El poeta Rafael Alberti

Jesús Jiménez Renaldo
Poeta español


          El 16 de diciembre de 2002 se cumplió el primer centenario del nacimiento de Alberti y con este motivo, además de una avalancha de actos para reivindicar la figura humana y poética del gaditano, se anunció al público la presentación de sus obras completas en siete volúmenes, dirigidas por Pere Gimferrer y coordinadas para la editorial Seix Barral por el profesor Gonzalo Santonja.

          La fuerte personalidad del que fuera diputado del partido comunista por Cádiz en 1977 y su fecunda longevidad --por pocos meses no cumplió los 97 años-- han dejado memoria en la mente de muchos españoles, incluso de aquellos que apenas leen poesía, hasta el punto de que podríamos decir que es uno de nuestros poetas más populares. Sin embargo, como ha sucedido a tantos poetas y escritores españoles que marcharon al exilio tras la derrota del gobierno legítimo de la II República --Max Aub, Juan Gil-Albert, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Pedro Garfias,...--, apenas se ha prestado atención a su producción desde 1939.

          Lo cierto es que nos toca revisar a todos --especialistas, profesores de secundaria, lectores y ciudadanos en general-- el enorme disparate perpetrado en la educación nacional con el tema del exilio y los autores españoles exiliados. Que durante la dictadura del general Franco no existieran en los manuales de literatura ni sus libros fueran editados en España parece, dadas las circunstancias, lógico; pero que, transcurridos más de veinticinco años desde la restauración de la democracia, se siga necesitando recuperar la memoria histórica de una parte --la vencida-- de nuestro pueblo, no deja de ser preocupante. Es fácil ejemplificar el caso con Alberti: en un manual de lengua y literatura españolas de segundo de bachillerato (es decir, para alumnos que ya van a acceder a la educación universitaria), publicado por la editorial Oxford, de las dos hojas completas dedicadas al autor de Marinero en tierra, casi la totalidad está dedicada a su producción antes de 1936. Al resto de su obra, que en las obras completas anunciadas recientemente supondrían seis volúmenes de los siete totales, tan solo se dedican unas líneas en un aparte marginal.

          No sirve el argumento de que la poesía de propaganda política y combate no tenía demasiada validez, como declaró José Ángel Valente con motivo de la muerte de Alberti (El País, 29-X-99), porque, en el mismo manual, en el tema dedicado a la lírica española desde la Guerra Civil hasta la actualidad, de sus treinta páginas tan solo dos, y solo como propuestas de trabajo e investigación, se dedican a la poesía en el exilio, que tiene valores indiscutibles. Para acabar con la descripción del manual, que es donde se debería informar y formar a nuestros futuros ciudadanos, a falta de datos y valoraciones, remite, para aprender más, a enciclopedias y manuales de literatura española en unas orientaciones finales que resultan impensables para alumnos agobiados por programas inabarcables. El resultado, obvio: otra generación española que desconocerá la importancia y la obra de quienes perdieron la guerra y, de seguir así, también habrán de perder la carrera de la historia.

          Con Rafael Alberti, por volver al tema inicial, pasa lo mismo. Los libros hasta 1936 son popularmente conocidos: el neopopularismo de Marinero en tierra (1925), el vanguardismo de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), la poesía surrealista de Sobre los ángeles (1929), merecen la atención que luego no se presta a las Coplas de Juan Panadero (1949), a Ora marítima (1953), a Balada y canciones del Paraná (1954) o a Roma, peligro para caminantes (1968).
Por eso, en este artículo, quiero apuntar tan solo algunas breves notas sobre los tres primeros libros escritos por Alberti en el exilio. En el primero, Vida bilingüe de un refugiado español en Francia (1939-40), aparecen el recuerdo dolorido de España, la dura estancia en un país ajeno y la esperanza entrevista en la tierra americana (y a más largo plazo la del regreso a un país libre): "Ahí quedas, vieja Europa, sacudida/ de norte a sur, de oriente hasta Occidente./ Hora de la partida./ Te abandono apagada, tristemente encendida./ Con otra luz espera volverte a hallar mi frente." El siguiente, Entre el clavel y la espada (1939-40), aúna el combate (la espada) y el lirismo (el clavel), en poemas que lamentan la destrucción de España --simbolizada en la figura del toro--, el brutal asesinato de Federico García Lorca y el consuelo de la libertad futura de su patria: "Te cantarán debajo tus dos mares,/ y para ti los trigos serán puentes/ por donde saltes, nuevo toro libre,/ dueño de ti y de todo para siempre." En Pleamar (1942-44), con el llanto por la ausencia, el horror de los soldados y civiles muertos, la desaparición de Antonio Machado, Federico y Miguel Hernández, y el omnipresente mar que es puente y frontera, la poesía de Alberti se llena de lirismo con la experiencia del descubrimiento del continente americano. La vertiente elegíaca, que en la obra del gaditano se interpreta muchas veces como lamento por el paraíso perdido, se condensa en versos que lloran la lejanía dolorosa de la madre patria y de la infancia: "No me dijiste, mar, mar gaditana,/ mar del colegio, mar de los tejados,/ que en otras playas tuyas, tan distantes,/ iba a llorar, vedada mar, por ti,/ mar del colegio, mar de los tejados."

          La poesía de Alberti, y la de tantos otros autores que se exiliaron y contribuyeron a mantener viva la esperanza de la libertad en países ajenos y lejanos, a menudo aprendiendo a amar las diferencias mientras se lloraba a la patria chica, a los caídos en el combate, a la infancia irremediablemente perdida..., y se poblaban los sueños de otros horizontes y otras lenguas y culturas, no puede silenciarse. Es tiempo de acabar con inercias que están deformando la realidad histórica y contribuyendo a no afrontar la verdad: la literatura del exilio no puede ser un mero comentario al margen en los libros, sino lo que es, uno de los mejores frutos de nuestra cultura, macerado con el dolor, y con la esperanza.
 
          Ver página Web del autor en:
________________________________________

©   Jesús Jiménez Reinaldo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Julio-Agosto-Septiembre de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v4n14alberti.html
El poeta Rafael Alberti

Jesús Jiménez Renaldo
Poeta español


          El 16 de diciembre de 2002 se cumplió el primer centenario del nacimiento de Alberti y con este motivo, además de una avalancha de actos para reivindicar la figura humana y poética del gaditano, se anunció al público la presentación de sus obras completas en siete volúmenes, dirigidas por Pere Gimferrer y coordinadas para la editorial Seix Barral por el profesor Gonzalo Santonja.

          La fuerte personalidad del que fuera diputado del partido comunista por Cádiz en 1977 y su fecunda longevidad --por pocos meses no cumplió los 97 años-- han dejado memoria en la mente de muchos españoles, incluso de aquellos que apenas leen poesía, hasta el punto de que podríamos decir que es uno de nuestros poetas más populares. Sin embargo, como ha sucedido a tantos poetas y escritores españoles que marcharon al exilio tras la derrota del gobierno legítimo de la II República --Max Aub, Juan Gil-Albert, Manuel Altolaguirre, José Bergamín, Pedro Garfias,...--, apenas se ha prestado atención a su producción desde 1939.

          Lo cierto es que nos toca revisar a todos --especialistas, profesores de secundaria, lectores y ciudadanos en general-- el enorme disparate perpetrado en la educación nacional con el tema del exilio y los autores españoles exiliados. Que durante la dictadura del general Franco no existieran en los manuales de literatura ni sus libros fueran editados en España parece, dadas las circunstancias, lógico; pero que, transcurridos más de veinticinco años desde la restauración de la democracia, se siga necesitando recuperar la memoria histórica de una parte --la vencida-- de nuestro pueblo, no deja de ser preocupante. Es fácil ejemplificar el caso con Alberti: en un manual de lengua y literatura españolas de segundo de bachillerato (es decir, para alumnos que ya van a acceder a la educación universitaria), publicado por la editorial Oxford, de las dos hojas completas dedicadas al autor de Marinero en tierra, casi la totalidad está dedicada a su producción antes de 1936. Al resto de su obra, que en las obras completas anunciadas recientemente supondrían seis volúmenes de los siete totales, tan solo se dedican unas líneas en un aparte marginal.

          No sirve el argumento de que la poesía de propaganda política y combate no tenía demasiada validez, como declaró José Ángel Valente con motivo de la muerte de Alberti (El País, 29-X-99), porque, en el mismo manual, en el tema dedicado a la lírica española desde la Guerra Civil hasta la actualidad, de sus treinta páginas tan solo dos, y solo como propuestas de trabajo e investigación, se dedican a la poesía en el exilio, que tiene valores indiscutibles. Para acabar con la descripción del manual, que es donde se debería informar y formar a nuestros futuros ciudadanos, a falta de datos y valoraciones, remite, para aprender más, a enciclopedias y manuales de literatura española en unas orientaciones finales que resultan impensables para alumnos agobiados por programas inabarcables. El resultado, obvio: otra generación española que desconocerá la importancia y la obra de quienes perdieron la guerra y, de seguir así, también habrán de perder la carrera de la historia.

          Con Rafael Alberti, por volver al tema inicial, pasa lo mismo. Los libros hasta 1936 son popularmente conocidos: el neopopularismo de Marinero en tierra (1925), el vanguardismo de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), la poesía surrealista de Sobre los ángeles (1929), merecen la atención que luego no se presta a las Coplas de Juan Panadero (1949), a Ora marítima (1953), a Balada y canciones del Paraná (1954) o a Roma, peligro para caminantes (1968).
Por eso, en este artículo, quiero apuntar tan solo algunas breves notas sobre los tres primeros libros escritos por Alberti en el exilio. En el primero, Vida bilingüe de un refugiado español en Francia (1939-40), aparecen el recuerdo dolorido de España, la dura estancia en un país ajeno y la esperanza entrevista en la tierra americana (y a más largo plazo la del regreso a un país libre): "Ahí quedas, vieja Europa, sacudida/ de norte a sur, de oriente hasta Occidente./ Hora de la partida./ Te abandono apagada, tristemente encendida./ Con otra luz espera volverte a hallar mi frente." El siguiente, Entre el clavel y la espada (1939-40), aúna el combate (la espada) y el lirismo (el clavel), en poemas que lamentan la destrucción de España --simbolizada en la figura del toro--, el brutal asesinato de Federico García Lorca y el consuelo de la libertad futura de su patria: "Te cantarán debajo tus dos mares,/ y para ti los trigos serán puentes/ por donde saltes, nuevo toro libre,/ dueño de ti y de todo para siempre." En Pleamar (1942-44), con el llanto por la ausencia, el horror de los soldados y civiles muertos, la desaparición de Antonio Machado, Federico y Miguel Hernández, y el omnipresente mar que es puente y frontera, la poesía de Alberti se llena de lirismo con la experiencia del descubrimiento del continente americano. La vertiente elegíaca, que en la obra del gaditano se interpreta muchas veces como lamento por el paraíso perdido, se condensa en versos que lloran la lejanía dolorosa de la madre patria y de la infancia: "No me dijiste, mar, mar gaditana,/ mar del colegio, mar de los tejados,/ que en otras playas tuyas, tan distantes,/ iba a llorar, vedada mar, por ti,/ mar del colegio, mar de los tejados."

          La poesía de Alberti, y la de tantos otros autores que se exiliaron y contribuyeron a mantener viva la esperanza de la libertad en países ajenos y lejanos, a menudo aprendiendo a amar las diferencias mientras se lloraba a la patria chica, a los caídos en el combate, a la infancia irremediablemente perdida..., y se poblaban los sueños de otros horizontes y otras lenguas y culturas, no puede silenciarse. Es tiempo de acabar con inercias que están deformando la realidad histórica y contribuyendo a no afrontar la verdad: la literatura del exilio no puede ser un mero comentario al margen en los libros, sino lo que es, uno de los mejores frutos de nuestra cultura, macerado con el dolor, y con la esperanza.
 
          Ver página Web del autor en:
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©   Jesús Jiménez Reinaldo

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ISSN:  0124 - 9282

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Volumen IV - Número 13
Julio-Agosto-Septiembre de 2003

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
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