hombres sobre otros, y de los hombres sobre las mujeres. Se trata de la búsqueda del hombre individual por adueñarse de aquellos símbolos culturales que denotan virilidad y aquellas normas que son usadas contra las mujeres para impedir su inclusión en la vida pública y su confinamiento a la devaluada esfera privada. En su obra, Marvel Moreno nos presenta hombres machistas que intentan controlar todo en la vida de sus mujeres, incluso contra su voluntad, haciendo uso de cualquier artimaña, en la creencia de ser superiores a ellas:
"Siempre había sido egoísta y arrogante, siempre se había considerado superior a Diana imponiéndole sus discos sin tener en cuenta los de ellas. Quiso cambiar, volverse más respetuoso y pese a sus buenas intenciones, aceptó la dirección de aquella fábrica de cemento en una ciudad que Diana desconocía, obligándola a abandonar a sus amigos y sus clientes" (pág. 348).
"Le había ofrecido que se irían a estudiar juntos en una universidad norteamericana y apenas llegaron a Stanford, viéndola caminar por el campus rodeada de admiradores, tan bonita con su bonete de lana azul, se apresuró a dejarla embarazada comportándose como un miserable. Le mintió esa vez de una manera que Diana jamás le perdonaría, rogándole que lo dejara penetrarla sin condón por el gusto de sentirla más cerca de su piel, jurando que sabría retenerse porque ella estaba en periodo de fecundación y, cuando Diana aceptó se vino de golpe con un placer salvaje y malsano. Quizás en ese instante y de modo confuso Diana había comenzado a odiarlo. Ignorando las artimañas que él había utilizado para alejarla de Felipe Holguín, pero debía intuir que al hacerle un hijo la había privado deliberadamente de realizar una carrera universitaria" (pág. 351).
De igual manera la sociedad es casi machista en su totalidad:
"La gente empezó a invitar a Diana como si nada hubiera pasado y Alfonso Jaramillo descubrió con asombro y no sin alivio que su caso no era único: las esposas de algunos de sus amigos tenían aventuras discretas que todo el mundo fingía ignorar como si fuera una válvula de seguridad de una presión irresistible cuya existencia la sociedad mantenía en secreto" (352). "En un momento de consternación cometió el error de contarle la verdad a su suegra y la buena señora le armó un escándalo a Diana recordándole entre injurias el bondadoso comportamiento de él durante todos aquellos años y revelándole de paso cómo, por amor, había obligado a Felipe Holgín a dejarle la posibilidad de seducirla (pág. 353).
Hay muchas nociones diferentes sobre el macho, pero una de las conductas que aparecen en esta obra de Marvel Moreno por parte del hombre es la de golpear a la esposa, junto a las conquistas sexuales femeninas que realizan. Todo esto lo podemos apreciar en los siguientes pasajes:
"Pero apenas regresó a la casa le pegó bofetadas a Ana Maria hasta hacerle sangrar los labios e inflamarle la mejilla izquierda" (pág. 398).
"Ahora le pegaba casi todos los días y no le daba dinero para sus gastos personales [...] Jose Caicedo le pegó como de costumbre y se dirigió al garaje. Ella fue detrás de él amenazándolo con seguirlo en su propio automóvil y armarle la gran trifulca a su querida. Cuando José Caicedo encendió el motor, Ana María se encontraba entre el vehículo y la pared. ¿Quería maltratarla, darle un susto, impedirle salir? Nunca lo supo, ni siquiera al ser interrogado por los policías que llegaron llamados por Doña Giovana Manzini. El hecho fue que arrojó el automóvil contra ella partiéndole una tibia y algunos huesos de la pelvis, sin contar con otros órganos que recibieron lesiones más o menos graves" (pág. 401).
"[...] mientras Freddy le daba bofetadas a Eugenia hasta hacerla callar. Quizás la amenazó con abandonarla del todo, el hecho fue que Eugenía nunca más dio señales de vida" (pág. 414).
Por otra parte, se tiende a confundir la masculinidad como la huida de las mujeres, el repudio de la feminidad. Desde Freíd, hemos llegado a entender que en términos evolutivos, la tarea central de cada niño es desarrollar una identidad segura de sí mismo como hombre. Tal como Freud sostenía, el proyecto edípico es un proceso de la renuncia del niño a la identificación emocional con su madre, reemplazándola por el padre, así, la huida de la femineidad es forzada y temerosa porque la madre puede castrar fácilmente al muchacho, debido a su poder para volverlo dependiente o, por lo menos, para recordarle la dependencia. Así, la hombría llega a ser una búsqueda de toda la vida porque se sienten inseguros de sí mismos. La identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja la identidad de genero masculino como una presencia tenue y frágil que lo lleva a devaluar a todas las mujeres, como encarnaciones vivientes de aquellos rasgos de si mismo que ha aprendido a despreciar.
Admitir debilidad, flaqueza o fragilidad, es ser visto como un enclenque, afeminado, no como un verdadero hombre. Pero, ¿visto por quién? Por otros hombres: ellos están bajo el cuidadoso y persistente escrutinio de otros hombres, los cuales los miran, los clasifican, les conceden la aceptación en el reino de la virilidad. Se demuestra hombría para la aprobación de otros hombres. Son ellos quienes evalúan el desempeño. Esto es consecuencia del sexismo, y uno de sus puntales principales está constituido por las mujeres que llegan a ser un tipo de divisa que los hombre usan para mejorar su ubicación en la escala social masculina. La masculinidad es una aprobación homosocial. Los hombres se prueban ejecutando actos heroicos, tomando riesgos enormes, todo porque quieren que otros hombres admitan su virilidad.
En los cuentos analizados, notamos cómo los hombres machistas, en el fondo, lo que buscan es la aceptación y aprobación de otros hombres y de la sociedad, asumiendo una posición que se aleja de todo lo que está relacionado con lo femenino:
"Llegó, pues, convencido de que empezaba una nueva vida y para apaciguar su remordimiento organizó una curiosa ceremonia de la cual se discutiría mucho tiempo en la ciudad. Había invitado a jefes de empresa y a miembros del Country Club al teatro Colón un sábado por la noche y cuando todos estuvieron sentados en sus butacas subió al estrato y pronunció un discurso rimbombante sobre su intención de participar en el desarrollo económico de la región" (pág. 349).
(1) MORENO. Marvel. Las fiebres del Mirarmar. En: Cuentos Completos. Bogotá, Norma, 2001. ________________________________________ © Yulitza Fontalvo Figueroa John Flórez Molina Hans Sánchez Robles
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen IV - Número 13 Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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