LA MÚSICA CUBANA EN BARRANQUILLA
RAFAEL BASSI LABARRERA
CONCIERTO CARIBE UNINORTE FM ESTEREO
GÉNESIS DE UNA SIMPATÍA MUSICAL
Aun antes de que existiera Barranquilla, ya retumbaban los tambores africanos en la oscura noche de colonización del caribe continental. Tiempo en que los negros congos repiqueteaban tambó y soñaban con sus lejanas tierras africanas de donde fueron arrancados y transplantados a la conquistada América.Tiempo en que los negros congos repiqueteaban tambó subyugados por el colonizador europeo que prácticamente extinguió al aborigen de la gran cuenca caribeTiempo en que los negros congos repiqueteaban tambó y daban inició a un complejo proceso de transculturación causado por la confrontación de sus diversas formas culturales con la abigarrada cultura europeaTiempo en que los negros congos repiqueteaban tambó y participaban en la gestación del hombre Caribe.
Habida cuenta de la importancia que tenían para el Imperio Español los puertos de Cartagena y La Habana hay que pensar que desde esas lejanas calendas coloniales se iniciara el proceso de intercambio musical entre el Caribe continental y las Antillas.
La presencia de Cuba en Colombia es prominente desde el punto de vista económico y cultural desde el siglo XIX, hay que recordar que el primer periódico del país fue dirigido por un nativo de la isla Manuel del Socorro Rodríguez quien fundó "El papel periódico de Santa Fe". El ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros, fue determinante en distintas empresas que contribuyeron a cimentar el progreso especialmente en lo que concierne al transporte marítimo y fluvial y "uno de los individuos que dejó una de las huellas más profundas en la historia empresarial de nuestro país en el siglo XIX" (1).
Si bien la labor del ingeniero Cisneros fue crucial en Antioquia, su residencia en Barranquilla y su participación en hitos de su progreso lo hacen muy nuestro (2), el nombre de Cisneros está asociado a iniciativas como la adquisición de la empresa del tren en 1889, el tranvía que despliega sobre las arenosas calles en 1890 y el famoso Muelle de Puerto Colombia que entrega 15 de junio de 1893, e incorpora a Barranquilla al mundo por la vía marítima.
Se suele decir que muchos de los operarios que participaron en la construcción del muelle eran cubanos que trajeron sus valores culturales y aires musicales a un entorno receptivo con los habitantes de la Gran Antilla como el caribe colombiano, uno de los factores que incidieron en la vinculación de los cubanos a Barranquilla, siempre abierta y hospitalaria, fue sin duda las guerras de independencia de la isla que obligaron al exilio a muchos de sus intelectuales como Manuel María Merchán, secretario de Cisneros, y a los empresarios Ricardo Arjona, quien fundó la primera fábrica de hielo de Barranquilla, Luis G. Pochet, el médico cirujano Francisco Argilagos y otros. En el censo de Barranquilla de 1875 residían en la ciudad 36 cubanos. La música que encuentran los cubanos en Barranquilla hacia 1870 era predominantemente europea en tanto la banda de la ciudad era dirigida por el Maestro Antonio Mazzoranna de origen italiano, no obstante, diversos eventos reseñados en el periódico "El Promotor", señalan que esta banda también interpretaba aires nacionales, que podrían ser canciones originarias del interior del país y adaptaciones de valses a nuestro romancero criollo.
Desde la tercera década del siglo pasado la música cubana se estableció en Barranquilla, gracias a la avanzada radiodifusión cubana que permitía que se escucharan en decenas de radio locales los programas que emitían las emisoras cubanas CMQ, Radio Progreso y la Cadena Azul. Recordemos que Cuba fue pionera de la radiodifusión latinoamericana, al punto que allí se inauguró la cuarta emisora del mundo el 10 de octubre de 1922, apenas dos años después de la creación de la primera emisora de radio del mundo. Como en esos tiempos las bandas radiales no estaban congestionadas, las radio-emisoras cubanas se sintonizaban directamente, permitiendo al barranquillero estar actualizado con las últimas grabaciones de Miguel Matamoros, el Sexteto Habanero, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, los danzones y demás aires de la Isla de Martí, y disfrutar a través de las ondas hertzianas del espectáculo de las revistas musicales que se presentaban diariamente en los radio-teatros habaneros donde actuaban las más destacadas agrupaciones musicales de la época.
A pesar de esa gran influencia radial cubana, la música autóctona del caribe colombiano, gracias a su vitalidad, logró ocupar un espacio en la radiodifusión barranquillera, que nació el 8 de diciembre de 1929 cuando salió al aire la primera emisora radial colombiana: La Voz de Barranquilla fundada por Elías Pellet Buitrago, ya para esos días los importadores de discos Ezequil Rosado y Emigdio Velasco traían discos de guarachas y sones cubanos. En 1934, el costarricense Miguel Angel Blanco Solís, cónsul del país centroamericano en nuestra ciudad, se vinculó económica y administrativamente al proyecto radial de Manuel F. Rugeles y Manuel Guillermo Jimeno que originó a la Emisora Atlántico. En esta emisora se transmitieron los primeros "Diarios Hablados", se contrató la orquesta del Maestro Luis Felipe Sosa que más tarde se convirtió en la Emisora Atlántico Jazz Band, allí también se presentaban Grupos de Cámara dirigidos por el músico italiano Pedro Biava.
En el año de 1939, el empresario venezolano residenciado en Barranquilla, representante para Colombia de la RCA Victor, Emigdio Velasco, fundió la primitiva emisora de Pellet Buitrago, " La Voz de Barranquilla", primera estación radial del país, con la "Voz de la Victor" para conformar las famosas "Emisoras Unidas" cuyos estudios originalmente estuvieron situados en el segundo piso de la Foto Velasco. En 1942 el industrial y compositor Rafael Roncallo Villar adquirió las Emisoras Unidas..
Entre las agrupaciones colombianas pioneras en la interpretación de ritmos cubanos se encuentran la orquesta de Pacho Lorduy, Angel Camacho y Cano y la Armonía de Córdoba de Eulalio Meléndez. Vale la pena destacar que el compositor y pianista de San Estanislao (Arenal, Bolivar) Angel María Camacho y Cano viajó en 1929 a Nueva York enviado por el empresario Ezequiel Rosado, teniendo la oportunidad de grabar con la orquesta de Rafael Hernández para el sello Brunswick. También hay que señalar que el 28 de octubre de 1934 Antonio Fuentes inició en Cartagena la industria fonográfica colombiana. Discos Tropical fue la primera casa disquera de Barranquilla
La radio fue un vehículo de afirmación cultural de la costa caribe colombiana, era el medio más expedito para familiarizarse con los artistas que también se conocían a través de revistas como "Carteles y Bohemia". Con ese marco tecnológico y humano privilegiado, se puede acoger la afirmación contundente del legendario periodista Marco T. Barros Ariza, según la cual "Toda la música en Colombia , ingresó por Barranquilla".
La ciudad se acostumbró desde siempre a los espectáculos internacionales quizá por orden superior de los sellos disqueros internacionales y así Barranquilla era destino obligado en las giras promocionales de los artistas de moda.
VISITAS DE GRUPOS CUBANOS CÉLEBRES
En aquellos remotos años treinta la promoción musical se hacía en vivo y en directo, por eso encontramos que a nuestra ciudad llegaron en marzo de 1934 para presentarse en el Teatro Colombia los afamados integrantes del Trío Matamoros. Recuerda el Maestro Marco T. Barros Ariza que Don Miguel Matamoros pidió silencio al público, para que se pudieran escuchar las guitarras, ya que la amplificación de las presentaciones era muy rudimentaria . En el Diario La Prensa del jueves 15 de marzo de 1934 se anunciaba el debut del Trío Matamoros: el famoso grupo cubano estuvo en nuestra ciudad dos semanas y llevó a cabo unas doce presentaciones, siendo su última actuación , el lunes 26 de marzo en La Voz de Barranquilla. Desde entonces, cuentan los abuelos, los Matamoros formaron parte la vida del barranquillero de los 30, que hicieron suyos " El Son de la Loma", "El que Siembra su maíz", "La mujer de Antonio" y otros temas con los cuales nombrarían a los bailes de carnaval de esa época.
Indica el profesor Fabio Betancur Alvarez que precedieron el paso del Trío Matamoros por Cartagena y Barranquilla las Orquestas cubanas Los Piratas del Hotel Nacional de La Habana y el grupo femenino Orquesta Ensueño. También se habla de la presencia del Sexteto Boloña a finales de los años veinte.
También señala Betancur Alvarez que en 1937 se presentó en Barranquilla la orquesta femenina cubana Anacaona, cuya vocalista principal Graciela Pérez era hermana de Machito y cuñada de Mario Bauzá pioneros del "afrocuban jazz".
Barranquilla era puerto obligado de las giras de los artistas antillanos a Suramérica. Aquí recalaron importantes agrupaciones puertorriqueñas, como en 1938, cuando Johnny Rodríguez (Juan de la Capadocia Rodríguez) acompañado de Fermín Vásquez, a quien llamaban "La Trompeta que canta", visitaron la ciudad.
Indudablemente el hito de la música cubana de la década del treinta en nuestro medio fue la presencia de la Orquesta Casino de la Playa, del 19 al 26 de agosto de 1939, brindando espectáculos diarios en la ciudad. Debutó en el Teatro Rex, bello escenario que exhibía su arquitectura estilo "Art decó," y continuó sus presentaciones en Las Quintas, Sanroke, Caldas y el Club Barranquilla. Su presentación fue ampliamente promocionada con avisos diarios en el periódico La Prensa por EMISORAS UNIDAS con un mes de anticipación. Recuerda Markoté cómo los músicos de la Casino de la Playa arrollaron tocando conga desde la sede del Club Barranquilla hasta el Teatro Rex, una ocasión memorable para los barranquilleros de entonces Y la ciudad estaba familiarizada a través de la radio y el acetato con personajes como Miguelito Valdés, la gran figura de la canción popular cubana de los treinta y los cuarenta. Babalú ayé de Margarita Lecuona, Bruca Manigua de Arsenio Rodríguez, El Manicero de Moisés Simons, eran la certificación de la esencia caribe que nos hermanaba con los cubanos.
Para los barranquilleros eran familiares los nombres del director Guillermo Portela, del pianista Anselmo Sacasas, (ya Anselmo Sacasas había estado en la ciudad en 1937 como pianista de un conjunto dirigido por Froilán Maya, traído por la cadena Cresto), Evelio González , Liduvino Pereira y otros ídolos como el cantante Orlando Guerra "Cascarita".
Vale la pena señalar que la orquesta Casino de la Playa alternó en el Club Barranquilla con la Orquesta Blanco y Negro, especialmente conformada para la ocasión con los mejores músicos de Barranquilla: los trompetistas Antonio María Peñaloza y Pacho Galán, el trombonista Guido Perla, lo saxos Julio Lastra y Mariano Hernández y como cantantes el Negrito Jack y Fernando Charris.
Hacia 1940 visita la ciudad el célebre compositor boricua Rafael Hernández, y su conjunto "Victoria", que trajo como vocalistas a la famosísima Mirtha Silva llamada entonces el Ciclón del Caribe y al joven Felix A. Rodríguez, conocido posteriormente por su seudónimo de Bobby Capó. Estas figuras actuaron en las Emisoras Unidas.
Hay que insistir que entonces la radio era fundamental en la vida del barranquillero. Las emisoras tenían sus propias orquestas de planta, siendo la más importante la agrupación Emisora Atlántico Jazz Band, dirigida por el maestro Guido Perla en la que descollaban músicos como Pacho Galán y Antonio María Peñaloza.
En los cuarenta esta ciudad festiva y hospitalaria acoge al trovador cubano Guillermo Portabales, conocido como "El Rey de la guajira de salón", al Trío Oriental , al Cuarteto Marcano, a la Orquesta Rumba Habana y a Los Jóvenes del Cayo entre tantas otras agrupaciones cubanas
LOS FABULOSOS AÑOS CINCUENTA
Así como las actuaciones en los años treinta del Trío Matamoros y la Orquesta Casino de la Playa dejaron huellas imborrables en nuestra ciudad, la primera visita de la archifamosa Sonora Matancera --el jueves 10 de febrero de 1955 con presentaciones en el Estadio Suri Salcedo y en el bellísimo restaurante-bar Chop Suey-- marcó un hito en la historia musical barranquillera. En ese primer encuentro del conjunto de Rogelio Martínez con el público barranquillero vinieron como cantantes la eterna guarachera Celia Cruz, el negrito Alberto Beltrán, el cañonero Laito Sureda y Rodolfo Hoyos. En esa misma fecha se ofreció en el Jardín Águila un baile en honor a la Reina del Carnaval con seis orquestas. Es preciso puntualizar que los Carnavales se celebraron del Sábado 19 al martes 22 de febrero. Este año comenzó bastante movido con las fiestas de Reyes Magos trayendo como regalo a la vedette Sarita Montiel acompañada por la Orquesta de Lito Barrientos en presentaciones de gala en El Patio Andaluz del Hotel del Prado y populares en las salas de cine de la ciudad.
Muchos de los lectores de estas líneas crecimos arrullados por las voces de la Sonora Matancera que brotaban de los mágicos traganíqueles de las tiendas de los barrios populares, así mientras jugábamos en las calles tremendos partidos de chequita y bola e'trapo, íbamos educando nuestro oído con las sonoridades antillanas.
La quinta década del siglo XX marcada por los sonidos antillanos y el cine mexicano convirtieron a personajes como Dámaso Pérez Prado, Beny Moré y a las voluptuosas rumberas cubanas en ídolos populares. La fecunda interacción de artistas de la cuenca del caribe con el cine mexicano es notable, el ambiente cabaretero fue el escenario inventado por el melodrama mexicano de principios de los cincuenta y el mambo, la guaracha y el bolero fueron su acompañamiento ideal. En la película El Angel Caído (1948) Daniel Santos, canta y baila con la protagonista principal la guaracha En el Tíbiri Tábara, igualmente en otras películas de la época aparece la Sonora Matancera.
El 1o de junio de 1953 El Inquieto Anacobero debutó en Barranquilla, siguiendo luego a Santa Marta y Cartagena. Después prosiguió su gira por el interior del país, donde fue sorprendido por el golpe militar del General Gustavo Rojas Pinilla. Como bien dijo el periodista de farándula Alvaro Ruiz Hernández, "quien tuviera por aquellos días de 20 a 30 años, tenía también en Daniel Santos a su ídolo". El cantante boricua gozaba de amplia popularidad desde los años cuarenta cuando logró resonantes éxitos con el Cuarteto de Don Pedro Flores y alcanzó la inmortalidad con la Sonora Matancera.
La simpatía por la Sonora Matancera aumentó cuando llegaron a nuestra ciudad las primeras grabaciones del cantante barranquillero Nelson Pinedo con los muchachos de Rogelio Martínez. El Pollo barranquillero, como se le bautizó, grabó alrededor de cincuenta temas como cantante invitado de la Sonora Matancera, siendo su primer tema El Ermitaño grabado en octubre de 1953. En 1954 ganó el premio como el artista extranjero más popular en La Habana.
El éxito de Nelson Pinedo con la Sonora Matancera ayudó a la difusión de la música colombiana entre los artistas cubanos que acudieron a grabar temas de compositores nuestros como Lucho Bermúdez, quien en el año de 1952 estuvo en la isla en compañía de Matilde Díaz, como invitado de Ernesto Lecuona para participar en un festival de música junto a compositores de Brasil, México y otros países latinoamericanos. Fue tan memorable la visita de Lucho Bermúdez a La Habana que tuvo oportunidad de actuar en el famoso cabaret Tropicana y dirigir las orquestas de Bebo Valdés y Ernesto Lecuona. Vale la pena resaltar que figura como la tercera de las grabaciones de la Sonora Matancera en record de venta en toda su historia, el legendario merecumbé de Pacho Galán: Ay Cosita Linda.
Otro personaje cubano de grata recordación para la vieja guardia barranquillera es el famoso Bigote que canta,. Bienvenido Granda, quien visitó por primera vez a Barranquilla en 1954, presentándose en varios clubes y llevándose de regreso el simbólico Te olvidé, que internacionalizó con la orquesta de Rene Touzet. A su regreso en 1955 grabó un larga duración con el respaldo de la Sonora Tropical de Juancho Esquivel.
La indiscutible gran figura femenina cubana de todos los tiempos, la guarachera Celia Cruz, con su voz ha cautivado a varias generaciones de barranquilleros. Como ya lo señalamos anteriormente su primera visita a Barranquilla fue el 10 de febrero de 1955, luego ha venido en múltiples ocasiones con la Sonora Matancera, con Miguelito Valdés y Matilde Díaz, como reina de la Salsa con la Fania All Stars, con Tito Puente, con Pacheco y siempre ha salido triunfante.
Es pertinente aclarar que la presencia musical cubana en la Barranquilla de los años cincuenta no se reduce solamente a la Sonora Matancera, por la radio y los traganiqueles de las tiendas y café-bares de esa época se escuchaban el mambo de Dámaso Pérez Prado, el chachachá de las orquestas América, Aragón y Fajardo, así como infinidad de conjuntos soneros y sobre todo reinaba su majestad el bolero
LLEGÓ EL COMANDANTE Y...EL TÍO SAM NOS QUITÓ LA MÚSICA CUBANA
La primera década de la Revolución Cubana está signada en lo musical por la salida de importantes figuras y orquestas como la Sonora Matancera, José Fajardo y sus Estrellas, Olga Guillot, Celia Cruz, pero también regresan a la Isla importantes músicos que estaban residenciados en el exterior. Además se quedan ídolos como Beny Moré, la orquesta Aragón.....
Tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos sobreviene el despiadado bloqueo americano a la isla y la viabilidad comercial de la música cubana se debilita. Muchos cubanos emigran a Miami y Nueva York, ciudades que albergan múltiples culturas y nacionalidades, así como nuevas generaciones de latinos que ofrecen su propia versión de las influencias musicales de sus ancestros. Los cubanos en el desarraigo se refugian en la nostalgia recreando o reciclando viejos temas bajo el supuesto ideológico de "el Son se fue de Cuba". En la isla mientras tanto la vocación musical se canaliza en la academia una vez cambian las relaciones laborales y así los músicos se ven liberados de la lucha diaria para subsistir.
Ciertamente los primeros diez años de revolución cortaron abruptamente la producción discográfica cubana al centrarse las energías del pueblo en una actitud eminentemente política. El país se preparaba y vivía en función de defender lo conquistado de las amenazas del imperialismo yanqui, al igual que se dedicaban grandes esfuerzos a la educación.
Los adolescentes y jóvenes de la década de los sesenta, aquellos locos sesentas, época de rebeldía y sueños, nos movíamos entre los mensajes hippies y las consignas socialistas que acrecentaban nuestro sentimiento antiimperialista y tercermundista cultivado con el ideario de la revolución cubana y las declaraciones políticas de La Habana. Nuestro espíritu burlón no se identificaba con la nostalgia antillana y por el contrario se nutría con el nuevo sonido proveniente de esa caldera humana nuevayorquina conocida como El Barrio y que fue asimilado rápidamente en el club social de la esquina urbana caribeña. Esta melaza musical que luego será llamada salsa, tuvo su antecedente más cercano en el famoso Cortijo y su Combo, grupo que nos había deslumbrado con su aparición en la famosa película italiana Calypso. Era el sonido que los jóvenes de esa época necesitábamos para alimentar musicalmente esa conciencia rebelde y contestataria, despojada de añoranzas musicales.
Poco por no decir nada, se sabía sobre la música popular cubana de esas décadas de los sesenta y setenta, al punto que no teníamos respuesta a la máxima del exilio mayamero de que El Son se fue de Cuba. En cualquier reunión de reclutamiento y adoctrinamiento socialista, el compañero guía nos hablaba de una nueva música al servicio de las masas que cantaba, guitarra en mano, a las hazañas revolucionarias. De la evolución de esta canción comprometida surgió el Movimiento de la Nueva Trova Cubana que entre 1969 y 1973, tuvo como su mejor exponente al Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano de Artes y Ciencia bajo la orientación de Leo Brouwer. Allí maduraron artísticamente Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Sara González, Noel Nicola... y florecieron los temas musicales para el revolucionario cine cubano. Este movimiento musical estaba en la onda de la Canción Protesta Latinoamericana que se caracterizaba por sus mensajes sociales, llenos de ideología y política con adalides como el chileno Victor Jara, los argentinos Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa, la Peña de los Parra, el uruguayo Daniel Viglieti, etc.
Esporádicamente algún "camarada" recién llegado de La Habana traía a Barranquilla unos long plays del sello cubano Egrem que nada decían a la rumba frenética que se vivía al vaivén del sonido que llegaba de los Yores. Esta sonoridad antillana made in Nueva York no era música de fiestas familiares de fin de año o de grados, ni mucho menos de clubes sociales, era música de verbenas populares y salía de potentes picós engalanados con exuberantes dibujos y simpáticos nombres. Esa música se gozaba en las tiendas de Rebolo, Barrio Abajo, Las Nieves y La 21. En ellas se escuchaban la pachanga brava de Joe Cuba, el jala jala de Ricardo Ray, el boogaloo de Pete Rodríguez, el son montuno de Eddie Palmieri y se viajaba en el poderoso avión de Joe Bataan rumbo a la fiesta de Héctor Rivera. Para saborear esos deliciosos frutos sonoros en forma se aterrizaba en la nocturna Ceiba con sus famosos bares, versión criolla de los cabarets de la Gran Manzana. Recordemos El Palo de Oro, La Charanga, El Carnaval, El Tetero y la mágica Gardenia Azul con sus encantadores jardines.
En 1978 un grupo de profesores universitarios barranquilleros tuvimos la oportunidad de viajar a La Habana y en aquella excursión conocimos un poco de lo que sucedía con la música bailable cubana. Pudimos constatar que el son se seguía tocando en los salones populares así como saber que la crisis de los mísiles se vivió a golpe de tambor en medio de la creatividad popular que de la misma manera que satirizaba a Kennedy, le dedicaba hirientes estrofas a Nikita. Este periodo está marcado por un afán purista de "blanquear" ideológicamente la música popular en busca de una música más revolucionaria. Misión imposible en un pueblo ciento por ciento bailador.
Encontramos que los jóvenes nunca habían escuchado a Celia Cruz, ni conocían a la Sonora Matancera, pero bailamos el contundente argumento musical que demostraba que El Son no se fue de Cuba.. Desde la llegada al aeropuerto pudimos palpar la vigencia de la música tradicional con un trío interpretando la tradicional Guantanamera y ancestrales sones, pasando por la conga de recibimiento en el Centro Turístico de Bacuranao, el maravilloso trío de jazz integrado por el pianista Chucho Valdés, el bajista Carlos del Puerto y el percusionista Oscar Valdés que acompañaban nuestra hora del almuerzo y las mágicas noches musicales con la innovadora Ritmo Oriental y otras agrupaciones hasta la deslumbrante despedida con Pello el Afrokan y su apabullante Mozambique. Aunque no conocimos la noche habanera de Tres Tristes Tigres sí nos dejamos descrestar por la lluvia de estrellas del afamado Cabaret Tropicana. Paradójicamente, fue un elenco de Estrellas del Tropicana el primer contacto real de los barranquilleros con la Cuba Fidelista. En junio de 1980 se presentaron en el Aparta-Hotel El Golf treinta artistas cubanos bajo la dirección del Maestro Caturla. Precisamente con Tata Güines, Luisito Mora y otros integrantes de ese elenco compartimos una tarde inolvidable en la casa de la Familia Hurtado, que se prolongó con un recorrido por la ciudad y alcanzó su punto de ebullición en una tienda-cantina del Barrio Santuario.
De Cuba regresamos con un cargamento musical que incluía a Los Van Van, Grupo Irakere, Los Latinos, Orquesta Aragón y lógicamente la canción revolucionaria de la Nueva Trova Cubana. Pasaron algunos años y finalmente una orquesta cubana de las que iban a Bogotá a los Congresos del Partido Comunista Colombiano, arribó a Barranquilla en el mes de agosto de 1980. Los salseros se preparaban para la histórica presentación de la Fania All Stars que iniciaba una gira de tres conciertos en el país, con su presentación en el Estadio Romelio Martinez de Barranquilla, el 6 de agosto. El astuto empresario Capi Visbal contrató para que actuara como telonera de la Fania All Stars a la Orquesta Rumbavana que dirigía Joseíto González, pero no contaba con la intransigencia política de Doña Celia Cruz, quien aplicando su poder de veto, desató una crisis e impidió la presentación de los isleños ante una audiencia masiva y de paso los condenó a presentaciones en pequeños clubes locales. Sin embargo la presencia de la orquesta Rumbavana ha quedado consignada históricamente en el picó Rumbavana de los hermanos Gómez de la Hoz de Sabanagrande, quienes lo compraron hace doce años a los hermanos Ordóñez del Barrio Las Nieves. Una situación similar volvió a ocurrir en el año 1994, cuando Celia Cruz se negó rotundamente a presentarse en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla, aduciendo que ella no tocaba en la misma programación que los comunistas miembros de la Orquesta Los Van Van de Juan Formell. De nada valieron los ruegos de los directivos de la empresa Carnaval de Barranquilla S.A. Cosas de Celia que en Europa se ha presentado acompañada por la Orquesta de Isaac Delgado.
Entramos en los ochenta desconociendo cómo evolucionaba la música bailable cubana, ya que continuaba el aislamiento sonoro, salvo para acuciosos gozones que se pillaron que éxitos salseros como Guarare de Ray Barreto y La Candela de la Típica 73 eran composiciones del bajista cubano Juan Formell que ya habían gozado de mucha popularidad en Cuba con la orquesta Los Van Van. Esporádicamente se colaban algunos temas de grupos cubanos que habían participado en el Festival de Música del Caribe como Son 14 y Manguaré. En agosto de 1988 recaló en nuestra ciudad el Grupo Manguaré y a pesar de tener en su repertorio conocidos temas de Arsenio Rodríguez como Hachero pa'un Palo, Tumba y Bongó, una magnifica versión de la composición De qué callada manera de Pablo Milanes, sus presentaciones fueron en pequeños recintos y para un público universitario.
En el segundo lustro de la década de los ochenta, los seguidores de la música afrocaribe tenían en el norte de la ciudad un triángulo del sabor: El Rincón del Babalao, El Rico Vacilón y Son Eros Son donde se podía escuchar un poco de la nueva música cubana.
LA PARRANDA SE CANTA
En el mes de enero de 1990, mientras asistía al II Taller Internacional de la Enseñanza de la Química en La Habana, tuve oportunidad de escuchar por la radio habanera a Albita Rodríguez, una joven cantante que interpretaba música guajira y tenía cautivada a la juventud cubana.
El clima era tenso, se vivían días de incertidumbre, los temas de conversación con los profesores cubanos eran la Perestroika, la invasión norteamericana a Panamá y las canciones de Albita. La música campesina tradicional experimentaba un resurgir, una revitalización con la aparición de Albita Rodríguez, quien en poco tiempo se convertiría en la gran embajadora de la música cubana en Colombia. En el mes de mayo llegó a Bogotá al Festival de Salsa y Jazz, convirtiéndose de inmediato en una sensación, al colocar en el pináculo del hit parede nacional por primera vez un tema musical de la Cuba Socialista. Los versos de la composición Parranda, laúd y son se cantaban incesantemente al punto que la canción pasó a llamarse La Parranda se canta y fue el gran éxito de navidades y fin de año.
A Barranquilla arribó la extraordinaria sonera con su grupo en el mes de octubre para dos presentaciones en el Teatro Amira de la Rosa, los días 11 y 12, pero fue tal la acogida del público que volvió a presentarse el sábado 13. Con el repertorio presentado por Albita Rodríguez el sello discográfico FONOCARIBE sacó dos long plays: La Parranda se canta y Si se da la siembra, y aprovechó para firmar un contrato de trabajo en Colombia con permiso del gobierno cubano. La cantante regresó en noviembre de 1991 al Teatro Amira de la Rosa y también estuvo en el súper concierto de lanzamiento de los refrescos Bavaria compartiendo escenario con Rubén Blades & Seis del Solar, Oscar D'León y otras estrellas caribeñas en el Estadio Metropolitano. En 1992 Albita Rodríguez presentó el álbum Cantaré en donde aparece un sabroso Mosaico de Cumbias, aunque la efervescencia de La Parranda se canta ya había disminuido.
CARNAVALEANDO CON LOS CUBANOS
El Carnaval de Barranquilla siempre ha sido el espacio musical soñado por músicos nacionales y extranjeros para presentar sus propuestas musicales. Luego del rotundo éxito de la música tradicional cubana con Albita Rodríguez iniciando los noventa, nada más indicado que presentar en los carnavales de 1991 a la reina indiscutible de la canción campesina cubana: Celina González en compañía de su hijo Reutilio Jr. y el conjunto Campo Alegre que estuvieron compartiendo escenario con Los Diablos del Caribe --elenco de la telenovela nacional Música, Maestro--, Los Inéditos, Grupo Bananas, el vallenato de Jorge Oñate y Alvaro López en el Salón Curramba la Bella. Su actuación en el Festival de Orquestas pasó prácticamente desapercibida, pero los veteranos gozaron tomándose fotos con Celina y bailando con los temas Yo soy el punto cubano, Que viva Changó y demás éxitos inmortales de grata recordación para los fanáticos de la música cubana de vieja guardia.
Iniciando el año de 1992, estrenando Gobernador elegido por votación popular, tuvimos la oportunidad de ver, oír y bailar con la Orquesta Aragón en la noche del viernes 3 de enero en el Salón Jumbo del Country Club. Procedente de Cartagena llegaron sin dormir los músicos de la legendaria charanga cubana, porque hasta las cinco de la mañana habían estado tocando en una fiesta privada que ofreció el Presidente César Gaviria en la Casa de Huéspedes Ilustres. Los amantes de la música cubana cantaron y gozaron con los violines, flauta y cantantes de la Aragón que ofreció un soberbio espectáculo en compañía de los boleristas Fernando Álvarez, Mundito González, Emilia Morales y la Señora Sentimiento Elena Burke.
Como era de esperarse los Aragones regresaron para los carnavales y tuvieron un largo mes de pre-carnaval, llenando de chachachá las fiestas reinadas por Brigitte Abuchaibe. La compenetración de Rafalito Lay y sus compañeros con el público barranquillero fue total, al punto que la Orquesta Aragón recreó viejos éxitos que no tenían en el repertorio y montó vallenatos de Rafael Escalona. Su actuación en el Festival de Orquestas fue muy aplaudida y conquistaron el segundo lugar en la categoría de salsa, donde el ganador fue Oscar D'León. En los siguientes años la Orquesta Aragón visitó varias veces la ciudad y en septiembre de 1995 participó en un interesante encuentro charanguero con la Orquesta Broadway en el Salón El Tanganazo.
Antes de continuar con el recuento de músicos cubanos que han actuado en la ciudad, vale la pena destacar que gracias a los encuentros de coleccionistas de música afrocaribe que se iniciaron en 1991, la música cubana volvió a escucharse en los estaderos de salsa. Los picoteros y coleccionistas comenzaron a desempolvar viejas joyas cubanas de sus discotecas y a redescubrir temas cubanos grabados por el sello Areito de la Egrem en los años setenta y ochenta que nunca se escucharon masivamente en nuestra medio.
Así, poco a poco la música cubana fue recuperando su lugar en el buen gusto barranquillero, lo que indujo a algunos empresarios a presentar en la ciudad artistas cubanos que estaban de gira nacional, como fue el caso del cantante y trompetista Bobby Carcaces, la bolerista Beatriz Márquez y la revista musical A lo cubano integrada por veinticuatro artistas que se presentaron durantes los meses de abril y mayo de 1993 en el bello Restaurante-Bar La Plaza. La base musical del espectáculo A lo Cubano, era la Charanga Típica de Pancho El Bravo, complementada por el bolerista Lino Borges, la guarachera Magalis Linares, el fabuloso dúo de las Hermanas Capellas y cuatro esculturales bailarinas acompañando a la pareja de baile Los Santos.
A partir de 1994 la Empresa Carnaval de Barranquilla S. A. presentó varias agrupaciones cubanas en las fiestas y durante un par de años trató de fomentar la presentación de espectáculos musicales por fuera de la temporada carnavalesca. A mediados de la última década del siglo XX, en medio de la avalancha merenguera y limpiando las sabanas de la pornosalsa, aparecieron en nuestros carnavales, las más destacadas orquestas cubanas contemporáneas, iniciando el desfile Los Van Van de Juan Formell, segundo puesto en el Festival de Orquestas de 1994, detrás del Gran Combo de Puerto Rico.
El 5 de agosto de 1994 Carnaval de Barranquilla S. A. presentó en el Teatro Amira de la Rosa al legendario Sexteto Habanero. Ese año Los cubanos siguieron llegando al puerto barranquillero en busca de un espacio para descargar sus propuestas musicales, y Carnaval de Barranquilla S. A. siguió ofreciéndoles oportunidades como el espectáculo de Boleros y Sones Cubanos con la participación del pianista Manolito Simonet y su Trabuco, y el célebre cantante Laito Sureda con el Conjunto Caney, el viernes 16 de septiembre de ese año.
En el mes de octubre arribó a la ciudad el Grupo Irakere, insignia de la música cubana contemporánea. El tremendo piquete de Chucho Valdés realizó dos presentaciones: el viernes 21 en el Rincón Latino y el sábado 22 de octubre en el Club Campestre. La calidad de la gran escuela musical de Chucho Valdés dejó impactados a los barranquilleros, la prensa no escatimó elogios, Irakere: ¡fuera de serie! tituló El Heraldo
En 1995 Chucho Valdés con su grupo Irakere conquistó el Congo de Oro, igualmente el añejo sonido de la Sonora Matancera fue recreado por el Conjunto Caney con Caridad Cuervo y los muchachos de Benitico Yánez se hicieron visitantes habituales a los carnavales en los siguientes años. Otro ilustre visitante musical cubano en ese movido año de 1995 fue Adalberto Álvarez, quien llegó proveniente de la ciudad de Santa Marta, donde se encontraba con su orquesta en un intercambio cultural universitario. Fueron Memorables las presentaciones de Adalberto y su Son en el restaurante-bar Salsa, Bolero y Son.
Luego del arrollador éxito del Conjunto Caney, entramos en un período nostálgico, convirtiéndose el Teatro Amira de la Rosa en una especie de viejoteca con la presentación de figuras como Rolando Laserie y Celio González en junio de 1996, el reencuentro de Nelson Pinedo y Laito Sureda en julio de 1997. También se mantuvieron haciendo temporada en restaurante-bares de la ciudad, grupos como Mayohuacan, Cole-Cole de Andy Gola, Cohiba, Julio Cesar Fonseca y Puchungo.
Igualmente nos visitaron en los precarnavales de 1998, Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria. En esos Carnavales de 1998 la sabrosa Original de Manzanillo con una formidable versión de La Múcura se apropió del Congo de Oro que festejó, al mejor estilo barranquillero, en un baile familiar de barrio con la gente del grupo carnavalero Disfrázate como Quieras. Unos años atrás Wilfrido Pachi Navarro con su Original de Manzanillo había impuesto en la radio local el tema ¿Quién ha visto por ahí mi sombrero de Yarey?
El 15 de septiembre de 1998 la Universidad del Norte celebró con un soberbio concierto de gala a cargo de la orquesta femenina Camerata Romeu, dos grandes acontecimientos: los quince años de su emisora y los diez años del Festival de la Cultura. La presentación del grupo de cuerdas cubanas mereció los mejores elogios de los exigentes melómanos barranquilleros que fueron cautivados por la magia musical de la agrupación que dirige Zenaida Castro Romeu, con un variado repertorio que incluyó obras de Mozart, Bach, Lecuona, Piazzola y hasta un guaguancó. No podemos olvidar que ese año en el mes de octubre y en el marco del Festival de Boleros que organiza Erasmo Padilla, estuvo Cesar Portillo de la Luz, insigne compositor y figura destacada del movimiento filín que revolucionó el género bolerístico en los años cincuenta.
Cumpliendo setenta años apareció el son SUAVECITO de Ignacio Piñeiro en los Carnavales de Barranquilla 1999, tocado por el legendario Septeto Nacional de Cuba y comprobando en todos los lugares en que se presentaron que el son es lo más sublime para el alma divertir.
En el pre-carnaval del 2000 apareció en las tarimas callejeras y bailes de barrio un grupo que por su simpatía y sabor popular causo una grata sorpresa, Mildred y su Son Habanero, lástima que no estuviera en el Festival de Orquestas, pero en cambio estuvo la gran orquesta de Adalberto Álvarez con el tresero Pancho Amat. Hay que anotar que Mildred resulto ser de Galapa y el Son Habanero un grupo de paisas amantes de la música cubana.
Finalizando el año 2000, la Fundación Nueva Música, organizadores del Barranquijazz, se lanzaron a la aventura de organizar un Festival de Son con la participación de la Orquesta América, Cotó y su grupo Eco del Caribe, las Nuevas Estrellas Areito de Cuba y el Septeto Tabalá de San Basilio de Palenque. Título aparte se merece la presencia cubana en el exitoso festival internacional Barranquijazz que se celebra en la ciudad desde 1997.
BARRANQUIJAZZ
Desde 1997 en septiembre llega el jazz a Barranquilla cuando se hizo realidad un sueño: tener en nuestra ciudad un festival internacional de jazz. Dado que los empresarios del espectáculo no se atrevieron, un grupo de melómanos se embarcó en esta aventura que desde sus inicios ha contado con el respaldo de entidades como el Ministerio de Cultura, el Fondo Mixto de Promoción de las Artes y la Cultura y la Universidad del Atlántico, entre otras. Todavía están frescas en la memoria de los barranquilleros las emociones musicales vividas en los tres conciertos de la primera versión del BarranquiJazz, cuando los amantes del jazz en el Caribe colombiano pudimos disfrutar con las inolvidables actuaciones del clarinetista y saxofonista cubano Paquito D'Rivera, quien nos ofreció "un mágico viaje por la música Latinoamericana en las alas doradas del jazz"; el encuentro jazzístico de tres connotados ex-integrantes de la orquesta del percusionista cubano Mongo Santamaría : el pianista pastuso Edy Martínez, el saxofonista sincelejano Justo Almario y el trompetista puertorriqueño Luis Perico Ortiz, que subió la temperatura al festival dándole ese aire alegre y el sabor propio de la música popular caribeña. Finaliza esa primera versión del festival con un sublime concierto del virtuoso pianista cubano Gonzalo Rubalcaba que brindó brillantes interpretaciones de clásicos del jazz universal.
El miércoles 9 de septiembre comenzó el Barranquijazz 98 entregándonos la oportunidad de apreciar el talento del pianista barranquillero Simón Char con su cuarteto integrado por músicos egresados de la famosa academia musical de Berklee. Ese mismo día tuvimos la oportunidad de reencontrarnos con la música del fenomenal pianista cubano Chucho Valdés con el acompañamiento del fantástico trío de jóvenes músicos conformado por el contrabajista Alain Pérez, el baterista Raúl Piñeda y el consagrado percusionista Roberto Vizcaíno Guillot. Como complemento a este cuarteto de músicos cubanos estuvieron como invitados el trompetista cubano Julio Padrón, el trombonista boricua William Cepeda, miembro de la legendaria familia del Rey de la Bomba y la Plena Don Rafael Cepeda y el talentoso saxofonista barranquillero Jay Rodríguez, quien reside en Nueva York. La nomina de esa segunda versión de Barranquijazz estuvo complementada por el pianista dominicano Michel Camilo, la cantante norteamericana Sheila Jordan, el trabuco local del vibrafonista Jorge Emilio Fadul y el afamado Conjunto Libre de Many Oquendo
La versión Barranquijazz 99 fue bautizada como la última gran descarga de fin de siglo y contó con la presencia del legendario pianista cubano Ruben González, acompañado de un grupo de Estrellas participantes en el histórico trabajo Buena Vista Social Club, ganador del Premio Grammy en 1998; como invitados especiales se presentaron el veterano cantante Ibrahim Ferrer y los extraordinarios percusionistas Tata Güines y Changuito Quintana, quienes además actuaron con el pianista boricua Papo Lucca, leyenda salsera que aportó su ritmo y sabor ponceño a la gran fiesta del jazz en clave caribe. El festival arrancó la noche del miércoles 1 de septiembre con el nóvel pianista cubano Roberto Fonseca, quien es uno de los mejores exponentes de la pianística cubana contemporánea. Fonseca con su grupo Temperamento se convirtió en la más agradable sorpresa del BarranquiJazz 99 con su innovadora propuesta de jazz fusión. Barranquijazz 99 finalizó con un cartel de lujo: el trío de Gonzalo Rubalcaba y el trombón man Juan Pablo Torres y su banda. Gonzalo Rubalcaba brindó un concierto fuera de serie, interpretando temas de su álbum Inner Voyage, plenos de sentimiento y de una profunda espiritualidad, y Juan Pablo Torres con una tremenda banda que contaba con el pianista colombiano Héctor Martignon y como invitados especiales a los maestros de la percusión afrocubana Changuito y Tata Güines.
Barranquijazz 2000 fue bautizado como "una cumbre de congueros" con la participación de Giovanni Hidalgo, Richie Flores y los legendarios tamboreros cubanos Francisco Aguabella y Carlos Patato Valdés. Aunque la cuota cubana disminuyó en esta cuarta versión del festival de jazz, no podemos dejar de destacar la presencia del tropetista Julito Padrón y el saxofonista Irvin Acao, quienes compartieron sus conocimientos en talleres musicales con estudiantes y músicos locales. La descarga de cierre del Barranquijazz 2002 estuvo comandada por el trombonista cubano Juan Pablo Torres acompañado por el gran pianista cubano Hilario Durán y el baterista Horacio El Negro Hernández, respaldados por el bajista dominicano John Benítez, el flautista Dave Valentín y Julio Padrón, e Irvin Acao, todos ellos con el amuleto viviente del legendario Patato Valdés.
Con la quinta versión del Barranquijazz Festival en el año 2001 se cierra un lustro de lucha y tesón por mantener un ambiente apto para presentar lo más selecto del movimiento jazzístico internacional y brindar al mismo tiempo una zona de distinción musical a nuestros artistas y melómanos ofreciendo la oportunidad de vivir durante cuatro días en una atmósfera sonora diferente a la contaminada cotidianeidad estética que imponen los medios radiales barranquilleros. El festival regresó a su hogar primigenio, el Teatro Amira de la Rosa, y tuvo una atractiva oferta artística con los tríos de los pianistas norteamericanos Jeff Gardner y Kirk Lightsey, el extraordinario trío cubano de Hilario Durán, Carlos del Puerto Jr. y Horacio El Negro Hernández con el percusionista Roberto Vizcaíno como invitado especial, a la cantante bahiana Rosa Passos con toda la magía de la tierra del gran escritor Jorge Amado, el regreso a Barranquilla del gran pianista cartagenero Joe Madrid con su cuarteto y como cierre de fiesta la descarga total de Orlando Maraca Valle con su grupo Otra Visión, banda conformada por doce maestros de la música cubana con dos invitados especiales procedendentes de Nueva York: el trombonista Jimmy Bosch y el trompetista Jerry González. Además dentro de la programación académica de Barranquijazz 2001, la Fundación Nueva Música lanzó el libro RAICES DEL JAZZ LATINO, un siglo de jazz en Cuba del Maestro Leonardo Acosta.
EPÍLOGO
A través del recorrido musical realizado hemos podido verificar que la música cubana ha ocupado un lugar preponderante en el gusto barranquillero desde los inicios de la radio, ofreciendo paradigmas como el Trío Matamoros que sirvió de inspiración a la bohemia local que tuvo su punto cimero en el famoso Restaurante Chop Suey de los años cincuenta del siglo pasado con las agrupaciones: Trio Isleño, Trio Los Osorio y Trio Serenata. Igualmente podemos señalar a la Sonora Matancera que marcó a los conjuntos locales de los años cincuenta y sesenta, recordemos a la Sonora Tropical dirigida por Juancho Esquivel con la cual grabó Bienvenido Granda, "El Bigote que Canta", la Sonora del Caribe de César Pompeyo con la que Daniel Santos grabó el famoso "5 y 6", también hemos tenido la Sonora Sensación, la Sonora Juvented, la Sonora Camagüeyana y decenas de grupos seguidores del formato y sonido de la agrupación de Don Rogelio Martinez.
Vale la pena anotar que géneros cubanos como la guaracha y el son fueron adoptados y mezclados con ritmos autóctonos originando expresiones rítmicas como la denominda guaracha costeña que encontró en Anibal Velásquez y Los Corraleros de Majagual a sus mejores exponentes. Igual sucedió con la hibridación del bolero cubano y el paseo vallenato que generó el pasebol (paseo bolero o bolero vallenato) cultivado por los acordeoneros y cantantes Alfredo Gutierrez, Anibal Velásquez y Calixto Ochoa. Eso para no remontarnos al siglo XIX y referirnos a la relación del porro paliteao y el danzón o al peregrinaje del son de Santiago de Cuba por la península de la Guajira y los valles del Sinú y el César, pero ese es otro cuento.
Finalmente la presencia musical cubana se sigue sintiendo en la programación radial de vieja guardia, en los encuentros de coleccionistas de música afrocaribe y en el repertorio de los grupos locales que amenizan fiestas y actúan en bares y discotecas de la ciudad.
NOTAS:
(1) RODRÍGUEZ BECERRA, Manuel. Los empresarios extranjeros de Barranquilla: 1820-1900. En: BELL LEMUS, Gustavo. El caribe Colombiano: Selección de textos Históricos, p. 171.
(2) El ingeniero cubano fijó su residencia en esta ciudad, desde la cual se desplazaba de un lugar a otro planeando ferrocarriles y buscando la realización de los cuatro acontecimientos fundamentales en materia de vías : El ferrocarril de Puerto Berrío, el de Girardot, el de Buenaventura y el Muelle de Puerto Colombia
Fuentes: Diario La Prensa 1930-1950, Diario del Caribe 1965-1989, Diario El Heraldo 1930-2001, Revistas Barranquijazz, entrevistas y archivos personales. ________________________________________
© Rafael Bassi Labarrera
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 12 Enero-Febrero-Marzo de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
El URL de este documento es: http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n12mus.html |