Comentario sobre La mística del fracaso,
poemario de Jesús Jiménez Reinaldo,
poeta español

Pablo Elia

          Según Paul Eluard, el objeto del poema es "dar a ver". Mallarmé opina que "no hay que nombrar las cosas, hay que hacerlas sospechar". Unamuno,  que  "el poema se atiene a post conceptos", que crea sus propias normas y es pura herejía, que el hereje se atiene a resultados, no a premisas: que se atiene a creaciones, no a decretos. Y es precisamente  por cumplir estas premisas que La mística del Fracaso, de Jiménez Reinaldo,  es poesía.

          Si recorremos las ideas de los grandes de la literatura, es seguro que encontraremos opiniones diversas --y hasta encontradas-- sobre dónde reside lo poético, pero veremos que existe un concepto coincidente: la poesía actúa por ausencia, por lo que no se dice, por ese milagro que se da cuando a una cosa se la nombra mediante otra cosa. El milagro que se da cuando la polisemia multiplica los sentidos de lo dicho, enriqueciendo el lenguaje.

          ¿Qué significados tiene entonces la presencia de cuentos infantiles en la poesía de Jiménez Reinaldo? ¿Qué ausencia reemplaza? Y siendo la poesía la lucha por la expresión llevada a su último extremo, ¿por qué no utilizar todos los recursos disponibles para decir lo indecible? O como lo expresa  el maestro Borges, "no creo en la expresión; creo en la alusión : lo que surge como resultado del conocimiento previo que tenemos de las palabras, la belleza que se siente antes de comprender su  significado..."

          Y es en esta belleza donde reside la poesía.

          También es sabido que debe haber algo más que estética en los textos que perduran: es muy fácil caer en los "lugares comunes" --tan comunes en la poesía-- en la falta de claridad en las imágenes, la sobreadjetivación, los malos cortes de versos. Son estos los peligros que conspiran contra la "llegada" del poema.

          Tomar un tema determinado --como por ejemplo, una zaga infantil-- y lograr hacer poesía con él, utilizando su estructura como soporte,  como pretexto,  para lo que se quiere expresar, es  a nuestro juicio uno de los  mayores logros a que pueda acceder un poeta. 

          "El arte no consiste en tener buena ideas, sino en llevarlas a cabo de manera convincente", dicen. Y esto supone el manejo de herramientas, de instrumentos que perfeccionen los contenidos y los enriquezcan. Es verdad: lo importante no es tanto el qué se dice, sino el cómo se dice. Y en este cómo, los instrumentos cuentan. Es poco habitual encontrar originalidad allí. Y por eso se nota cuando el poeta tiene personalidad y carácter propio.

          Es por todo esto que la idea de utilizar cuentos como punto de partida para muchos de estos poemas les confiere un ambiente de bruma, donde realidad y ficción se pliegan y confunden con eficacia. La niñez , la inocencia y el candor se oponen y juegan contra el ultraje, el sexo, la sordidez y hasta la repugnancia. Los  contrastes llegan  con eficacia al lector y conmueven de la mano de Peter Pan, Blancanieves o Alicia en el País de las Maravillas, despertando extraños sentimientos contradictorios.

          "Ronda Tierna", "Ciudad Ideal", "La Derrota de Dionisios", "Tósigo", producen como resultado el intenso claroscuro de una pintura de Rembrandt. El dramatismo  de un aguafuerte de Goya.

          La mezcla de alusión a la mitología, cuento para niños y bajas pasiones, da en "La derrota de Dionisios " una disparidad que repugna y sacude. Y se abre aquí  un universo de sentimientos y sensaciones.

          "Ciudad irreal" nos lleva a la ternura y la violencia en un ambiente irreal. A la presencia de lo ensoñado y lo siniestro, en  lucha  permanente.

          "Desencanto", "Acerico y sangre" sostienen el ambiente de encantamiento, las preguntas, los interrogantes  que dan  dinamismo al misterio, dramatismo a la revelación.

          "En el umbral" representa --a nuestro juicio-- junto con " Los ojos de Isadora",  la mejor vena poética de Jiménez Reinaldo. Es la vena de la poesía meditativa; la de Cernuda y Valente en España, la de Coleridge, en Inglaterra,  la de Holderling, la de Rilke. Es la que nos hace  meditar, la que nos invita  a entender, a asir, a desvelar, a sentir. Es eso que el poeta intentó poner en palabras y que sabemos de antemano, nunca va a ser  posible decir.

          "El sueño de la iguana", con su tratamiento de canción, remite a poetas cantautores como J. M. Serrat e Ismael Serrano. Y el uso del infinitivo para abrir las frases y las preguntas reiteradas  confirman la idea siempre vigente de que "el enigma atrae". O como dice J. Lanuzzi, Premio Nacional de Poesía argentino, en uno de sus poemas : "mi herencia son preguntas". Y es a través de estas preguntas que Jiménez Reinaldo logra transmitir este "intento de captura"  que es la poesía y decir lo que no es posible decir:  sentimiento, desamparo humano.
          "Los ojos de Isadora" es -a nuestro juicio-- el más hermoso poema de este libro,  la vena más sentida. Tiene imágenes claras, originales y cambiantes, adjetivación justa y emotiva, distintos tiempos que se mezclan, música, movimiento, historia pasada y presente,  evocación, meditación,  reflexión.

          ¿El resultado? Lo que se espera de la poesía: que nos sorprenda, que nos atraiga, nos caliente el alma ...  y que nos deje pensando.
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©   Pablo Elia

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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