El relato testimonial:
Voces para alentar la memoria

Libardo Barros



"Yo no he vuelto a escribir más porque la gente que me contaba
                     las historias ya se murió".
                                                                                          Juan Rulfo


          En cada tribu ágrafa del África existe un hombre que por su saber es considerado como un libro que camina.
Además de su vasto conocimiento, lo cual requiere muchos años de formación, es un educador tradicional, capacitado moral y espiritualmente para desempeñar esa labor. Por eso, los africanos tienen por cierto que cuando uno de estos ancianos muere es como si se quemara una biblioteca, porque todo su saber lo acumulan a través de la transmisión oral. Dichos ancianos desde muy jóvenes aprenden unas estrategias orales que les facilitan asimilar y enseñar el conocimiento. Son, además, recolectores incansables de testimonios que reelaboran con maestría. Igual que en África, todos los grupos humanos, en cada tiempo y lugar, tienen un especialista en contar a las futuras generaciones sobre su devenir colectivo; y aunque difieran en culturas, el método humano más efectivo para lograrlo ha sido la tradición oral por medio del testimonio o el relato testimonial.

          El relato testimonial o testimonio proviene de la voz latina testimonium: tesis, testigo; la cual a su vez deriva de la misma raíz de testículo, testis: testigo de la hombría. Pero además de la curiosidad sobre el origen del término, se agrega que el relato testimonial escrito en la actualidad es considerado como híbrido, mutante, sincrético, ya que utiliza técnicas narrativas tomadas de la literatura, el nuevo periodismo y la etnografía. Por tales razones resulta difícil definirlo con claridad, por el riesgo de incurrir en ambigüedades. Sin embargo, un relato testimonial (oral o escrito) se caracteriza porque las historias son contadas por uno o varios narradores participantes, por eso en ellas se hace énfasis en los estados sicológicos, físicos y espirituales de ellos; y cómo su intimidad (anhelos, expectativas, conflictos, frustraciones...) incide en sus relaciones sociales y viceversa.

          El relato testimonial en su estado puro es oral o se inicia, se gesta, en la oralidad. Ahora, de acuerdo con su grado de elaboración y contenido, cuando hace su tránsito a la escritura en formas reconocidas: reportajes, monografías, diarios; a la ciencia, antropología, historia, etnografía, etc.; y a las artes, como el teatro, la literatura y el cine; nos puede poner de cara a reflexiones profundas del saber cotidiano, que también incorporan la filosofía y la poesía.


          Primero la oralidad

          Pensemos en aquella imagen prehistórica en la cual se reunían los jóvenes de la tribu alrededor del más viejo para escucharle narrar sus historias o cualquier clase de experiencia relacionada con la cacería de un gran animal o las peripecias sobre la posesión de un nuevo territorio. También se sabe que las primeras transacciones fueron verbales y que con el tiempo se impuso la firma de acuerdos, alianzas o negocios de soberanos entre sí o con sus vasallos para hacer valer más sus compromisos. Incluso, las de líderes populares y dioses como la entrega de las tablas de la ley a Moisés. Y no sólo acuerdos verbales, sino también historias y leyendas serían luego transcritas en tablillas por escribas especializados, bajo el encargo de reyes. Ejemplos de lo anterior se pueden apreciar en la epopeya más antigua como es el poema de Gilgamesh, siglo XX a.C., el código de Hammurabi, siglo XVII, a.C, y los textos de la alianza entre el dios Yahvé y el pueblo de Israel que datan de tradiciones anteriores al siglo XVI a.C. El análisis de tales textos nos indica que son calcados de la tradición oral, la cual para entonces ya se regía por estructuras formularias. En el caso de la alianza entre Yahvé y el grupo liderado por Moisés, al cual la tradición escogería como el más representativo, se puede distinguir cómo los componentes de tan famosa transacción son tomados de estructuras utilizadas en asuntos legales (Éxodo
16-24,
Números 21-25, Josué 24). Los tratados de entonces se establecían a través de una alianza que constaba de un preámbulo, un prólogo histórico, unas condiciones para la preservación del mismo, una lista de los dioses testigos, y por último, las maldiciones o bendiciones a las que se debían someter las partes si se daba o no estricto cumplimiento a lo pactado (1). Vale la pena también agregar que la oralidad, en los pueblos tribales del antiguo oriente próximo, también estaba integrada a la instrucción de guerreros, sacerdotes, artistas y a los conocimientos básicos de los jóvenes soberanos:

          Si eres uno a quien le hacen peticiones, mantente tranquilo mientras escuchas el discurso del solicitante. No lo rechaces antes de que limpie su cuerpo o antes de que diga aquello para lo cual ha venido. A un solicitante le gusta más la atención a sus palabras que el cumplimiento de aquello para lo cual vino... No es necesario que todo lo que pide acontezca, pero es sabido que una buena audiencia es un calmante para el corazón (2). 

          Como se adujo al comienzo, en los pueblos africanos, sumado al extenso campo que en ellos ocupa la oralidad, sobresale la figura del griot; quien es apreciado como el depositario del conocimiento en su comunidad. Posee un saber enciclopédico que incluye el dominio de medicina, astronomía, historia, música, magia, mitos y leyendas, entre otros. El
griot
es tan importante para las comunidades africanas que se le aprecia como un libro andante. Su equivalente en el pueblo hebreo es el qohélet, conocido por sus pares como "el coleccionista de dichos y sabiduría", quien diera nombre al libro bíblico Eclesiastés. Estos depositarios errantes de conocimientos ancestrales han sido una constante en todos los pueblos del mundo.

          En América, la tradición oral tiene un desarrollo similar al de las culturas citadas. Las comunidades indígenas, antes de la llegada de los europeos, ya habían incorporado todo tipo de elementos formularios para las ceremonias sagradas en las cuales están incluidos los ritos de sanación, oraciones a dioses propiciatorios, ceremonias de iniciación para soberanos, sacerdotes, chamanes, guerreros. También en ceremonias comunitarias y los bailes cantados como la danza del venado, de la lluvia, de la cacería, del sol y cantos tradicionales, entre otras. En las culturas andinas se conoce un individuo encargado de iniciar en el conocimiento ancestral a las jóvenes generaciones, el yupanqui (en quechua), el que narra y cuenta. Uno de los ejemplos más contundentes de los alcances de la oralidad en América quedó plasmado en un documento bellamente revelador sobre el ser y el saber indígenas:

          El Gran Jefe en Washington manda palabras: él desea comprar nuestra tierra. El Gran Jefe Seathl también manda palabras de amistad y bienaventuranza. Esto es muy amable de su parte, ya que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero nosotros tenemos en cuenta su oferta, porque nosotros sabemos que si no lo hacemos así, el hombre blanco vendrá son sus pistolas y tomará nuestra tierra... Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él un pedazo de tierra es igual a otro; porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, sigue adelante. La vista de sus ciudades duele en los ojos del hombre pielroja... El aire es valioso para el hombre pielroja, porque todas las cosas comparten la misma respiración: las bestias, los árboles... el hombre. Pero el hombre blanco parece que no notara el aire que respira... La vista de sus ciudades duele en los ojos del hombre pielroja. Pero, tal vez porque el hombre pielroja es un salvaje y no entiende (3).

          Después de la llegada de los europeos la oralidad en América incorpora valiosos elementos. Entre los más importantes están los aportes de los esclavos negros, quienes también adaptaron y reprodujeron todo su vasto conocimiento cultural en las nuevas tierras. Entonces el mestizaje producido nos puso frente a culturas que elaboraron elementos novedosos porque las mezclas étnicas no fueron homogéneas ya que cada región tuvo la suya, con innumerables derivaciones. El conquistador español, quien también era otro mestizo, se encontró con el indio y el africano, quienes asimismo habían incorporado a sus culturas costumbres de otros pueblos vecinos a sus territorios de origen. Nace así una nueva oralidad en la que se constata, tanto en su puesta en escena como en su estructura, el ensamble de elementos de las tres culturas mayores. Una prueba de lo anterior se aprecia en décimas, cuartetos, sonetos y canciones, las cuales ya gozaban de prestigio en España y al ser adaptadas en América fueron enriquecidas en sus contenidos y temáticas por los cultores nativos: poetas, juglares, actores, cuenteros, etc.


Lo testimonial

          Del relato testimonial cabe citar también que es un macrogénero, comparable a lo que en música es el jazz o el son y en pintura, el collage. Por su capacidad integradora toma la forma de lo que lo abarca sin perder su esencia. Por eso de lo que se conoce como testimonio se ha ido pasando a un término mucho más preciso que señala tal singularidad: lo testimonial.

          Libros sagrados como el Tao Te King, La Biblia y el Corán son testimoniales en casi todo su contenido. Como también lo son La Ilíada y La Odisea. Y más cercanas a nosotros, las crónicas de los primeros viajeros a tierras americanas. La percepción de una literatura tesmonial se vislumbra mucho mejor a finales del siglo XIX y comienzos del XX con la aparición de la obra Facundo, de Domingo F. Sarmiento, y Los Sertones, de Euclides da Cunha. Se debe incluir también, que en la configuración del relato tesmonial, a mediados del siglo pasado, juegan un papel importante los medios de información, sobre todo la prensa escrita, la cual a través de sus enviados especiales, quienes se convertirían en testigos de guerras y toda clase de conflictos, supo describir con lujo de detalles el alcance de hechos de tal magnitud. Para entonces la etnografía ya empezaba a clarificar su objeto de estudio y se daba a conocer como ciencia independiente. Ambos discursos, el periodístico y el etnográfico, se convierten desde entonces en catalizadores de lo que ahora llamamos relato testimonial. Esto implica "una clara conciencia de que no se trata simplemente de recoger una determinada información, sino también de potenciarla de modo que llegue a un público amplio, de manera que en cierta forma se dignifique al testimoniante y al mismo tiempo se le da un ámbito mucho mayor de recepción" (A. Fornet, 2000). En lo sucesivo se darán debates interesantes en torno a los cuales se hará claridad en cuanto al papel del informante y el investigador para saber quién es el autor verdadero del texto resultante. Surgirá entonces la afirmación de que ambos sujetos son una pareja dialéctica, necesarios el uno al otro para que pueda desarrollarse el testimonio como tal. Una opinión valiosa en torno a esta discusión, la formularía el escritor cubano Ambrosio Fornet:

          Puede partirse de un concepto elaborado y descrito por Renato Prada Oropeza, que vi por primera vez en 1985, en que no habla del testimonio, ni de lo testimonial, sino del "discurso testimonial"; y es evidente que el discurso testimonial es una cualidad o una sustancia transgenérica. No pertenece a un género determinado, sino que puede extenderse por los géneros: hay una poesía testimonial, una novela con fuerte tendencia testimonial, cuentos testimoniales (...4)

          Con el auge de la llamada literatura testimonial, la oralidad recupera su importancia prístina, la cual le había sido arrebatada por quienes consideraron durante mucho tiempo que la escritura era autosuficiente y le quisieron negar su fuente nutricia, sin reparar en el enorme retroceso en que estaban incurriendo. Tal polémica se había iniciado en la antigüedad entre los filósofos griegos, pero no fue agotada del todo por ellos. Y aunque ya no se  plantea desde perspectivas fundamentalistas; se tiene ganado que la escritura, contando con el grado de perfeccionamiento que ha alcanzado, seguirá siendo una eterna deudora de la oralidad.

          Del relato testimonial también podemos afirmar que su base son los hechos verídicos, de ahí que el narrador se ubique siempre como testigo o en su defecto incluirá las voces de los protagonistas del suceso en primera persona. En consecuencia, más que contar una historia, la cual en el mayor de los casos es conocida, lo que busca el relato testimonial es involucrar al lector con la vida de los protagonistas sea cual sea la condición en que estos se encuentren. Así este se encargará después de asumir adhesión o rechazo con los involucrados. Tomás Eloy Martínez, uno de los más sobresalientes periodistas contemporáneos y cultivador del género ha dicho:

          La noticia ha dejado de ser objetiva para volverse individual. O mejor dicho: las noticias mejor contadas son aquellas que revelan, a través de la experiencia de una sola persona, todo lo que hace falta saber. Hay que investigar primero cuál es el personaje paradigmático que podría reflejar, como un prisma, las cambiantes luces de la realidad  (5).

          Las técnicas empleadas para la recolección de datos, en el relato testimonial, corresponden a las empleadas por la etnografía y el nuevo periodismo. Un ejemplo palpable del empleo de esas técnicas aparece claramente en A sangre fría, de Truman Capote. En esta obra se describen de manera pormenorizada muchísimos detalles que el autor debió investigar con sumo cuidado. Capote presentaría su obra como una novela sin ficción, lo que estimulará en el público la costumbre de exigir en lo sucesivo historias con descripciones pormenorizadas de los hechos y las circunstancias que empujaron a sus protagonistas a cometer acciones socialmente reprobables. Ya no será importante conocer los acontecimientos de manera corriente y escueta, sino la atmósfera que los rodea, los detalles, y sobre todo, los ambientes y la oscura circunstancia humana que ayuden al lector a desentrañar todo lo que está detrás y construya una verdad aproximada. Esto sólo es posible transportando técnicas literarias, usadas en la novela y el cuento, para narrar hechos reales.

          En nuestro país el relato testimonial ha alcanzado logros muy importantes. Sobresalen historias narradas por periodistas que se hastiaron de la rutina esquemática de la noticia escueta de comienzos del siglo XIX y decidieron salir a la búsqueda de realidades que ofrecieran la oportunidad de escribir historias dramáticas. Entre estos escritores aparecen Jorge García Usta y Alberto Salcedo con su libro hecho al alimón, Diez juglares en su patio, obra que daría al reportaje colombiano la posibilidad de hacer retratos etnográficos, hurgando piel adentro, sobre la vida de músicos y compositores raizales en lugares apartados de la costa norte. Otro buen narrador es José Navia, quien ha cultivado buena fama por sus relatos urbanos entre los que sobresale Historias nuevas para la ropa vieja. De los representantes más prolíficos del género está Juan José Hoyos, considerado un maestro en el oficio;  su libro Sentir que es un soplo la vida, de principio a fin es una obra que demuestra el manejo acertado de una técnica; lo que le ha valido ser catalogada por los académicos de obligada lectura. En el prólogo del texto de Hoyos aparece:

          Yo dejé de trabajar en los periódicos porque no podía escribir más historias. Las noticias de la política, de la economía, la transcripción de los discursos y la declaración de los jefes políticos y los funcionarios públicos me convirtieron en otro amanuense... Un día comprendí que un hombre que cuenta historias tiene más poder. Un poder que no puede medirse con votos, como el de los políticos, pero que a su modo es superior a todo eso. Desde ese día me olvidé de los periódicos y me dediqué a escribir historias.

          En conclusión, la gente siempre quiere enterarse de lo que sucede en el mundo, pero prefiere hacerlo no a través de las noticias. Lo que significa entonces que ya perdió validez la información inmediata de los sucesos. A ello se le ha impuesto el estilo de hacerlo, los puntos de vista desde donde están planteados los hechos, los intereses en juego; y sobre todo las voces, los lenguajes allí presentes, porque en el hoy asistimos a una realidad polifónica que se construye con la puesta en escena de lo que piensan y quieren sus protagonistas ya que es en ellos donde está la verdad. Lo mismo se exige en investigaciones o tratados que incluyen personas o grupos humanos, en los cuales el dato o la cifra no son importantes, sino se apuntalan en la opinión y la valoración de los sujetos involucrados... Dueños absolutos de las voces que alientan la memoria.

A mi profesora del ISA: Norma Gálvez Peirut

  NOTAS:

  1. Ceresko, Antonio: Introducción al Antiguo Testamento. Seminario Teológico Presbiteriano. B/quilla, 1992

  2. Texto egipcio (2.450 a.C), citado del ANET (siglas en inglés), usado para instruir a los futuros soberanos. Llamaban ellos a esa labor: "ética de la supervivencia", para la seguridad y éxito dentro del establecimiento real.

  3. En 1855, el gobierno norteamericano forzó a la tribu Dwanwish, del estado de Washington, a venderle sus tierras. Por ese motivo El Gran Jefe Seathl dirigió esta carta al presidente Franklin K. Pierce.

  4. Seminario de técnicas narrativas. Ed. Juventud Rebelde. La Habana. Septiembre del 2000.

  5. Revista elmalpensante, número 27. Bogotá, enero del 2001.


LIBARDO BARROS

Nacido en Soplaviento (Bolívar, COLOMBIA, 1961), es licenciado  en Idiomas; profesor de Humanidades en el Centro de Comercio Jorge N. Abello. Tuvo a su cargo la dirección de la Escuela del Resguardo Indígena del Alto Andágueda (Chocó) y de la Escuela Distirtal de Arte de Barranquilla. Publicó el libro de crónicas: Río arriba hacia Altos del Rosario. Fue cofundador del plegable literario esto y en Quibdó fue miembro del taller literario Sueños de la manigua. Ha realizado investigaciones para las series de televisión de los programas de Señal Colombia: Vida de barrio, Ese mar es mío y Vámonos caminando. Actualmente cursa una Maestría en Desarrollo Cultural en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, Cuba.
_______________________________________

©   Libardo Barros

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v4n13voces.html
El relato testimonial:
Voces para alentar la memoria

Libardo Barros



"Yo no he vuelto a escribir más porque la gente que me contaba
                     las historias ya se murió".
                                                                                          Juan Rulfo


          En cada tribu ágrafa del África existe un hombre que por su saber es considerado como un libro que camina.
Además de su vasto conocimiento, lo cual requiere muchos años de formación, es un educador tradicional, capacitado moral y espiritualmente para desempeñar esa labor. Por eso, los africanos tienen por cierto que cuando uno de estos ancianos muere es como si se quemara una biblioteca, porque todo su saber lo acumulan a través de la transmisión oral. Dichos ancianos desde muy jóvenes aprenden unas estrategias orales que les facilitan asimilar y enseñar el conocimiento. Son, además, recolectores incansables de testimonios que reelaboran con maestría. Igual que en África, todos los grupos humanos, en cada tiempo y lugar, tienen un especialista en contar a las futuras generaciones sobre su devenir colectivo; y aunque difieran en culturas, el método humano más efectivo para lograrlo ha sido la tradición oral por medio del testimonio o el relato testimonial.

          El relato testimonial o testimonio proviene de la voz latina testimonium: tesis, testigo; la cual a su vez deriva de la misma raíz de testículo, testis: testigo de la hombría. Pero además de la curiosidad sobre el origen del término, se agrega que el relato testimonial escrito en la actualidad es considerado como híbrido, mutante, sincrético, ya que utiliza técnicas narrativas tomadas de la literatura, el nuevo periodismo y la etnografía. Por tales razones resulta difícil definirlo con claridad, por el riesgo de incurrir en ambigüedades. Sin embargo, un relato testimonial (oral o escrito) se caracteriza porque las historias son contadas por uno o varios narradores participantes, por eso en ellas se hace énfasis en los estados sicológicos, físicos y espirituales de ellos; y cómo su intimidad (anhelos, expectativas, conflictos, frustraciones...) incide en sus relaciones sociales y viceversa.

          El relato testimonial en su estado puro es oral o se inicia, se gesta, en la oralidad. Ahora, de acuerdo con su grado de elaboración y contenido, cuando hace su tránsito a la escritura en formas reconocidas: reportajes, monografías, diarios; a la ciencia, antropología, historia, etnografía, etc.; y a las artes, como el teatro, la literatura y el cine; nos puede poner de cara a reflexiones profundas del saber cotidiano, que también incorporan la filosofía y la poesía.


          Primero la oralidad

          Pensemos en aquella imagen prehistórica en la cual se reunían los jóvenes de la tribu alrededor del más viejo para escucharle narrar sus historias o cualquier clase de experiencia relacionada con la cacería de un gran animal o las peripecias sobre la posesión de un nuevo territorio. También se sabe que las primeras transacciones fueron verbales y que con el tiempo se impuso la firma de acuerdos, alianzas o negocios de soberanos entre sí o con sus vasallos para hacer valer más sus compromisos. Incluso, las de líderes populares y dioses como la entrega de las tablas de la ley a Moisés. Y no sólo acuerdos verbales, sino también historias y leyendas serían luego transcritas en tablillas por escribas especializados, bajo el encargo de reyes. Ejemplos de lo anterior se pueden apreciar en la epopeya más antigua como es el poema de Gilgamesh, siglo XX a.C., el código de Hammurabi, siglo XVII, a.C, y los textos de la alianza entre el dios Yahvé y el pueblo de Israel que datan de tradiciones anteriores al siglo XVI a.C. El análisis de tales textos nos indica que son calcados de la tradición oral, la cual para entonces ya se regía por estructuras formularias. En el caso de la alianza entre Yahvé y el grupo liderado por Moisés, al cual la tradición escogería como el más representativo, se puede distinguir cómo los componentes de tan famosa transacción son tomados de estructuras utilizadas en asuntos legales (Éxodo
16-24,
Números 21-25, Josué 24). Los tratados de entonces se establecían a través de una alianza que constaba de un preámbulo, un prólogo histórico, unas condiciones para la preservación del mismo, una lista de los dioses testigos, y por último, las maldiciones o bendiciones a las que se debían someter las partes si se daba o no estricto cumplimiento a lo pactado (1). Vale la pena también agregar que la oralidad, en los pueblos tribales del antiguo oriente próximo, también estaba integrada a la instrucción de guerreros, sacerdotes, artistas y a los conocimientos básicos de los jóvenes soberanos:

          Si eres uno a quien le hacen peticiones, mantente tranquilo mientras escuchas el discurso del solicitante. No lo rechaces antes de que limpie su cuerpo o antes de que diga aquello para lo cual ha venido. A un solicitante le gusta más la atención a sus palabras que el cumplimiento de aquello para lo cual vino... No es necesario que todo lo que pide acontezca, pero es sabido que una buena audiencia es un calmante para el corazón (2). 

          Como se adujo al comienzo, en los pueblos africanos, sumado al extenso campo que en ellos ocupa la oralidad, sobresale la figura del griot; quien es apreciado como el depositario del conocimiento en su comunidad. Posee un saber enciclopédico que incluye el dominio de medicina, astronomía, historia, música, magia, mitos y leyendas, entre otros. El
griot
es tan importante para las comunidades africanas que se le aprecia como un libro andante. Su equivalente en el pueblo hebreo es el qohélet, conocido por sus pares como "el coleccionista de dichos y sabiduría", quien diera nombre al libro bíblico Eclesiastés. Estos depositarios errantes de conocimientos ancestrales han sido una constante en todos los pueblos del mundo.

          En América, la tradición oral tiene un desarrollo similar al de las culturas citadas. Las comunidades indígenas, antes de la llegada de los europeos, ya habían incorporado todo tipo de elementos formularios para las ceremonias sagradas en las cuales están incluidos los ritos de sanación, oraciones a dioses propiciatorios, ceremonias de iniciación para soberanos, sacerdotes, chamanes, guerreros. También en ceremonias comunitarias y los bailes cantados como la danza del venado, de la lluvia, de la cacería, del sol y cantos tradicionales, entre otras. En las culturas andinas se conoce un individuo encargado de iniciar en el conocimiento ancestral a las jóvenes generaciones, el yupanqui (en quechua), el que narra y cuenta. Uno de los ejemplos más contundentes de los alcances de la oralidad en América quedó plasmado en un documento bellamente revelador sobre el ser y el saber indígenas:

          El Gran Jefe en Washington manda palabras: él desea comprar nuestra tierra. El Gran Jefe Seathl también manda palabras de amistad y bienaventuranza. Esto es muy amable de su parte, ya que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero nosotros tenemos en cuenta su oferta, porque nosotros sabemos que si no lo hacemos así, el hombre blanco vendrá son sus pistolas y tomará nuestra tierra... Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él un pedazo de tierra es igual a otro; porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, sigue adelante. La vista de sus ciudades duele en los ojos del hombre pielroja... El aire es valioso para el hombre pielroja, porque todas las cosas comparten la misma respiración: las bestias, los árboles... el hombre. Pero el hombre blanco parece que no notara el aire que respira... La vista de sus ciudades duele en los ojos del hombre pielroja. Pero, tal vez porque el hombre pielroja es un salvaje y no entiende (3).

          Después de la llegada de los europeos la oralidad en América incorpora valiosos elementos. Entre los más importantes están los aportes de los esclavos negros, quienes también adaptaron y reprodujeron todo su vasto conocimiento cultural en las nuevas tierras. Entonces el mestizaje producido nos puso frente a culturas que elaboraron elementos novedosos porque las mezclas étnicas no fueron homogéneas ya que cada región tuvo la suya, con innumerables derivaciones. El conquistador español, quien también era otro mestizo, se encontró con el indio y el africano, quienes asimismo habían incorporado a sus culturas costumbres de otros pueblos vecinos a sus territorios de origen. Nace así una nueva oralidad en la que se constata, tanto en su puesta en escena como en su estructura, el ensamble de elementos de las tres culturas mayores. Una prueba de lo anterior se aprecia en décimas, cuartetos, sonetos y canciones, las cuales ya gozaban de prestigio en España y al ser adaptadas en América fueron enriquecidas en sus contenidos y temáticas por los cultores nativos: poetas, juglares, actores, cuenteros, etc.


Lo testimonial

          Del relato testimonial cabe citar también que es un macrogénero, comparable a lo que en música es el jazz o el son y en pintura, el collage. Por su capacidad integradora toma la forma de lo que lo abarca sin perder su esencia. Por eso de lo que se conoce como testimonio se ha ido pasando a un término mucho más preciso que señala tal singularidad: lo testimonial.

          Libros sagrados como el Tao Te King, La Biblia y el Corán son testimoniales en casi todo su contenido. Como también lo son La Ilíada y La Odisea. Y más cercanas a nosotros, las crónicas de los primeros viajeros a tierras americanas. La percepción de una literatura tesmonial se vislumbra mucho mejor a finales del siglo XIX y comienzos del XX con la aparición de la obra Facundo, de Domingo F. Sarmiento, y Los Sertones, de Euclides da Cunha. Se debe incluir también, que en la configuración del relato tesmonial, a mediados del siglo pasado, juegan un papel importante los medios de información, sobre todo la prensa escrita, la cual a través de sus enviados especiales, quienes se convertirían en testigos de guerras y toda clase de conflictos, supo describir con lujo de detalles el alcance de hechos de tal magnitud. Para entonces la etnografía ya empezaba a clarificar su objeto de estudio y se daba a conocer como ciencia independiente. Ambos discursos, el periodístico y el etnográfico, se convierten desde entonces en catalizadores de lo que ahora llamamos relato testimonial. Esto implica "una clara conciencia de que no se trata simplemente de recoger una determinada información, sino también de potenciarla de modo que llegue a un público amplio, de manera que en cierta forma se dignifique al testimoniante y al mismo tiempo se le da un ámbito mucho mayor de recepción" (A. Fornet, 2000). En lo sucesivo se darán debates interesantes en torno a los cuales se hará claridad en cuanto al papel del informante y el investigador para saber quién es el autor verdadero del texto resultante. Surgirá entonces la afirmación de que ambos sujetos son una pareja dialéctica, necesarios el uno al otro para que pueda desarrollarse el testimonio como tal. Una opinión valiosa en torno a esta discusión, la formularía el escritor cubano Ambrosio Fornet:

          Puede partirse de un concepto elaborado y descrito por Renato Prada Oropeza, que vi por primera vez en 1985, en que no habla del testimonio, ni de lo testimonial, sino del "discurso testimonial"; y es evidente que el discurso testimonial es una cualidad o una sustancia transgenérica. No pertenece a un género determinado, sino que puede extenderse por los géneros: hay una poesía testimonial, una novela con fuerte tendencia testimonial, cuentos testimoniales (...4)

          Con el auge de la llamada literatura testimonial, la oralidad recupera su importancia prístina, la cual le había sido arrebatada por quienes consideraron durante mucho tiempo que la escritura era autosuficiente y le quisieron negar su fuente nutricia, sin reparar en el enorme retroceso en que estaban incurriendo. Tal polémica se había iniciado en la antigüedad entre los filósofos griegos, pero no fue agotada del todo por ellos. Y aunque ya no se  plantea desde perspectivas fundamentalistas; se tiene ganado que la escritura, contando con el grado de perfeccionamiento que ha alcanzado, seguirá siendo una eterna deudora de la oralidad.

          Del relato testimonial también podemos afirmar que su base son los hechos verídicos, de ahí que el narrador se ubique siempre como testigo o en su defecto incluirá las voces de los protagonistas del suceso en primera persona. En consecuencia, más que contar una historia, la cual en el mayor de los casos es conocida, lo que busca el relato testimonial es involucrar al lector con la vida de los protagonistas sea cual sea la condición en que estos se encuentren. Así este se encargará después de asumir adhesión o rechazo con los involucrados. Tomás Eloy Martínez, uno de los más sobresalientes periodistas contemporáneos y cultivador del género ha dicho:

          La noticia ha dejado de ser objetiva para volverse individual. O mejor dicho: las noticias mejor contadas son aquellas que revelan, a través de la experiencia de una sola persona, todo lo que hace falta saber. Hay que investigar primero cuál es el personaje paradigmático que podría reflejar, como un prisma, las cambiantes luces de la realidad  (5).

          Las técnicas empleadas para la recolección de datos, en el relato testimonial, corresponden a las empleadas por la etnografía y el nuevo periodismo. Un ejemplo palpable del empleo de esas técnicas aparece claramente en A sangre fría, de Truman Capote. En esta obra se describen de manera pormenorizada muchísimos detalles que el autor debió investigar con sumo cuidado. Capote presentaría su obra como una novela sin ficción, lo que estimulará en el público la costumbre de exigir en lo sucesivo historias con descripciones pormenorizadas de los hechos y las circunstancias que empujaron a sus protagonistas a cometer acciones socialmente reprobables. Ya no será importante conocer los acontecimientos de manera corriente y escueta, sino la atmósfera que los rodea, los detalles, y sobre todo, los ambientes y la oscura circunstancia humana que ayuden al lector a desentrañar todo lo que está detrás y construya una verdad aproximada. Esto sólo es posible transportando técnicas literarias, usadas en la novela y el cuento, para narrar hechos reales.

          En nuestro país el relato testimonial ha alcanzado logros muy importantes. Sobresalen historias narradas por periodistas que se hastiaron de la rutina esquemática de la noticia escueta de comienzos del siglo XIX y decidieron salir a la búsqueda de realidades que ofrecieran la oportunidad de escribir historias dramáticas. Entre estos escritores aparecen Jorge García Usta y Alberto Salcedo con su libro hecho al alimón, Diez juglares en su patio, obra que daría al reportaje colombiano la posibilidad de hacer retratos etnográficos, hurgando piel adentro, sobre la vida de músicos y compositores raizales en lugares apartados de la costa norte. Otro buen narrador es José Navia, quien ha cultivado buena fama por sus relatos urbanos entre los que sobresale Historias nuevas para la ropa vieja. De los representantes más prolíficos del género está Juan José Hoyos, considerado un maestro en el oficio;  su libro Sentir que es un soplo la vida, de principio a fin es una obra que demuestra el manejo acertado de una técnica; lo que le ha valido ser catalogada por los académicos de obligada lectura. En el prólogo del texto de Hoyos aparece:

          Yo dejé de trabajar en los periódicos porque no podía escribir más historias. Las noticias de la política, de la economía, la transcripción de los discursos y la declaración de los jefes políticos y los funcionarios públicos me convirtieron en otro amanuense... Un día comprendí que un hombre que cuenta historias tiene más poder. Un poder que no puede medirse con votos, como el de los políticos, pero que a su modo es superior a todo eso. Desde ese día me olvidé de los periódicos y me dediqué a escribir historias.

          En conclusión, la gente siempre quiere enterarse de lo que sucede en el mundo, pero prefiere hacerlo no a través de las noticias. Lo que significa entonces que ya perdió validez la información inmediata de los sucesos. A ello se le ha impuesto el estilo de hacerlo, los puntos de vista desde donde están planteados los hechos, los intereses en juego; y sobre todo las voces, los lenguajes allí presentes, porque en el hoy asistimos a una realidad polifónica que se construye con la puesta en escena de lo que piensan y quieren sus protagonistas ya que es en ellos donde está la verdad. Lo mismo se exige en investigaciones o tratados que incluyen personas o grupos humanos, en los cuales el dato o la cifra no son importantes, sino se apuntalan en la opinión y la valoración de los sujetos involucrados... Dueños absolutos de las voces que alientan la memoria.

A mi profesora del ISA: Norma Gálvez Peirut

  NOTAS:

  1. Ceresko, Antonio: Introducción al Antiguo Testamento. Seminario Teológico Presbiteriano. B/quilla, 1992

  2. Texto egipcio (2.450 a.C), citado del ANET (siglas en inglés), usado para instruir a los futuros soberanos. Llamaban ellos a esa labor: "ética de la supervivencia", para la seguridad y éxito dentro del establecimiento real.

  3. En 1855, el gobierno norteamericano forzó a la tribu Dwanwish, del estado de Washington, a venderle sus tierras. Por ese motivo El Gran Jefe Seathl dirigió esta carta al presidente Franklin K. Pierce.

  4. Seminario de técnicas narrativas. Ed. Juventud Rebelde. La Habana. Septiembre del 2000.

  5. Revista elmalpensante, número 27. Bogotá, enero del 2001.


LIBARDO BARROS

Nacido en Soplaviento (Bolívar, COLOMBIA, 1961), es licenciado  en Idiomas; profesor de Humanidades en el Centro de Comercio Jorge N. Abello. Tuvo a su cargo la dirección de la Escuela del Resguardo Indígena del Alto Andágueda (Chocó) y de la Escuela Distirtal de Arte de Barranquilla. Publicó el libro de crónicas: Río arriba hacia Altos del Rosario. Fue cofundador del plegable literario esto y en Quibdó fue miembro del taller literario Sueños de la manigua. Ha realizado investigaciones para las series de televisión de los programas de Señal Colombia: Vida de barrio, Ese mar es mío y Vámonos caminando. Actualmente cursa una Maestría en Desarrollo Cultural en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, Cuba.
_______________________________________

©   Libardo Barros

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v4n13voces.html