Al final del Verano
Josmi Amin
Adrián había sugerido que Mimi se perdiera un momento de escena, se metiera en el cuerpo una buena dosis de té, y que escupiera la toxina, que se refrescara las venas y el rostro con un poco de agua, que después, cuando se sintiera aliviada podía regresar al mesón y a los drinks del 24.
Cuando Mimi regreso, todos hablamos de la ultima película de Scorsese, algunos comentarios coincidieron en la majestuosidad de la banda sonora, otros la tomaron de excusa para soltarnos los acontecimientos más recientes de los grupos de limpiezaque ingresaban al centro como a eso de las doce de la madrugada, que eran tres camionetas blancas, que detrás de los oscuros cristales no viajaban personas sino lobos fantasmas y que les metían pepazos a los mansitos de la lista negra.
Mimi estaba en ese momento como en un mundo de dos dimensiones, un rollo que poco entendía, una película cuyo estreno había perdido. Aún tenía la nariz empolvada y los ojos de un amarillo intermitente, como en un vacío absolutista y todo claro.
Que hace dos semanas las camionetas entraron por las calles de comercio, que al Pilin, un chulo del Kennider lo habían torturado hasta que la caja craneal se le reventó y que por los huecos de las fosas se le salían los cartílagos y los mocos de sangre, y que esto y lo otro.
La noche ardía en su fogón constelar, las luces rojas de los automóviles se desparramaban sobre los vitrales del salón, la música era una marcha de platillos que estorbaba en los huesos, el bochorno se trepaba por el cuerpo y se pegaba como un sudor enfermo sobre la piel.
Mimi rio con picardía, nos miro por un instante bastardos de mierda, que los hace mejores, alimentan con sus pesos de coprófagos hambrientos los bolsillos de los chulosdejó caer sobre la mesa las papeletas de perica, las destrozó con las uñas afiladas y estrelló el rostro contra el larguero de madera e inhaló con fuerzas.púdranse en el infierno, mal nacidos, soy tan culpable como todos ellosmientras todos gritaban, Mimi caminaba a prisas, perdiéndose entre las parejas que bailaban el sal si puedes.
Nuestras vidas eran figuras endebles, oleos abstractos en donde convergían miles de líneas, miles de curvas y también, miles de puñales y ojos que nos observaban desde orillas remotas, desde hermosas ciudades en donde crecen altas torres de cristaly que esas torres atraviesan el cielo como enormes agujas de tejer. Nos sentíamos presos, luchando contra una dolencia oscura e insondable.
Adrián y Martín, Susana, la Carola todos retomamos el tema con exagerada facilidad, un segundo después y listo, todos riendo, con ganas de meternos dentro del cuerpo cientos de formas: morfina, heroína, dilaudid, euconal, pantopón, diccodid, diosane, opio, demerol, dolofina, marihunana, perica, lo que sea
Algunos conocían a los patrones de las camionetas, otros no dudaron en acentar con el rostro cuando preguntaron por la legitimidad de las acciones en fin, la fiesta tenía, necesariamente que continuar, y así fue, bailamos hasta el sol, consumimos alcohol hasta que nos dolieron las vísceras, y el hígado se desparramó como una hoja metálica, haciendo presión contra las paredes y las pieles del bajo vientre.
A las tres de la tarde descolgué el auricular del teléfono, me apreté la frente con la punta del control Mimi había muerto, su cuerpo estaba echado sobre las baretas de un kiosco de revistas, a las cuatro de la madrugada una de las camionetas la sorprendió comprando papeletas en el mercado los manes le pusieron el caño en la nuca la sangre empapó los pliegues de un vestido diseñado por uno de los talleres más prestigiosos del país esos manes no se tomaron la molestia de mirar la firma de comparar las líneas finas del rostro, los labios perfectos la nariz perfecta.
Mimi se reventó los dientes contra la madera los ojos se le salieron de las cajas las manos las apretó con fuerza
Dos semanas después, al final del verano y frente al mar recordamos a Mimi, recordamos a los fantasmas que la asesinaron, recordamos los ojos saltones del cadáver cantemos pues cantemos el adiós de Mimi, alguien tomo la guitarra y frente a los maderos que crujían por el fuego, cantamos una vieja estrofa de Bob Marley. ________________________________________
© Josmi Amín
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen IV - Número 13 Abril-Mayo-Junio de 2003
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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