"EL ESPACIO"
como discurso literario urbano
Mar Estela Ortega
Universidad Pedagógica Nacional
Santafé de Bogotá - Colombia
"La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neandertal gritando «el lobo, el lobo» con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando «el lobo, el lobo», sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chico acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura."
Vladimir Nabokov, "Curso de literatura europea"
En mi clase de Literatura de primer semestre, hace ya muchos años, el profesor llegó a la clase y nos dijo: "Hoy vamos a hablar del tiempo y el espacio". Todos nos sentimos bastante perturbados, pero más perturbados aún cuando el profesor sacó de su maleta un ejemplar de cada uno de los periódicos más leídos en Bogotá. Ha pasado El tiempo, pero todavía seguimos hablando de El Espacio. No falta la anécdota que contaba el profesor del día en que él mismo presenció un choque terrible en el que murió un hombre aplastado por dos carros. Inusualmente esta vez había llegado la policía y la ambulancia antes que los periodistas, pero apenas llegaron los fotógrafos de El Espacio pagaron una suma a los encargados para que sacaran el cadáver de la bolsa y lo volvieran a colocar en la misma posición en que había quedado, reconstruyendo la escena del accidente, para tomar la foto. Ustedes se preguntarán qué hace una estudiante de literatura escribiendo sobre el periódico amarillista que espanta al público culto, el más rechazado por la academia y las élites intelectuales. ¿Por qué un texto así para hablar de discursos literarios urbanos? ¿Por qué no una novela o un cuento de los últimos que han salido? ¿Por qué no un texto "realmente literario"?
Porque esta ponencia dejaría de ser un juego urbano para convertirse en un trabajo y, como tal, en una reflexión estéril y desértica de lo que es la literatura en la ciudad. La ciudad es un órgano vivo, es el transmilenio lleno de gente a mediodía, es la embriaguez colectiva en el centro a la una de la mañana, es la señora que vende rellenas los domingos a la salida del mercado de las pulgas, es el titular de El Espacio que uno puede leer desde la buseta. El público culto, siempre lleno de hipocresías, mesura, decoro y decencia, se limita a rechazar este tipo de manifestaciones. Todo el mundo habla de la sangrienta foto de El Espacio, pero cuántos lo han leído. Ya decía Barthes que "el pequeño hombre burgués es un hombre impotente para imaginar lo otro. Si lo otro se presenta a su vista, éste se enceguece, lo ignora y lo niega, o bien lo transforma en él mismo".
Lo primero que propongo demostrar es por qué El Espacio es un discurso literario potencial. Sabemos, según Van Dijk, que la literatura tiene dos componentes principales: una teoría de textos literarios y una teoría de la comunicación y el contexto literarios. La primera ha sido ampliamente abordada por la academia, pero la segunda pocas veces estudiada. Si el contexto sociocultural y el proceso de comunicación de la literatura no se ha tenido suficientemente en cuenta, el análisis del discurso "no puede especificar sin ambigüedad las propiedades típicas del discurso literario". Este depende en gran parte de sus propias funciones socio-culturales. La literatura es, pues, "lo que alguna clase social y algunas instituciones llamen y decidan usar como literatura".
Tal vez se piense que los discursos literarios están marcados con signos distintivos, es más, podría decirse que el estudio de estas marcas, de estos rasgos específicos tan obvios constituye la concentración principal del estudio literario. Estas distinciones marcarían la diferencia entre un cuento y un artículo de periódico. Sin embargo, hay en la literatura diversas manifestaciones que no tienen estas marcas distintivas, que no siguen los lineamientos básicos de la tradición y utilizan discursos no literarios, teniendo en cuenta, por supuesto, que la presencia de estas "marcas negativas", como las llama Van Dijk, es intencional y obedece al deseo del autor de enfatizar la verosimilitud de lo narrado. Hay también, en contraparte, algunos artículos de periódico que dejan atrás la intención de informar al lector objetivamente y tienen ciertas marcas literarias.
En El Espacio hay aplicación de diferentes reglas en la estructura gramatical y cambios de categorías. Se encuentran oraciones semigramaticales sobre todo en los anuncios. También hay estructuras extra retóricas que modifican el discurso y ya sabemos que la retórica trata específicamente las estrategias de persuasión. Igualmente se puede hablar de una dimensión específica de descripción, igual que en literatura. Las reglas de supresión, adición, sustitución y permutación se cumplen cabalmente afectando los niveles fonológico, grafémico, morfológico, semántico y sintáctico.
Se suprimen o agregan fonemas para mostrarle al lector el idiolecto de algún entrevistado o para crear la sensación de un grito: "Pos yo no saía na' deso", "...el hombre gritó: «¡Júntensen!»" o "Mamaaaaaaaaaaaa, me mataron". También encontramos la repetición, que es una forma de adición cuando leemos: "Papá, papá, la niña se me murió", o cuando nos enfrentamos a la repetición de la forma como el periodista cree que entró la bala o el cuchillo en el cuerpo de la víctima, apenas con ciertas diferencias en los artilugios sinonímicos. En las operaciones sintácticas se da la adición repetitiva o paralelismo y la permutación o inversión para destacar ciertas frases o elementos léxicos. La sustitución sintáctica también ocurre y logra que los sustantivos funcionen como verbos, o los verbos como sustantivos o adverbios: "Encontró su bailar" o "Desenfundó su morir". La supresión sintáctica y semántica también está presente. Supresión de verbos, de sustantivos, de artículos: "Quedó ensartada" o "Se le enganchó". Esta transformación puede tener consecuencias ya que afecta el proceso de comprensión, porque si las supresiones operan sobre elementos que no son estructural ni semánticamente predecibles o redundantes, puede darse lugar a la ambigüedad o a una falta de precisión en la interpretación. En el caso de El Espacio, igual que en la comunicación literaria, esto es intencional. En la supresión semántica se puede prescindir de las proposiciones e introducir argumentos discursivos, produciendo incoherencia lineal pero coherencia en el nivel global. Esto también puede ser intencional.
Las operaciones de permutación también juegan un papel importante ya que alteran el orden natural de los eventos. Es muy posible que la narración no sea cronológica, o que primero dejen saber al lector algunos detalles que deberían ir de último. La adición semántica igualmente es muy común. Siempre se "dice más" de lo que debería decirse, se agregan muchos datos que no son necesariamente importantes en la historia pero que se nombran, como me decía un periodista de El Espacio, con la intención de "humanizar al protagonista", que en la mayoría de los casos está muerto y no puede protestar. Ya sabemos que si leemos algún día "la mujer fue acuchillada por cuatro sujetos después de haberse reunido con su amante, el cual tenía una relación incestuosa con su hermana, según declaró la madre de la occisa...", vamos a pensar seguramente que el periodista quería humanizar a la mujer. No sería necesario aclarar que el hecho de que el novio de la mujer asesinada tuviera relaciones incestuosas con su hermana, importa muy poco en el crimen narrado, pero el aparentemente insignificante detalle le pone un poco de malicia y morbo al ya espectacular recuento de los hechos. Ocurre también lo que yo llamaría repetición de la permutación, ya que no es imposible encontrar un poco más abajo en el mismo texto: "Esa misma tarde fue notificado del hecho el amante de la mujer, el cual, como ya dijimos antes, tenía una relación ambigua con su propia hermana."
Finalmente, pasemos a discutir la estructura más elusiva y difícil: el estilo. El estilo es una propiedad de cualquier discurso retórico, que marca inherentemente todos sus niveles, es la manera en que algo se dice o se hace. El estilo, como dice Van Dijk, define una dimensión de análisis, es el resultado de opciones escogidas. Por ejemplo, se escoge entre diferentes palabras sinónimas cuál es la apropiada. En El Espacio este proceso es bastante particular. El día que me reuní con un periodista de El Espacio, él estaba redactando una noticia sobre una mujer a la que habían matado unos ladrones por accionar la alarma del establecimiento donde ella trabajaba como encargada de la máquina tragamonedas. Le dispararon en una de las cabinas para jugar Nintendo. El periodista ya había utilizado la palabra cabina, luego buscó en un diccionario de sinónimos y encontró cubículo. Después de un tiempo quiso referirse una vez más a lo mismo, volvió a abrir el diccionario y encontró habitáculo. La oración quedó así: "Según el «ofendido», uno de los sujetos, tras irrumpir en el pequeño habitáculo descerrajó un solo balazo contra la fémina." La mayoría de lectores de El Espacio son personas modestas, que no han tenido una educación muy profunda, y sin embargo, se enfrentan a este tipo de léxico todos los días (descerrajar, fémina, habitáculo). Nabokov decía que el buen lector es aquel que tiene imaginación, memoria, un diccionario y cierto sentido artístico. Tal vez los lectores de El Espacio tienen todo esto, y apenas sínos damos cuenta. Además de saber utilizar las palabras apropiadas, también está lo de las estructuras sintácticas alternativas y maneras diferentes de escribir. Todas estas características del estilo tienen sus funciones contextuales. Pueden ser emotivas, cognoscitivas o sociales.
En la práctica ya sabemos que el discurso literario y el discurso periodístico se definen en términos de la evaluación de los lectores. Al autor le interesa que al lector le guste su discurso. Normalmente se compra un periódico con el objetivo principal de obtener información específica sobre lo que está sucediendo en el mundo, siempre se pide imparcialidad, objetividad y seriedad. Creo que los lectores de El Espacio no buscan eso. La intención no parece ser enterarse objetivamente de la situación; el lector de El Espacio busca la historia, la representación de la miseria social, de SU miseria social, aunque sea localmente ficticia. El discurso literario establece condiciones suficientes para tales actos de habla.
Llegados a este punto podemos decir que ciertas estructuras textuales complejas pueden ser indicaciones de lo que es por lo menos un posible discurso literario en nuestra cultura. El acercar un texto o no al conjunto canónico de la literatura depende de factores históricos, socioculturales y como hemos visto, gramaticales, retóricos y estilísticos. También con el pasar del tiempo pueden aparecer nuevas marcas literarias que dominen a las canónicas. Los discursos literarios tales como cuentos, novelas, poemas son un grupo del conjunto total de discursos posiblemente literarios debido a la complejidad de sus estructuras textuales. Este proceso puede regir incluso para aquellos discursos que no estén en el contexto de la comunicación literaria. Recordemos una vez más a Van Dijk cuando dice que lo que cuenta como literatura se determina en última instancia por procesos de recepción.
Según Lucien Goldmann, el autor de la obra literaria es un sujeto trasindividual, colectivo, plural ; él es quien elabora la visión del mundo allí expresada. El estructuralismo genético, como se conoce el método de Goldmann, posteriormente refundido en la socio-crítica o la socio-semiótica del texto, busca determinar por medio de la explicación quién es el autor de la obra, no desde el punto de vista personal y somático, sino desde el punto de vista del grupo social. Para Goldmann, la visión del mundo corresponde a una perspectiva coherente del mundo, así que el autor es apenas el vocero lúcido de un grupo social. Todos sabemos que El Espacio es el vocero de un grupo social que expresa unas visiones para que el pueblo las consuma. Se le da al pueblo lo que se le ha obligado a pedir. De todos modos, el autor individual cumple un papel, ya que como autor particular tiene posibilidades imaginativas. Ahora, el autor, en este caso, los periodistas de El Espacio, pueden tener conciencia o no de esa visión del mundo, lo que piensa el grupo puede aparecer de manera no consciente en el autor individual, en su creación. Los periodistas generalmente no son muy conscientes de los contenidos profundos de la expresión que están trabajando: es su producto, una pura pulsión que difícilmente pueden determinar.
Dejando un poco atrás, ahora sí, tanta teoría del discurso literario y de la sociocrítica, adentrémonos un poco en esa forma de narrar tan particular de El Espacio en la que se puede ver un barroquismo alarmante. En el lenguaje rebuscado y la narración adornada de palabras que se buscaron en el diccionario en el momento de escribir la noticia, hay una presencia del barroco. Veamos, por ejemplo, la siguiente narración: "La hoy occisa se encontraba en compañía de su compañero sentimental cuando uno de los individuos se apostó sobre el umbral profiriendo la consiguiente amenaza: «¡Descárguense de todo el plante que tengan en el chuzo!» Después de registrar el bolso se arrojó contra la humanidad de la mujer ocasionándole una ostensible herida". Por las páginas del periódico corre también la figura del carnaval que es uno de los elementos fundamentales del barroco. El carnaval, como el barroco, es movilidad. El Espacio sincretiza la realidad y la ficción. Pensemos que el barroco tiende al "realismo", desordenando el criterio de lo verdadero, de lo objetivo. El Espacio es rechazado por las clases altas pero es muy recibido entre las clases populares porque tiene una expresión carnavalesca y toda expresión carnavalesca es, en principio, popular.
El discurso de El Espacio impone un carácter particular a la organización de las acciones de masa, una gesticulación carnavalesca libre. El carnaval es un espectáculo sin rampa entre actores y públicos. Ya decía Bajtín: No se mira al carnaval y, para ser más exactos, habría que decir que ni siquiera se lo representa sino que se lo vive, se está plegado a sus leyes mientras estas tienen curso, y se lleva así una existencia de carnaval.
En las páginas de El Espacio hay profanación, irrespeto a lo sagrado, irreverencia. La profanación hace relación a los sacrilegios, todo un sistema de envilecimiento y de burlas carnavalescas. Hay excentricidad. Esta característica permite abrirse a todo cuanto está normalmente reprimido y prohibido en el hombre. Hay unión de contrarios. Todo lo que la jerarquización cerraba, separaba, dispersaba, entra en contacto y forma alianzas carnavalescas. El carnaval aproxima, reúne, amalgama, liga lo sagrado y lo profano, lo alto y lo bajo, lo sublime y lo insignificante, lo vulgar y lo culto. Hay abundancia en cuanto momento de utopía carnavalesca, sobre todo en el decorado de las páginas. La burla también está presente y tiene que ver con el núcleo profundo de la percepción del mundo carnavalesco: el pathos de la decadencia y el reemplazo, de la muerte que se convierte en espectáculo. Esto expresa el carácter inevitable de la muerte en sí y al mismo tiempo la fecundidad del cambio-renovación al convertirla en historia fantástica.
En El Espacio hay atracción por lo macabro, esa ilustración prolífica de la muerte que ya no se esconde, qué es bello y qué es feo para El Espacio, es la estética de lo ambiguo. La fotografía que ayuda a la narración, que ES la narración, apunta siempre a las partes que siempre se mantienen ocultas del cuerpo. La curiosidad morbosa se siente delatada. No contentos con una fotografía grande de cuerpo entero, para más proliferación, aparecen otros recuadros menores que señalan detalles de la fotografía y que muestran al mismo sujeto desde otros focos porque el barroco se le mete entre las piernas al pobre hombre. Ahora, la historia, el cuento, porque lo narrado tiene ese carácter, pura ficción, puro juego literario a la veridicción, que tal vez tenga que ser rectificado al día siguiente, pero la historia ya se inventó, el lector de la ciudad ya la saboreó, la disfrutó, la jugó y eso no se devuelve. El periodista que escribe la historia ni siquiera va al lugar de los hechos, el fotógrafo le trae la información necesaria y la foto, ¿para qué más? Este no hace otra cosa que verificar la historia de la fotografía, nos recrea una trama truculenta y todos quedamos felices y satisfechos.
Este exceso de significantes e hiperbolización de las formas hace de El Espacio un texto barroco por excelencia. Ahora bien, recordando a Lezama Lima, el barroco es un "triunfo de la ciudad". Claro, aunque los elementos del barroco se pueden encontrar en el campo, ellos sólo se acrisolan en la ciudad, en los cascos urbanos sobre todo, y en ella logran realizarse. En la ciudad se expresa el carácter sincrético de lo ancestral con lo presentual, el reino de la cultura popular, de una cultura a la que, desde el foco de la cultura hegemónica e institucional, le gusta la grosería, la onomatopeya (clásico titular: "Ayyy, gritó antes de morir electrocutado"), la bulla, la exageración.
El Espacio es el periódico con pretensiones literarias, es el periódico que diariamente ironiza el deseo de ordenamiento, de veracidad, de seriedad de los demás periódicos. Los periodistas de El Espacio crean, imaginan la forma en que el cuerpo rodó por las escaleras y se le ensartó un clavo que estaba suelto y dejó un dedo en el camino. Pura ficción. Además la identidad del muerto no importa sino su muerte, sobre la cual se inventan toda serie de conjeturas. Y el hecho, la descripción del acto: la sangre en borbotones, en hilos, en torrentes, embutida en el cuello o escupida desde los agujeros quemados de su piel.
Si leyéramos las historias de El Espacio una a una podríamos escribir varias Crónicas de Muertes Anunciadas. Decimos a quien mataron y por qué y luego nos inventamos una descripción minuciosa de su muerte. Más aún, podríamos recrear un nuevo tomo de El asesinato como una de las bellas artes, donde sólo quedan los callejones estrechos y semioscuros del cazador. Nacería así una nueva Sociedad de Conocedores del Asesinato, sus miembros serían curiosos de todo lo relativo a las diversas modalidades de matanza. Aquella Sociedad se reunía cada vez que los Anales de la Policía de Europa publicaba un nuevo crimen, se reunían para criticarlo como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte. Thomas De Quincey decía que había que avanzar mucho más en la práctica y la teoría de los asesinatos como bellas obras de arte. El decía que "...la composición de un buen asesinato exige algo más que un par de idiotas que matan o mueren, un cuchillo, una bolsa y un callejón oscuro. El diseño, señores, la disposición del grupo, la luz y la sombra, la poesía, el sentimiento, se consideran indispensables en intentos de esta naturaleza". Nadie vaya a pensar que el autor de la obra que cito es un hombre inmoral, todo lo contrario, él mismo De Quincey afirma que el asesinato es una manera incorrecta de comportarse y que toda persona que se dedique al asesinato razona equivocadamente y debe seguir principios muy inexactos, pero dejando a un lado la moral podrá mirarse el asesinato estéticamente. Siempre que la muerte de alguien se pueda evitar, tratémoslo moralmente: hay que hacer todo lo posible para impedirla, pero después de perpetrado el hecho, después que el crimen está consumado, la víctima ha dejado de sufrir y el vil asesino ha desaparecido como si se lo hubiera tragado la tierra. Si hemos hecho todo lo posible para evitarlo, ¿para qué seguirlo mirando del lado moral? Cuando aparece publicado con todos los detalles en una crónica roja, ¿por qué no convertirlo en literatura o simplemente comentar el hecho sin moralismos?
La narración de los crímenes tiene su larga y antiquísima historia en la literatura, desde La Biblia con el primer crimen de la humanidad, hasta Milton y Shakespeare, todos han hecho del asesinato un acto sagrado. Los escritores exhiben toda clase de crímenes no cometidos, crímenes horrendos quedan apresados en los poemas, condenados a un cuento, descritos ampliamente en una novela, y cuando la cantidad de crímenes no cometidos es demasiada, acaba, como dice de Quincey, "abriéndose como una trampa de horca, como un cáliz de mandrágora nacida de tanta vileza imaginaria". Por el contrario, los periodistas de El Espacio saben que escriben sobre algo que ya ocurrió y lo que hacen es adornarlo con estrategias imaginarias; mientras construyen su castillo de naipes, ellos saben inconscientemente que el arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción, y es del mundo real de donde ellos sacan sus historias
El Espacio, texto literario urbano; literario porque desequilibra la línea que separa la realidad de la ficción, porque cumple con requerimientos gramaticales, estilísticos y retóricos, porque es un instrumento de creación literaria, porque es la expresión del espíritu barroco en el que están inmersas las culturas populares, las culturas de Sancho Panza, porque expresa más sistemáticamente que ningún otro, la estructura del carnaval, porque eleva el asesinato a la categoría de las Bellas Artes y nos llama a conocer la "medida total del hombre" como decía el Marqués de Sade; y urbano, porque es el vocero de los instintos de la ciudad, porque es diversión a pulso, porque encierra en sus páginas la pluralidad y la complejidad de Bogotá y porque es la piedra en el zapato de la mentalidad burguesa que no comprende la otredad o la alteridad.
BIBLIOGRAFÍA:
1. Gyorgy Lukacs. Sociología de la literatura. Barcelona, Península, 1983.
2. Lucien Goldman y otros. Sociología de la creación literaria. Buenos Aires, Nueva Visión, 1971.
3. Mijaíl M. Bajtín. Carnaval y literatura. México, Fondo de cultura económica, 1986.
4. Roland Barthes. Mitologías del 57. México, Fondo de cultura económica, 1987.
5. Teun A. Van Dijk. Estructura y funciones del discurso. Madrid, Siglo XXI Editores, 1980.
6. Thomas De Quincey. El asesinato como una de las bellas artes. Medellín, Susaeta Editores, 1995.
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© Mar Estela Ortega
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124-9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA
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