Vuelo subterráneo
Mario Meléndez Poeta chileno
SEÑORES DEL SUR
Señores del sur he comprometido mis raíces con ustedes Mi palabra llegará como un río a recoger la tierra y su origen Llámenme agricultor cuando el trigo se despierte cuando cruja la semilla y el invierno se levante en una mano Llámenme soldado cuando el agua y la piedra se reúnan Entonces seré el puñal que desgarre ceniza y envoltura No digan al Maule como me llamo me reconocerá por la voz por los susurros que mis labios llevarán hasta su lecho No digan nada en Constitución o en Pelluhue o en Chanco o en Curanipe mi nombre fue encontrado en una ola no es necesario que digan nada Señores del sur mi casa es mi mejor emblema Pueden ver a través de las ventanas o a través de mis ojos lo que les tengo preparado Abriré de una en una mis heridas y escupiré poemas en vez de sangre y a todos les diré mi nombre
Porque no quiero ver a Pedro arrinconado en un museo o a Manuel Francisco retenido en una boca Ellos sabían cantar eran dos vientos de distinto oficio dos gotas que el Maule sacudió con violencia Y yo ¿quién soy? algo tengo de todos cara de pan o de hormiga muslos comprometidos con el sabor de la tierra hombros de padre dientes de inquilino o de patrón Soy una flor con espinas y pétalos de mármol un poema preparado con la lluvia de cada día
VINCENT 1993
A Vicente Huidobro
El gran poeta de las vanidades se mira al espejo y dice no hay otro mejor que yo no hay otro más hermoso y delicado más burlón, paradojal e irresistible Y cuando voy por las calles me persiguen y me piden autógrafos se aglutinan en torno mío o se desmayan porque soy más inmortal que las agujas y en mi boca suspiran las estrellas Así, cada montaña es un pelo en mi oreja y cada nube una escalera de emergencia donde subo y bajo como un mago persiguiendo su conejo sin darle jamás alcance No obstante los helicópteros me adoran me adoran también las escolares que diviso de reojo me adora el trapecista de un circo desahuciado me adora la azafata de un vuelo imaginario me adoran los enanos, los duendes, los fantasmas y todos gritan "Ahí va Vicente, ahí va con su cara encerrada en un sombrero ahí va, el que se orina en los astros el que respira copihues y cambia de color hasta volverse inaguantable" Y yo me río como un buda chocho cuando arrojan flores a mis pies y me lleno de números telefónicos y de mujeres que darían sus propios pechos por rozar mi frente de amante multitudinario o por mirar mis cabellos salidos de un arcoiris de fruta
Tengo unos cuantos lunares en francés y un gato que me habla en un idioma póstumo y un perro que me muerde y me lame las antenas y un cilantro preguntando quién soy y yo le digo "No me busques no hagas caso de la rosa deshojada tú tienes tu propia sabiduría tu propio olor tu apellido en la cazuela del domingo y no necesitas ser tan hermoso para que ellos te respeten cuando con sólo probarte tienes ganado el cielo y un espacio en mi garganta"
Ahora me marcho en mi paracaídas me marcho en mi aeronave de plumas anónimas me marcho a pellizcarle las nalgas a un piano a dormir una siesta en un ataúd de huevo
QUE SALGA EL INDIO ENTRE LAS PIEDRAS
Que salga el Guayasamín que cada uno tenemos que salga el indio entre las piedras, médula a médula el gran precipicio que somos, la gran llaga ecuatoriana y lo que cae del ojo al cielo, y lo que arruga el aire y lo que sale de nosotros mismos como una rosa deforme y lo que araña más adentro que salga que salga el trueno, la bocanada, el relámpago la hebra furiosa y tuerta que mira sangrar el alma y aquí, en esta jaula ardiente que es América de luto están pendientes los nombres de aquellas manos clavadas de aquellos pies desahuciados, de aquellos huesos de humo de aquel sueño arrojado al gran ataúd del miedo o simplemente del árbol con sus ramas infinitamente secas Porque no estamos muertos, no estamos y hay uno que ahora brinca por encima de los sables y hay uno que bebe fuego y lleva alas de ceniza y hay uno que agrieta el río con su cráneo universal y hay uno que dice yo, yo soy el indio entre las piedras y todo el horror humano se me apaga en el cuerpo y tengo lágrimas y penas y el corazón como una luna borracha y el esqueleto dormido, y la mandíbula tiesa y a mi oído brama el perro de las noches podridas y a mi boca rueda el beso de la angustia que mata Y yo pinto, yo pinto con mi voz y con mis uñas repletas yo pinto con mi oxígeno la cicatriz del viento raspo la puñalada maldita de los siglos me sumerjo en el ácido mortal de las pupilas andinas desnudo el recuerdo de la calavera sombría
y en mí sobreviven las tripas cortadas de cuajo y cada grito soy yo, cada mejilla nacida del grito cada suspiro fatal y su patria de aguja cada mujer, cada hombre cada animal volteado en la vértebra dramática todos y cada uno de ellos y en todas partes la vida como un sol amargo y yo, hinchado de colores cierro las alas y duermo sobre la tristeza
GUACOLDA
Hembra continental vestida para un viaje sin palabras la sombra del espejo donde mueren las miradas se parece a ti tiene las mismas grietas esparcidas en un mar amargo la misma historia adolorida en el balcón donde la raza asoma
Oye a los jinetes adherirse al gran imán de los recuerdos siente a la manada desgarrar las armaduras de los dioses huele al primogénito del viento galopar de noche mientras sangran a lo lejos las encías y la muerte entra en la herida de la muerte deshuesando el bien y el mal
Sube en el latido del cultrún hasta donde el cóndor sacude su cabellera intratable su túnica de plumas ancestrales su vuelo matrimonial de alas sonámbulas
Y baila baila junto a los hijos que no vendrán a consolarte baila entre los guerreros que degollará el olvido baila con tu pueblo el rito de la flecha sudorosa el rito de la flecha sin piedad el rito de la flecha sin sonrisa el rito de la flecha humedecida por el llanto de las calaveras por el llanto de los coihues y de los sueños castrados
Y aún así cuando la sangre mueva los pies para hablar con los espíritus y tú la veas venir hacia tu propia sangre hacia tu propio pie hacia tu propio origen cuando el musgo tape las sobras de la gran ira de Arauco y los pájaros queden con la servilleta puesta malhumorados por no haber llegado antes cuando los ríos se ahoguen de ardor y el queltehue amontone los gestos del último de los caídos lucha lucha para que el pan se desmigue en tu mesa lucha para que el maíz recupere su orgullo lucha para que la flecha sonría de nuevo para que el ciervo te enseñe a beber para que el miedo no roa tu alma
Lucha hasta que el luto anestesie tu edad porque estás destinada a hacerte llaga y en ti mamarán las estrellas
EL ÚLTIMO GUERRERO
Lautaro-Lautaro dice su galopar y sus perros lo siguen como el viento
(Leonel Lienlaf)
1
Hijo del más sangriento día tu ardor ilumina la ruta donde pasas tu cabellera de cruces se alarga y se pierde en sí misma y en ella cuelga la noche con dientes y cometas en ella cuelgan las gotas de un amanecer distante incierto y desbocado como un caballo ciego trotando sin edad y sin memoria secretamente adherido al resplandor de un beso Secretamente hacinado entre sombras y estrellas llegas de donde nadie ha venido jamás jinete de la luz sin estandarte recopilado en antologías futuras en episodios por siglos malheridos traes la evocadora acústica de los mares el eco de un relámpago que roe la tiniebla traes un millón de abejas atadas al cuello imitando los gestos de un espejo sonámbulo traes en tu corazón un bosque azul una semilla para ser repartida una trinchera donde aguardan los olvidados de siempre Y pareciera que tu voz es brisa, lluvia, tempestad lamento de volcán recién nacido campana de una aurora preñada más primitiva y más pura que el deseo y su ceniza más aferrada a la tierra que a su propia vida
2
Vocero de los sueños los pejerreyes no saben de ti pero han navegado las aguas que riegan tu origen han visto latir las aguas y en ellas quieren morir sin más adiós que un mediodía de escamas sin más despedida que tu sangre río abajo destiñéndolo todo Porque a pesar de los ladridos del hambre a pesar de las caricias del miedo a pesar del trino manoseado del recuerdo te sacudes las hormigas espolvoreándolas más allá de la penumbra te levantas como un viento acorralado echando fuego y telarañas de luto cicatrices de una guadaña ensañada con los verdugos del alma con aquellos que reparten el dolor y la miseria a bocanadas contra esos te levantas sin espada y sin coraza armado solamente de palomas y murciélagos inéditos de grillos que interpretan a capella la eternidad de tu alegría _________________________________________
© Mario Meléndez
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen IV - Número 13 Abril-Mayo-Junio de 2003
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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