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Conversación con Mersault

Clímaco Pérez Camargo
Profesor Titular
Universidad  de la Guajira


"Es un juego que conozco bien.  Me divertía a menudo
haciéndolo con Manuel  o Celeste y, generalmente,
eran ellos quienes apartaban la mirada."

El Extranjero - Albert Camus.


          Quienquiera que seas, Extranjero, reconozco tu mirada. Desde el primer momento adiviné tu procedencia. ¿Acaso crees que esos devaneos, esas sutiles miradas en las que prolongaste con Celeste a los hombres más allá del infinito, no te igualaban, no te hacían idéntico a nosotros? Ese instante tenue, semejante a la inexistencia, fugaz y en el que no hay un parpadeo, ese vínculo con un semejante en el que dos miradas se convierten en eclipse de sol y luna, ¿qué otra cosa crees que significa? Esa comprensión se reconoce como matrimonio con la tierra.

          Díme ahora Mersault, ¿cuántos días de tu existencia  te fue indiferente la mirada de Celeste?. Dáte cuenta que no te pregunto por la de María que para mí tiene mayor importancia, ni por la de Salamano y su perro sarnoso, ni por la del proxeneta y su maravillosa amante, porque adivino en ella la voz barroca de matices de Nour El Houda y, a la vez, la sensual de Samira Toufic que enciende teas agigantadas por el simún en el desierto nocturno de mi corazón. No, hermano, no pregunto por ellas. Te solicito no te levantes porque te nombre con la  más amplia ternura que puedas concebir; amo singularmente a toda persona  y tú no escapas apropiación, como tampoco mi amor tiene orígenes en el Cristianismo.

          Sé también como tú que lo único que cuenta es el Hombre y que la existencia es lo que cada uno anhele hacer de la suya. Tú y yo somos mediterráneos y modernos, pero de modo singular lo primero porque el insecto monocelular insiste entre los latidos de la vida. ¿Observaste el barro adherido a tus uñas en el amanecer de un imsomnioso sábado argelino? Tu silencio te delató. Necesitabas, te era preciso un lenguaje de más amplio espectro que el ridículamente impuesto entre y para personas comunes. Un lenguaje sencillo y pleno como el de los ojos; más transparente que todos los manantiales del medioevo.

          Será que no es sólo como creía de Saint Exúpery, (1) sino que además el lenguaje humano  es apenas una posibilidad; remota como los mitos de la vida humana. Catedral  islámica de la poesía nunca empezada, nunca acabada. Sí, Mersault, creo en el lenguaje de tu silencio como el verdadero entre los hombres. Callaste...gritando que entendías perfectamente toda propuesta. ¿Bajo cuál órbita gravita siempre la existencia para los que como tú y yo somos extraños y extranjeros a la tierra, los que padecemos este horrible mal disperso a lo largo del siglo XX? Lo sabías lúcidamente, en cualquier latitud, bajo cualquier coordenada, estamos condenados a las palpitaciones, los címbalos demenciales, las mil contracciones y expansiones de los rayos solares. Súbditos del sol en todas las dimensiones, bajo los laseres y maseres de distintos sistemas planetarios.            

          ¿Díme en que arena de tu cuerpo dormita la mirada espumosa de Celeste?. ¡El Sol! ¡El Sol! Y la ternura de una playa inseminada por "El pez ateo de tus sagradas olas", como diría después un término medio entre Rimbaud y Villon; el gran mixtificador colombiano. Gravitamos alrededor del sol y sin embargo son tan pocos los espíritus que retornamos a él. Tú y yo singularmente hermanos, y todos los semejantes a nosotros. El disco rojo nutre y se retroalimenta de todo lo que crea.

          Las aves del paraíso comprenden la miseria y grandeza del hombre. Perciben la fiesta y el duelo a través de la música. Pero el hombre no entiende de igual  manera el alma de las aves, como tampoco percibe la música eterna que lo ata al sol. Los grandes músicos ¿qué han dicho al respecto?

          ¡El Sol! Y la complicidad de una playa para configurar  apenas un destino. El absurdo te haría señalar al sol como único culpable. Pero entre tú y el sol no se gestó un asesino, sino una hermandad sin límites y un entendimiento más allá de lo terrestre. De la tierra todo es merecible y sin importancia. Del núcleo solar se levanta una pregunta condición que en nuestras bocas y nuestros corazones nos convierte en extraños y extranjeros.

          Sí, tú y los que estamos aquí en la tierra, al casar nuestras miradas no somos más que terrestres y terrófilos. Manierismos del corazón, entretenerse de la razón y el grito de la sangre a través de los cuerpos en las noches aullantes. Nos entrelazamos con María, al día siguiente nos da asco el sabor del cigarrillo. La cama destendida y este arco iris a través del prisma de la ventana; las familias y los jóvenes que intentan inventar el día domingo. Si vieses en mi ciudad los rostros que contemplo en este día. Día semejante a una vieja que hace muecas a un gay del que pende una grande argolla de oro en la oreja izquierda.

          Domingo: "la muerte en el alma".

          En invierno florecen los almendros en Argel. En diciembre el cielo de Santa Marta se cubre de trinitarias y, sobre la superficie aguamarina, viajan sin rumbo millares de minúsculas goletas blancas. Escuchamos con nostalgia Golden Slumbers de Rowls, porque allí flota la mirada exótica de una joven cualquiera. Vuelta a encontrar con la risa franca y libre en una carretera paralela al mar. Entre sus cabellos al viento y mi risa, sus ojos infinitos y mis dientes nos sumergimos en la marea plena de yodo que gravita en el sol de mi cerebro. ¡La Dicha, la dicha Mersault, vivida en términos de contrarazón! Tú y yo, Mersault, Extraños, Extranjeros y Marginados amamos el centro del Universo, nuestro universo que es el Sol, e inevitablemente para retornar a él escuchamos en silencio los mil gritos de odio de los espectadores, pues somos actores de una obra con principio pero sin final.

NOTAS:

1. Antoine de Saint Exupery. El Principito. Barcelona, Emecé Editores, 1989."La palabra es fuente de malentendidos", pág. 71
________________________________________

©   Clímaco Pérez Camargo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n10.html
Conversación con Mersault

Clímaco Pérez Camargo
Profesor Titular
Universidad  de la Guajira


"Es un juego que conozco bien.  Me divertía a menudo
haciéndolo con Manuel  o Celeste y, generalmente,
eran ellos quienes apartaban la mirada."

El Extranjero - Albert Camus.


          Quienquiera que seas, Extranjero, reconozco tu mirada. Desde el primer momento adiviné tu procedencia. ¿Acaso crees que esos devaneos, esas sutiles miradas en las que prolongaste con Celeste a los hombres más allá del infinito, no te igualaban, no te hacían idéntico a nosotros? Ese instante tenue, semejante a la inexistencia, fugaz y en el que no hay un parpadeo, ese vínculo con un semejante en el que dos miradas se convierten en eclipse de sol y luna, ¿qué otra cosa crees que significa? Esa comprensión se reconoce como matrimonio con la tierra.

          Díme ahora Mersault, ¿cuántos días de tu existencia  te fue indiferente la mirada de Celeste?. Dáte cuenta que no te pregunto por la de María que para mí tiene mayor importancia, ni por la de Salamano y su perro sarnoso, ni por la del proxeneta y su maravillosa amante, porque adivino en ella la voz barroca de matices de Nour El Houda y, a la vez, la sensual de Samira Toufic que enciende teas agigantadas por el simún en el desierto nocturno de mi corazón. No, hermano, no pregunto por ellas. Te solicito no te levantes porque te nombre con la  más amplia ternura que puedas concebir; amo singularmente a toda persona  y tú no escapas apropiación, como tampoco mi amor tiene orígenes en el Cristianismo.

          Sé también como tú que lo único que cuenta es el Hombre y que la existencia es lo que cada uno anhele hacer de la suya. Tú y yo somos mediterráneos y modernos, pero de modo singular lo primero porque el insecto monocelular insiste entre los latidos de la vida. ¿Observaste el barro adherido a tus uñas en el amanecer de un imsomnioso sábado argelino? Tu silencio te delató. Necesitabas, te era preciso un lenguaje de más amplio espectro que el ridículamente impuesto entre y para personas comunes. Un lenguaje sencillo y pleno como el de los ojos; más transparente que todos los manantiales del medioevo.

          Será que no es sólo como creía de Saint Exúpery, (1) sino que además el lenguaje humano  es apenas una posibilidad; remota como los mitos de la vida humana. Catedral  islámica de la poesía nunca empezada, nunca acabada. Sí, Mersault, creo en el lenguaje de tu silencio como el verdadero entre los hombres. Callaste...gritando que entendías perfectamente toda propuesta. ¿Bajo cuál órbita gravita siempre la existencia para los que como tú y yo somos extraños y extranjeros a la tierra, los que padecemos este horrible mal disperso a lo largo del siglo XX? Lo sabías lúcidamente, en cualquier latitud, bajo cualquier coordenada, estamos condenados a las palpitaciones, los címbalos demenciales, las mil contracciones y expansiones de los rayos solares. Súbditos del sol en todas las dimensiones, bajo los laseres y maseres de distintos sistemas planetarios.            

          ¿Díme en que arena de tu cuerpo dormita la mirada espumosa de Celeste?. ¡El Sol! ¡El Sol! Y la ternura de una playa inseminada por "El pez ateo de tus sagradas olas", como diría después un término medio entre Rimbaud y Villon; el gran mixtificador colombiano. Gravitamos alrededor del sol y sin embargo son tan pocos los espíritus que retornamos a él. Tú y yo singularmente hermanos, y todos los semejantes a nosotros. El disco rojo nutre y se retroalimenta de todo lo que crea.

          Las aves del paraíso comprenden la miseria y grandeza del hombre. Perciben la fiesta y el duelo a través de la música. Pero el hombre no entiende de igual  manera el alma de las aves, como tampoco percibe la música eterna que lo ata al sol. Los grandes músicos ¿qué han dicho al respecto?

          ¡El Sol! Y la complicidad de una playa para configurar  apenas un destino. El absurdo te haría señalar al sol como único culpable. Pero entre tú y el sol no se gestó un asesino, sino una hermandad sin límites y un entendimiento más allá de lo terrestre. De la tierra todo es merecible y sin importancia. Del núcleo solar se levanta una pregunta condición que en nuestras bocas y nuestros corazones nos convierte en extraños y extranjeros.

          Sí, tú y los que estamos aquí en la tierra, al casar nuestras miradas no somos más que terrestres y terrófilos. Manierismos del corazón, entretenerse de la razón y el grito de la sangre a través de los cuerpos en las noches aullantes. Nos entrelazamos con María, al día siguiente nos da asco el sabor del cigarrillo. La cama destendida y este arco iris a través del prisma de la ventana; las familias y los jóvenes que intentan inventar el día domingo. Si vieses en mi ciudad los rostros que contemplo en este día. Día semejante a una vieja que hace muecas a un gay del que pende una grande argolla de oro en la oreja izquierda.

          Domingo: "la muerte en el alma".

          En invierno florecen los almendros en Argel. En diciembre el cielo de Santa Marta se cubre de trinitarias y, sobre la superficie aguamarina, viajan sin rumbo millares de minúsculas goletas blancas. Escuchamos con nostalgia Golden Slumbers de Rowls, porque allí flota la mirada exótica de una joven cualquiera. Vuelta a encontrar con la risa franca y libre en una carretera paralela al mar. Entre sus cabellos al viento y mi risa, sus ojos infinitos y mis dientes nos sumergimos en la marea plena de yodo que gravita en el sol de mi cerebro. ¡La Dicha, la dicha Mersault, vivida en términos de contrarazón! Tú y yo, Mersault, Extraños, Extranjeros y Marginados amamos el centro del Universo, nuestro universo que es el Sol, e inevitablemente para retornar a él escuchamos en silencio los mil gritos de odio de los espectadores, pues somos actores de una obra con principio pero sin final.

NOTAS:

1. Antoine de Saint Exupery. El Principito. Barcelona, Emecé Editores, 1989."La palabra es fuente de malentendidos", pág. 71
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©   Clímaco Pérez Camargo

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
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