Con los ojos quebrados
Janet Núñez Poetisa caribeña colombiana, residenciada en España.
Porque la vida de los seres se define siempre en las encrucijadas.
Parick Singh
Despojarte de las dudas condicionando las tripas a la costumbre del vértigo en la cuerda floja - Ça peut être la vie, peut-être - sin posibilidades de retornos o de crossroads o de una confrontación a lo Erica Jong y su ménage à quatre en el simbolismo de lo decadente disfrazado de libertad. De nada sirve intentar saber quién eres sorteando la indecisión entre el punto y el péndulo con esas ropas ligeras que no son tú ni te describen ni aún vistiendo el short que a tus años ya no deberías usar (te viene más un short-stop) Despojarte, aferrarte, saber quién eres
Dos segundos antes de tu muerte seguirás siendo ninfómana mental y nadie vendrá en tu auxilio no tu pasado ni lo que te quedaba por vivir tampoco el desenfado ni el aire de bohemia
A Jaime Alejandro
Volveré algún día a tu casa errante estado de gracia rezago de tierra o regazo verdad desnuda y a la vez dolor agudo que contracta y dilata incluso aquello que no corresponde a lo que queda de mí
Atrapa mis restos atrapa todo ya dejo atrás toda arena movediza te doy todo me sumo a la contienda de las cosas que estallan Y queman intento remover irrumpir en ese cráter deshuesado desarticulado y profundo de tu desesperación
Lo importante no es que trepide la vida es seguir por lo menos tras la trenza de bombillas de colores que a la distancia titila verbenera y que empieces a arrastrar hacia mí tus pisadas entre los ojos oscuros de un pasillo de palabras
Escribir para vivir -dices- yo por lo pronto aventuro el paso tímido hacia el exilio más cercano a tí me armo para la batalla de la T con la e temblorosas de una Q carnívora y hambrienta de dos puntos abocados a la nada con ansia de manoscorazón porque entonces ahora -y a pesar de- entonces todavía guerrera queda fija en mí latente esa otra que aún puedo ser un temporal cúmulo de posdatas tabla salvadora de esta discreción rasgada a gritos único desahogo de este amor a rajatabla.
"Jewel mira hacia mi con ojos que parecen trozos de un plato roto". Jill, MIENTRAS AGONIZO, William Faulkner
Con los ojos quebrados recorro cada orilla ésta y la otra miro el camino y el puente y hallo el río hecho de cadenas que tragan casi todo de un tiro sin permitir desprenderse del duelo de la antípoda porque surge otra vez, otra vez y de nuevo. El caso es que sé que todo se ha hundido con la última partícula de polvo que yace detenida como si de repente el mundo perdiera importancia y tendiera a desaparecer sin una carga a cuestas sin desahogo sin mirar hacia nadie sin peso y sin abrir la boca para tenderme la trampa de dejarme atravesar el puente sin tocar la otra orilla sin vislumbrar el lado opuesto de las cosas y entonces permanezco sentado frente a esa otra frontera misteriosa que es la muerte, pero luego me decido a esperarte como si al hacerlo la vida entera penetrara en mí mismo y lo hiciera como si me viera ante mí con mis propios ojos aquí sentado sin de qué preocuparme y con el sólo sonido de tus pasos se me fuera a suavizar el rostro
Es casi noche en Barcelona es primavera y también son casi ya las nueve la gente mas allá no bebe el agua de las fuentes ¡Se dicen se dicen tantas cosas! El extranjero se desliza en la memoria de las ramblas ha mojado su mano sin beberla y yo recorro de su mano el comercio del pájaro a la rosa El ojo se sumerge sin estruendo en un túnel de luces amarillas que atraviesa la ciudad adormecida doble urbe a esta hora y siempre muerte urbita del amigo tan lejano urbe piedra multiplicada y detenida en sus redes de seres anodinos en el pozo del camino y de la sombra toda red ella red y sus tentáculos Desde el cerro un cañón apunta las guerras del pasado los arboles en línea interminable descuelgan frutos secos a destiempo la abuela prisionera y las bellotas Por encontrarte fui dejando mis suelas en los adoquines digo a Iduag que muerde imperturbable su merienda y en el lado invisible a sus espaldas la espera del paso del tranvía por buscarte crucé todos los mares le dije susurrándole al oído entre tantos y tantos transeúntes tan ajenos que el viajero supo entonces que a esa hora ya me había perdido Iduag tomo su tren en otra ruta siglos antes aun de mi llegada pero valió la pena tropezarle después de cruzar por la calzada El cronómetro de la estación marca 45 44, 43, 42... segundos y el túnel arroja los bramidos de un dragón sincronizado al siglo veinte otra vez la cuenta regresiva de nuevo los susurros y las luces y el camino de regreso a una casa que nunca nunca será mía donde espera alguien siempre opuesto a lo sencillo y por eso nunca ya será ni es ni tampoco se parece A esta hora tampoco yo deseo beber el agua de las fuentes
Al menos deberíamos organizar la barbarie, así sabríamos el día y la hora en que vendrán a buscarnos.
Existe un principio catastrófico que habita entre nosotros un enfermizo sentido de estar vivos en el culto hacia la muerte y todo así, sin otro orden que el de un hormiguero de ruina en la batalla sin el cuerno de caza para anunciar el grito de la barbarie un espiral de masacre sin resistencia al vacío aberración carnicera sin sentido sin línea de tierra ni horizonte y en todos los casos aguzo el oído sin demasiado orden frente a tanta tragedia atenta a la deflagración inerme ante el aniquilamiento esa colisión inminente pero también risible porque alguien - tiene su gracia que siempre quede algún desinformado- alguien todavía afina la precisión de su navaja cuando aquí ya no queda nada que tajar
Casa de silencio la rutina del gesto multiplicado se desploma en la retina de los cuartos vacíos la inercia y su mutismo aliado como un muerto pesado en la monotonía del sudor detenido sobre el plácido sonido de la muerte La fracción repetida recorre el límite extremo sin la posesión como un mal sin el reproche del deseo inacabado y la tranquilísima calma de verse sin el amor necesario Otra vez la esfera del silencio derrama el olvido de nuestros cadáveres por todos los rincones de la casa casa de agua retorno salitre al reposo del cuerpo del guerrero una vez cerrada la puerta de su tolda el ojo atrapado en su lágrima y afuera la guerra
No creo que vea usted hombres en todos los bípedos que van por las calles, simplemente porque andan erectos y llevan en sí nueve meses a sus crías. Pistorius, DEMIAN, Hermann Hesse
El universo en que vivo duele en las falanges su atroz humanidad no hiere sólo la piel y la retina Ya no permito que transite mi corazón abierto podría desangrarme su sonrisa siniestra Esa humanidad desata los pretextos para esta coraza de dientes afilados la mirada aguerrida el cuerpo tensionado y perversas intenciones de patadas al viento Pero la humanidad - esa que detesto - esa que me agrede con alevosía no tiene un solo rostro o al menos no tiene definido un culo en donde propinarle una buena patada sin remordimiento La humanidad es nadie y es el otro siempre es cada transeúnte apenas sindicado de ser otro boceto bípedo y borroso o un trazo arbitrario de segunda mano Una mancha roja (dice un amigo que además es daltónico) en el ojo de la aguja que estrangula al camello Así la noche nos recrudece a todos y es como siempre una llovizna negra oscuridad y signos la ciudad entera sostenida por nosotros todos impotentes e inútiles con la raíz desenterrada y arrojada a un lado de la acera _________________________________________
© Janet Núñez
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 11 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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