La importancia de llamarse "El Vorque" David Sánchez Juliao
"No, no, no, mire: le voy a decir porqué. Cuando voy por la calle, los corrillos de las esquinas me dicen -como si me echaran un piropo-: 'El Vorqueta, alias Bedoya'. Mire cómo son las cosas de la gente: el alias lo han vuelto sobrenombre... y el sobrenombre me lo han vuelto nombre. Cuando la cosa debería ser al revés: 'Bedoya, alias El Vorqueta'. Además que, siga fijándose: Hay unos que han ido más lejos, pues ya no me dicen 'alias' sino 'arias'... Todo eso, además de que me han achicado el nombre, de Vorqueta a Vorque. Así que la cosa, cuando paso frente a los corrillos de la Calle de la Cruz, queda así: Bodoya, arias El Vorque.
¿Se fija? Ya el asunto se ha vuelto tan complicado, que el otro día fui a la tienda de los cachacos de la plaza a comprar una libra de cerdo (porque los cachacos son los únicos que tienen matanza diaria de cerdo en San Sebastián)... y el cachaco me fue saludando, ¿sabe cómo? Así, dizque 'Buenos días, señor Arias'. Fíjese, pues, cómo se ha ido enredando el asunto del nombre. Y le aseguro: esto que le digo es apenas el comienzo"
Su verdadero nombre, más allá de alias y remoquetes, es Hernán Bedoya Correa. Es uno de esos seres destinados al anonimato en cualquiera de los pequeños poblados de la Costa Atlántica. Hernán, más conocido en San Sebastián de Urabá, corregimiento de Lorica, como El Vorqueta, sobrevivió a esa condena gracias a lo que algunos llaman "La redención del articulado". Explico la enrevesada expresión: todo aquel que en estos pueblos carga -por disposición de la gente- el artículo definido El, seguido del apodo, se redime del anonimato en el sobrenombre. Es decir, en San Sebastián sólo habrá un Vorqueta, y en la Costa Atlántica, en América y el Mundo ese Vorqueta será El Vorqueta. Un ser único, inconfundible, idéntico, esencialmente él y sólo él. Tanto así, que al no concebirse sin su apodo, lo exige y estimula su uso, como remedio para sentirse vivo.
"Porque, ¿sabe qué?, a mí al principio me chocaba que me dijeran así. Hasta feo me sonaba. Porque no era Vorqueta que me decían, como ahora me llamo, sino que me llamaban como a los camiones areneros: El Volqueta. Mire, y le juro, tanto me chocaba, que una vez corretié por todo el pueblo a Juan, el electricista, porque me dijo así. Pero, ¿sabe?, con el tiempo me di cuenta de que empezaba a gustarme el asunto y que me volvía importante. Todo ese cambio empezó cuando jugamos en la plaza un partido de soft-ball, en el que yo pichaba... y ganamos, 5 a 4. Yo salvé el partido, con tres ponches seguidos en el último inning. Todos corrienron a felicitarme y me cargaron en hombros, y desde las graderías me gritaban, '¡Bien, Vorque, bien!' Ese día, con aquello de Vorque, me di cuenta de que la gente me quería, y me quería como Vorqueta. De ahí en adelante casi correteo a un tipo que se atrevió a llamarme Hernán. Claro, lo hice por fregar, para que me seguieran llamando Vorqueta. Oiga, pero ¿usted ya les contó a sus amigos por qué es que a mí me dicen El Vorque?"
No hay en San Sebastián quien no lo sepa. Por dos motivos: primero, porque la figura de Hernán es inconfundible, y está ligada a la razón de su sobrenombre y a la Historia misma de San Sebastián. Y segundo, porque la anécdota que narra las razones por las que terminó llamándose así, es, por demás, hilarante y graciosa; además de que denota el estupendo sentido del humor existente en la comunidad que lo rebautizó. Y es que en últimas, no se sabe quién ni a qué horas dictaminó, en la plaza o una esquina, que Hernán Bedoya Correa se parecía a la volqueta de don Laudín Velazco; un vetusto automotor que se usaba para acarrear arena del río al pueblo durante el día. Que quede muy claro: sólo durante el día, pues al automotor, como al Vorqueta, le fallaban las luces. Un Willys 52 de Lorica le había dado un golpe en la farola izquierda y la volqueta había quedado tuerta, cosa que a don Laudín y al chofer que la manejaba poco les importó. Igual que poco le importó a Hernán Bedoya, cuando niño, que su ojo derecho empezara a inclinarse hacia el estrabismo. "Nací así, con bizquera -pienso que él pensó, en uso de una lógica de la fatalidad-... nací y así y qué le vamos a hacer". Como a aquella volqueta que muchos años después habría de regalarle un nuevo nombre, a Hernán empezó a achicharrársele una farola, la izquierda, la misma de la volqueta de don Laudín, que jamás, como El Vorqueta de carne y hueso... trabajó de noche.
"Ajá, yo nací así, ¿verdad?, y... ¿entonces, qué? Nada. Pero vuelva a fijarse en cómo son las cosas: hasta me convino, porque el ojo picho me dio el nombre. Y ese nombre, créalo que no, me ha dado trabajo. ¿Que por qué? Ajá, porque así es la gente. Con eso de que me llaman El Vorque, ajá, usted sabe, la gente se ríe cuando le cuentan por qué, y me llaman a mí para que les cuente la historia, y se mueren de la risa con el cuento, porque todos ellos conocieron al propio don Laudín, que en paz descanse, conocieron la volqueta que él trajo hace muchos años a San Sebastián, y recuerdan que la volqueta era tuerta, así como yo, y... bueno, todas esas cosas. Y me entran a las casas los señores y las señoras... y ahí empiezan, que Vorque córreme la maceta de esa mata para acá, así, así, no, a lo contrario, con las hojas mas bonitas para acá; que Vorque, hoy tampoco vino el agua, que vete al caño y tráeme unos cinco calambucos para que me riegues el resto de las matas; que Vorque, me dijeron que tú tienes idea de la albañilería, que toma, ve y cómprate una media bolsa de cemento y unas dos latas de arena para que me arregles el murito de afuera que ya está tan escarraspelado que da pena.... y así. Así me he conseguido muchos trabajos. Y, ¿sabe qué?, se corrió la bola también de que yo, cuando estoy trabajando, voy contando la historia de mi nombre con tanta gracia y tanta resignación que los hago reír. De manera que para mí, además, hay siempre un plato de comida, ese que aquí llaman El plan del forastero, que la cocinera siempre guarda encima de la alacena por si alguien se presenta. Bueno...ese plato me lo dan a mí; y como también soy técnico comentarista de soft-ball, mientras trabajo voy contando todo lo que sucedió en los partidos de la plaza el domingo anterior. No crea, eso de que me digan El Vorque y de que yo lo acepte sin ponerme bravo, me ha ayudado mucho. No se ría, que es verdad."
Tras la hilarante historia que de sí mismo cuenta Hernán Bedoya Correa hay, como la hay detrás de cada habitante del inmenso Sinú, una tragedia que parece no ser tal debido al ánimo liviano y lúdico con se enfrenta. Hernán es hijo único y vive solo con su madre enferma. No sólo lleva algunos pesos a la casa para aliviar la solemne pobreza del hogar de techo de palma seca y muros de penca y bahareque, sino que también alivia el hambre propia y la de su madre haciendo lo que usualmente sólo hacen las mujeres en esta tierra de machos: lavar y cocinar. El Vorque, más allá del fácil alborozo de su verbo, afronta aquellas responsabilidades con alegría y estoicismo. Y pensar, dice a veces, que en las telenovelas hay gente que se queja por menos. Él, en cambio, ha hecho de cada tragedia una oportunidad. Es inevitable que pensemos en el jorobado de Nuestra Señora de París o en Rigoletto cuando escuchamos hablar al Vorqueta; como también es inevitable que pensemos que ambos, el de la obra literaria y el de la ópera, se quedan cortos ante este Vorque del Sinú, un personaje, igual que aquellos, de dimensión universal.
"Y, mire lo que es la vida, pensar que yo entes me ponía bravo porque me decían Vorqueta. Hasta que me di de cuenta de que cada cual se gana la vida a punta de algo. Yo me la gano a punta de ojo tuerto. La verdad es que a buena hora nací tuerto. ¡Lo mal que me habría ido en la vida adonde hubiera llegado a nacer normal! Sí, porque yo seré tuerto del ojo, pero de la mente no soy; yo sí sé de la importancia de llamarse El Vorque." ________________________________
© David Sánchez Juliao
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 9 Abril-Mayo-Junio de 2002
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO BARRANQUILLA - COLOMBIA
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