Greta Garbo
Daniel Montoly
¿Qué haría ella un viernes en el trópico...?
Ignacio se detuvo de manera brusca al bajar del bus, se quedó observándola a los ojos fijamente. De la misma manera codiciosa que lo hizo tantas veces con Rita Moreno o Greta Garbo, en los baños del cine Olimpia. Dorothy, con la característica desconfianza de los anglosajones, se puso algo nerviosa. Comenzó a caminar, rápidamente, con el objetivo expreso de deshacerse de la molesta figura que hurgaba detrás de sus pupilas azul cielo.
Trató de recordar su nombre... Había pasado tanto tiempo sin verla (eso pensaba él, porque padecía de una extraña enfermedad que no le permitía distinguir entre el pasado y el presente) que sus cabellos perdieron el color plomizo de entonces y su cadera era tan exuberante como para justificar la diabetes de amor que desde tantos años padecía. Ella, sintiéndose acosada, trató de perderse en la angustiosa muchedumbre. Los vendedores callejeros anunciaban aceite La Flecha, para los dolores lumbares, historietas de segunda mano, Agua de Florida, para arreglar la suerte, y escapularios con las siete oraciones de San Lázaro, para los menos afortunados en la cama.
Ignacio, con la sagacidad de un tigre, levantó su olfato tratando de captar el femenino olor a cacao que desprendía la piel femenina. La vio entrar, algo nerviosa, a una tienda por departamentos. Sacó su lengua pegajosa, la pasó, humedeciendo la superficie de sus labios resecos, mientras trataba de acortar la distancia, subiendo por la escalera eléctrica para acceder al departamento de damas. Dorothy se esforzaba por evadir la insistente sombra que le venía persiguiendo desde que abandonó el bus, siete cuadras más atrás. Se acercó a un grupo de jóvenes colegialas, que seleccionaban sostenes de un color rojo chino.
Sus sienes lagrimeaban gotas gélidas de miedo. Un extraño escalofrío fue recorriéndola toda. Le congeló la médula y sus ojos desorbitados observaban en todas direcciones, esperando que en cualquier momento las manos andrajosas de su perseguidor entraran en contacto con su cuerpo. Se escuchó salir un ruido estremecedor de las bocinas situadas al lado norte: el inconfundible sonido metálico de un megáfono anunciando grandes descuentos en los artículos de electrodomésticos. Dorothy, temblorosa, se encerró en un probador de ropas. Sentía una fogata ardiendo en su garganta, convirtiendo su saliva en arena.
Las pisadas de Ignacio sonaban sobre el piso encerado como los cascos del caballo de la muerte. La buscaba con los ojos, con la clásica actitud de un depredador sexual... La aguda brújula de su olfato le guió hasta donde ella estaba escondida. Sonrió, miró a todos lados, empuñó el llavín de la puerta, discretamente.Dorothy, temblando de miedo, lloraba de terror e impotencia. Estaba resignada a ser una victima más de las crueles estadísticas anuales por las violaciones sexuales de cooperantes extranjeras. Se sentó en el piso, en dirección a la puerta, mientras balaceaba su cuerpo hacía delante y hacia atrás. Ignacio, finalmente logró abrir la puerta. Ella lo miró con fijeza. Ten compasión de mí, podía leerse en sus párpados emblanquecidos.
Ignacio, con una sonrisa cínica a flor de labios, recorrió su cuerpo con la vista, y de pronto introdujo la mano derecha en el bolsillo, sacó una pequeña libreta de apuntes, un bolígrafo, varios recortes de periódicos y extendió sus brazos, se los ofreció y con una rara actitud rayando en lo infantil, le pidió un autógrafo.
La chica, desconcertada, se incorporó, tomó el bolígrafo, y con las manos aún temblándoles rayó su nombre sobre la superficie ajada del papel. Ignacio la observó detenidamente mientras interiormente se preguntaba ¿Qué hacía Greta Garbo un viernes tan caluroso en el trópico?
EL AUTOR:
Es miembro de la comunidad poética Cacibajagua ("Madre Tierra", en lengua Taína) de la República Dominicana. Forma parte de la "Liga de Jóvenes Latinos para Los Derechos Humanos", con sede en USA. Colabora, activamente, con varios Foros Literarios en la red cibernética y con instituciones vinculadas con la problemática de la pobreza. Fue Autor Invitado en el Primer Volumen de la colección SENSIBILIDADES, del cual es uno de sus miembros, donde publicó un seleccionado de su poesía, que es un canto a la libertad del ser humano y de la palabra. Nació en Valverde Mao, República Dominicana y aunque guarda y conserva, intrínsecamente, sus raíces culturales, su literatura expresa, en un lenguaje fresco y atrevido, profundo y aleccionador, la problemática del ser humano en el amplio contexto de su entorno universal. Tiene un poemario inédito para su próxima publicación y un libro colectivo sobre narrativa breve. Algunos de sus poemas traducidos al inglés han figurado como finalistas en varios concursos literarios. Su poema "Detrás del Brutal Silencio" dedicado a Lorca obtuvo el segundo lugar en el certamen de La Joven poesía Latinoamericana dentro de Los Estados Unidos. Sus trabajos poéticos han sido publicados por las siguientes revistas electrónicas: Zona de Tolerancia, El Astillero, El Ebro, Poetas del Paraíso, Expresiones, Kultural, entre otras. _________________________________________
© Daniel Montoly
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 12 Enero-Febrero-Marzo de 2003
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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