Entrevista con Meira Delmar
(Parte I)
"Aquí la voz, la canción:
el corazón a lo lejos"
Álvaro Suescún T.


Un par de albañiles laboran acaballados sobre el techo de la casa que habita Olga Chams Eljach en una esquina muy cerca del parque en el barrio Bellavista. Afuera una pila de escombros que crece sobre la acera delata los estragos ocasionados por los aguaceros de esta semana. Es casi mediodía y ya empiezan a caer, esporádicas, las primeras gotas de lo que se anuncia como otro cataclismo de aguas, usual en estos días y en esta zona del Caribe. El más reciente debió afectar la añeja vivienda que aún conserva su original diseño Art-Deco, obra del arquitecto cubano Manuel Carrerá en los tiempos en que Barranquilla despuntaba al modernismo. Para llegar debo rodear un amplio jardín bajo la extensa y fresca sombra de dos o tres árboles de matarratón y de un roble que ofrece a manos llenas sus racimos de flores moradas. A mitad de camino un frondoso jazmín esparce con desorden sus fragancias, luego una terraza amplia y apacible antes de franquear la entrada en la que un animoso french poodle anuncia con sus inquietantes ladridos nuestra presencia.
La puerta está abierta de par en par, pero una reja de hierro impide el paso. Ella misma acude a abrirla, dice algo relacionado con el clima de inseguridad que ha obligado a los habitantes de la ciudad a enjaularse como pájaros, mientras por el zaguán se filtra, refrescante, una densa corriente de aire. Sus formalidades son exquisitas, tiene un temperamento admirable y una envidiable dulzura en el acento de su voz. Adentro, en una espaciosa sala, Ricardo Millán y Campo Elías Romero conversan animadamente con Alicia, la hermana de la poetisa, que en silla de ruedas los acompaña. El avance de una neuropatía diabética la ha reducido a este estado, pero ella no pierde el ánimo. Todo allí delata un perfecto orden y un buen gusto orientado por estas dos hermanas que vieron crecer y partir a una gran familia: sus padres, su hermano William, la esposa de este y sus cuatro hijos, y ahora se ven desminuidas en el amplio espacio de este lar. A la izquierda su estudio, allí sobresale un retrato de juventud de Meira que acusa la hermosura de sus rasgos árabes conservados intactos en ella, fue hecho al óleo por la pintora bogotana Gloria Mejía y está justo encima de un piano flanqueado por dos estantes atiborrados de libros y, sobre las paredes, por todas partes, una profusa obra pictórica en que se destacan las firmas de algunos de sus grandes amigos: Guillermo Ardila, Ángel Loochkartt, Roberto Angulo, Alejandro Obregón, María Cristina Betancourth, Humberto Aleán, Neva Lallemand, entre otros.
Al retornar al hilo de la conversación, después de los saludos, observo que es Hans Federico Newman, músico versátil, gran pianista fallecido hace casi diez años, el tema que tienen sobre la mesa, no en vano Campo Elías de vez en cuando acomete un instrumento, y Meira estudió música en la Escuela de Bellas Artes, como se llamaba entonces el Conservatorio de Música Pedro Biava, e interpretaba muy bien en el piano a Mozart y a Behetoven. "Me gusta mucho Chopin, por igual el de los valses, el de los nocturnos, el de los estudios, el de las polonesas, todo Chopin, y por contraste me gusta Rachmaninoff, Debussy y el español De Falla", dice Meira. "Cuando murió su madre, me dijo Campo Elías de tal manera que solamente lo escuchara yo, tuvo una muy fuerte depresión y no volvió a abrir el piano, como ves ahí está y no ha querido desprenderse de él". Sí, ahí está ese piano, silencioso, ratificando su cercanía con la música, esos años de estudio que le sirvieron para comprender y sentir en una forma más profunda la vida, ella lo acentúa, al decir: "Toda la buena música vale la pena escucharla".
Los motivos de charla son distintos y saltan de un lado al otro de la mesa durante el almuerzo en el que nos acompaña Ricardo Chams, uno de sus sobrinos; ellos se turnan en la visita que siempre es a esta hora, salvo los domingos que procuran hacer una reunión total de la familia. En algún momento ella le pregunta por su hermano Alberto que está en chequeos médicos y él responde que ha tenido una notable mejoría, entonces divertida cuenta que García Márquez llamaba —manes del azar objetivo— a Billy, otro de sus sobrinos, "el boxeadorcito", como anticipando que sería el exitoso promotor de boxeo que ha tenido en "Cuadrilátero", su cuerda, a varios campeones mundiales hechos en este patio.
A las dos de la tarde se despiden todos los que nos acompañaban, Alicia se retira a su habitación y Meira me pide ir con ella a otro lugar de la casa para iniciar esta entrevista, pasamos cerca de unas vigas de madera que sostienen el techo y alguna pared, ella me explica que hacía tiempo no le hacían arreglos a la casa y se queja de los altos costos de las refacciones. Con un café arábigo nos sentamos en una terraza, frente a un bien cuidado jardín interior, ella recuerda la aparición de Anáglifos en los años cuarentas, un libro de poemas de Hans Federico Newman, cuando el maestro era el subdirector de la Orquesta Filarmónica de Barranquilla: "Porque, has de saber que también se destacó como poeta y traductor de poesía". Por aquellos días le puso música a "Canción Lejana", un poema de Meira, del libro Verdad del sueño, que interpretó la soprano barranquillera Fabiola Franco en una velada lírica en Bogotá.
—EN POCAS OPORTUNIDADES GRANDES VERSOS HAN SIDO LLEVADOS CON ACIERTO A LA MÚSICA. Le pregunto: ¿ALGUN OTRO INTENTO DE MUSICALIZAR TU OBRA?
—El maestro Pedro Biava también lo había hecho, él escogió "Promesa", [uno de los poemas iniciales publicados por Meira, en la revista Vanidades, de La Habana, Cuba], y lo cantó Tina Altamar, ese poema nunca lo recogí en los libros, por cierto uno de los primeros que escribí y, no hace mucho, el maestro Rodolfo Pérez, director de un magnífico coro de Medellín, puso música a quince composiciones mías para coro masculino. El maestro Pérez, un músico extraordinario, vino con su coral y actuaron en el teatro Amira de la Rosa en una noche inolvidable.
—¿ESE DESEO DE EXPRESARTE MEDIANTE LA POESÍA, OCURRIÓ DESDE LA ADOLESCENCIA?
—Sí, siendo niña empecé a escribir estrofas, pequeñas cosas. Vivíamos en Las Delicias que era como vivir en el campo porque el barrio estaba un poco apartado y ese era su gran encanto. Era el barrio más alto de Barranquilla, desde mi casa se veía la panorámica de la ciudad, en los días como estos en que había caído lluvia se alcanzaba a ver el mar en el horizonte, en las noches la luna se reflejaba en el río y a lo lejos se perfilaba el contorno de la Sierra Nevada. No había esos edificios que hoy cortan la visión que desde mi casa era una maravilla, y empecé a escribir motivada por aquel mar, las acacias florecidas, la primera estrella de la vespertina, paisajes que despertaban mi sensibilidad y me inclinaban hacia la poesía. Alguna vez, por allá en 1937, vi que en la revista Vanidades de La Habana aparecía una sección de poemas y decidí mandar algunos míos. La sorpresa fue que los publicaron. Como mi padre era un poco severo supuse que no le iba a gustar esta aventurilla de su hija, tampoco quería que mis compañeras de colegio supieran que era yo la autora de los versos, entonces busqué un seudónimo y los acompañé de él, así nació Meira Delmar.
—DE AHÍ A LA PUBLICACIÓN DEL PRIMER LIBRO DEBIÓ HABER UN LARGO TRECHO.
—Pasaron cinco años. Yo leía y releía en silencio, complacida, aquellos poemas míos en la revista, y a muy pocas personas se los mostraba. Un día, estando con Emilia Segebre, llegó Alirio Bernal, un gran intelectual, autor de La historia industrial de Barranquilla. Al leer aquellos poemas, preguntó si alguien sabía de quién se trataba, Emilia se lo dijo y él se encargó de difundirlo en un artículo que escribió para la revista Civilización. Mi primer poemario publicado, Alba de olvido, es un libro de adolescencia, como dijo Ignacio Reyes Posada en el prólogo, lo publiqué por su insistencia y la de unos amigos, Carlos Osío Noguera, Héctor Rojas Herazo y Alirio Bernal, ellos tenían un programa en La Voz de la Víctor, a donde me invitaron para hablar sobre mi poesía. Rafael Salcedo Villarreal, que era el dueño de Editorial Mejoras, estuvo también allí y me ofreció publicar esos poemas: "Me llegó un papel de Europa, me dijo, es como para poesías. Si te parece publico tu libro, te entrego cincuenta ejemplares y me quedo con la edición para pagar los gastos". Y así lo hicimos.


—DESPUÉS VINO SITIO DEL AMOR.
—Sí, dos años más tarde, en 1944, luego Verdad del Sueño, en 1946. En 1951, Secreta Isla. Creo que en Secreta Isla alcancé el tono de mi voz. Tal vez en mis primeros libros hay algunas influencias, nadie escapa a ellas, pero yo me busco en esas grandes poetisas que tanto admiré y no me encuentro con ellas, Juana de Ibarborou era un caudal de escritura rico y abundoso, era la alegría, yo no tengo eso. Gabriela Mistral, la divina Gabriela, era el dolor, el llanto, su obra es escrita con sangre, y ya sabemos que la sangre es espíritu, tampoco hay de eso en mi poesía. La rebeldía de Alfonsina Storni no la encuentro en lo mío. Delmira Agustini prefirió un lenguaje que se mueve en el claroscuro donde se entrelazan cuerpo y alma, eso es muy distante de mí. En Secreta isla yo me veo tal como soy, mi poesía es diferente, quizá porque hay un tono nostálgico siempre en ella. El amor en mi poesía es de tonos medios, no es un amor que grita, no es un amor que exige, es un amor que se está siempre yendo, eso podía ser lo que hace que mi poesía sea siempre diferente.
—GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ DIJO QUE ESTE ERA UN POEMARIO MARAVILLOSO, Y QUE POR PRIMERA VEZ CRÍTICOS, PERIODISTAS Y ESCRITORES SE PONDRÍAN DE ACUERDO.
—Es la generosidad habitual de Gabito, de cuya amistad me precio y recuerdo con mucho cariño. Luego me dediqué a mi labor en la Biblioteca Departamental, pero nunca dejé de escribir, ya para 1970 publiqué una Antología con el título de Huésped sin sombra, con prólogo de Javier Arango Ferrer. Después de un largo interregno publiqué diez años después Reencuentro, y Laúd memorioso en 1994. No hace mucho me invitaron a participar en el programa "Un tinto con los escritores", una amena conversación con el público que realiza, en alianza con el Instituto Distrital de Cultura, Carmen Alvarado en una admirable labor de difusión cultural en Confamiliar. Me preguntaron si alguno de mis libros había sido publicado por una entidad oficial, les respondí que no, por cierto que es bastante alto su costo en nuestro país. Y así es, no he tenido nunca la colaboración de alguna entidad oficial. Entonces me di cuenta de que Roy Pérez, el Secretario Distrital de Cultura, estaba a mi lado, y dije: "Ahora no vayan a pensar que estoy haciendo la solicitud para que el Distrito me colabore en la publicación de mi próximo libro", él se reía pero no es asunto para reírse, fíjate, no es mucho lo que se ha publicado allí y en el Fondo de Publicaciones de la Gobernación del Atlántico está el libro de poemas de D'Annunzio, traducción de Hans Federico Newman, durmiendo un sueño de justos desde hace un año
—NO HAY APOYO PARA LOS ESCRITORES, ASÍ ESTAN FRUSTRADAS MUCHAS PROPUESTAS DE APOYO A LA CULTURA.
—Bueno, en las entidades oficiales las prioridades son, al parecer, otras. Por eso se acude a otras instancias, me dijo Campo Elías Romero que están gestionando la publicación del libro sobre comentarios de arte de Eduardo Márceles en la Universidad del Norte y que él creía que este libro de prosas, que ya tengo listo, lo podrían publicar allí también. No sé, vamos a ver...
—¿CUÁL DE TUS POEMAS PREFIERES?
—Si me permitieran escoger para una antología de poesía en la que se incluyeran algunos de mis poemas, yo escogería "Raíz Antigua" y "Nueva Presencia". En algunas antologías, entre ellas la de Andrés Holguín, y no sé por qué, han preferido "Palabras al mar," y de este solamente toman una parte pues está compuesto por "Memoria" y "Presencia" y, generalmente, toman la primera.
"Pillín", que así se llama su perrito, ha estado dando vueltas a nuestro alrededor, está inquieto por las amenazas de lluvia, el cielo se ha tornado sombrío y se oyen a lo lejos los primeros truenos, finalmente sube a su silla y con movimientos lentos se adueña de su regazo; ella, tierna, lo acoge. "Es un gran amigo", dice mientras le proporciona algunas caricias. Recuerdo que Ramón Bacca tuvo, alguna vez, una pareja de mascotas felinas a las cuales bautizó "Lucho" y "Gatica", doble homenaje al bolerista chileno, y pienso en "Pepe", un hermoso gato blanco de larga cola del que me hablara Jorge Artel. "Fue el regalo de más significación humana que tuve en mi vida", me había dicho. Inevitable asociar esta actitud de nobleza en ellos y otros escritores en esta ciudad.
—¿CONOCISTE AL POETA JORGE ARTEL?
—Lo conocí en la Sociedad de Mejoras Públicas, por allá en 1950, antes de su largo viaje por Centroamérica. Estaba feliz porque el gran poeta cubano Nicolás Guillén le había enviado un libro de versos y con una alegría casi infantil me dijo: "Mira el libro que me ha mandado Guillén". No recuerdo haber compartido con él algún recital, a ver, sí, tal vez en un encuentro de escritores en Sincelejo, por allá en el 82. Asistí a varios recitales suyos, en la Universidad del Atlántico oí al poeta por última vez.
—ES CONOCIDA LA INFLUENCIA QUE EJERCIÓ CON SU LABOR EN EL SUPLEMENTO CARIBE CARLOS J. MARÍA, ¿FUERON AMIGOS?
—Hablamos pocas veces. Lamentablemente yo no tuve acceso a la amistad de Carlos, lo conocí pero muy superficialmente. Una noche vino aquí, me hizo una pequeña entrevista para el suplemento literario. Nos vimos en un encuentro de escritores en Santa Marta pero, la verdad sea dicha, yo lo leía con ese placer que causa leer las cosas cuando están bien pensadas y bien escritas. Pero, vuelvo y te digo, no tuve la fortuna de estar cerca de la amistad de Carlos J. María.
—¿Y DE RAMÓN BACCA?
—Ramón ha sido un amigo también esporádico, le tengo cariño y me gusta como escribe, me divierte su sentido del humor no muy común entre nosotros los colombianos.
—DE BOB PRIETO, ¿QUÉ RECUERDOS TIENES?
—De él, sí, muchos. Era un erudito apabullante, gran amigo y además pianista aficionado muy bueno. En 1958, cuando entré a la biblioteca como directora, la Asamblea Departamental funcionaba en la segunda planta de la biblioteca porque su salón de actos, en el antiguo edificio de la Gobernación, lo habían subdividido en oficinas durante el período dictatorial de Rojas Pinilla y, cuando retornamos a la democracia, no tenían donde sesionar e instalaron, qué absurdo, la Asamblea Departamental con sus barras y sus gritos en una biblioteca, bueno, eso me tocó a mÍ. En alguna ocasión llegó un funcionario enviado por algún diputado, bajando el rostro me dijo:"Señorita, el diputado X le manda decir que suba pues quiere hablar con Usted". Roberto Prieto, que estaba en mi oficina, rojo de la rabia, dijo: "Dígale al diputado tal que baje él si quiere hablar con la directora de la Biblioteca Departamental". Ese era él, muy caballeroso, como también un crítico muy agudo. En ese segundo piso acondicionamos una sala de música, la dirigía la señora De Andreis, suegra de Néstor Madrid Malo, naturalmente lo que había en la discoteca de la sala era toda música clásica pero, en las horas no habilitadas para el público, subíamos allá con Roberto, Esthercita Forero y Mery Loogan; poníamos algunos discos, entre otros recuerdo "Bombo y Maracas" y "Whisky con Soda" de Esthercita, y Roberto, que era muy buen bailarín, cogía a cualquiera de nosotras y daba algunos pasos de baile. Uno de esos años, por allá en el 62, Sonia Osorio ideó para sus cuerpos de baile el caso de una muchacha posesa y recuerdo muy bien le pidió a Esther Forero que le escribiera una canción, ella le llevó dos, "La Embrujá" y "La Mojana.
—¿TUVIERON USTEDES OCASIÓN DE ASISTIR AL ACTO?
—Estoy en duda, ni siquiera recuerdo dónde fue la presentación, Sonia trabajaba en los carnavales de Barranquilla para el Country Club, por eso no sé si fue allá, en el Apolo o en el Hotel del Prado, no podría jurarlo sobre la Biblia. El Gran Ballet de Colombia comenzó, como todas las cosas grandes de este país en Barranquilla. Sonia estaba entonces casada con Alejandro Obregón y en otra de sus funciones en el teatro Apolo, la escenografía y el vestuario fueron diseñados por él, fueron unos trajes hermosísimos los que diseñó Alejandro. Más tarde ella se trasladó a Bogotá y el ballet creció y es hoy esa extraordinaria muestra de arte que ha llevado el nombre de Colombia a todas las partes del mundo como sabemos.
—¿ERAN ACTOS PREPARATORIOS DEL CARNAVAL?
—Era sencillamente una función del Ballet de Sonia, más tarde organiza las comparsas y las presentaciones del carnaval, ahora sí del Country Club.
—¿HAS ESCRITO ALGUN POEMA SOBRE CARNAVAL?
—No, no tengo ningún poema sobre el carnaval. Me divertí sí y mucho en el carnaval cuando era muchacha, me vestí de monocuco muchas veces, con mi voz chiquita de tiple, gocé muchísimo y bailé todo el carnaval. Mi madre me decía "Mijita, ¿ustedes no se cansan?", empezábamos el sábado y terminábamos el martes, con otras amigas, disfrazadas con esos trajes de satín en colores, con guantes, con zapaticos de cotizas, máscaras y todo, entrábamos en las casas vecinas y decíamos (con voz chillona): "Buenas tardes. A que no me conoces, no me conoces" y nos ofrecían algo de tomar o comer para que nos quitáramos la máscara. ¡Qué rico recordar! Ahora mira uno hacia atrás y ve eso tan lejos. El tiempo corre y llegas a entender que no es nada.
—EN ESE LARGO CAMINO DE TU VIDA, MUCHOS SON LOS AMIGOS QUE SE HAN IDO.
—¡Cómo pesa la ausencia de los amigos que se van! Obregón, Bob Prieto, Artel, mira, te sigo la lista: Guillermo Ardila, Álvaro Cepeda, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, tú recuerdas que en Cien Años de Soledad, extraña coincidencia, el protagonista (que es Gabo) se encuentra solo porque los amigos se fueron, y el primero fue Álvaro, después Germán y luego Alfonso, en ese mismo orden, premonitorio. Es impresionante.
—TAN IMPRESIONANTE COMO PENSAR EN EL EXTRAÑO SINO DE LA MUERTE.
—Lo malo es que no se puede dejar de pensar en ella porque está presente todos los días, y te digo una cosa: le tengo una gran antipatía, no me gusta para nada, porque se presenta sin que uno la llame, sin que uno la espere, sin que uno la quiera. Es abusiva la muerte.
—¿TIENES IDEA DE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE? ¿HAS PENSADO EN ALGO QUE EXISTE?
—No sé qué decirte. Mi hermana Alicia, que es muy sensible, ha tenido algunas experiencias. Ella está absolutamente segura de que sí, que hay vida después de la muerte, yo no sé qué pensar, pero creo que tenemos que agarrarnos de esa esperanza porque sería terrible saber que solo somos ese poquito de escombro que queda de uno finalmente tras la cremación, es terrible pensar que eso somos, hay que esperar que haya algo más. La muerte siempre me ha espantado porque significa que no vuelves a ver a la persona que se va. Esa ausencia y ese no sentirlos ya en la cotidianidad de la vida es lo que me impresiona. No me acostumbro y no tengo esa virtud maravillosa que se llama resignación cristiana, me rebelo contra ella. Claro, me acerco a Dios y le pido consuelo, pero me sigue doliendo demasiado. El dolor de la ausencia tiene en mi su habitante, no sé por qué le encanta poseerme, no se me va, yo no lo pido, yo no lo llamo, no quiero que esté en mí, pero se ha empeñado en serme demasiado fiel. La muerte de mi padre significó para mí un desgarrado grito interior, pero mi hermano asumió su imagen y las funciones de mi padre, luego la muerte de mi madre fue un sufrimiento largo mientras lo asumía, no me había repuesto cuando me llegó otra vez, uno nunca se repone de las pérdidas de los seres que ama, tras la muerte de mi hermano aún no puedo hablar de él. Lo único que le pido a Dios es que dé salud a mi familia, eso es lo realmente importante. ¿Sabes cómo me gustaría morir? Como Amira de la Rosa, en el sueño, porque amo mucho la vida y le temo a la muerte. Cómo será de amable la vida que, con todos los dolores que te da, nadie la quiere perder.

Nota: Para ver la segunda parte de esta entrevista que realiza el investigador Álvaro Suescún T. a la poetisa barranquillera Meira Delmar, hacer clic aquí.
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© Álvaro Suescún T.
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Ensayo
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 9
Abril-Mayo-Junio de 2002
PROGRAMA DE HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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