Man in blue

Daniel Montoly


                     A Reinaldo Arenas

Yo te escribía tres mentiras
guajiras Yemallá,
y Ochún jugaba
con las negras mariposas
que surfeaban en las lámparas:
hogares de genios cosmopolitas.
Nos drogábamos los espíritus
con vainas oscuras
y perniciosas
que dan ataques de alegría
sin ser días festivos.
De lo profundo
se desplomaban las voces
de las gallinas existenciales
que dejaban huevos agridulces
en las retinas salobres.
¿Qué más quería?
¿Volar cometas con cielo nublado?
-No, las rosas
no caminaban Yemallá
era tu sequito de Orishas
los que danzaban-.
Los tambores gritaban lunes
feriado con balsas
y Key West era el paraíso:
el Canaán de los nuevos israelitas
transeúntes del trópico.
En su arena blanca
soñábamos levantar chozas
de rumbas, son y salsas borregas
para turistas incautos.
No fue así,
por ello te escribo
tres mentiras mediáticas:
Estoy bien,
no te necesito,
déjame la puerta abierta
por las noches cuando duermas...
No me preguntes si vuelvo
que esas cosas no se dicen
a estas alturas
cuando las nubes lucen sus calvas
y los dólares parecen ser cuervos.


Arte y Oficio

Voy a poblar los espacios
entre los dedos,
cabalgando en inútiles monturas de hojalata,
hasta oxidar mis oídos,
lavando derrotas amarillas
con poco tiempo y a grandes rasgos.
Si el tiempo supiera
de esos lugares verdes
que te dibujaba con voz perpetua;
vez tras vez
hasta desgarrarme las manos,
dejando sangre en el paisaje de tu sombra.
Vamos, dame tu rostro...
¿por qué te escondes,
y luego sales con esa cara de fracaso
intentando intimidarme?
Si persistes en seguir dormida en la levedad,
jamás, jamás será madrugada de nuevo.



Balada para Katmandú

                                              A las mujeres y hombres nepaleses
                                                       que tratan de hacer algo más que sueños


Son las seis:
no sé si Katmandú duerme
o está despierta
aferrada a los gruesos párpados
de un Buda ceremonioso y cómplice.
Esta Katmandú:
mujer vejada por llevar úteros
y por ser reflejo de la luna.
Eterno cementerio de sombras analfabetas,
vadeado por los halos de humo
de los muertos incomprendidos,
que abandonan el mundo
montado en el rickshaw del misterio.
Dos gruesas pestañas rojas
bajan de tus cerros tristes:
la savia joven de Rukum y Rolpa,
que anegan los arrozales con futuros secos
debajo de las costillas salobres.
Tus uñas se hunden en el lodo diurno
por el linaje azaroso que te amordaza,
que te empobrece las médulas
de mujer oculta tras un manto sucio
con incienso lúgubre.
¡Oh, Katmandú!, lavas tu aura,
recoges tus vástagos dispersos
tras las huellas difusas de un Buda miserioso.
¡Levántate!, rompe en pedazos
este maldito silencio de siglos
que te ha circulado como mariposa grisácea,
y dejaras de ser
esa mancha negra sobre el fondo blanco
del Everest majestuoso que te inunda.



Cantando sobre los muros de La Nada

A Borges

Son  así como  pájaros o violonchelos
que suenan graves por el afán
del viento en acallarlos,
así suenan las hojas lumbares del otoño
cuando se arrastran por la espalda.
No existe un gueto para su  nada profana,
navaja  que afeita los rostros con silencios.
Trabaja como virus mohosos,
avanza por las viejas médulas
como un solsticio descalzo de sol,
y barre mis nostálgicas callejuelas
con largos dolores sin luz y sin penumbra.
Espero aquí: el vaivén de la mecedora
trae más vejez a su vuelta
como un anciano reloj de arena
que añeja metáforas con ambas manos,
y cada verso que escribo
se acuclilla en la edad de los sueños.
Abarca la quietud perezosa del significado
y escupe sudor de niño exhausto.
Mientras, me cuestiono,
¿qué parte de mí muere
cuando las horas apuntan  en mi pecho?,
¿cuál sobrevivirá mañana
cuando me haya marchado a la vuelta del crepúsculo
en las esquinas ancianas de este largo  barrio
pendenciero y bullicioso?...



Los mosaicos de Alejandría

                            A Constantino Kavafis

Iba contigo escarabajo,
y me nacieron alas
en el camino del destierro.
Volé, Volé infatigablemente
hasta llegar al precipicio,
antes que aquello se hundiera,
pero el olvido metió sus manos, escarabajo,
y olvidé que la sombra de la esfinge
era yo mismo.



EL AUTOR:

Daniel Montoly es miembro de la comunidad poética Cacibajagua ("Madre Tierra", en lengua Taína) de la República Dominicana. Forma parte de la "Liga de Jóvenes Latinos para Los Derechos Humanos", con sede en USA. Colabora, activamente, con varios Foros Literarios en la red cibernética y con instituciones vinculadas con la problemática de la pobreza. Fue Autor Invitado en el Primer Volumen de la colección SENSIBILIDADES, del cual es uno de sus miembros, donde publicó un seleccionado de su poesía, que es un canto a la libertad del ser humano y de la palabra. Nació en Valverde Mao, República Dominicana y aunque guarda y conserva, intrínsecamente, sus raíces culturales, su literatura expresa, en un lenguaje fresco y atrevido, profundo y aleccionador, la problemática del ser humano en el amplio contexto de su entorno universal. Tiene  un poemario inédito para su próxima publicación y un libro colectivo sobre narrativa  breve. Algunos de sus poemas traducidos al inglés han figurado cómo finalistas en varios concursos literarios. Su poema "Detrás del Brutal Silencio" dedicado a Lorca ganó en el segundo lugar en el certamen de La Joven poesía latinoamericana dentro de Los Estados Unidos. Sus trabajos poéticos han sido publicados por las siguientes revistas electrónicas: Zona de Tolerancia, El Astillero, El Ebro, Poetas del Paraíso, Expresiones,  Kultural entre otras.
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©  Daniel Montoly

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 11
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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