Desde la luz preguntan
por Héctor Rojas Herazo

Jaime Cabrera González

                                                                                                  
                                                                                                    Tomado de El Nuevo Herald, Junio 22 de 2002


          "No soy siquiera de un pueblo, soy de un patio'', fue la frase que acompañó con voz de Mar Caribe picado al narrador, poeta, pintor y periodista colombiano Héctor Rojas Herazo, quien falleció el pasado abril, a la edad de 80 años.

          El patio, la abuela y el mundo de la infancia en su mítico Cedrón --pueblo que corresponde a su tierra natal, Tolú-- son líneas creativas que convergen en el punto de fuga del recuerdo y de su más cantado coágulo de sus obsesiones: la ruina.

          Narrarse fue su narrar. Desde la lírica visceral de sus siete poemarios hasta la saga de Celia en su trilogía de novelas, pasando por su obra pictórica y periodística, no fue más que un hombre con una visión del mundo y de la vida que sólo encontraba confiable en sus sentidos y en su memoria de mamut.

          Para Rojas Herazo, a quien alguien alguna vez definió como una fuerza desatada de la naturaleza, el recuerdo era la única posesión que el hombre tenía sobre la faz de la tierra. Su drama radica en no poder alterarlo. Se puede purificar o desviar, pero no alterarlo. Y a pesar de ser lo único con lo que el ser humano cuenta en la vida, es lo único que no le pertenece. Lo demás es externo.

          Y en el centro de esa memoria estuvo la infancia enduendada, el patio de la casa, su familia, la abuela --Mamá Buena, la Celia de sus novelas-- y la atmósfera del reino espléndido de la ruina, materiales para el asombro, médulas de interrogantes de los cuales los fantasmas se valieron para usarlo como artista.

          Su obra poética consta de los poemarios Rostro en la soledad (1952), Tránsito de Caín (1952) Desde la luz preguntan por nosotros (1961), Agresión contra las formas del ángel (1961) y Ulceras de Adán (1995). Poemas con nombres angustiados que revelan el temor como alimento del hombre. Drama del ser humano condenado desde siempre a soportar la llaga, pero como toda poesía dispuesta a conducir hacia la esperanza.

          La suya es una poética de lo sensorial; terrenal; desconcertante; instalada en la inmediatez de lo cotidiano; interesada en los olores, colores y sabores de lo real; arbitraria y dura y sorpresiva como la vida misma, zarandeada por el absurdo.

          Su poesía fue el heraldo que anunció el mundo tropical del Caribe que luego desarrolló con plenitud en su novelística. Pero no el Caribe de tarjetica postal, cóctel de frutas y camisa de flores de visitante de cruceros, sino el profundo, el abismal, ése que llamó ''producto del sol y compañero de la noche''. El que permite saber, por ejemplo, cómo el trópico muerde y destruye a un mismo instante, que es en últimas una forma de explicación de ese entorno tan real que parece irreal.

          Por el mar de su pueblo le llegó el sentido de la vida y de la muerte que hizo ascender a los planos creativos. La vida era el soplo que se colaba entre los árboles frutales del patio encantado; la muerte, en forma de herrumbre, el hálito que oxidaba las bisagras y la sangre.

          Un patio bajo la luz ardiente de Tolú fue su infancia, el sitio de donde nunca se fue, sin importar cuánto se alejara. Allí quedaron escondidos los sonidos del tiempo entre el guayabo y el níspero, el mango y el tamarindo. Y tuvo noticias de los muertos y endriagos, del mundo del susto que lo abonó y de esa abuela --``tesorera del anecdotario del pueblo''-- que le enseñó los diferentes tonos del corazón.

Su trilogía narrativa forma una saga del hombre de patio que sale al final a buscar al ser humano, ya no en sí           mismo, ni en la familia, sino en el otro, como soledad y como compañía.

Con esa pretensión comunicante que son sus novelas, publicó Respirando el verano (1962) que gira en torno al patio de la casa, el de Celia, y la historia de la familia. En noviembre llega el arzobispo (1967) trata del pueblo como conjunto, como unidad, como interpatios, como las apretadas soledades individuales que se comunican entre sí y la vocación que tienen muchos de quedarse y sufrir en un solo punto de la tierra, en un mismo pueblo. Y Celia se pudre (1985) que es el más amplio diapasón, en donde el nieto protagonista del recuerdo sale a asumir la ciudad, se devela el misterio familiar y totaliza armoniosamente la ruina como elemento sinfónico. Condensación que Rojas Herazo llamó "vasto poema, requisitoria, réquiem y canto de solidaridad que recuerda al hombre que no es hora de morir''.

          El sentir y el comunicar también los tradujo en trabajos periodísticos y plásticos. Entendió el periodismo como una forma de actuar, de combatir y gozar dando noticias urgentes de la vida. Fue al encuentro de la sorpresa que se esconde en la trivialidad, desde sus comienzos en el diario El Universal de Cartagena, cuando junto a Gabriel García Márquez, Clemente Manuel Zabala y el poeta Gustavo Ibarra Merlano estableció los puntos y las comas de una relación entrañable.

          Escribió algunos poemas como si fueran documentos periodísticos y muchas de sus notas de Telón de Fondo, como poemas. Su pintura dio datos y noticias tanto de su interior como del mundo que lo rodeó, en una mezcla de alegría y angustia, de fantasía y amor por la sorpresa. Una forma de ir a los orígenes y enfrentarse al terror.

          Dejó en su autorretrato: ``Quien le ve su andar de pesista de circo o luchador que se dirige a su gumiiasu, no sabe que toda su fisiología no pasa de ser un mueble (--) Tuvo la voz gruesa y afirmativa de los animales que viven atemorizados. Temor a todo: a cortarse cuando se afeita; a engordar más de la cuenta; a tener que dormir alguna noche en una casa sola; al solo hecho de estar vivo; a ser arrollado por un automóvil, por la espalda, cuando va caminando por una acera. Sabemos también que, para él, un avión es mucho más catastrófico que un juicio final''.
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©   Jaime Cabrera González

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 11
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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