A la fábrica está prohibido
llevar canciones

Roberto Núñez



CARTA PARA MI HERMANO QUE ES POETA
Y HUYÓ DE CASA


No creas,
             hermano,
que escribo para decirte
que las cosas han cambiado.
                                          Tú sabes muy bien
que sigues siendo un eterno solitario,
el hombre que nunca pudo ganar
el corazón de su amada.
A mamá ni siquiera le haces falta;
cuando se sienta a la mesa
pide al cielo que no vuelvas.
Para papá
tu partida fue tu muerte.
                                   Él no es capaz de aceptar que un hombre sea débil,
que no ponga toda su hombría en sus puños,
en su vientre.
Por eso perdiste, hermano.
En el barrio ya nadie pregunta por ti,
les hicimos creer
que moriste en una de las tantas guerras
que se han inventado este siglo,
aunque estoy seguro de que no lo creen.
El gato,
          que sigue merodeando día y noche por la casa,
ni siquiera siente tu ausencia
                                 (y pensar que le escribiste un poema).
La música sigue sonando igual sin ti
y no nos ponemos tristes
cuando cae la lluvia.
Yo sé que ya no tienes una sola esperanza
y ésa es  tu única ventaja,
porque sabe
que nadie desea verte
que hemos quemado tus libros,
tu ropa
y que  todas las muchachas  que inútilmente amaste
están preñadas y no precisamente de tus versos.
Quizá puedas creer,
                                hermano,
que la casa está vacía sin ti.
No te engañes.
Sin tu sombra puede entrar la luz
y no creas
que esta carta que te escribo
es muestra de afecto
o de mi nostalgia por ti;
sólo que estoy convencido
que está bien escribir estas líneas,
de recordarte, hermano,
que la vida
no te ha dado la soledad,
sino que tú mismo eres la soledad,
que nadie te ha negado el fuego,
sino que tú
eres el invierno.




RESPUESTA A LA CARTA DE MI HERMANO
QUE NO ES POETA
Y A QUIEN NUNCA SE LE HA OCURRIDO HUIR DE CASA

Me preocupa,
                     hermano,
que creas que huí de casa,
que abandoné a todos
sólo con el afán
de huir de mis derrotas.
                                 Yo no he tomado mis sandalias
ni emprendido el viaje
                                 para buscar nuevas fuerzas
ni trocar mi corazón
por otro más dulce;
no huyo de los desamores
ni de la misma soledad
porque ello
sería abandonarme a mí mismo.
                                                Si me lavo con estas aguas
no es para purificarme,
para que nuevos vientos lleguen a mi espíritu,
sino porque esta mi soledad
desea refrescarse
y tomar vino
como cualquier muchacha
que te acompaña en un viaje.
No digas  nunca a mamá que te he escrito;
para ella lo mejor es el olvido;
a papá
recuérdale
que estoy en la más dura de las guerras,
la que él nunca se atrevió a hacer
porque se necesita ser valiente
para enfrentarse a su propio fuego.
¿Quién
al ruido de  los cañones
ha recordado su soledad?
Dile que se siente frente al mar;
eso le bastará para el suicidio.
Ya ves que yo tengo más fortaleza.
La casa
no me hace falta
porque uno mismo es su propia casa:
Son mis ojos las más hermosas de las ventanas
y a través de ellas veo lo que quiero ver.
Pero mi casa,
                   hermano,
puede andar
y  visitar otras casas
quizá tan solitarias como la mía,
pero puedo visitarlas.
A las muchachas que no me amaron,
diles, 
      hermano,
que su desamor no me derrotó,
que ellas saben
que no hay destino más terrible
que no amar el amor verdadero.
Y dile al gato
que todavía le canto,
que yo no escribo versos para que me quieran
ni para que los camaradas
me inviten a sus casas a tomar vino,
y dite a ti,
               hermano,
que has caído en la trampa
de negarte a ti mismo,
que no es al fuego al que hay que temer,
que no es a los huracanes a los que debes enfrentarte,
sino a ti;
ese sería,
              hermano,
un verdadero acto de valentía
del que tú no eres capaz.

               



MANIFIESTO POR LOS NOVIOS

Inclino mi cabeza ante los novios,
los encendidos del amor,
los tocados del amor.
Para ellos los parques,
aunque de verdad todo el bosque se merecen
porque en sus bocas se renueva
el agua de la tierra.
Para ellos las viejas casas
de esta ciudad republicana
porque en sus vientres el amor siembra
los pinos que apuntan hacia el cielo.
La noche para los novios,
la luz para sus ojos.
Hermosa manera de refundar el mundo.
No los molestes,
no los fastidies
que en  sus manos atadas se  halla
el cielo que perdimos.




BELKYS MIRA A TRAVÉS DE LAS VENTANAS  DEL BURDEL
SIN SABER QUE YO LE ESCRIBÍ ESTE POEMA

Cuando leí en un viejo libro
(uno de los primeros escritos
desde que se inventó la escritura)
que la mejor forma de superar la tristeza
era ir al burdel,
me dirigí allí.
Pero en mi aldea  no hay sino uno
y en él estaba Belkys,
quien me enseñó lo verdadero que puede ser el amor de una ramera:
más verdadero que el de las muchachas que preparan el té,
más verdadero que el de las muchachas que charlan en los adioses de la tarde.                                                                  
Estoy seguro
De que Belkys nunca escuchó hablar
de Anna Pablova,
pero no hay nadie que dance mejor que ella,
y aunque nunca leyó a Alejandra
cuando habla son los pájaros del bosque los que cantan.
Hoy Belkys está tan lejana,
con sus cuatro hijos  y su vientre,
enredando en sus manos el olvido, el desamor,
anudando en sus cabellos los nombres de la tarde.
Hoy estoy tan lejos de ella,
del tormentoso río que cruzaba mi corazón,
pero la sigo recordando
con su forma de llorar sin llanto,
con el corazón de una muchacha perdida al otro lado del arcoiris
porque ella fue
el único sorbo de agua
que me fue dado en el desierto.




CINCO VERSOS PARA INSISTIR EN LAS UTOPÍAS

Yo no he comprado
nuevos perfumes.
Sigo aquí
con mi viejo olor a esperanzas.




NOTA DE AGRADECIMIENTO

Mi madre ha sabido guardar el secreto de que tengo una amante
-          y mi esposa también.
Ambas saben que por ella corro riesgos
y me protegen,
                      preparan las coartadas.
En un comienzo 
mi madre sospechaba de mi amante,
ponía en tela de juicio sus promesas,
su ternura;
pero con el tiempo llegó a darse cuenta de que es mi amante la que me da esperanzas
                      y me alienta;
por ello nos prepara la cobija y las palabras.
Mi mujer también puso en duda la sinceridad de mi amante.
Hurgó entre sus cosas  y llegó a la conclusión de que no puedo vivir sin ella.
Sin amante no tendría ojos para ver que ocurrirá mañana,
Por eso a riesgo y con cierto temor la amo a escondidas,
entre líneas y sueños.
Sé que algunos se han dado cuenta de los hechos y me censuran,
pero tengo la certeza de que el próximo abril podré pasear por la avenida con mi amante
                                  (y con mi mujer y mi madre;
mucho se han ganado
por guardarme este secreto.)




NO SE TE PERDONA, MUCHACHA

OBERTURA

Amo a esas muchachas felices
que despliegan su risa por la calle,
que no dejan para mañana
lo que pueden gozar hoy.

No se te perdona, muchacha, que después de veinte años aún seas virgen,
que  no hayas sentido en tu vientre la ardiente espada de tu amado,
que tu lengua no haya probado la sal de su carne.
No creas
que a tu edad
la castidad es virtud
(de nada vale la fruta que a punto se pudre en el árbol,
de nada la carne que no se devora,
de nada los labios que no calman la sed).
No hay mayor virtud, pequeña, que la del amor,
la del amor que se prueba  entre los pliegues de la piel
y que vive entre el sol y la humedad.
¿Quién te ha dicho, muchacha,
           que el olvido es virtud,
que  la castidad superior?
¿No ves acaso el brillo de las que a tu edad
                                                               - y aun menos -
ya han probado el fuego
de la espada del ardiente.
No se te perdona muchacha tu castidad.
Desnúdate y perfuma a tu amado
con la esencia de tu piel.




ISABEL GUARDA UN SECRETO QUE CON SUS OJOS PROCLAMA A GRITOS

Isabel tiene un amante de eso no hay duda
y si nos detuviéramos a mirar un poco más su sonrisa,
veríamos en ella los reflejos del amor que arde.
No bastará para cerciorarse de lo que afirmo,
sino escuchar su voz cuando canta,
                                               mirar cómo sus manos tocan en el día
el hilo de la música que sólo se teje en el corazón de los que aman;
y en la noche,
el de los que saben que en el fuego que nos consume
se halla la vida verdadera.
Isabel tiene un amante  y no basta sino mirar cómo pasa una a una las páginas de los libros,
como quien pasa de la noche al día,
del desierto a la lluvia,
                                  de la pena a la risa.
Hay que mirar sus pequeños ojos para saber que en ellos está junta
toda la felicidad que desde pequeña soñó para sí,
no hay sino que tocar sus cabellos
para saber que la noche que en ellos se encierra
no hace más que esconder
el fuego en el que cuece sus sueños.
Isabel tiene un amante de eso no hay duda,
sólo que en esta ciudad se vive tan distraído
que a pesar de las evidencias
nadie se ha dado cuenta.



PEQUEÑA OBRA DE TEATRO

(Él y ella. Al fondo, un montón de promesas hechas y deshechas).
Él: Una mujer que promete y no cumple su promesa es como el leño que no ha dado fuego.
Ella: La mujer que no promete, sin fragancia se ha quedado. Pero la promesa misma, no compromete a nada.
Él: Toda mujer ha de prometer algo: Si quiere ser arroyuelo, agua; si quiere ser cielo, gozo; si boca, beso; si piel, caricia.
Ella: Una mujer que promete y no cumple puede seguir prometiendo, porque su gracia misma es la promesa.
Él: ¿Y qué de aquél  que promete y no actúa?
Ella: El hombre que promete y no cumple es un cobarde. Al olvido será arrojado.
Él: Hay mujeres que prometen demasiado y ...
Ella: Toda mujer  si es mujer  constituye siempre una promesa: de amor, de labio, de piel y vientre. Un gesto es una promesa, una voz, una mirada.
Él: ¿Qué hacer con tantas promesas?
Ella: No se puede cumplir tanta cosa prometida; pero sí vivir gracias a ello.
Él: ¿Eres tú una promesa? ¿Puedes cumplirla?
Ella: El hombre no busca la promesa, busca el acto. Ignora que una vez consumado, otra cosa será prometida. O morirá él mismo por la promesa.
Él: Un hombre casi nunca promete.
Ella: Pero muere por las promesas. Sólo una mujer puede romperlas; el hombre las abandona o reniega de ellas.
Él: Dichoso el hombre que nunca promete.
Ella: Dichosa la mujer que promete tantas cosas a la vez.




A LA FÁBRICA ESTÁ PROHIBIDO LLEVAR CANCIONES

Quienes hemos vivido en la fábrica
podemos decir
que ella es el mismo infierno.
A sus ventanas les está prohibido el mar,
a sus puertas la llegada del juego.
La fábrica es una vieja casa
habitada por cosas perdidas,
cuando el viento entra en ella
trae su silbido
entre anocheceres y espinas
porque la fábrica
es un largo tormento que dura
lo que dura el día.
Ir a la fábrica en la noche
es lo mismo que encontrarla en la mañana.
En nada se diferencia
la luz de la oscuridad.
Hemos por momentos decidido abandonarla,
pero el deseo se vuelve una amenaza
que termina por fundir nuestras espadas.
A la fábrica está prohibido llevar canciones
o leer un libro en uno de sus rincones.
La fábrica es mi noche.
Vivo a pesar de ella,
pero es el tormento que me dice que aún vivo.
De todas formas,
pese a las circunstancias
                       yo inscribo en sus paredes mis sueños.



CONSTANCIA DEL ODIO

En verdad no puedo decir
que tenga muchos enemigos
                                                       - cosa que me avergüenza un poco -.
                      Eso quizá por mi mala costumbre
                      de discutir sólo conmigo mismo.
                      Tener  un enemigo implica demasiado sacrificio:
                      Hay que levantarse desde temprano
                      y acostarse con la última estrella
                      para seguirle los pasos.
                      Quien tiene un enemigo vive gracias a él,
                      pero la vida se le vuelve tormento.
                      Un enemigo exige más fidelidad que una amante;
                       la esencia del asunto consiste en la vigilia,
                       en hacerle saber al otro que no habrá rincón oculto
                       y que de nada sirve que se esconda tras la noche.
                       A los amigos se les puede abandonar por ratos;
                       el enemigo exige constancia
                       y en realidad yo no estoy para esos trotes.
                       No sé qué tan fiel sea yo con quienes me odian,
                       pero espero que ellos lo sean conmigo.



QUIEN VIERA TU BOCA

Quien viera tu boca pensaría
que ella sólo sabe decir cantos y oraciones,
no imaginaría jamás
que revolotea en mi cuerpo
y escribe poemas
en cada uno de mis huesos.
Quien viera tu roja lengua creería
que ella sólo sabe hablar idiomas,
juntar palabras como quien junta estrellas .
                     Quien  viera tus manos tal vez piense
que sólo sirven para el hilo,
para tomar la taza de café y escribir cartas.
Pero qué hermosas tus manos
refundando mi piel,
sembrando soles en cada poro de mi cuerpo.
Y mientras ellas hermosas
se aferran a los cielos,
tu boca y tu lengua llegan a mi centro
y ansiosas
-como quien prevé el fin del mundo-
                     devoran gota a gota mi fuego.



NOTA: Los anteriores poemas han sido tomados de los libros Concierto desde el último puente (publicado)
y Entre amores y disparos: Poemas al margen (inédito).



DATOS BIOGRÁFICOS

Roberto Núñez nació en San Antero (Córdoba) en el año de 1968. A la edad de nueve (9) años se vino a vivir a Barranquilla. En esta ciudad hizo sus estudios como bachiller normalista en el Instituto Pestalozzi. Licenciado en Lenguas Modernas de la Universidad del Atlántico. Especialista en Pedagogía de la Lengua Escrita de la Universidad Santo Tomás. Actualmente labora como profesor de Lengua Materna en el Colegio de San José y en la Universidad del Atlántico.

Roberto Núñez ha publicado sus poemas en varias revistas y suplementos literarios, tales como Cultura Zeta, El Túnel, Calamar, Intermedio Diario del Caribe, etc.; en antologías como A Fuego Perpetuo y Penumbra y Amanecer. Recibió menciones  de honor en el Primer Concurso Nacional de Poesía CUC en el año 1999 y el VI Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, 2002. Finalista de los concursos de otoño e invierno del Centro de Estudios Poéticos  de Madrid, España. Acaba de publicar su primer libro, Concierto desde el último puente. Tiene, además, otros  dos  inéditos, Las cartas perdidas y Entre amores y disparos (poemas al margen).
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©   Roberto Núñez

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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