

El ABC de la cultura como fuente pedagógica
Benjamín Puche Villadiego
NOTA: Este texto hace parte de un trabajo más extenso, escrito por el investigador cultural Benjamín Puche Villadiego, quien desde 1939 se ha dedicado, con alma vida y corazón, a la indagación de las manifestaciones populares de la cultura, en conexión con los avatares de la cultura universal. Profundo conocedor de nuestras raíces, sus preocupaciones siempre han girado alrededor de la pedagogía como medio vital de superación y autoestima, sintetizada en el paradigma: "El que entiende, atiende", extraído a su vez del refrán: "Al mudo, que lo entienda su mae".
El ABC de la Cultura reconoce, antes que nada, la capacidad de todos los miembros de la especie humana, para estimular y cultivar la inteligencia, sin límites étnicos, sociales o religioso-filosóficos, color racial o geográficos en cualquier meridiano y paralelo del planeta tierra.
De idéntica manera, rechaza los prejuicios y estereotipos que se han acumulado a lo largo de la Historia, para justificar la acumulación de conocimientos y tecnologías científicas transformándolos en herramientas bélicas o sicológicas punitivas, con fines de sometimiento a los países de poco potencial tecnológico para apropiarse de sus recursos naturales, so pretexto de incapacidad genética para alcanzar y disfrutar los beneficios de la civilización contemporánea.
El ABC de la Cultura es una invitación a desenmascarar la falacia de que: "La Enseñanza y el Aprendizaje obedecen a Leyes Inmutables solo accesibles a grupos predestinados y de elevado coeficiente intelectual".
El solo intento por indagar "¿Quiénes, cuándo y por qué diseñaron el sistema de fonación? De modo que la boca cuya función primitiva era la de comer, adquirió la destreza adicional para articular fonemas, hasta alcanzar el habla.
A buen seguro que quienes lograron esta hazaña, no fueron egresados de universidades ni pertenecían a academias de altos estudios epistemológicos, por la sencilla razón de que apenas nos asomábamos al primer acto intencional de la inteligencia, requisito concomitante al concepto de cultura. De donde solo debe considerarse como cultura: Las respuestas a las intenciones de la inteligencia. Quiere decir lo anterior que: Beber agua y orinar o sudar, comer y defecar, copular y parir, respirar y latir el corazón; no pertenecen a la cultura, ya que son funciones fisiológicas o biológicas relacionadas con la supervivencia.
El habla, puerta de la cultura
La escasa, por no decir, ninguna importancia que damos al estudio y escrutinio del nacimiento, desarrollo y crecimiento de la especie humana, ha desembocado en el menosprecio con que enfocamos la investigación de la enseñanza y el aprendizaje, pero ajustada a nuestro medio y comportamiento, ya que aceptamos con sumisión dogmática cuanta metodología nos llega del extranjero, sin medir el coloniaje idiomático, semántico, filosófico y sicológico implícito en ella.
Es requisito indispensable despojarnos de prejuicios, vengan de donde vinieren, y asomarnos al momento en que nuestros antepasados, hace dos millones de años, pronunciaron los rudimentos fonéticos que más tarde se perfeccionarían en palabras para expresar una idea con sentido específico y solo ese; todo ello, gracias a la especialización de una zona y porción de neuronas a la altura de la sien Izquierda denominada Broca Wernike, según la nomenclatura que los antropaleontólogos han asignado a la porción de los fósiles craneales en donde se considera que se encuentra organizada la función del el habla.
Largo fue el camino y muchas las viscisitudes soportadas hasta desarrollar las categorías de pesos, colores, lugares, tiempo, dureza, flexibilidad, líquidos, resinas, fibras, semillas, frutos en sazón, aves, peces, reptiles, herbívoros, carnívoros, calor, frío, el sol, la luna, verano, lluvias, arenas, rocas, volcanes, fuego y toda suerte de conceptos con los cuales organizar una comunicación que, sin ser prolongada, sea por lo menos comprensible. Un esfuerzo de esta magnitud nos induce a meditar sobre si tenemos una conciencia clara del valor de la especie humana, y cómo infinidad de antepasados anónimos contribuyeron en una u otra forma a legarnos esa herramienta exquisita del mundo biológico: la inteligecia, de manera altruista y generosa mientras hay quienes desean apropiársela como patrimonio exclusivo, con detrimento de millones de congéneres. Este solo ejemplo, nos permite comprobar que el concepto de cultura dista mucho del alambicamiento en que se le ha querido situar últimamente, por vanidad y jactancia.
La inteligencia y las manos, dúo motriz Al adoptar la especie humana la posición erecta y quedar libres las extremidades anteriores rematadas en las manos, con un dedo opuesto a los otros cuatro y capacidad para asir, coger o atrapar individual, alternada o con ambas manos, los materiales necesarios para la subsistencia y construcción de herramientas, ajuar doméstico, de caza y defensa contra los animales depredadores, se inicia la gran aventura de la humanidad.
La sincronización entre las órdenes emanadas de la inteligencia y la actuación de las manos, es el preludio indiscutible de la cabal domesticación o si se quiere, educación física de la totalidad del cuerpo y sus órganos internos, para enfrentar y resolver cada obstáculo o fenómeno cotidiano o fortuito de la naturaleza.
Fue durante el estadio nómada y recolector cuando se inició la comunicación gestual con sus limitaciones de distancia, intensidad lumínica y libertad visual; en las horas nocturnas, la comunicación era nula o se reducía al roce y contacto corporal. Hubo que superar estas limitantes, acompañándolas con emisiones guturales cada vez mas cortas y audibles. Fue un proceso milenario en que salió airosa la constancia y culminó con el habla.
Es indudable que la construcción de objetos de diferentes materiales y usos, exigió la identificación oral para evitar confusiones. Aquí aparecen las manos ejecutando órdenes de la inteligencia, pero cuyo fruto exigía otro esfuerzo paralelo e inmediato: el nombre del objeto. Vemos cómo la inteligencia, al ordenar una obra manual, debe construir el sistema de fonación, activando sincrónicamente los sistemas: respiratorio, digestivo, auditivo, nervioso superior y la porción de neuronas frente al parietal izquierdo a la altura de la sien.
Qué bueno que comenzáramos a conocer las raíces de la cultura y las fuentes del aprendizaje, para que nos atreviéramos a construir y comprobar una metodología sencilla, amena, penetrante, comprensible, pero profundamente científica porque arranca de los cimientos del conocimiento universal.
A la vida nómada recolectora y con comunicación oral, le surgió una etapa superior: la sociabilidad, que hizo posible la actividad comunal para la captura de animales cuyo tamaño y peso excedían a la capacidad individual; de donde era necesario el esfuerzo colectivo para la captura y aprovechamiento de la sangre, cuernos, pieles, huesos, carne y despojos en abundancia del animal sacrificado.
La cacería colectiva y posterior distribución de la pieza capturada significaron un avance sin precedentes en la solidaridad y cooperación para la supervivencia de la especie humana, ejemplo con el cual debería iniciarse cada día de estudio, como modelo pedagógico, para asegurar una enseñanza sólida y fructífera.
La vista y los oídos, herramientas de investigación
A la distancia histórico-cultural, parecería incongruente que individuos desnudos, vagando por selvas, valles, colinas, pantanos, ciénagas, playas, ríos y mares, dispusieran del tiempo suficiente para dedicarse a la investigación pero la realidad nos confirma que, para seleccionar los materiales necesarios o identificar el estado de sazón de los frutos, distancias, clase de aves, peces y demás animales, manejaron la capacidad visual según la secuencia de los verbos mirar, ver y observar.
Pero para diferenciar un ruido de la pisada de un animal en su carrera, la caída de una rama, el canto de un macho y la réplica de la hembra, el chirriar de las cigarras y los grillos o el croar de las ranas, hubo que aguzar los oídos: oyendo, escuchando para entender plenamente de qué se trataba y a qué distancia se producía el ruido o sonido.
Fruto de estas prácticas milenarias, encontramos ejemplos permanentes en las regiones rurales, cuando nos sentimos deslumbrados por las advertencias sobre la proximidad de tal o cual fenómeno, la presencia de algún animal o la llegada de determinado viajero que se está esperando a media noche, con solo identificar el golpeteo de los cascos sobre el terreno del camino. Si un gallinazo que planea a trescientos metros de altura, recoge de improviso las alas y baja vertiginosamente, debemos guarecernos, por que se aproxima la lluvia. ¿De dónde han sacado tales conocimientos? ¿En qué momento los estudiaron?
Sencillamente los adquirieron en el centro pedagógico de mayor rendimiento y eficiencia: la vivienda y el lugar de trabajo, como aulas de clases, y las herramientas de trabajo y ajuar doméstico, como ayudas pedagógicas; porque en los tiempos primitivos, lo que se quería era la autosuficiencia, cualidad que en nuestros tiempos hemos sustituido por la compra en supermercados y almacenes, desde las provisiones alimenticias hasta el vestuario y ajuares domésticos y laborales; lo que equivale a decir que hemos perdido eficiencia y capacidad para enfrentarnos a la naturaleza.
Aquí podemos afirmar, sin la mayor dilación, que el nacimiento de la cultura tuvo una cuna rodeada de desperdicios, cáscaras, ripios de fibras, huesos de megaterios, mammuts, escamas de peces, caparazones de tortugas, colmillos de jabalíes y no alcobas con alfombras, colchones de plumas, esculturas griegas o pinturas renacentistas, con música de Bach de día y de noche.
La cultura se inició hace miles de años en las selvas, cuando sus creadores no imaginaron que sus creaciones e inventos primarios pudieran ser usurpados miles de años mas tarde y presentados por traficantes de antigüedades, como joyas de sus peculios.
Obtención fortuita del fuego
El periodo de la cacería fue el de mayor fertilidad para la inventiva y la creatividad, puesto que nada estaba hecho y todo había que diseñarlo y construirlo. Fue durante este largo estadio de permanentes clasificaciones y escogencia de materiales para construir punzones, hachuelas, cuchillos, raspadores, morteros y trituradores, cuando al golpear fragmentos de pedernal, saltó la chispa inmediata que incendió la materia orgánica seca y brotó la llama. Se había producido por primera vez el fuego, de manera fortuita; pero salido de un acto humano. El sobresalto y asombro colectivo fue indescriptible. Al repetir la prueba, se produjo nuevamente la chispa, y nació para la humanidad la era tecnológica.
Como se puede apreciar, no fueron físicos egresados ni graduados con tesis laureadas. Fueron gentes anónimas que construían cuchillos de huesos o conchas de caracol en forma rústica y primaria, sin otra mira que la de satisfacer la función para la cual se construía. El arte y la estética no contaban.
De modo que la cultura anónima hace cientos de miles de años, ya había logrado dos de los puntales en los que sustenta toda la ciencia y la refinada tecnología contemporáneas. Y es bueno que conozcamos este proceso, para que aprendamos que no siempre la ciencia ha brotado de lucubraciones y alambicadas teorías sino que mucha de ella se ha alimentado y alimenta de lo primario y elemental.
Con el fuego, se abren las puertas a la transformación física de la materia, la deshidratación y cambio de sabor de los alimentos; nacen la cerámica y la metalurgia, se talan los bosques y aparece la agricultura, cuyos espacios libres de árboles son usados para sembrar pastos y alimentar ganados mayores y menores domesticados; dando lugar a los asentamientos permanentes y mayores rendimientos alimenticios tanto agrícolas como pecuarios, con lo cual se amplió el campo laboral para la producción de herramientas, ajuar doméstico, textiles, muebles de madera, procesamiento de bebidas fermentadas, aceites, elaboración de harinas, confección de embutidos, carnes ahumadas, quesos y toda suerte de alimentos para almacenarlos con miras a mantener reservas para las épocas de escasez por cambios meteorológicos imprevistos.
Paralelamente a la acumulación de alimentos, productos elaborados y conocimientos, hubo el tiempo disponible para idear la aritmética, formas de calcular el tiempo, el movimiento del sol y los planetas, resolver problemas elementales, diseñar figuras geométricas decorativas, analizar plantas medicinales y formas de aplicarlas; en fin , que se aguza la meditación y la imaginación, así se crean cuentos, mitos, leyendas y toda suerte de maneras de interpretar los fenómenos naturales o más allá de la muerte.
Los conocimientos y tecnologías colectivos transitaban por el torrente verbal en sentido horizontal, de manera altruista.
La tradición oral y la escritura
Lo interesante de este proceso es saber que todo el conocimiento acumulado se guardaba en la memoria colectiva, que desempeñaba las veces de bibliotecas y universidades ambulantes, recogiendo informaciones y tecnologías de quienes los producían, para distribuirlos entre quienes los solicitaran o necesitaban. Estos saberes anónimos como potencial lingüístico horizontal, eran asimilados plenamente, porque todos los entendían.
El aprendizaje y la enseñanza no tenían horario ni lugar determinado. La vivienda y el lugar de trabajo, los actos sociales, las fiestas y los ritos se convertían en aulas de clases, las herramientas de trabajo en instrumentos lúdicos y cuanto era visible y observable se transformaba en ayudas pedagógicas.
La esencia pedagógica consistía en enseñar lo que se sabía para aprender lo que se deseaba y necesitaba. Y como todo se llevaba a cabo de manera amena y con ejemplos comprensibles, la asimilación era automática y el rendimiento óptimo.
Aquí apareció la llave mágica o truco de la eneñanza: "El que entiende, atiende"
Pero esta solución magistral tuvo una amenaza permanente, ya que si quien disponía de conocimiento y saberes moría, se perdía ese patrimonio. Fue necesario idear una herramienta que pusiera a salvo esa contingencia y se encomendó a un grupo de diseñadores de tatuajes, estampados, artistas, dibujantes, para que dieran una solución con la cual fijar un conocimiento y luego descodificarlo, sin perder la eficacia de su significado.
La respuesta fue la escritura.
Lo paradójico de esta proeza, es que quienes la lograron, eran iletrados, ágrafos, hoy diríamos analfabetos.
Lo maravilloso de esta manifestación sutil de la inteligencia, radica en que podamos comunicarnos con quienes dejaron sus pensamientos escritos hace 4.000 años o más, pero si publicamos los nuestros, también nos leerán las generaciones venideras, alcanzando la inmortalidad.
La manipulación que se ha hecho de la escritura, desde su diseño, cuando se le asignó un carácter sacro y exclusivo para el servicio de sacerdotes, comerciantes, políticos, médicos y gobernantes; ha servido para la explotación y sometimiento de quienes han carecido de dicha herramienta cultural.
Pero de igual manera, la escritura puede ser vehículo de superación e independencia. El caso más significativo es el alcanzado por Moisés, quien siendo escriba y conocedor de los hilos de la economía y poder de la escritura, le enseñó al pueblo judío la religión monoteísta, pero como requisito indispensable tenían que aprender a leer y escribir, para que conservaran su historia, cultura y religión. Cuando tuvo preparado al pueblo, se atrevió a retar al imperio más poderoso conocido: la casta faraónica.
Refugiado este pueblo en la escritura y luego de la diáspora y de 2.300 años de vagar por diferentes estados en los que prestó sus servicios como escriba, se apropiaron del conocimiento económico, científico, tecnológico, financiero, político y bélico. Le exigieron a la ONU en 1948 que les creara el nuevo estado de Israel, hecho que se cumplió el 15 de mayo de ese mismo año.
En la Costa Caribe Colombiana, luego de 7.000 años de divulgada la herramienta cultural de la escriura, encontramos diseminada por ciudades, campos y veredas una población de 3.000.000 que no saben leer ni escribir, en medio de la miseria, la indigencia y el abandono; pero parece que el Gobierno va a resolver el fenómeno con la brillante idea de ampliar la apertura económica y llevar la Internet por todos los rincones, no importa que se carezca de energía eléctrica.
Cuando se ignora la cultura de un pueblo, se puede dar rienda suelta a la ilusión. _________________________________________
© Benjamín Puche Villadiego
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 9 Abril-Mayo-Junio de 2002
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN DEPARTAMENTO DE IDIOMAS BARRANQUILLA - COLOMBIA
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El ABC de la cultura como fuente pedagógica
Benjamín Puche Villadiego
NOTA: Este texto hace parte de un trabajo más extenso, escrito por el investigador cultural Benjamín Puche Villadiego, quien desde 1939 se ha dedicado, con alma vida y corazón, a la indagación de las manifestaciones populares de la cultura, en conexión con los avatares de la cultura universal. Profundo conocedor de nuestras raíces, sus preocupaciones siempre han girado alrededor de la pedagogía como medio vital de superación y autoestima, sintetizada en el paradigma: "El que entiende, atiende", extraído a su vez del refrán: "Al mudo, que lo entienda su mae".
El ABC de la Cultura reconoce, antes que nada, la capacidad de todos los miembros de la especie humana, para estimular y cultivar la inteligencia, sin límites étnicos, sociales o religioso-filosóficos, color racial o geográficos en cualquier meridiano y paralelo del planeta tierra.
De idéntica manera, rechaza los prejuicios y estereotipos que se han acumulado a lo largo de la Historia, para justificar la acumulación de conocimientos y tecnologías científicas transformándolos en herramientas bélicas o sicológicas punitivas, con fines de sometimiento a los países de poco potencial tecnológico para apropiarse de sus recursos naturales, so pretexto de incapacidad genética para alcanzar y disfrutar los beneficios de la civilización contemporánea.
El ABC de la Cultura es una invitación a desenmascarar la falacia de que: "La Enseñanza y el Aprendizaje obedecen a Leyes Inmutables solo accesibles a grupos predestinados y de elevado coeficiente intelectual".
El solo intento por indagar "¿Quiénes, cuándo y por qué diseñaron el sistema de fonación? De modo que la boca cuya función primitiva era la de comer, adquirió la destreza adicional para articular fonemas, hasta alcanzar el habla.
A buen seguro que quienes lograron esta hazaña, no fueron egresados de universidades ni pertenecían a academias de altos estudios epistemológicos, por la sencilla razón de que apenas nos asomábamos al primer acto intencional de la inteligencia, requisito concomitante al concepto de cultura. De donde solo debe considerarse como cultura: Las respuestas a las intenciones de la inteligencia. Quiere decir lo anterior que: Beber agua y orinar o sudar, comer y defecar, copular y parir, respirar y latir el corazón; no pertenecen a la cultura, ya que son funciones fisiológicas o biológicas relacionadas con la supervivencia.
El habla, puerta de la cultura
La escasa, por no decir, ninguna importancia que damos al estudio y escrutinio del nacimiento, desarrollo y crecimiento de la especie humana, ha desembocado en el menosprecio con que enfocamos la investigación de la enseñanza y el aprendizaje, pero ajustada a nuestro medio y comportamiento, ya que aceptamos con sumisión dogmática cuanta metodología nos llega del extranjero, sin medir el coloniaje idiomático, semántico, filosófico y sicológico implícito en ella.
Es requisito indispensable despojarnos de prejuicios, vengan de donde vinieren, y asomarnos al momento en que nuestros antepasados, hace dos millones de años, pronunciaron los rudimentos fonéticos que más tarde se perfeccionarían en palabras para expresar una idea con sentido específico y solo ese; todo ello, gracias a la especialización de una zona y porción de neuronas a la altura de la sien Izquierda denominada Broca Wernike, según la nomenclatura que los antropaleontólogos han asignado a la porción de los fósiles craneales en donde se considera que se encuentra organizada la función del el habla.
Largo fue el camino y muchas las viscisitudes soportadas hasta desarrollar las categorías de pesos, colores, lugares, tiempo, dureza, flexibilidad, líquidos, resinas, fibras, semillas, frutos en sazón, aves, peces, reptiles, herbívoros, carnívoros, calor, frío, el sol, la luna, verano, lluvias, arenas, rocas, volcanes, fuego y toda suerte de conceptos con los cuales organizar una comunicación que, sin ser prolongada, sea por lo menos comprensible. Un esfuerzo de esta magnitud nos induce a meditar sobre si tenemos una conciencia clara del valor de la especie humana, y cómo infinidad de antepasados anónimos contribuyeron en una u otra forma a legarnos esa herramienta exquisita del mundo biológico: la inteligecia, de manera altruista y generosa mientras hay quienes desean apropiársela como patrimonio exclusivo, con detrimento de millones de congéneres. Este solo ejemplo, nos permite comprobar que el concepto de cultura dista mucho del alambicamiento en que se le ha querido situar últimamente, por vanidad y jactancia.
La inteligencia y las manos, dúo motriz Al adoptar la especie humana la posición erecta y quedar libres las extremidades anteriores rematadas en las manos, con un dedo opuesto a los otros cuatro y capacidad para asir, coger o atrapar individual, alternada o con ambas manos, los materiales necesarios para la subsistencia y construcción de herramientas, ajuar doméstico, de caza y defensa contra los animales depredadores, se inicia la gran aventura de la humanidad.
La sincronización entre las órdenes emanadas de la inteligencia y la actuación de las manos, es el preludio indiscutible de la cabal domesticación o si se quiere, educación física de la totalidad del cuerpo y sus órganos internos, para enfrentar y resolver cada obstáculo o fenómeno cotidiano o fortuito de la naturaleza.
Fue durante el estadio nómada y recolector cuando se inició la comunicación gestual con sus limitaciones de distancia, intensidad lumínica y libertad visual; en las horas nocturnas, la comunicación era nula o se reducía al roce y contacto corporal. Hubo que superar estas limitantes, acompañándolas con emisiones guturales cada vez mas cortas y audibles. Fue un proceso milenario en que salió airosa la constancia y culminó con el habla.
Es indudable que la construcción de objetos de diferentes materiales y usos, exigió la identificación oral para evitar confusiones. Aquí aparecen las manos ejecutando órdenes de la inteligencia, pero cuyo fruto exigía otro esfuerzo paralelo e inmediato: el nombre del objeto. Vemos cómo la inteligencia, al ordenar una obra manual, debe construir el sistema de fonación, activando sincrónicamente los sistemas: respiratorio, digestivo, auditivo, nervioso superior y la porción de neuronas frente al parietal izquierdo a la altura de la sien.
Qué bueno que comenzáramos a conocer las raíces de la cultura y las fuentes del aprendizaje, para que nos atreviéramos a construir y comprobar una metodología sencilla, amena, penetrante, comprensible, pero profundamente científica porque arranca de los cimientos del conocimiento universal.
A la vida nómada recolectora y con comunicación oral, le surgió una etapa superior: la sociabilidad, que hizo posible la actividad comunal para la captura de animales cuyo tamaño y peso excedían a la capacidad individual; de donde era necesario el esfuerzo colectivo para la captura y aprovechamiento de la sangre, cuernos, pieles, huesos, carne y despojos en abundancia del animal sacrificado.
La cacería colectiva y posterior distribución de la pieza capturada significaron un avance sin precedentes en la solidaridad y cooperación para la supervivencia de la especie humana, ejemplo con el cual debería iniciarse cada día de estudio, como modelo pedagógico, para asegurar una enseñanza sólida y fructífera.
La vista y los oídos, herramientas de investigación
A la distancia histórico-cultural, parecería incongruente que individuos desnudos, vagando por selvas, valles, colinas, pantanos, ciénagas, playas, ríos y mares, dispusieran del tiempo suficiente para dedicarse a la investigación pero la realidad nos confirma que, para seleccionar los materiales necesarios o identificar el estado de sazón de los frutos, distancias, clase de aves, peces y demás animales, manejaron la capacidad visual según la secuencia de los verbos mirar, ver y observar.
Pero para diferenciar un ruido de la pisada de un animal en su carrera, la caída de una rama, el canto de un macho y la réplica de la hembra, el chirriar de las cigarras y los grillos o el croar de las ranas, hubo que aguzar los oídos: oyendo, escuchando para entender plenamente de qué se trataba y a qué distancia se producía el ruido o sonido.
Fruto de estas prácticas milenarias, encontramos ejemplos permanentes en las regiones rurales, cuando nos sentimos deslumbrados por las advertencias sobre la proximidad de tal o cual fenómeno, la presencia de algún animal o la llegada de determinado viajero que se está esperando a media noche, con solo identificar el golpeteo de los cascos sobre el terreno del camino. Si un gallinazo que planea a trescientos metros de altura, recoge de improviso las alas y baja vertiginosamente, debemos guarecernos, por que se aproxima la lluvia. ¿De dónde han sacado tales conocimientos? ¿En qué momento los estudiaron?
Sencillamente los adquirieron en el centro pedagógico de mayor rendimiento y eficiencia: la vivienda y el lugar de trabajo, como aulas de clases, y las herramientas de trabajo y ajuar doméstico, como ayudas pedagógicas; porque en los tiempos primitivos, lo que se quería era la autosuficiencia, cualidad que en nuestros tiempos hemos sustituido por la compra en supermercados y almacenes, desde las provisiones alimenticias hasta el vestuario y ajuares domésticos y laborales; lo que equivale a decir que hemos perdido eficiencia y capacidad para enfrentarnos a la naturaleza.
Aquí podemos afirmar, sin la mayor dilación, que el nacimiento de la cultura tuvo una cuna rodeada de desperdicios, cáscaras, ripios de fibras, huesos de megaterios, mammuts, escamas de peces, caparazones de tortugas, colmillos de jabalíes y no alcobas con alfombras, colchones de plumas, esculturas griegas o pinturas renacentistas, con música de Bach de día y de noche.
La cultura se inició hace miles de años en las selvas, cuando sus creadores no imaginaron que sus creaciones e inventos primarios pudieran ser usurpados miles de años mas tarde y presentados por traficantes de antigüedades, como joyas de sus peculios.
Obtención fortuita del fuego
El periodo de la cacería fue el de mayor fertilidad para la inventiva y la creatividad, puesto que nada estaba hecho y todo había que diseñarlo y construirlo. Fue durante este largo estadio de permanentes clasificaciones y escogencia de materiales para construir punzones, hachuelas, cuchillos, raspadores, morteros y trituradores, cuando al golpear fragmentos de pedernal, saltó la chispa inmediata que incendió la materia orgánica seca y brotó la llama. Se había producido por primera vez el fuego, de manera fortuita; pero salido de un acto humano. El sobresalto y asombro colectivo fue indescriptible. Al repetir la prueba, se produjo nuevamente la chispa, y nació para la humanidad la era tecnológica.
Como se puede apreciar, no fueron físicos egresados ni graduados con tesis laureadas. Fueron gentes anónimas que construían cuchillos de huesos o conchas de caracol en forma rústica y primaria, sin otra mira que la de satisfacer la función para la cual se construía. El arte y la estética no contaban.
De modo que la cultura anónima hace cientos de miles de años, ya había logrado dos de los puntales en los que sustenta toda la ciencia y la refinada tecnología contemporáneas. Y es bueno que conozcamos este proceso, para que aprendamos que no siempre la ciencia ha brotado de lucubraciones y alambicadas teorías sino que mucha de ella se ha alimentado y alimenta de lo primario y elemental.
Con el fuego, se abren las puertas a la transformación física de la materia, la deshidratación y cambio de sabor de los alimentos; nacen la cerámica y la metalurgia, se talan los bosques y aparece la agricultura, cuyos espacios libres de árboles son usados para sembrar pastos y alimentar ganados mayores y menores domesticados; dando lugar a los asentamientos permanentes y mayores rendimientos alimenticios tanto agrícolas como pecuarios, con lo cual se amplió el campo laboral para la producción de herramientas, ajuar doméstico, textiles, muebles de madera, procesamiento de bebidas fermentadas, aceites, elaboración de harinas, confección de embutidos, carnes ahumadas, quesos y toda suerte de alimentos para almacenarlos con miras a mantener reservas para las épocas de escasez por cambios meteorológicos imprevistos.
Paralelamente a la acumulación de alimentos, productos elaborados y conocimientos, hubo el tiempo disponible para idear la aritmética, formas de calcular el tiempo, el movimiento del sol y los planetas, resolver problemas elementales, diseñar figuras geométricas decorativas, analizar plantas medicinales y formas de aplicarlas; en fin , que se aguza la meditación y la imaginación, así se crean cuentos, mitos, leyendas y toda suerte de maneras de interpretar los fenómenos naturales o más allá de la muerte.
Los conocimientos y tecnologías colectivos transitaban por el torrente verbal en sentido horizontal, de manera altruista.
La tradición oral y la escritura
Lo interesante de este proceso es saber que todo el conocimiento acumulado se guardaba en la memoria colectiva, que desempeñaba las veces de bibliotecas y universidades ambulantes, recogiendo informaciones y tecnologías de quienes los producían, para distribuirlos entre quienes los solicitaran o necesitaban. Estos saberes anónimos como potencial lingüístico horizontal, eran asimilados plenamente, porque todos los entendían.
El aprendizaje y la enseñanza no tenían horario ni lugar determinado. La vivienda y el lugar de trabajo, los actos sociales, las fiestas y los ritos se convertían en aulas de clases, las herramientas de trabajo en instrumentos lúdicos y cuanto era visible y observable se transformaba en ayudas pedagógicas.
La esencia pedagógica consistía en enseñar lo que se sabía para aprender lo que se deseaba y necesitaba. Y como todo se llevaba a cabo de manera amena y con ejemplos comprensibles, la asimilación era automática y el rendimiento óptimo.
Aquí apareció la llave mágica o truco de la eneñanza: "El que entiende, atiende"
Pero esta solución magistral tuvo una amenaza permanente, ya que si quien disponía de conocimiento y saberes moría, se perdía ese patrimonio. Fue necesario idear una herramienta que pusiera a salvo esa contingencia y se encomendó a un grupo de diseñadores de tatuajes, estampados, artistas, dibujantes, para que dieran una solución con la cual fijar un conocimiento y luego descodificarlo, sin perder la eficacia de su significado.
La respuesta fue la escritura.
Lo paradójico de esta proeza, es que quienes la lograron, eran iletrados, ágrafos, hoy diríamos analfabetos.
Lo maravilloso de esta manifestación sutil de la inteligencia, radica en que podamos comunicarnos con quienes dejaron sus pensamientos escritos hace 4.000 años o más, pero si publicamos los nuestros, también nos leerán las generaciones venideras, alcanzando la inmortalidad.
La manipulación que se ha hecho de la escritura, desde su diseño, cuando se le asignó un carácter sacro y exclusivo para el servicio de sacerdotes, comerciantes, políticos, médicos y gobernantes; ha servido para la explotación y sometimiento de quienes han carecido de dicha herramienta cultural.
Pero de igual manera, la escritura puede ser vehículo de superación e independencia. El caso más significativo es el alcanzado por Moisés, quien siendo escriba y conocedor de los hilos de la economía y poder de la escritura, le enseñó al pueblo judío la religión monoteísta, pero como requisito indispensable tenían que aprender a leer y escribir, para que conservaran su historia, cultura y religión. Cuando tuvo preparado al pueblo, se atrevió a retar al imperio más poderoso conocido: la casta faraónica.
Refugiado este pueblo en la escritura y luego de la diáspora y de 2.300 años de vagar por diferentes estados en los que prestó sus servicios como escriba, se apropiaron del conocimiento económico, científico, tecnológico, financiero, político y bélico. Le exigieron a la ONU en 1948 que les creara el nuevo estado de Israel, hecho que se cumplió el 15 de mayo de ese mismo año.
En la Costa Caribe Colombiana, luego de 7.000 años de divulgada la herramienta cultural de la escriura, encontramos diseminada por ciudades, campos y veredas una población de 3.000.000 que no saben leer ni escribir, en medio de la miseria, la indigencia y el abandono; pero parece que el Gobierno va a resolver el fenómeno con la brillante idea de ampliar la apertura económica y llevar la Internet por todos los rincones, no importa que se carezca de energía eléctrica.
Cuando se ignora la cultura de un pueblo, se puede dar rienda suelta a la ilusión. _________________________________________
© Benjamín Puche Villadiego
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 9 Abril-Mayo-Junio de 2002
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN DEPARTAMENTO DE IDIOMAS BARRANQUILLA - COLOMBIA
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