Nena, te vas al sur

Rocío Uchofen
(Escritora peruana)


Nena, te vas al sur.
En mi memoria quedan tu cabecita blanca
y la atmósfera irreal de las noches de sábado.
Hoy cierro los ojos y vislumbro:
un vaso a medio llenar de Havana Club,
libros por doquier, papeles,
los cigarrillos en los muebles,
y la ufana sensanción de que éramos inmortales;
puedo reconocer la fragancia a orquídeas del ambiente,
el silencio sepulcral:
estás leyendo a Juan Gonzalo Rose,
y entre nuestras cabelleras se mezclan
los humos de Wiston Light y Marlboro.
Hoy te puedo ver declamando en la tarima,
y tu voz se amolda al compás de la victoria.
Te puedo ver oteando el horizonte plomo,
y recordando con indiferencia,
tu infancia virreinal.
Nena, te vas más al sur;
tu corazón se desangra al cerrar los baúles,
las paredes sin Modigliani, sin Kokoschka,
sin Van Gogh, sin mariposas.
Las voces de los amigos se han perdido en las distancias.
Y tus ojos azules se despiden de Lima,
en una mañana toda neblinas y garúas.
Unos cuantos poemas en la maleta,
las promesas, las fotos,
las lágrimas de los que dijeron adiós.
Y a lo lejos el color de los patios aquellos,
de esas casas tranquilas.



Lágrimas

No me mueve el golpe de metralla,
ni la antigüedad de mil voces
enredadas bajo la piel.
No me mueve el olor, ni el ambiente;
ni la intrínseca sensación de miedo
que pasa de madre a hijos,
y se pierde, en el sonido sanguíneo
que bombea llamaradas de furor.
No me mueven las murallas
a pesar de su enlace tierra-piel,
cuerpo-ladrillo, unidad de brazos;
ni el sudor frío patente en las rendijas.
No me mueve la voz, aquel sonido agudo
que vibra en los oídos, y abraza
mil y un significados.
No me llama aquello y sin embargo
son
las lágrimas de un niño,
bajo el rostro destrozado
las que han dado movimiento,
las que han roto los silencios del ambiente,
y han abierto siete sellos
que ligaban la falange con los labios,
en la fría castración de los recuerdos.
Unas lágrimas que gimen hacia el alma,
como viejos signos de pregunta,
como volutas de humo interno,
como cicatrices,
como azotes,
como llamaradas,
como deudas malditas
que ha de cobrar el tiempo.



Vienes a mí

       "Apareces
        la vida es cierta
        el olor de la lluvia te hace nacer
         y golpear a mi puerta"-

         César Moro (Vienes en la noche...)



Llegan
esos destellos de soledad que transitan
siempre,
de tus ojos a los míos,
al reconocernos.
arrugas un poco los párpados
para mostrarme una nueva expresión.
Yo
no puedo verme la cara
y no sé si lo que presento
es,
tal vez la misma inseguridad de todas nuestras vidas,
o la novedad de una mueca estilizada por la emoción.
Estamos nuevamente juntos,
después de tantas muertes,
y por enésima vez es nuestro primer encuentro.
Afuera llueve,
la fuerza del viento alborota los cabellos,
y la frialdad del ambiente
envuelve los cuerpos.
Pero hay que seguir con la historia,
hay que despedirse, cordialmente, una vez más,
y,
para salir del círculo,
abrir la puerta.
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©  Rocío Uchofen

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 12
Enero-Febrero-Marzo de 2003

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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