Dibujo de Pilar Ribas Maura,
ilustradora española, nacida en Mallorca

Nico se da corte

Graciela Repún



          Nico tiene en la mano una tijera chiquita. Brilla de nueva que es, recién comprada.
Nico la eligió por el mango pintado con caballos fluorescentes. Y ahora cierra las cortinas para ver si los caballos brillan en la oscuridad. No sólo brillan, sino que cuando él mueve mucho la tijera, corren para todos lados como una tropilla asustada. Nico abre la cortina y los animalitos se tranquilizan.
          ---¿Qué es ese ruido?
          Mamá encontró las revistas que andaba buscando. Cayeron todas sobre su cabeza al abrir la puerta del armario. Nico sube corriendo para ver qué pasó. En el piso hay una montaña altísima de revistas polvorientas, pero mamá no está.
          La montaña se mueve y aparece una mano sucia, y después la cara de un fantasma gris que con voz terrible grita:
          ---¡Cuando agarre a tu hermano! ¡Entonces va a aprender a guardar las cosas!
          Mamá se va a bañar. Nico usa su súper velocidad para pasar una gamuza y apilar las revistas en segundos. No tiene una fórmula secreta ni una palabra mágica para moverse tan rápido. Sólo un deseo: que su mamá le enseñe a recortar antes de que lleguen el papá o los hermanos mayores y la entretengan -como siempre- con sus conversaciones bobas.
          Una mamá fresquita y goteando sale del baño y se sienta frente a él, con las revistas en una mano y la tijera en la otra.
          ---¡Por fin! -dice Nico.
          Pero mamá dice:
          ---Primero vamos a poner un poco de música.
          ---¡Otro retraso más! -piensa Nico.
          ---¿Qué quieres oír? -pregunta mamá.
          ---¡Rock! -grita Nico. Sabe que con ese ritmo, los dedos y la tijerita van a correr sobre el papel. Mamá pone la música muy fuerte. Las sillas, las patas de la mesa, los pies de Nico y los de mamá bailan solos.
          ---¡Triiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnggggg..!
          ---¡No, no, no!, ¡El timbre no! -exclama Nico. -¡No abras! ¡Puede ser un monstruo del espacio, puede ser un vampiro! ¡Puede ser Frankenstein! ¡Puede ser "ELLA"!
          ¡ELLA! De sólo imaginarla, la voz de Nico tiembla.
          Pero ya es tarde, mamá ha abierto la puerta.
          "ELLA" está allí ¡Nada podría ser peor! ¡"ELLA", la vecina más charlatana del edificio, el terror de los padres, la pesadilla de los hijos! ¡"ELLA", que va a hablar y hablar y hablar! ¡Y las horas van a pasar hasta que llegue el resto de la familia!
          Nico baja de su silla y con la cabeza baja se encamina a su pieza. La mamá quiere consolarlo pero "ELLA" no la deja, habla que te habla, sin parar.
          Nico se para frente a su cama y mira la tijera nueva. La siente como una varita mágica sin pilas. Pero de pronto grita desafiante, levantándola en alto, como si fuera una poderosa espada vengadora:
          ---¡Yo no necesito ayuda de nadie! ¡Ya van a ver!
          Nico recorta la colcha de su cama en cuadrados, todos con un agujero en el medio. Está haciendo ponchos para los gatitos del barrio. Después corta la cama, la divide en distintas camitas que siguen la forma de sus muñecos preferidos. Hace una cama alargada para "El Patas", otra ancha para "Oso Panzón", y una con forma de pizza para la "Tortuga Pizzera".
          Nico se mira en el espejo. Se ve el cabello demasiado largo y se recorta el reflejo. Cuando termina, corta el espejo en millones de estrellas que brillan con la luz del sol. Reparte cada estrella por distintos lugares de su habitación y se queda embobado, mirándolas.
          Pero la tarde avanza y sus estrellas pierden luminosidad. Nico recorta la ventana, la ensancha, quita sombra de los edificios vecinos. Y antes de que el sol se vaya del todo alcanza a cortarle un rayito.
          Nico recorre la casa en sombras, sin encender la luz, iluminándose con su rayito de sol. En la otra mano lleva su tijera. Se siente un guerrero espacial con un arma láser.
          Va al baño y corta unos centímetros de la base de la pileta, poniéndola al alcance de sus manos. Pasa por el dormitorio de sus padres, siempre recortando, sin descanso.
          Llega a la cocina. Con la tijera abre un agujero en una lata y saca unas cuantas galletas que come rápidamente porque todavía muchas cosas lo esperan para ser cortadas. Pero escucha algo que lo hace cambiar de planes...
          "ELLA" le acaba de decir a su mamá que se tiene que ir. Eso significa quince minutos más de conversación en la puerta.
          Nico usa su súper rapidez. Guarda la tijera y el rayito de sol en el bolsillo de sus tesoros, junto a la bolita de vidrio con la que jugaba su abuelo y un pedazo de plástico azul.
          Volando, busca el tarro grande de pegamento.
          Volando, pero con cuidado, pega todo lo recortado y lo deja como estaba, o casi, casi igual.
          Luego corre al lado de su mamá, saca la tijera del bolsillo, y sin que nadie se de cuenta le corta a "ELLA" el chorro de palabras. Por primera vez en su vida, "ELLA" no encuentra qué decir. Hace un segundo apenas, tenía mil sonidos en la punta de la lengua y ahora ¡no encuentra una palabra para despedirse!
          "ELLA" se va sorprendida, haciendo un gesto silencioso con la cabeza.
          Cuando llegan el padre y los hermanos de Nico, no notan nada raro en la casa. Sin embargo, los días siguientes aparecen cosas muy extrañas, que nadie puede explicar.
          Todos se preguntan por qué cuando Nico pasa frente al espejo su cabello se refleja más corto de lo que lo tiene en realidad.
          Ninguno entiende porqué desapareció ese enorme y pesado libro de cuentos de Nico, y en su lugar aparecieron otros cinco libros pequeños con las mismas historias y dibujos.
          El papá de Nico no sabe cómo su saco preferido, ese que había dejado de usar porque tenía las mangas gastadas, se transformó en un práctico chaleco.
          La mamá de Nico no entiende cómo sus apretadísimos zapatos de punta se convirtieron en unas cómodas sandalias.
          La mamá sospecha que en esos cambios tuvo que ver el papá. El papá sospecha de la mamá. A los dos se los ve más felices y enamorados que nunca. Dicen que después de tantos años de matrimonio todavía pueden darse sorpresas.
          Los hermanos de Nico sienten las transformaciones. Los muebles parecen más bajos, las ventanas más grandes y el sol permanece en la casa hasta la última hora de la tarde, colándose por las rendijas, como si buscara algo que perdió.
          Pero el cambio más importante sucede cuando toda la familia está reunida y hablan, sin parar -como siempre- entre ellos. Pero Nico ya no se siente aislado. Porque ahora, sabe cómo recortarse su propio lugar.
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©  Graciela Repún

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 11
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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