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Dafne y la patria:
Cernuda en dos mitos


Jesús Jiménez Reinaldo


                    Se conmemora en este año de 2002 el primer centenario del nacimiento de Luis Cernuda, poeta sevillano al que los críticos literarios -y muchos lectores que son fieles a sus versos desnudos y cotidianos- consideran uno de los más grandes poetas en lengua castellana del siglo XX. Fue un poeta profundamente ético, que se descubrió a sí mismo en el acto de la escritura, en un proceso doloroso de conocimiento y soledad que tiene raíces románticas y que enlaza con los poetas metafísicos: huyó de los excesos rítmicos, del lenguaje retórico de la poesía al uso, para mostrar la esencia de un hombre amargo y taciturno, a menudo huraño, siempre desolado. Uno de sus mayores méritos es la falta de artificios, la verdad de sus poemas, emocionantes, punzantes, en los que vemos vivir a un hombre con sus aspiraciones, contradicciones y fracasos.

                    Gran parte de su leyenda -que ni perjudica ni favorece a la grandeza de su obra, recogida bajo el título "La Realidad y el Deseo"- viene inspirada por las circunstancias históricas de su vida y su muerte: exiliado en 1937, residió en Gran Bretaña, Estados Unidos y México, en donde moriría en 1963, cuando visitaba a sus amigos españoles Concha Méndez y Manuel Altolaguirre. Este último, también poeta del grupo del 27, señalaba que la Guerra Civil Española fue para Cernuda como una iluminación, el asomarse desde el territorio del sueño -del deseo- a la terrible realidad que ahogaría su impulso vital y lo convertiría en un extranjero en la tierra, como se puede leer en estos versos de "Lázaro":

                                                  "Todos le rodearon en la mesa.
                                                  Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,
                                                  El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;
                                                  La palabra hermandad sonaba falsa,
                                                  Y de la imagen del amor quedaban
                                                  Sólo recuerdos vagos bajo el viento.
                                                  Él conocía que todo estaba muerto
                                                  En mí, que yo era un muerto
                                                  Andando entre los muertos."  ("Las nubes" 1937-40)

                    Y desde esa distancia mental y física, Cernuda observa con rigor a la madre patria, a la que no pertenece y no quiere volver, aunque eche de menos los cielos meridionales y el azul de su infancia en Sevilla. Esa nostalgia y ese dolor se encarnan en poemas como "Ser de Sansueña", perteneciente a "Vivir sin estar viviendo" (1944-9), poema que merece continua relectura y del que copio unos versos:

                                                  "Las cosas tienen precio. Lo es del poderío
                                                  La corrupción, del amor la no correspondencia;
                                                   Y ser de aquella tierra lo pagas con no serlo
                                                   De ninguna: deambular, vacuo y nulo,
                                                   Por el mundo que a Sansueña y sus hijos desconoce."

                    El presentimiento de que la realidad acaba siempre sojuzgando al deseo, ya estaba presente en algunos de sus primeros libros de poemas -"Un río, un amor"(1929), "Los placeres prohibidos" (1931)-. Como poeta elegíaco, Cernuda es consciente de la fugacidad de la existencia, de su irrealidad, y de la imposibilidad de materializar los sueños; por eso uno de sus mitos favoritos, como señaló Juan Gil-Albert, era el de "Dafne y Apolo", porque en el mismo momento en que el dios estaba a punto de alcanzar a la ninfa, ésta se transformaba en laurel, impidiendo la felicidad. Esta concepción de la existencia como fuerza ciega que se sacia a sí misma, como una voluntad o un deseo inalcanzable, es una fatalidad humana que también señalara el filósofo Schopenhauer:

                                                  "No decía palabras,
                                                  acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
                                                  porque ignoraba que el deseo es una pregunta
                                                  cuya respuesta no existe,
                                                  una hoja cuya rama no existe,
                                                  un mundo cuyo cielo no existe." (1931)

                    Entre ese mundo de irrealidades inasibles, sombras inalcanzables, presentimientos..., y el del hastío, la soledad, la desesperación y el olvido que trae la "realidad", está la ligereza de la poesía de Cernuda, ligereza que contiene una honda reflexión sobre la existencia, sobre el amor, sobre la muerte y el olvido, como en los versos finales de la declaración amorosa titulada "Te quiero":

                                                  "Pero así no me basta:
                                                  Más allá de la vida,
                                                  Quiero decírtelo con la muerte;

                                                  Más allá del amor,
                                                  Quiero decírtelo con el olvido." (1931)

                    Además de los actos (exposiciones, congresos, reediciones...) que se organicen en este centenario del nacimiento de Luis Cernuda que ahora comienza, lo fundamental en el caso de un clásico como éste es la lectura o relectura de su obra, "La Realidad y el Deseo", porque es un legado humano y cultural de primera magnitud en estos tiempos de banalización televisiva. Como decía Cernuda en un verso de 1963, "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros".
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©  Jesús Jiménez Reinaldo  

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 9
Abril-Mayo-Junio de 2002

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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