Selección de poemas
John Jairo Junieles Toma mi mano mientras suena el trueno
Cuando llueve y truena mi madre arropa los espejos, ella me cuenta que la abuela hacía lo mismo porque los espejos son relámpagos dormidos que el cielo quiere despertar. Sé que mi madre no cree en las ensoñaciones de la abuela, yo tampoco tengo fe, pero cuando el viento anticipa la lluvia, ambos corremos a vestir los espejos con sábanas y toallas, como si al llover, la abuela despertara a los dos de la pesadilla de no creer.
Algo nos ha sido confiado
El primo Andrés le temía a los armarios, pensaba que los malos sueños salían de los armarios mal cerrados.
Andrés tampoco podía dormir si antes no desataba los nudos de sus zapatos.
Hace mucho Andrés vive con eso, sigue noche a noche soltando los cordones de sus zapatos y cerrando armarios de casas y hoteles de paso. Andrés sigue pensando que un zapato atado nunca puede descansar.
La borra del café
Cuando toma café, Mamá parece mirar a través de las paredes del departamento y cruzar la ciudad y los campos hasta su tierra.
Es como si hubiese dejado olvidado algo allá y no pudiera recordar de qué se trata.
Cuando acaba su café Mamá mira en silencio el fondo de la taza, es como si en los oscuros restos se pudiese asomar, de pronto, alguna respuesta.
Lo que nadie sabe
Mi madre aseguraba que una taza de ruibarbo podía curarlo todo, hasta los males del amor.
Mi padre pensaba que un poco de dinero era mejor que el ruibarbo y el amor (además, podía comprar mucho más que eso).
Cuando yo tenía fiebre o estaba triste ella me daba ruibarbo. Mi padre me dejaba algunas monedas.
Cuando ella murió él se metió en su cuarto, apago la luz y sentí que lloraba bajito. Jamás lo había visto hacer esas cosas y el aire empezó a faltarme.
Toqué la puerta y cuando me abrió dejé en su mano una moneda.
Poema de madre
La vida es una mujer con sus dos manos para hacer lo que haga falta. Un marcado aire de familia me une con esta modista que lleva treinta años frente a una Singer, que escucha radionovelas, y que aún conserva en un armario los tres ombligos de sus hijos.
¿De qué madera está hecha esta canoa que lleva medio río sin quejas, y piensa que todo mal lleva al bien amarrado en la cola?. ¿Cuántas muertes me faltan a mí para parecerme a ella?, para decir como dice ella: Si vives como si tuvieras fe, la fe te será otorgada.
Años antes que yo naciera madre colgó una estampa que aún pervive: dos niños recogen flores a la orilla de un despeñadero, y un Angel de la Guarda conjura el peligro con su presencia. Dime madre con tus ojos el secreto, dime cómo se llega alegre hasta el final, a pesar de los abismos, dímelo a mí, que soy la única pluma sucia de tus alas.
La fe con que regreso al sur
A pesar de este tiempo incierto y esta distancia casi irreal que nos separa más allá de ti misma más allá de mí mismo habrá todavía un tiempo de calles y parranda hasta la mañana
Días mejores vendrán como naranjas dulces en mitad del yermo y seré feliz (trataré al menos) de regreso al sur a la noche de donde vengo a donde vuelvo.
Aun cuando todavía
Claro que sigo vivo y que tengo que ir a un sitio eso es lo terrible que otros lugares me esperen y sin embargo no me imagine en otro Que parezca un hombre todavía que incluso los que me conocen no noten que también llevo gusanos deshaciéndome tan lento que hasta yo puedo dudarlo
Lo terrible es que aún me importe tu sonrisa que tengamos aún tantos pactos por romper tanta pared y distancia por levantar todo para que un día llegue y ya no poder hallarnos
Lo terrible es que a punta de sonrisas y prisas inventadas estemos limando tiempo haciendo más filoso el momento del adiós
Y saber que no estarás un día y saberlo ahora y deber dejar que todo siga.
El garaje
Dos años viví en un garaje. El alquiler era barato y la casera no se metía en mis cosas, a veces me ofrecía una taza de café vespertina y trataba de insinuarse pero ya habían pasado sus mejores plumas.
En ese garaje hice mi propio mundo, puse un afiche nocturno de New York y escuché música de Nirvana y Morrison, traje chicas y les hice el amor mirando aquel afiche, escuchando aquella música alucinada, entrando en ellas como si fueran una calle angosta cerca del Central Park.
Mientras estuve en ese garaje siempre soñé con ir a ese lugar. Luego una tía solterona murió y me dejó mucho dinero y una casa grande. Al poco tiempo me casé y mi mujer quemó todas mis viejas pertenencias, el afiche, Nirvana y Morrison fueron parte de la hoguera. Cuadros de paisajes holandeses cubrieron las hermosas paredes, los hijos llegaron y las mascotas también. A veces me siento en la terraza y trato de recordar a dónde era que quería ir cuando estaba solo y sin un peso.
Mónica Bellucci en el baldío
Sentado en una banca, el cielo arriba y otros lugares. Una mujer asomada en la ventana de un edificio me observa, conozco esa expresión pero la ignoro. Miro de soslayo el baldío junto al edificio, un espacio donde ya no puedo entrar como en tantas otras partes por donde mi vida pasó como un relámpago, sin darme jamás tiempo para detallar los actos, como quien conduce cuesta abajo una bicicleta sin frenos.
Por eso quizá esta tarde miro el cielo, tumbado en esta banca con un cigarro entre labios, pensando en unicornios, esperando a que el día muera y se enfríe. Más tarde abrirán el cine y podré ver las piernas de Mónica Bellucci en su última película, la manera suya de mojarse los labios y llevar en la cara el orgullo de su cuerpo bien hecho.
La mujer del edificio parece adivinar mis pensamientos y mis gustos, por la forma como empieza a hacerme señales se diría que no le disgustan del todo.
El siglo oscuro que va muriendo
El siglo oscuro que va muriendo me ha dejado lo que sé desde siempre ya fue mío me abandono por siempre a una tarde que aun vivo que sigo llorando
Me heredó el fantasma de un abuelo que vivo haría menos daño Sus días me han confiado el secreto amor a una mujer celebrar el goce de poder verla De sus noche he sacado una azul simpatía de gato café y lectura fácil
Cuántos días me habrá de traer este siglo oscuro que voy sorteando y que tendré el coraje alegre de seguir viviendo.
El siempre abrazo
Hasta mi soledad llegan los amigos ellos saben dónde buscarme y encontrar
Aunque no conocen con certeza lo que soy lo presienten dicen No espero que puedan entender por qué inútilmente debo ser Junieles por qué tomo a veces el teléfono me llamo y no me encuentro por qué no me afano enseñando lo que no puede aprenderse que una palabra es la distancia
A ellos me une algo más que unos tragos y una pila de libros mal leídos Mi gente del converse y del enamore
Pero la soledad estaba antes que ellos por eso no se ha ido y me reclama no es que la ame más pero sí por más tiempo
Los amigos les digo adiós y enseguida lamento haberlo dicho.
El autor
John Jairo Junieles nace en Sincé (Sucre), Colombia. Ha publicado: Papeles para iniciar el fuego (poesía, 1993), Temeré por mí al final de estas líneas (prosa poética, 1996), y Con la luz que me queda basta (cuentos, 1997). Ha obtenido el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1995; el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Metropolitana, Barranquilla, 1995; el Premio Regional de Poesía del Ministerio de Cultura, Bolívar, 1999; y la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, 2002.
Ha sido periodista de El Universal de Cartagena, La República, y corresponsal de El Mundo de Madrid. Actualmente colabora con la revista Víacuarenta, de Barranquilla; la revista virtual Barcelona Review, de España; y el diario "Hola" de la comunidad latina de New York. Se encuentra en preparación una antología en inglés de sus poemas.
Comentarios sobre su obra poética
"Después de la visita a sus dos libros: Temeré por mí al final de estas líneas y Con la luz que me queda basta, he vuelto a regresar, como también le ocurrió a usted, a ese lugar de donde nunca me he ido. Sus dos libros, de ardida y entrañable poesía, conforman el documento de alguien que muerde (y hace sangrar) la carnadura de la memoria, paladeando la angustia de sus propios deseos.
Es el hombre solo --solo de verdad, como esencialmente se encuentra cada ser vivo--embistiéndose a sí mismo. El que ya se ha acostumbrado a oír sus furores inmutarse. El que sabe que siempre habrá un viento (a veces un murmullo, a veces una terrible voz) atravesando sus entrañas. Impresiona el coraje, casi la sevicia, que usted tiene para asumirse. En alguna forma, dura y profunda, lo que usted ha realizado nos sirve a todos sus lectores de compañía y nos obliga a aferrarnos más y más --y en alguna forma a tratar de descifrarla-- a nuestra atroz y zarandeada inocencia". Héctor Rojas Herazo Poeta, narrador y pintor colombiano
"Se dice que las vivencias personales y las anécdotas, en general no revisten interés especial, salvo para los contertulios que se conocen de antemano. En el caso de Junieles la tendencia autobiográfica que se advierte en Temeré por mí al final de estas líneas adquiere un gran significado, gracias a que su temática está presentada con un lenguaje depurado, sensiblemente lírico y desprovisto de ostentación. En el caso de Temeré... es una caja de Pandora que recoge poemas de talante fresco y sorprendente merced al adecuado tratamiento que el auto da a situaciones obligadamente recurrentes, como son las alusiones a la niñez, los sueños secretos, cosas simples, situaciones citadinas de la vida que permiten descubrir expectativas del hombre contemporáneo conjugadas con elementos existenciales como la soledad, el amor, el desarraigo y al muerte".
Armando Rodríguez Ballesteros Comité de dirección - Revista de poesía Ulrika
"En Junieles registramos la presencia de la cotidianidad, del lenguaje y del ser solitario que puebla la urbe; impulso renovador dentro de una tradición regional que parece más tributaria del aliento de lo terrígeno". Rómulo Bustos Escritor - Investigador de la Universidad de Cartagena
"En Temeré por mí al final de estas líneas (1995), John Junieles mezcla con habilidad cortas viñetas narrativas con ajustadas visiones cinematográficas de una Cartagena nocturna de travestidos y prostitutas, jóvenes vendedores de drogas y parejas que no tienen el dinero suficiente para el motel. Pero lo que unifica este sombrío recuento --no exento, por cierto, de la escueta dureza de una visión minimalista del mundo-- es la conmovedora figura del poeta adolescente que:
Apenas pongo los ojos en algo, apenas simpatizo con algo, ese algo se esfuma.
"Hacerse rico y obtener el reconocimiento de la crítica, mientras suena la música de Nirvana y Morrison, tiene algo de simpática y candorosa definición juvenil. De intento de conciliar el entorno consumista con la secular tarea del vate desvelándose por mujeres que no eran de su tipo y que soportaban, con descuidada negligencia, sus efusiones líricas.
Pero poemas como "Muchacha ojos de cebolla" --"ella se entrega a ti como una raíz a la humedad"-- demuestran cómo ha sabido impregnar sus versos con la emotiva delicadeza de un auténtico encuentro, tanto humano como poético:
Mi vida ha transcurrido como las tres primeras líneas de un poema, justo donde el lector decide no seguir leyendo.
Pero, en realidad, la variedad de propuesta del libro --Parábolas fantásticas, inmersiones en la familia y la infancia, autoironía, y un leve, humorístico, reconfortante soplo de ligero lirismo--- hace de estas "prosas poéticas", como las denomina el autor, una incitación hacia razonables expectativas sobre su futuro trabajo. En todo caso, el narrador que asoma en la composición y estructura de sus textos ha demostrado el eje poético de su visión".
Juan Gustavo Cobo Borda Escritor e investigador colombiano
"Fácilmente se podría decir que es una poesía unida al cine pero una aseveración de esta clase no dice nada ni constituye a estas alturas del siglo veinte ningún dato especial. Por el contrario, una alusión de ese tipo, sin mayores explicaciones, si algo despierta de entrada es sospecha. Pero en la poesía de Junieles el cine está ya como debería estar: como un dinamizador de imágenes y de ritmos narrativos, que establecen una atmósfera muy especial a partir de la propia sintaxis; a veces el cine se cuela como una referencia autónoma, pero ya este es otro desafío que el autor necesita resolver de acuerdo con sus propios intereses poéticos. Es también evidente que el cine es una parte verdadera de la cultura personal del autor, como pueden serlo para otros autores la mitología antigua o los caballos de carrera." Jorge García Usta Escritor e investigador _________________________________________
© John Junieles
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 11 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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