El cuerpo y la casa compartidos
Carlos Vásquez-Zawadzki
Matilde Espinosa: Inocencia ante el fuego, de Gabriella Castellanos, Facultad de Humanidades, Centro de Estudios de Género, Mujer y Sociedad, Editorial La manzana de la Discordia, Cali, enero 2002
"Et ce dire n'est pas plus'homme' que 'femme', il ne se généralise pas, il est spécifique et incomparable; et, comme tel, seulement, une innovation, un apport éventuel à une civilisation lucide et consciente de ses contraintes sans nouveaux totalitarismes",
Julia Kristeva
"Nunca se logrará una sociedad justa, equilibrada, si no hay libertad".
"El poeta siempre es subversivo, porque es libre. La libertad en el poeta es indispensable",
Matilde Espinosa
Descripción
El libro se estructura sobre la base de dos voces y partes complementarias. La primera, testimonial, en la voz de Matilde Espinosa; la segunda, crítica y analítica de la obra de la poeta caucana, escrita por la ensayista, profesora y poeta Gabriela Castellanos. El testimonio de Matilde Espinosa es lineal, a la vez que se desplaza en espiral retomando y subrayando experiencias, temporalidades y espacialidades: los temas familiares, la madre y la niñez en Tierradentro, los matrimonios (primero con el pintor Efraím Martínez; luego con el jurista y profesor Luis Carlos López), Popayán y Cali, París y Bogotá, el sufrimiento y el dolor propios y ajenos, el compromiso social de Matilde con las situaciones del país en tanto 'camarada ternura' y sus luchas por los derechos de la mujer en una sociedad patriarcal y vertical en cuanto al ejercicio del poder, luego, violenta, la pobreza como gran filón temático de su escritura poética... y la muerte y la soledad, ésta última aniquiladora de identidad mas no de subjetividad ni de creatividad, constituirían el hilo rojo conductor del testimonio de una escritora cuya obra es resignificada y revalorada en el contexto de los siglos XX y XXI en Colombia. Gabriela Castellanos se detendrá así en la originalidad de la obra de Matilde Espinosa, misma que articularía de manera pionera lo político a la intimidad de la escritora. En su ética de la solidaridad social, solidaridad como encuentro: "somos todos y todos somos uno". En su dolor solidario. En su poética de la pequeñez y las cosas humildes. Y desde el punto de vista de esa estética, en las relaciones entre sueño y lenguaje y poesía: "Ese espacio de los sueños es una de las fuentes permanentes de su poesía. Nada separa el mundo de la vigilia del mundo onírico; por el contrario la razón, el logos que reina al estar ella despierta, están interpenetrados por los sueños. Así, el lenguaje, definitorio de lo humano, tiene su nacimiento en los territorios ocultos del delirio, pues el origen de la palabra está en los sueños"(pág. 126).
Fragmentos significativos de la poesía de Espinosa --de sus trece libros publicados hasta el presente-- se entretejerán al testimonio de su vida y obra. Asimismo voces múltiples, desde la familiaridad y la amistad participarán en contrapunto en la superficie del texto con la voz de la poeta caucana y colombiana.
A vuelo de mano...
Al principio de su decir testimonial retrazado por Gabriela Castellanos, Matilde Espinosa será 'madre-niña' y 'niña-madre' de aquella Josefa Fernández a su vez matriz de ternura y solidaridad, y en su futuro biográfico, generadora de escritura poética.
Por el trabajo de maestra y la frágil salud de Josefa, se convertirá en la madre de sus hermanos, últil e ingeniosa, identificada y pagada del rol materno, a veces haciéndose violencia a sí misma para no fallar, para dar en el clavo. Situación lacerante: la poeta afirmará hoy no haber tenido infancia.
Y por los permanentes quebrantos de salud, artrítica desde los 16 años, se convertirá Matilde en madre de su madre, sin importarle su propio bienestar para socorrer de día y de noche a esa Josefa sufriente, sufriente y amorosa:
"Pero eso de ser madre-niña intensificó en mí una solidaridad que no he perdido nunca. Nadie que haya llegado a mi casa se ha ido como ha llegado. Eso me ayudó a formarme, a saber compartir" (pág. 27).
Solidaria Matilde, com-partirá en el dolor del renunciamiento su cuerpo y su casa como 'don gratuito' (J. Duvignaud); asimismo com-partirá el dolor ajeno en el saber de sí y del Otro:
..."he aprendido sufriendo; tengo una facilidad tremenda para identificarme con el dolor ajeno. Me apersono del dolor que veo en quienes me rodean, lo hago mío, y con cada dolor, aprendo algo del alma humana" (pág. 54).
Del dolor, pasará durante más de siete años al horror: su matrimonio con el pintor payanés Efraím Martínez será el del cuerpo y la casa tomados, enfermos, esclavizados, abisales en el desamor.
De esa casa saldrá para tropezarse con el amor, no sin antes permanecer en París durante tres años y tener una formación literaria, artística y cultural autodidacta: "entonces supe lo que era amar, lo que era el juego de la vida. Quería entrar de lleno a captar la vida, tal cual ella es". Pero, la vida tal cual ella es, será para Matilde esclavizante en el presente de su memoria:
"Padecí la falta de libertad en mi propia vida, y me liberé al liberarme de mi primer matrimonio. Sí, me liberé, y sin embargo nunca he sido dueña de mí misma. Tengo una gran condición de esclava, yo mismo me esclavizo de todo. Eso me lo dijo Luis Carlos en una ocasión, y me dolió mucho, pero tuve que reconocer que era la verdad. Aunque también es verdad que a él mismo me esclavicé más que a nadie. No he podido manejarme con independencia, porque nunca busco satisfacer mis necesidades, sino las ajenas. Cuando era pequeña mis hermanos se aprovechaban de mi altruismo (...). Casi tenía un espíritu de tortura, no de masoquismo voluntario, no, pero sí de esclavitud, porque yo misma me creo esas dependencias. Me sacrifico con una misma facilidad. Es una cosa natural en mí, sufro por la gente, por los vivos y por los muertos"(págs. 67-68).
En este sentido testimonial, Matilde Espinosa afirma no haber sido nunca feliz.
'Je est l'autre'
En su niñez --en Tierradentro donde nació y se crió-- Matilde Espinosa es, se dice y comunica, en lenguas páez y castellana. Es una conjunción en tensión, su cuerpo y su casa, de dos culturas: "No sólo la naturaleza era agreste, sino que vivíamos muy solos. A nuestro alrededor había únicamente indígenas que ni siquiera hablaban muy bien el castellano. Muchas de mis primeras palabras fueron en páez. Aprendí a hablar castellano en la casa y páez o nasa con los indígenas." Más aun: "Crecí rodeada de la cultura mítica de nuestros aborígenes, toda esa hermosa elucubración..." . Elucubración (entendida en tanto 'vigilia') como la de la cultura de Josefa, su madre: "Mi refugio era la oración. La oración y la relación con Dios eran también el amparo contra la soledad, contra la total aridez, la ausencia de contacto social que padecíamos. El misticismo mío, de niña, nacía de las tremendas necesidades, sociales, afectivas y culturales, tanto como materiales, necesidades casi insolubles, que vivíamos...". Asimismo: "No sólo nos criaron con una infinita inocencia; además nos enseñaron a refugiarnos en la Virgen (...). Mi madre nos hablaba mucho de Cristo, y nos describía su pasión de una manera tan desgarradora, tan patética, que yo sentía un dolor tremendo...". Finalmente: "Yo creía en los milagros como si fueran parte de la vida cotidiana. Y tenía un sentido premonitivo, que todavía tengo". En ese sentido pre-monitivo, se encontraría la elucubración, y más tarde, una poética del sueño ("Nada separa el mundo de la vigila del mundo onírico"), enunciada por Gabriela Castellanos como origen de la palabra poética de Matilde Espinosa. Un origen en dos culturas que dialogan en el cuerpo y la casa de la escritora.
De manera tardía se habría producido esta escritura de Espinosa. No obstante, su creación literaria en el contexto de la Modernidad- tendría como punto de partida el Otro, tanto su voz como su lugar:
"¿Qué es la poesía?¿Quién puede decirlo? Nadie, porque es indescifrable. Claro que Becquer dijo "Poesía eres tú", pero era una galantería. La poesía no tiene definición exacta. No hay poema totalmente nuevo. Todo poema tiene sus raíces en otros, sus orígenes en otros" (pág. 94).
Desde un punto de vista temático, Matilde Espinosa encontrará en los hechos ocurridos en la década del cincuenta en Colombia un período de terrible violencia partidista-, el punto de partida para su escritura poética: "Esos hechos (...) fueron los que me golpearon y me movieron a expresar mi horror a través de la poesía". Pero, su escritura se enraizará y nacerá en la lectura de otros poetas, como un César Vallejo (..."es el poeta con quien he más conversado..."), un Neruda, un Machado:
"Tengo una mala costumbre, que es escribir mis propios poemas en los libros de otros autores, además de escribirle al poeta mis ideas, mis impresiones sobre sus poemas" (págs. 94-95).
Este proceso sería, pues, de lectura y reescritura, escucha de la voz del Otro para --en la misma superficie impresa de su libro-- escribir y escribirse. Pero, no en una perspectiva de dependencia (ni mucho menos de esclavitud frente a ese Otro significativo, como le ocurriera siempre a Matilde Espinosa), cuanto de liberación:
"El poeta siempre es subversivo, porque es libre. La libertad en el poeta es indispensable. La poesía le resuelve al poeta su propia emoción (léase, su propia simbolización y significación en el orden discursivo y frente al poder existente, individual, familiar, socialmente), y le permite entregársela a los demás"(pág. 78). La escritura tendría su génesis en el o los Otros, pero, en su proceso de significación se establecería una 'ruptura', una liberación del lenguaje, del cuerpo y de la casa ayer y siempre tomada. Una liberación para Matilde Espinosa que podría ser subversiva, dicha esta expresión en términos estéticos y poéticos. Como lo planteaba Julia Kristeva, en el exergo de estas notas: "Y este decir no es más 'hombre' que 'mujer', generalizado, este decir es específico e incomparable; y como tal, solamente, una innovación, un eventual aporte a una civilización lúcida y conciente de sus obligaciones sin nuevos totalitarismos". Es esa innovación, ese aporte lo que se resignifica y valora en el libro de Gabriela Castellanos con relación a la obra poética de Matilde Espinosa.
Caly, 2002 _________________________________________
© Carlos Vásquez-Zawadzki
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 11 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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