Poesía caribeña colombiana escrita por mujeres
Eva Durán
(Selección, Parte II)
Ver la Parte III haciendo clic aquí.
11. JANET NÚÑEZ
kalusa@terra.es
(Barranquilla, 1962)
A pesar de lo breve
o extenso
del trayecto
del amor casi siempre
se regresa
malherido y exhausto
Allí se llega
con la armadura puesta
el relincho del caballo
y el corte del hacha
sobre el tronco
del árbol hueco
o sobre la yugular
del contrincante de turno
y me temo
que corremos
tan rápidamente
como es posible
a ver los campos
desolados
en la humanidad del otro
y a contradecir
todo aquello
que construimos
con palabras
hábilmente escogidas
para vender
lo que casi nunca somos
(y que luego olvidamos
de una forma
tan miserable)
que nadie
se atrevería a comprarnos
Todo eso pasa
por no saber
que andar desnudos
impide
guardarse cosas
en los bolsillos.
**
Hoy te vi, Mr. Hearthrow,
y aunque todo caiga en el olvido,
la vida no será la misma
I. Hoy te vi, Mr. Hearthrow
Ignoro qué conoces de mí
para alterarme
para dejar sin orden los signos de mi cuerpo
y veo en las paredes tus manos
arañando este impás de vacío
en el que todo tú, tu ser o lo que queda
-quebrada marioneta en un desván de siglos-
alimenta los hilos de mi mortaja antigua.
II. Y aunque todo caiga en el olvido
Detesto, Mr. Hearthrow, tu libertad
de lasa incertidumbre
tu paso de soldado arrasándolo todo
repudio tu casa sideral y tu desierto
pero tengo que hablarte ahora
sin una voz que pueda
pronunciar nuevas palabras
conozco las de siempre

las inútiles
abandono mi corazón vulnerado
en manos de los otros
lo abandono al placer de otros
para que coman de él
y a ti te pido cerca del oído
que no me devuelvas imposibles
porque sé quién eres
George Hearthrow
-sin importar que puedas verme
flaquear con los días-
no des marcha atrás hacia mi encorvadura
tengo doblado el pecho desde que eras un niño
y nadie podía amarte
pero yo te amaba
yo te amé
desde el primer día de tu vida
y eso es aún más inútil
Entonces como sabes
hay entre los dos
una noche perenne
una instancia de roca que nos convierte en hijos
de la misma oruga.
III. La vida no será la misma
No des paso en el regreso
no está del todo mal alejarse
del centro de las dunas
con tus ojos de agua
con tu boca que no será jamás de risa
con tu cuerpo cercano a la eterna pesadilla
de hombre vencido sobre el lodo
cara abajo en esta tempestad
venida de repente
a arrebatarnos todo
a nosotros que nada tenemos
más que una sonrisa que se irá
perdiendo con los años
y un intenso dolor
tú y yo un solo dolor
un único dolor
y una estela de sangre
que nos arruga el rostro.
12. NORA CARBONEL
(Barranquilla, 1953)
Hablando de estaciones
En la estación pendular de las indecisiones
recuerdo al sabio de una película asiática:
"Entre dos caminos, escoge el más intrincado",
pero yo escojo el más fácil;
como el árbol, enigmático y quieto,
que mira como vuelan sus hojas
y permite que cualquiera
dibuje corazones en su piel,
confieso que me gusta lo difícil:
Los amores inútiles,
Los viajes sin brújula,
La estación de los asombros,
La rebelión del alma,
Las distancias infranqueables;
Esa mirada tuya, torturada
Por la incertidumbre.
Pero escojo lo más fácil,
Esta calma sembrada de preguntas,
Esta oscura contemplación
Este derrumbe repleto
de construcciones pequeñas y cotidianas.
Quizá porque la estación de los cobardes
es la mas difícil de sobrevivir.
Frente a la madre muerta
A Clemencia Tarifa.
Estás dormida, madre,
Y las hormigas exploran tu silencio,
Buscando el misterio que trenzó tus días
Y los míos
—Telaraña alrededor de la nostalgia
De aquel tiempo feliz
Que no despiertes madre,
Para que sigas mirando
Detrás del sueño,
Y cuando regreses,
Ven a contarme
Qué hay de nuevo
Para mis versos delirantes.
Yo estaré aquí sentada,
Esperándote
Con la mirada ausente
Hasta que vuelvas.
13. MONIQUE FACUSEH
(Santa Marta, 1964)
Salvaggio
Parece que de Abril ya poco queda
Sola entre muros
El frío en la piel
Una tonada que golpea
Abres el verso
Tengo tanto en un puño
Tantos rostros
Tanto pasado
Tanto tú
Cuida del mes que más te duela
Abril se ausenta
Y ni siquiera tú
quedarás en la memoria
Enérgico
Estamos
en la medida en que sentimos
El corazón deshecho
es equipaje inútil
Ajeno es el tiempo
Al fin y al cabo
lo que nos es dado
tampoco es nuestro
14. PATRICIA IRIARTE
(Sincé, 1962)
El país del asombro
A Oriana.
La veo dormir, y no me asiste la prisa del futuro. Guardaría su
sueño el tiempo necesario para mirar cómo crecen sus cabellos
o distinguir cada latido que asome por sus sienes.
La veo dormir y me pregunto si merezco cosechar tanta ternura.
La veo dormir y sólo le prometo un viaje por el país del asombro.
Verá el vuelo de la mantarraya sobre un cielo sumergido
y la danza ingrávida de la medusa frente a un edificio de corales.
Verá que hay praderas surcadas por criaturas invisibles.
Verá un jardín donde crecen los colores.
Sabrá que no existe en la tierra otro paraje
con más trinos para despertarse ni más ríos para mirar atardeceres
ni más árboles para colgar hamacas ni montañas más bellas
para aprender de geografía ni mejores contadores de cuentos
que los hombres que habitan en sus selvas.
La veo dormir, y le ruego defender sus sueños de los míos.
**
Yo que siempre había entendido de esperanzas
y predicaba aquello de defender lo nuestro y lo querido.
Yo que pensaba que el hombre fue siempre más pequeño que el amor
y que la más ardua tarea por emprender era el olvido,
yo me encontré una mañana
con la aridez desconocida de tus labios,
en la más inhóspita de tus regiones,
a merced de tu ira.
Y fueron tan feroces tus palabras
que salí ese día como una mujer distinta
sin lágrimas
sin sonrisa.
Mirando el amor desde una cumbre,
pensando que los dioses aprendieron de los hombres
la venganza.
Desde entonces
transité la soledad
sin apoyarme en la tristeza.
Era simple. Ya no estabas.
15. MARGARITA GALINDO
(Barranquilla)
Haetera
1.
Señor, mi corazón,
de cuenca de barro suave,
tinaja de la lluvia,
sitio del agua
abierto a la esperanza,
se despertó cantando
ansioso de tu luz.
En mi cuerpo solar
las dinastías
depusieron sus armas,
sus escudos
y todas sus coronas
para trocarse en flores,
en insectos brillantes
en los ojos dorados
del felino,
en depuradas sierpes
de esmeralda.
En mí empezó
esta selva recibida
que me camina
en plantas de pantera
me vuela en aguila
y anida con palomas.
Porque tus ojos
me soltaron fieras
y con ellas aromas
y resinas,
para que yo pudiera
tener sembrada,
como rosa viva,
tu presencia en el alma.
2.
Voy flotando encendida
en un aire sutil
que se transforma
al paso de tu vuelo,
que me acoge
del alba hasta el ocaso,
y me lleva
a naciones convertidas
en blancas aleaciones
de silencio.
Es vasta tu presencia,
me alucina,
me toma el pensamiento
y se abre como el fuego
en todas partes.
Calcíname Señor,
vuélveme al polvo.
Sopla mi cuerpo al viento,
asómame a tus ojos
dulcemente,
a esa hondura infinita
del comienzo,
donde hay selvas profundas,
huracanes,
tersas ninfas de aceite,
nardos aéreos.
Calcíname en tu amor,
que mi ceniza
sea parte de la tierra
de tu huerto.
16. TANIA MAZA
(Cartagena, 1975)
La irrupción de la nada
La mujer de la danza
Saca sus alas al aire
Saca el aire retenido de los
Siglos
La mujer de la danza
Cae y se levanta rápido
Ella sabe que el cosmos
Está en sus piernas.
La mujer de la danza:
Blanca, delgada
Atrapa con las ondulaciones de su cuerpo
A este ser que no merece verla.
Los iniiciados
Qué dulzura hay en el rito de iniciación de los amantes
Toman las raíces de los cuerpos
Y los abrazan a la tierra con la certeza
De producir árboles milenarios
Sus cuerpos se abren al mundo
Como alicates que desangran uñas
Es entonces cuando la contingencia
El fluir aleatorio del tiempo
Los visitan,
Las raíces no se alejan de la tierra
Pero sí intuyen telúricamente
La cesación de las savias:
El quejido lejano de los sonidos amorosos
El cambio repentino de una a otra dimensión
Los cuerpos espasmódicos
Trazan figuras etéreas
Sitios seguros para su cumplimiento
Esferas tendientes a patrocinar:
las iniciaciones en las que se hallan inmersos
Pero los iniciados no soportan los regímenes impartidos
Las condiciones que les imponen detenerse
En el péndulo infinito del placer.
17. CATALINA RUIZ
lapoeta7@hotmail.com
(Barranquilla, 1982)
La huerta
Tengo que estar
Con las córneas moradas
Como las ciruelas que espichas.
Tengo que estar
En misiones kamikaze
En las rutas de las piedras
Escalando arbolitos
Atrapando truchas.
Matándome.
Para que vengas.
Mis tenis azules
Te buscan en las calles
Y eres un hampón:
Le tiras piedrecitas
A mi vida perfecta
A la foto sonriente
La viras.
Mis ojos te encuadran
Alargado
Angosto cada vez más
Y tú te escurres como agua
Para exprimir
Mi pupila de naranja.
Insuficiencia
Busco en las pantallas
En los libros
Y regreso a tu imagen saturada
Mínima
Gigante como un valle
Regreso a mi imagen
Con las córneas regadas
Con el redondel gris
Y te miro en silencio esperando
Que me hables
Que me alcances
Que me juegues
En fin
Que tengas
Las tres dimensiones
Que no tienes.
18.LUZ MARÍA CABRALES
(Barranquilla, 1957)
Estambul
Las hojas de la tarde
me saludan
sentada a la orilla
de Asia
inmortal
nueva y oscura
con la Sombra de la muerte
dulce
de los sueños enredados
en la brisa de los
tiempos
que me atraparon
para ti
Estambul,
Nunca fría
siempre amable
olorosa a los
cuerpos
que huyen
de la piel
de sus almas tristes.
Agosto de 1998.
Cascada
Un arco de agua
dibuja
el regreso
de Alá
El tiempo se retuerce
como en los sueños
de un emir
dormitando
en el jardín
Nadie habita ya
entre los salones
de su palacio
de hierba.
Granada, agosto de 1999.
19. MARJORIE ELJACH
(Barranquilla, 1970)
Línea siete
Había un tren
y una mujer
y un hombre con un perro y con un libro
¿ viaja el perro en el tren?
preguntó ella dulcemente
sí, dijo él
y también lee a Blaise Cendrars.
Sin prisa
Cuando se seque la hortaliza
vendrá la muerte plana y simple.
Sola ella entre el ruido de la calle
atrapará a algún desprevenido transeúnte
que va de prisa a su oficina
porque se le hizo tarde incluso,
para tomar su cereal de la mañana,
que fortalece sus vías digestivas
y mantiene su corazón
bombeando fuerte.
Él, cuyo cuerpo es motivo de envidia
entre sus compañeros del club de tenis,
será arroyado por un Maseratti blanco,
conducido por una mujer rubia
que iba de prisa a ver al peluquero.
En los segundos que tarde su agonía,
él pensará en que no comió su cereal,
en su desprecio fingido hacia las barras de chocolate,
en la botella de Jack Daniels que tenía guardada
"para una ocasión especial",
en la mujer que no llamó por teléfono
esperando que ella llamara primero,
en su obsesión por las cosas ordenadas
y en la pérdida de tiempo que decidió,
era tomar una cerveza con un amigo equis.
Entonces él querrá todo eso,
pero la hortaliza ya se habrá secado
el reloj se habrá detenido
y la mujer del Maseratti
habrá telefoneado a su abogado.
20. LEDA BEATRIZ MENDOZA
(Barranquilla, 1952)
la muerte
es insondable espejo
al final del camino
que siempre nos coloca
frente a la vida
Se desnudó este amor
De encuentros furtivos
Donde los besos descifraban sus signos
Sirgando en los ojos la vesánica alma
Atrapada en los rápidos de los pies
Del tiempo, de la memoria y de los recuerdos.
Se desnudó este Amor
De sudores mestizos de angustias y soledades
De tumbos y retumbos en las cálidas arenas
De la mirada de las palmas
Y del silencio milenario de los peces.
Se desnudó este amor de soles y lunas llenas de caricias;
De gaviotas plañideras escarbando
Las frágiles escolleras;
De encuentros tejidos por el azar
Y desenmarañados por la razón,
Los recuerdos y la misma oclusión del silencio.
Se desnudó este Amor
De algas, de lechugas de mar, de arrecifes coralinos,
De grises musgos y de dulces tomeguines.
Se desnudó este Amor
De toronjil, albahaca, mirra y canela.
Y sólo quedamos
los
dos
extrañamente desnudos
y este
p
o
e
m
a