Nana al amanecer
Josué Santiago De la Cruz DonCari@aol.com
Puertorriqueño residenciado en USA, escribe columna semanal en semanario bilingüe en Philadelphia, PA. Ha publicado el libro de relatos Cuentos del solar, y tiene inédito un volumen de relatos breves.
A Carmen Hernáiz
Era una mañana calurosa y María Lila, todavía una niña, lavaba ropa en el río. A gran distancia, Crucita, la hermana mayor, cuidaba de Lalí, a quién un toro había embestido. Ya hacía varios días que estaba herido y nada había dicho, hasta que sufrió una infección que lo postró en el lecho Acuclillada lavaba a puño y estrellaba los paños contra las piedras, de vez en vez, para aflojar la suciedad adherida al tejido. A pocos pasos tenía una dita* con agua fresca, cubierta con un pañuelo para que los perros no se la echaran a perder y el sol no la calentara Le pasaba la mano por la frente acalenturada, cantándole aquella nana que, de pequeño, le gustaba tanto: "Ay, turulete, ay, turulete, duérmase mi niño que ya amanece" El sol, reflejado en el remanso, le llenó los ojos de luz e imaginó ver una silueta caminando sobre las aguas Sintió la palma de la mano humedecida y lo vio palidecer, como si el cuerpo se le hubiese vaciado de repente, "Ay, turulete, ay, turulete, el que no tiene vaca no bebe leche", y tomó el rosario: "Ave María Purísima" Parpadeó varias veces y cuando al fin logró adaptarse a los reflejos, ya no volvió a ver aquello caminando sobre el río. Pero sintió una piedra rodar, hasta casi tocar sus pies desnudos. Miró para todos los lados sin ver a nadie, y reanudó el lavado, tarareando una melodía A Lalí se le dibujó una sonrisa en los labios y se notaba agitado. Respiraba profundo Otra vez sintió rodar un pedrusco y, de nuevo, no alcanzó a ver quién lo lanzaba. Dejó de tararear y trató de darse prisa. Apenas hubo terminado, vio una laja dando saltos ligeros al impactar la superficie del río, hasta desaparecer allá lejos, dejando sólo el recuerdo de su zumbido. Reunió toda la ropa en un lío, atándolo en las cuatro puntas, y cuando fue a buscar la dita la sintió vacía. Ni una sola gota de agua en su interior. Con el bulto sobre la cabeza se alejó de allí a toda carrera Ahora sudaba profusamente y respiraba con dificultad. A pesar de la fatiga, intentaba reír: "Si vieras el susto que le hice pasar a Lila. Le tiré tres piedritas y le tomé el agua que tenía en el coco Si la hubieras visto, la pobre, se veía tan asustada" Cuando llegó a la casa, fatigada y temblorosa, la aguardaba su hermano Jesús, montado en una calesa:
--Tira eso por ahí, muchacha, y móntate -le dijo- que Lalí acaba de morir.
Dita: "Vasija hecha con la segunda corteza del coco". ________________________________________
© Josué Santiago de la Cruz
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 11 Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002
SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA ISSN: 0124 - 9290
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO Barranquilla - Colombia
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