Cuatro hits y un home run
en el cuento colombiano
Dinah Orozco
Este trabajo fue presentado en el II ENCUENTRO REGIONAL DE SEMILLEROS DE INVESTIGADORES, Santa Marta, Noviembre 7 y 8 de 2002. Su autora, estudiante de Licenciatura en Lenguas Modernas, asistió a los seminarios de investigación "Cuento Caribe e Identidad", Semilleros de investigadores, orientados por los profesores Manuel Guillermo Ortega, Ariel Castillo Mier y Alfonso Rodríguez Manzano, dentro del convenio Universidad del Atlántico/COLCIENCIAS.
Al igual que el béisbol, la literatura constituye un juego de constante dinamismo, un inagotable universo de símbolos que se acentúa, sin duda alguna, en la creatividad del jugador o, en este caso, del escritor.
Desde sus inicios, tanto la difusión del béisbol como la literatura que se empezaba a jugar en nuestro entorno caribe, llegó a ser incomprendida y por consiguiente, no aceptada por el normativismo refinado del hombre del interior. Como sabemos, el centralismo, representado principalmente por las élites bogotanas y antioqueñas que propugnaban ser en el siglo XIX, una cultura superior en Colombia, "una raza pura sin mezclas de indígenas y negros", descalificó y despreció la música y toda expresión de raigambre caribe, afirmando que somos la cultura de "la otredad", situada al margen de la civilización.
Se hizo necesario entonces, descentralizar la historia de la narrativa, reencontrar nuestro camino, optar por crear un tipo de literatura que ingresara en el paisaje caribe y que exaltara la esencia de su gente. El "pionero del cuento caribe colombiano" es José Francisco Socarrás. Este autor nace en Valledupar (Cesar) en 1906, y en 1961, publica el volumen de cuentos titulado Viento de trópico.
Socarrás, sacudido por el fuerte pensamiento comunista de los años 40s, hace las veces de un Gaitán en la literatura, al establecer una narrativa de función política que intenta reflejar las carencias y el descontento social de las gentes iletradas del entorno rural caribe. Por esta razón, los cuentos de Socarrás dejan aflorar el concepto de la literatura como denuncia.
Según palabras del mismo escritor, su intención es "contar cuentos para los pobres, que tanto de pan carecen de literatura", hecho que lo lleva a utilizar un lenguaje popular que se ajuste a la comprensión de las gentes sencillas (indígenas, campesinos, obreros del banano, pescadores, bogas). En "Al otro lado del deseo", uno de los cuentos que integran el volumen Viento de trópico, podemos observar, a través del diálogo, no sólo el descontento de sus personajes campesinos por el maltrato del mayordomo, sino el uso de este lenguaje coloquial:
--"¡Viejo vergajo!
--Nos alevanta a la madrugá y toavía se queja [...]
--Al que le currucutea se la vela pa obligalo a marchase [...]
--Pa avaro no hay quien le pise adelante.
--Con cinco mil rese y anda en abarca.
--Trabajá y guardá plata. No le importa otra cosa".
El problema de Socarrás radica en que, imbuido en su pensamiento comunista y en el realismo social, no permite al lector conocer por completo la cultura rural caribe, que en un gran porcentaje está llena de creencias en mitos y brujerías. El autor se muestra descreído del pensamiento mítico de los pueblos rurales y más bien, le teme y lo limita. Por eso, la magia no trasciende en sus cuentos como sí se logra en otros escritores costeños que fueron más precisos al batear en la literatura, porque aceptan la magia y los mitos como elementos generados por la síntesis triétnica y como componentes necesarios de la realidad que deben ser plasmados y reafirmados en la narrativa del Caribe.
Socarrás, aunque batea un hit, obtiene el papel de pionero pues da inicio al cuento caribe colombiano y le da paso a otros escritores para que complementen la jugada.
En 1967, un escritor barranquillero, José Felix Fuenmayor, publica su volumen de cuentos La muerte en la calle, y a diferencia del escritor anterior, establece un diálogo a fondo con la vida y el pensamiento del hombre común del Caribe, respetando las dimensiones cotidianas, las raíces del pasado, el lenguaje picaresco, las creencias populares. Así, dibuja la naturaleza y toda la amalgama folclórica de nuestro trópico.
Fuenmayor, plasma en sus cuentos, a través de los personajes, el carácter colorido, humorístico y pícaro del costeño. En el cuento "Con el doctor afuera", las situaciones del diario vivir costeño son revestidas del barniz hiperbólico o "macondiano" que con frecuencia nos caracteriza: "ya está aquí Magdalena, flaco y cabezón [...] se asienta, embucha gruñendo y no deja ni una gota ni una miga. Cuántos desayunos le cabrán a Magdaleno, yo no lo quisiera saber: y eso que tiene la barriga escurrida y el pescuezo cañutudo; aunque es verdad que su boca de rayita lo espanta a uno cuando se la espernanca a la comida".
La flora y la fauna forman una fuente primordial que identifica en definitiva, el universo que rodea a los personajes de Fuenmayor. El cadillo, la pringamoza, el matarratón, la ciruela, la patilla, el melón, el burro, el gallinazo, el golero son elementos característicos del caribe que se recrean en sus cuentos. Veamos un ejemplo: "cada vez se va poniendo más delgado y pequeño, como un guineo que uno pela y deja al sol", "soy como el burro, y que no me lo tomen en mala parte".
José Félix Fuenmayor, considerado "el verdadero patriarca del cuento caribe", logra no un hit cualquiera, sino uno de esos que llaman "extra-base", porque aparece en la acartonada literatura colombiana de la época, como un escritor sustancialmente auténtico que transciende y que sabe retratar la cosmovisión del hombre caribe, empleando su mismo lenguaje pictórico y humorístico. Es un escritor que parece sujetarse al concepto del escritor cordobés Manuel Zapata Olivella cuando dice: "quien no alimenta su propio lenguaje, se suicida espiritualmente".
Con la llegada de "la voz crítica de la vida", Álvaro Cepeda Samudio, un escritor barranquillero (¿cienaguero?), se presenta un sentido modernizador de la literatura, que contrasta con el "vetusto academicismo de la envarillada prosa de la época". En sus dos volúmenes de cuentos titulados Todos estábamos a la espera y Los cuentos de Juana, Cepeda desarrolla el concepto de literatura como recreación textual. Los personajes, en ambos volúmenes, retratan al mismo autor: son seres diferentes, solitarios, auténticos, locos, irreverentes, cansados de la misma monotonía trasnochadora y de hundirse en una vida "blanquinegra" a la que le falta color.
La obra de Cepeda transita por la ruta colorida de la extravagancia. Es una amenaza contra la muerte espiritual, una narrativa apegada al deleite, a la libertad y a la vitalidad excesiva que no desfallece porque según el mismo autor: "aquí el que se murió, se jodió". Uno de sus cuentos, "Cuando a fray Bartolomé", es una burla de los cánones de la iglesia católica. Este sacerdote de Cepeda no es un devoto de Dios, sino un apasionado lotero, hábil conocedor de chanchullos y cambalaches. El autor demuestra que su literatura es una herramienta para "mamar gallo", un homenaje caricaturesco de la vida en contra de la solemnidad, un culto al paganismo, un día de broma, de trago o de carnaval.
Cepeda, el "niño" diferente de la época, irrumpe en la sociedad, vistiendo con desfachatez: una franela, unos "bluyines" y ese tabaco que dibuja entre sus labios como si tratara de imitar lo mejor del estilo comunista del Che Guevara o de Fidel Castro. Pero consigue pasearse libre y descomplicadamente, con las manos metidas en los bolsillos, por las rutas de la narrativa del Caribe. Con su estilo picaresco y su humor aprendidos seguramente del maestro José Félix Fuenmayor, logra conectar un roletazo de hit, un incogible, en el cuento caribe colombiano.
La presencia del elemento femenino en el cuento caribe está en Marvel Moreno, una mujer barranquillera que aporta un tipo de narrativa innovadora, de tensión creciente y de intensidad explosiva, y que manifiesta una critica de la vida, el goce de los sentidos y la imaginación nutrida por lo real maravilloso.
Al leer los cuentos de Marvel Moreno, se observa un fuerte alejamiento de la Literatura colombiana de la época. Para Marvel, esta era una literatura lastre que desde un principio rechazó. En una entrevista concedida a la prensa, expresó su posición al respecto: "La literatura de mi país jamás me ha servido de referencia. Aparte de María, que leí a los trece años con los ojos inflamados de tanto llorar [...], los escritores colombianos constituyeron durante años mi pesadilla [...] y me aburrían soberanamente". Es por eso que su narrativa rompe con los esquemas tradicionales y representa una bocanada tiburónica a la literatura del "país cachaco".
En el volumen de "Cuentos completos", hay, desde una visión femenina, una crítica al lado oscuro de la sociedad burguesa sujeta a escalas de valores morales autoritarios. Allí se revelan los roles sociales, los universos internos, supersticiosos y turbulentos que esconden las mujeres en las silenciosas y cautivantes casonas evocadoras de la vieja Barranquilla. Estas mansiones de largos corredores están circundadas por un ambiente de naturaleza exuberante: patios sembrados de acacias, cayenas o nísperos; olores exóticos que se atenúan con el eco del oleaje marino; lagartijas, telarañas, iguanas y chicharras alborotadas; y objetos que poseen poderes enajenantes: cuadros y espejos por todas partes, armarios, baúles, amuletos y retratos que les imprimen una atmósfera de fascinación y encanto a los cuentos.
Como vemos, la magia del trópico trasciende en los cuentos de Marvel Moreno. Este hecho hace aflorar en gran medida, una conciencia de identidad mestiza en la escritora. Por eso, es una digna representante del cuento caribe, y como buena costeña, toma el bate, se para bien en el home plate y conecta su hit, fecundo y próspero como el de los anteriores escritores.
Pero la semilla fértil de la literatura del Caribe no se detiene aquí, se hace un árbol robusto y gigantesco. Gabriel García Márquez es el que encontrando las bases llenas en el cuento caribe, batea de home run, consiguiendo el éxito tan anhelado por estos escritores caribeños que vivieron antes o fueron contemporáneos suyos. Así, se llega a un proceso de reivindicación de la Cultura Caribe a través de la narrativa, frente a un país andino que discriminaba al trópico. Públicamente, el filósofo antioqueño Estanislao Zuleta, en 1983, comenta al respecto: "siento mucho más vivo a un personaje de Sartre que a uno de García Márquez, que para mí es paisaje y no mi propio yo [...] lo de García Márquez es pintoresco, es hecho para turistas". Los antioqueños siempre han rechazado toda expresión venida del Caribe, a muchos de ellos se les escuchaba repetir en coro: "ni el arroz con coco es comida, ni el vallenato es música, ni el costeño es gente". Mientras que en las paredes de Bogotá se escribía: "Haga patria, mate a un costeño".
Aunque el gran amigo de Gabo, "el loco" Cepeda Samudio, muere mucho antes, sin disfrutar, a su estilo desenfrenado, el premio Nobel de Gabo, sus palabras siguen haciendo eco: "Vamos a ver si ahora [...] van a oír la gran verdad que vamos a gritar a coro ensordecedor, a coro costeño, coro de hombres y no de mariconcitos con pantaloncitos ajustados a entencas nalguitas bogotanas". En la historia del cuento caribe, Socarrás, Fuenmayor, Cepeda Samudio y Marvel Moreno consiguen, cada uno en su estilo y desde una visión particular, conectar los hits que contribuirían luego a hacer una carrera en la narrativa del Caribe con el home run de García Márquez, un hombre orgulloso de su entorno marino, que logra "costeñizar el altiplano" y mostrar al mundo, la literatura colombiana vestida de la frescura y elegancia del liqui-liqui y la camisa guayabera.
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--TEDIO, Guillermo. "Ciclos y espejos en la narrativa de Marvel Moreno".
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--TEDIO, Guillermo. "José Francisco Socarrás: Pionero del Cuento Caribe Colombiano". En: Revista Trimestral Electrónica de Estudios Literarios LA CASA DE ASTERIÓN No. 13. Barranquilla, Universidad del Atlántico, Abril-Mayo-Junio de 2003.
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n11soca.html
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© Dinah Orozco
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124-9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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