DESEO Y REPRESIÓN EN EL CUENTO
“LA PEREGRINA”, DE MARVEL MORENO

Mar Estela Ortega González-Rubio
marprtegagr@hotmail.com
Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional
Bogotá - Colombia

“Con los años descubrirían el miedo a la soledad:
entonces aceptarían vivir junto a un solo hombre”.

En Diciembre Llegaban Las Brisas,
de Marvel Moreno

Escritora a mano en cuadernos escolares como una aplicada colegiala, desconocida para el lector común, objeto del soberbio esnobismo de sus propios paisanos famosos, hostilizada por la familia y acosada por la enfermedad hasta tal punto de escribir cada capítulo de su novela En diciembre llegaban las brisas como libros independientes de tal forma que cada uno se bastara a sí mismo, porque tenía miedo de morirse y dejar una obra incompleta Marvel Luz Moreno publicó tres libros en vida. El último es El Encuentro y otros relatos, del cual he extraído el cuento “La Peregrina”, objeto fundamental de esta ponencia.

Los relatos de El Encuentro (para contextualizarnos un poco) están situados tanto en América Latina como en Europa, la temática del viaje y la descripción de una naturaleza extraña, embrujadora o violenta configuran en gran parte los tópicos que voy a tratar, su sistema narrativo tiene algunas variantes, si tenemos en cuenta su anterior libro de cuentos Algo tan feo en la vida de una señora bien ya que el focalizador se desplaza desde un narrador más convencional: en primera o en tercera persona, homodiegético o intradiegético confrontando pasado y presente y generando cierta expectativa que concluye con la técnica de adivinanza en la mayoría de los casos, aunque lo que resuelve el cuento va de acuerdo con lo narrado. El tono narrativo también ha cambiado: el apasionamiento de los cuentos “barranquilleros” se transmuta en erotismo descarnado y sin amor en estos, que son según la profesora Luz Mery Giraldo más “cosmopolitas, pues la lógica racional se apodera del mundo y del discurso expresando cierta deshumanización muy propia del presente”. De Barranquilla se conservan algunas evocaciones y la experiencia vital se trueca hacia las grandes urbes. La brusca sinceridad de estos relatos, la utilización de un lenguaje directo con elementos persuasivos los proyectan en la contemporaneidad. Los personajes tienen una identidad rebelde y violentada, la autora rechaza los modelos convencionales de feminismo, feminidad y machismo.

El proceso de seducción de estos cuentos se da entre la atracción y el rechazo. El relato que se erige como paradigma de esta temática dando lugar a tensiones como el deseo representado en el encuentro sexual, y el temor, siempre hacia la sociedad opresora representada en la familia, principalmente en la madre es La Peregrina, en el cual la autora se encarga de construirle un entorno social a Ana Victoria, la protagonista, quien es española, aristócrata y ninfómana. Como se pueden dar cuenta, el último término desconstruye los dos primeros. Ana Victoria tiene a su madre y a su tío que juega el papel de padre transigente, alegre, desenvuelto, que no sólo permite su comportamiento sino que además lo celebra. Los primeros amores los tiene desde muy niña:

“[…] de noche se escapaba de su cuarto para reunirse con sus primos […]. Estaba enamorada de todos al mismo tiempo. Jugaban a tú me muestras aquello y yo te enseño esto, a tú me acaricias aquí y yo te toco allá. Como eran todavía unos críos, ningún cura les había metido en la cabeza la noción del pecado. Luego, cuando esa calamidad ocurrió, siguieron retozando a pesar de todo y temiendo menos el castigo del Señor que el momento de confesarse” [115].

Pierde la virginidad a los catorce años. Un día, que va a los toros con el tío, ve en la barrera un hombre alto y delgado que la mira insistentemente; a la salida se despide del tío y se va con el hombre a un hotel; a partir de ese momento al salir del colegio recorre los parques de un lado a otro hasta encontrar a un hombre dispuesto a seguirla a cualquier hotel sin tratar de conocer su identidad ni agobiarla con preguntas y enamoramientos.

“Bastaba que un pájaro de fuego penetrara su joya secreta  paraa que una explosión de gozo sacudiera su intimidad. Pero como las estrellas fugaces, el placer era breve y los hombres, ay, muy limitados. Se cansaban pronto; el esfuerzo del amor los extenuaba. Por eso ella tenía tantos amantes” [115].

Pero (como ya sabemos) pertenece a una familia aristocrática, cuya madre quiere “curarla de su mal” ya que es muy religiosa y por lo tanto absolutamente represiva. Por intermedio de su tío se va a vivir ocho años a New York donde puede vivir libremente su sexualidad, al cabo de los cuales vuelve a Madrid a cuidar de su tío enfermo y de su madre. Cuando su tío y protector muere, Ana Victoria queda a expensas de su madre. Cuando conoce a un hombre que cree en la liberación de la mujer se casa con él, al que le da dos hijos, aunque la maternidad no le produce mayor interés. Su marido no le exige fidelidad, sino que esté disponible cuando él desee, por lo tanto ella no abandona su vida. La única que no puede soportarlo es su madre, quien inicia un chantaje psicológico con lágrimas, rezos e idas a misa para pedir por el alma descarriada de su hija libertina. Saca cuanta imagen religiosa encuentra para agobiarla y la somete a varios tratamientos:

“Desde la muerte de tío Luis, un frío de mausoleo ensombrecía                        los salones del palacio. Ana Victoria había visto a su madre sacar las reliquias medievales compradas por sus mayores cuando en corazas relucientes recorrían el mundo para combatir  al moro y defender la cristiandad. […] su madre la llevaba a ver a médicos que la hacían sufrir las peores vejaciones, y permanecían pasmados de asombro y repugnancia                         cuando ella les aseguraba que sentía placer. Ana Victoria se sentía en peligro, como si un oscuro animal, venido del fondo del tiempo se preparará a arrancarle el alma” [115].

Es tan insistente la madre que Ana Victoria termina creyendo que realmente está enferma, y cuando ella le propone ir a un peregrinaje a un pueblo cerca de Sevilla donde hay un santo que sólo una vez al año en el mes de junio cura los deseos erotómanos, Ana Victoria, entre renuente y curiosa, acepta. Lo que ocurre es que cuando va al pueblo donde está el santo que puede curarla ella conoce en el albergue donde se queda a un hombre igual a ella que quiere abandonar sus costumbres libertinas con esposa devota y siete hijos con el que se va a permitir una realización ilimitada de sus deseos:

“Se amaron. Se amaron en silencio y con voracidad, convertidos en una entidad maravillada de encontrar en sí misma su plenitud. Se amaron en el cuarto de él, en el de ella, sobre el colchón sucio y las sábanas limpias, ajenos al tiempo, indiferentes al mundo, embriagados de un placer salvaje que sólo controlaban para ir más lejos. Se amaron sin comer ni dormir, sin mirar siquiera el reloj” [123].

Se hubieran podido quedar la vida entera retozando, sólo que al tercer día sintieron hambre y pidieron al posadero algo de comer. Por él se enteran que la procesión ya ha pasado y que el santo reposa de nuevo en la iglesia del pueblo. Sólo entonces se despiden, prometiéndose encontrar el año próximo para ver si el milagro es realizado. Al final continua siendo una ninfómana pero ya no se siente “enferma”, al contrario, está curada y redimida para vivir en forma delirante su erotismo. El reflejo del vivir instintivo y la naturaleza exaltada de los sentidos ambienta la semiótica pasional de este cuento. Como predestinado el hombre que va a revelar a la protagonista  su capacidad de gozo erótico sin culpa surge de un horizonte misterioso. Aquí la contraparte viril es muy poderosa. El apareamiento en estos casos no conduce a la caída sino a la salvación. Esta mujer, igual que otras heroínas de Marvel, llega a la plenitud de sí misma gracias al efímero pero redentor abrazo de un amante lleno de misterio y de magia venido de lejos, con esto no podemos menos de afirmar con Ludmila Damjanoba que “el modelo de la civilización patriarcal y sus normas son tan difíciles de superar que resulta más convincente y verosímil recurrir a otras razas”.

En La Peregrina la figura materna está ligada a las negociaciones de poder en la sociedad y refleja los prejuicios y actitudes más recalcitrantes y castradores para la construcción de un ser social femenino. Este cuento reivindica una identidad sexual: la ninfomanía. Si algunos críticos no han querido incluir a Marvel Moreno en el grupo de los forjadores de la nueva literatura colombiana, esta mujer, protagonista de este cuento les enseñará que han cometido un grave error. Precisamente, las teorías postmodernas han permitido el reconocimiento de comportamientos situados por fuera de la red de representaciones de la ideología central, generando un desafío a las estructuras de poder, y tal es el caso de este cuento. El poder puede ser considerado bajo varios ángulos en la obra de Marvel Moreno, puede ser el poder psicológico o psicoanalítico y el social, pero el más importante es el poder sexual, que marca todos los demás. El deseo es la búsqueda incesante de la protagonista de “La Peregrina”. Esta mujer quiere ratificar la existencia del cuerpo como soporte mayor de la unidad del sujeto mujer, cuya confirmación no le puede venir sino del encuentro con el otro, complementario del suyo: el hombre. De cierta forma, lo que persigue es alcanzar el propio cuerpo, aquel que no pertenece a la madre, y así permitirse obedecer al mandato de su cuerpo; y al deseo por el cuerpo del hombre, que vendrá a ser la mediación que le revele la mujer latente en ella:

“[…] Y la llamarada entre sus piernas, y la impresión de existir latiendo al ritmo del universo. Era otra, era única, era ella. Sentía que su propia identidad le había sido revelada de golpe, que su cuerpo al fin tenía una razón de ser” [116].

El papel de verdugo de la madre es el producto de la relación entre ella y el poder masculino: el padre, el cual le delega la tarea de controlar a los hijos: esas mujeres y hombres nacidos de su propio sexo. La madre no puede permitir que los hijos realicen lo que le fue negado a ella, porque la realización de esto significa que los hijos escapen a su poder. En la narrativa de Marvel Moreno los hijos son los depositarios de los deseos frustrados de la madre, la cual verá, sobre todo a la hija como la rival que posee al padre, al hombre. El hijo pasa de la madre a otra mujer, pero la hija pasa de la madre al hombre, y esta no es una fase que se realice sin consecuencias. Ese estado de rebelión permanente hasta que sobrevenga ese encuentro que desencadena ese fulgor incontrolable que conducirá a la mujer a pasar por encima de los mandatos sociales y transgredir la prohibición de la madre, es la tensión en la que está inmerso el personaje de Ana Victoria.

En este cuento la expresión del deseo, aparece siempre nítida, precisa, franca, con toda la crudeza que conlleva el despertar del sexo. Marvel nos revela cómo la mujer a través de su búsqueda pasa por varias etapas, a veces contradictorias entre sí. En el caso de “La Peregrina” invierte el modelo sexual tradicional, adjudicándole al hombre el papel de objeto sexual que estos le habían infligido a la mujer. Esto, claro, raras veces resulta, ya que igual que el modelo sexual tradicional está basado en la soledad, la prohibición cuya transgresión se convierte en búsqueda obsesiva no conlleva la vivencia amorosa, sino el cuerpo del hombre como instrumento que satisfaga el cuerpo sediento de la hembra. Sin embargo, el relato no se cierra con la muerte del deseo y el regreso al hogar, sino que Ana Victoria rompe con la cadena de las representaciones de la madre y de la esposa y ante ella se abre un devenir donde es dueña de su voluntad. La peregrina destruye el epígrafe de esta ponencia “Con los años descubrirían el miedo a la soledad: entonces aceptarían vivir junto a un solo hombre.” Ana Victoria no tiene miedo, además, tiene un marido que la desea tal como ella es. Por esto no se podría considerar la obra de Moreno como “feminista” como muchos han tratado de encasillarla, ya que en sus relatos no hay rechazo al hombre, antes por el contrario, sus heroínas se rebelan porque la madre, metáfora de la sociedad, les niega el acceso al cuerpo masculino, al ideal masculino.

En conclusión Marvel, con esa escritura minuciosa, con esa alquimia de instinto que hace desconfiar tanto al lector europeo cuyo modelo cultural difícilmente puede dar cuenta del mundo latinoamericano, de percepciones inconscientes y eróticas, de elaboración subterránea de certidumbres inexplicables y sensualistas, abarcando extrapolaciones socioculturales y dejando un poco rezagados los discursos patriarcales  nos encierra en un juego renovador en el que la mujer ha abandonado su papel de víctima y ha entrado en la relatividad de las existencias.

NOTA:

Todas las citas se hacen de la edición: MORENO, Marvel. El encuentro y otros relatos. Bogotá: El Ancora Editores, 1992. Para mayor información sobre la vida de Marvel Moreno y bibliografía relacionada con ella, se puede consultar: “La personalidad de Marvel Moreno”, de Jaques Fourrier; y “Notas para una biografía” y “Para una bibliografía”, de J. Gilard y F. Rodríguez Amaya. En: La obra de Marvel Moreno: Actas del Coloquio Internacional, Toulouse, 3-5 de abril de 1997. Edición a cargo de Jacques Gilard y Fabio Rodríguez Amaya. Toulouse, Bérgamo: Mauro Baroni Editores, 1997, págs. 21-29 y 255-264.
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©   Mar Estela Ortega González-Rubio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV – Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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VOLUMEN IV - NÚMERO 13