SR. CABALLO Y SRA. YEGUA
Graciela Inés Lorenzo Tillard
Dibujo de Pilar Ribas
Había una vez un Caballo que vivía con su señora Yegua y su Potrillo en la granja de un Hombre.
Un día llegó la señora Comadreja muy alarmada y dijo:
--Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted.
Caballo le responde:
--¿Por qué necesita de mi ayuda, señora Comadreja?
Y la señora Comadreja le dijo:
--Un par de mis hijitos ha cruzado el río, el río ha crecido, y no pueden volver. ¿Puede usted ir por ellos, señor Caballo?
Y el señor Caballo galopó briosamente hasta la ribera, cruzó el río crecido, obligó a los cachorros de la señora Comadreja a subir a su lomo y los devolvió a su afligida madre.
Regresó a la granja y fue recibido con alegría por Yegua y Potrillo. Pero no había terminado de tomar su merienda cuando apareció el señor Burro, renqueando, quien le dijo:
--Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted.
El señor Caballo le responde:
--¿Por qué necesita de mi ayuda, señor Burro?
Y el señor Burro le dijo:
--Debo terminar de sacar agua con la noria de mi amo, porque las vacas tienen sed y me he lastimado la pata. ¿Puede usted terminar mi tarea, señor Caballo? Y el señor Caballo galopó hasta la granja del señor Burro, se ató a la noria y le dio vueltas y vueltas hasta que el sol se escondió y se hizo la hora de la cena. El señor Burro le agradeció mil veces el favor, pero el señor Caballo deseaba regresar cuanto antes a su propia granja. La señora Yegua le sirvió la cena, que ya estaba un poco fría; y no había terminado de comerla cuando apareció la señora Cerdita, muy asustada, quien le dijo:
--Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted, por favor.
Y el señor Caballo le responde:
--¿Por qué necesita de mi ayuda, señora Cerdita?
Y la señora Cerdita le dijo:
--Mi pequeño se ha subido al techo del granero y no se puede bajar. ¿Puede usted ir por él, señor Caballo?
Y el señor Caballo fue, pero lentamente de tan cansado que estaba. Y llegó al granero y le pidió al pequeño cerdito que se bajara; pero estaba muy asustado. Entonces lo tomó con los dientes y lo bajó de un solo tirón. La señora Cerdita no le agradeció nada porque le pareció que había sido muy torpe.
Entonces el señor Caballo emprendió el regreso a su casa, sabiendo que la señora Yegua y su Potrillo estarían dormidos al llegar, y que nadie saldría a recibirlo. Se sentía triste, además de cansado. Y entonces, desde los pajonales que crecían junto al camino, entrevió un par de ojos amarillos, y sintió el olor del señor Puma, y supo que le saltaría. Quiso correr, pero las patas no le respondieron. Pensó en su familia y se despidió de ellos, esperando sentir las garras y la boca del señor Puma en su cuello.
Pero apareció el cuerpo generoso y lleno de vigor de la señora Yegua, pataleando sobre la cabeza del señor Puma y salvándole la vida.
Agradecido, frotó su hocico contra el de ella y juntos regresaron a la granja. ________________________________________
© Graciela Inés Lorenzo Tillard
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen IV - Número 13 Abril-Mayo-Junio de 2003
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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