Sobre la novela de Pedro Badrán

El día de la mudanza:
El álbum como Biblia

John Jairo Junieles

          Todo debió empezar por casualidad. No buscábamos el álbum, simplemente lo encontramos. Nos tropezamos con él mientras necesitábamos un artefacto más urgente. El álbum estaba en lo hondo del baúl, en el fondo del armario, bajo la cama, en un rincón, junto a ropa vieja y revistas porno. Al descubrirlo repentinamente, se nos da por abrirlo, y nos convertimos en Ulises regresando a la Ítaca perdida.

          El día de la mudanza es el título de la novela corta del escritor e investigador  magangueleño Pedro Badrán, con ella obtuvo el Premio Distrital de Novela del Instituto  de Cultura de Bogotá el año 2000. Revisión y reinvención narrativa de las fotos de un álbum familiar. Una novela donde cada lector se convierte en el invitado a la sala de la casa, a los cuartos, a los rincones: mientras el anfitrión cuenta el origen sentimental de cada foto, y pareciera que el lector tomara café en los mejores pocillos de la casa.

          La materia de muchos libros existe ya en la experiencia vital del escritor, esa imprecisa semilla se unirá a la curiosidad del autor, quien investigará el tema, los antecedentes existentes sobre lo que quiere contar. En ese sentido, con una narración concentrada de los hechos y las emociones, Badrán nos dice que aún se puede abordar temas con elementos autobiográficos, sin altisonancias ni muchas falsificaciones de la realidad; saca a los fantasmas de su intimidad para incubar nuevas criaturas, esa es la esencia de la artesanía creadora.

          Badrán invita a contar historias por el mero gusto de contarlas bien contadas, ordena los elementos de su memoria y crea una realidad verbal autónoma, con características propias de la narración contenida de frases breves y concisas; algo que descubrimos en novelas cortas como Los Adioses, de Onetti, Sólo para fumadores, de Julio Ramón Ribeyro, y, jugando de local: El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez.

          Todo álbum cuenta una historia patria doméstica, la épica de nuestra casa, sus fundaciones, agravios y desagravios; sus pequeños cismas, batallas y emancipaciones. Cada álbum de fotografías es un capítulo de la historia universal de la cotidianidad del mundo, con sus traspatios y cocinas, sus paseos, sus bautizos y matrimonios; nuestra hermosa y necesaria capacidad de ridículo aparecen en una foto de cumpleaños, junto a la prima que amamos largo y en silencio. Es imposible también no ver en ese álbum las señales de un mundo amenazado por el olvido.

          Esta novela no es un acopio de datos trenzados. El fluido misterio de un estilo está presente. Una cautelosa exhibición anecdótica, crea un grupo de seres en los que el lector reconoce episodios de su propia historia: justificándola de alguna manera. Así como todo hombre es eco de otro hombre, que una vez  fue grito y risa, así también las palabras son los espejos inciertos de nuestra cópula con la memoria.

          En El día de la mudanza, dejamos de ser lectores, nos convertimos en fisgones de la intimidad personal y barrial, la novela traduce en narración fotos ajenas que se identifican con las nuestras, que parecen una continuidad de las nuestras. El álbum-novela, o la novela-álbum, se convierte en algo así como un edificio lleno de ventanas en las que observamos retazos de vidas, intersticios que invitan a adentrarse en el esplendor y precariedad de una familia. Esta comunidad de circunstancias hace que esta novela se hermane con experiencias creativas como Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, de José Donoso, donde el chileno aborda el microcosmos de la familia desde la memoria testimonial, y no ficcional.

          El día de la mudanza es defensa contra las huestes del olvido, permite atar cabos sueltos de uno mismo, redescubrir a ese extraño que jugaba con un caballo de palo por la calle del barrio, y que hoy puede ser un cincuentón a quien le aterra el examen de próstata.

          No es una percepción nueva, pero Susan Sontag nos la recuerda: toda foto es una puesta en escena. La familia es retratada de cuerpo entero en esta novela, son los personajes del escenario dramático. La familia, ese jarabe amargo que nos cura de nosotros mismos. Es la familia la complicidad necesaria para entrar a un mundo ajeno y desraizado, ella es el altar de nuestra fe, de nuestra alegría, de nuestro rencor y tristeza. Todos los sentimientos humanos están ahí, amalgamados, germinando como alimento invisible, en El día de la mudanza.


Datos del autor: Pedro Badrán

"...A Badrán le encantan el mar y los clásicos griegos. Ama a Aquiles, y no le cae bien Odiseo. Adora la música y piensa que Alejo Durán es el último de los grandes juglares. Badrán puede perder, lo dice él  mismo, toda una tarde mirando el techo de su cuarto, acostado, y le cuesta escribir de mañana porque no sabe escribir de noche. Conoció primero el cine y luego la televisión. Del primero le gustan las películas buenas y las malas también..." Esta y otras señales dio Carlos Gustavo Alvarez, a propósito de la salida en 1985, del primer libro de cuentos de Badrán: El lugar difícil.

Nacido en Magangué (Bolívar, Colombia), 1960. Ha publicado: El lugar difícil (cuentos, 1985),  Lecciones de vértigo
(Novela, Editorial Planeta 1994), que al momento de su publicación fue descrito como un "relato despiadado y maravillosos donde la ciudad se revela como metáfora del vacío y de la soledad", elemento que además tiene permanente vigencia en toda su obra cuentística. Ha publicado, además.
Simulacros de amor (cuentos, Editorial Magisterio, 1996), El día de la mudanza (Novela, Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá, 2000), Hotel Bellavista y otros cuentos del mar (Cuentos, Editorial Norma 2002), libro del que se comenta: "Hay en estos cuentos de Pedro Badrán el ritmo sostenido y la profundidad de las historias del mar. Por estas páginas desfilan personajes y lugares que por gracia de una narrativa fresca y segura se convierten en un miscrocosmos de gran solidez y transparencia. Hoteles desvencijados, playas alucinadas, adolescentes perniciosos, mujeres que desean ser amadas y desaparecen sin dejar rastro, músicos inocentes que recuerdan un viejo encuentro con Marlon Brando y extranjeros seductores que propagan curiosas doctrinas orientales". Su último libro es la novela: Todos los futbolistas van al cielo, 2002, Editorial Norma: Esta es la conmovedora historia de un joven cuya vida está determinada por el fútbol. Poco a poco, no sólo va encontrando su vocación en este deporte y las dificultades que de allí sobrevienen, sino que el fútbol se convierte en el hilo invisible que lo llevará a descubrir su propio origen.
Badrán ha sido periodista, guionista y catedrático de varias universidades del país. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías y traducidos al alemán y al francés. Todos los futbolistas van al cielo es su primera incursión en la literatura juvenil. El escritor Oscar Collazos, en entrevista con Harold Alvarado, nos comenta: " Con muy pocas excepciones (los cuentos de Julio Paredes, Pedro Badrán y Enrique Serrano) se han orientado hacia la eficacia del mercado. Renunciaron casi todos a la novela como desafío creativo y se conformaron con escribir novelas legibles, de fácil consumo, excepción: Héctor Abad Faciolince. La escritura literaria ha perdido lo que gana la fiebre momentánea del éxito editorial".
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©   John Jairo Junieles

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v4n13album.html
Sobre la novela de Pedro Badrán

El día de la mudanza:
El álbum como Biblia

John Jairo Junieles

          Todo debió empezar por casualidad. No buscábamos el álbum, simplemente lo encontramos. Nos tropezamos con él mientras necesitábamos un artefacto más urgente. El álbum estaba en lo hondo del baúl, en el fondo del armario, bajo la cama, en un rincón, junto a ropa vieja y revistas porno. Al descubrirlo repentinamente, se nos da por abrirlo, y nos convertimos en Ulises regresando a la Ítaca perdida.

          El día de la mudanza es el título de la novela corta del escritor e investigador  magangueleño Pedro Badrán, con ella obtuvo el Premio Distrital de Novela del Instituto  de Cultura de Bogotá el año 2000. Revisión y reinvención narrativa de las fotos de un álbum familiar. Una novela donde cada lector se convierte en el invitado a la sala de la casa, a los cuartos, a los rincones: mientras el anfitrión cuenta el origen sentimental de cada foto, y pareciera que el lector tomara café en los mejores pocillos de la casa.

          La materia de muchos libros existe ya en la experiencia vital del escritor, esa imprecisa semilla se unirá a la curiosidad del autor, quien investigará el tema, los antecedentes existentes sobre lo que quiere contar. En ese sentido, con una narración concentrada de los hechos y las emociones, Badrán nos dice que aún se puede abordar temas con elementos autobiográficos, sin altisonancias ni muchas falsificaciones de la realidad; saca a los fantasmas de su intimidad para incubar nuevas criaturas, esa es la esencia de la artesanía creadora.

          Badrán invita a contar historias por el mero gusto de contarlas bien contadas, ordena los elementos de su memoria y crea una realidad verbal autónoma, con características propias de la narración contenida de frases breves y concisas; algo que descubrimos en novelas cortas como Los Adioses, de Onetti, Sólo para fumadores, de Julio Ramón Ribeyro, y, jugando de local: El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez.

          Todo álbum cuenta una historia patria doméstica, la épica de nuestra casa, sus fundaciones, agravios y desagravios; sus pequeños cismas, batallas y emancipaciones. Cada álbum de fotografías es un capítulo de la historia universal de la cotidianidad del mundo, con sus traspatios y cocinas, sus paseos, sus bautizos y matrimonios; nuestra hermosa y necesaria capacidad de ridículo aparecen en una foto de cumpleaños, junto a la prima que amamos largo y en silencio. Es imposible también no ver en ese álbum las señales de un mundo amenazado por el olvido.

          Esta novela no es un acopio de datos trenzados. El fluido misterio de un estilo está presente. Una cautelosa exhibición anecdótica, crea un grupo de seres en los que el lector reconoce episodios de su propia historia: justificándola de alguna manera. Así como todo hombre es eco de otro hombre, que una vez  fue grito y risa, así también las palabras son los espejos inciertos de nuestra cópula con la memoria.

          En El día de la mudanza, dejamos de ser lectores, nos convertimos en fisgones de la intimidad personal y barrial, la novela traduce en narración fotos ajenas que se identifican con las nuestras, que parecen una continuidad de las nuestras. El álbum-novela, o la novela-álbum, se convierte en algo así como un edificio lleno de ventanas en las que observamos retazos de vidas, intersticios que invitan a adentrarse en el esplendor y precariedad de una familia. Esta comunidad de circunstancias hace que esta novela se hermane con experiencias creativas como Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, de José Donoso, donde el chileno aborda el microcosmos de la familia desde la memoria testimonial, y no ficcional.

          El día de la mudanza es defensa contra las huestes del olvido, permite atar cabos sueltos de uno mismo, redescubrir a ese extraño que jugaba con un caballo de palo por la calle del barrio, y que hoy puede ser un cincuentón a quien le aterra el examen de próstata.

          No es una percepción nueva, pero Susan Sontag nos la recuerda: toda foto es una puesta en escena. La familia es retratada de cuerpo entero en esta novela, son los personajes del escenario dramático. La familia, ese jarabe amargo que nos cura de nosotros mismos. Es la familia la complicidad necesaria para entrar a un mundo ajeno y desraizado, ella es el altar de nuestra fe, de nuestra alegría, de nuestro rencor y tristeza. Todos los sentimientos humanos están ahí, amalgamados, germinando como alimento invisible, en El día de la mudanza.


Datos del autor: Pedro Badrán

"...A Badrán le encantan el mar y los clásicos griegos. Ama a Aquiles, y no le cae bien Odiseo. Adora la música y piensa que Alejo Durán es el último de los grandes juglares. Badrán puede perder, lo dice él  mismo, toda una tarde mirando el techo de su cuarto, acostado, y le cuesta escribir de mañana porque no sabe escribir de noche. Conoció primero el cine y luego la televisión. Del primero le gustan las películas buenas y las malas también..." Esta y otras señales dio Carlos Gustavo Alvarez, a propósito de la salida en 1985, del primer libro de cuentos de Badrán: El lugar difícil.

Nacido en Magangué (Bolívar, Colombia), 1960. Ha publicado: El lugar difícil (cuentos, 1985),  Lecciones de vértigo
(Novela, Editorial Planeta 1994), que al momento de su publicación fue descrito como un "relato despiadado y maravillosos donde la ciudad se revela como metáfora del vacío y de la soledad", elemento que además tiene permanente vigencia en toda su obra cuentística. Ha publicado, además.
Simulacros de amor (cuentos, Editorial Magisterio, 1996), El día de la mudanza (Novela, Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá, 2000), Hotel Bellavista y otros cuentos del mar (Cuentos, Editorial Norma 2002), libro del que se comenta: "Hay en estos cuentos de Pedro Badrán el ritmo sostenido y la profundidad de las historias del mar. Por estas páginas desfilan personajes y lugares que por gracia de una narrativa fresca y segura se convierten en un miscrocosmos de gran solidez y transparencia. Hoteles desvencijados, playas alucinadas, adolescentes perniciosos, mujeres que desean ser amadas y desaparecen sin dejar rastro, músicos inocentes que recuerdan un viejo encuentro con Marlon Brando y extranjeros seductores que propagan curiosas doctrinas orientales". Su último libro es la novela: Todos los futbolistas van al cielo, 2002, Editorial Norma: Esta es la conmovedora historia de un joven cuya vida está determinada por el fútbol. Poco a poco, no sólo va encontrando su vocación en este deporte y las dificultades que de allí sobrevienen, sino que el fútbol se convierte en el hilo invisible que lo llevará a descubrir su propio origen.
Badrán ha sido periodista, guionista y catedrático de varias universidades del país. Sus cuentos han sido incluidos en varias antologías y traducidos al alemán y al francés. Todos los futbolistas van al cielo es su primera incursión en la literatura juvenil. El escritor Oscar Collazos, en entrevista con Harold Alvarado, nos comenta: " Con muy pocas excepciones (los cuentos de Julio Paredes, Pedro Badrán y Enrique Serrano) se han orientado hacia la eficacia del mercado. Renunciaron casi todos a la novela como desafío creativo y se conformaron con escribir novelas legibles, de fácil consumo, excepción: Héctor Abad Faciolince. La escritura literaria ha perdido lo que gana la fiebre momentánea del éxito editorial".
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©   John Jairo Junieles

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 13
Abril-Mayo-Junio de 2003

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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