

Se siente o no
Fernando Olszanski
Dice Octavio Paz, que el poeta se enamora del silencio y necesariamente debe romperlo en el acto de la creación, y esto es una paradoja soberbia y apasionada. Porque la poesía es eso, un acto de parición, una entrega de las últimas reservas emocionales, que fueron sacudidas para dejar destilar esa sensibilidad que vocifera pasión. La poesía es todo, y es nada, pero si hay que decir que la poesía es algo, entonces necesariamente debemos decir que es pasión. Declarar que es pura e impura, es sucia y sublime, es narcótica, y es también oración.
Por eso a la hora de la crítica se debe medir lo que se dice. Leer poesía no es fácil. ¿Se puede mensurar la pasión? ¿Quién está realmente preparado para evaluar un poema de obsesión, o de desamor, o sobre un aborto, o sobre la muerte? Nadie. Absolutamente nadie puede decir si un poema es bueno o si es malo. Se puede advertir si llega a los filamentos o no, si se palpa la emoción del poeta o no. Pero ¿criticarlo? ¿Proclamar que es arte o no? ¿Medirlo tan solo en cuestiones geométricas o estéticas? ¡Ah críticos! Quisiera ver sus creaciones y no sus lenguas serpenteando simbolismos en el aire. El analizar una poesía debe ser una suma de contextos que encierran el momento creador, edad, punto de vista, realidad social, cultural, económica, política. La situación histórica, tan cambiante, como perturbadora. ¿Cómo identificar las influencias, las circunstancias que obligan a expresarse de una manera u otra, el por qué de la utilización de un vocablo en desmedro del otro? Pretender inmiscuirse en los pensamientos de alguien es, ¿como decirlo?, imprudente.
Además tenemos la osadía de encontrar códigos cifrados, diagramas entrelazados en las sentencias diseminadas por el autor. La poesía en un género único dentro de la literatura. Nos permite hallar más de un sentido en sus líneas. Más de una dimensión. Interpretarla técnicamente es un pecado de snobismo. Si se lee sin emoción, probablemente se dirá: no entiendo. Lo que traducido significa es mala. Para leer poesía debe existir un compromiso de sensibilidad con el texto, si no, el estremecimiento escondido en las oraciones, pasará desapercibido, la lágrima que aflora por detrás de un acento se escurrirá perdiéndose en el anonimato. Si después de encontrar la emoción, genera una reacción, el poema habrá alcanzado el grado de perfección que añora el autor. Si un poema llega tan sólo al cerebro, no sirve. Tiene que hacer algo dentro de uno, tiene que provocar los sentidos, mutar los pensamientos, y de eso las escuelas literarias no entienden. Detrás de los oxímoros, de los lugares comunes, de los gerundios, y de los condicionales, hay un ser que grita, patalea, se emociona, se comunica. No hay nada peor que tender la mano, y que quede flotando en el vacío.
Se podrá decir que una poesía es arte y otra no. Tratarán de convencerme de la conveniencia del vuelo retórico, (algo que valoro y mucho), pero al momento de sentarme frente a un libro no enciendo la calculadora. Abro mis sentidos. Extiendo mis emociones. Aclimato las instancias. Me desvisto de preconceptos y recibo el estímulo del poeta. Pero por sobre todo, no comprendo, siento, que no es lo mismo. Después y sólo después vendrá el análisis, el desguace de las piezas, el desmenuce literario y técnico.
Matsuo Basho dijo que hay que vivir lo que se escribe, y escribir lo que se vive. Esto es la única garantía de evitar una gramática fuselada y aritmética, abarcando así un costado creativo, un discurso penetrante y real, un sentido profundo y mucho más locuaz que los fuegos de artificio.
La poesía se siente o no. La poesía llega o no. Lo que se diga después, es tan sólo literatura.
BIO-BIBLIOGRAFÍA DE FERNANDO OLSZANSKI:
Fernando es escritor, actor y fotógrafo, nacido en Buenos Aires, Argentina. Cursó estudios de Ingeniería Química en la Universidad de Buenos Aires. Residió alternativamente en Ecuador y Estados Unidos, donde coordinó talleres literarios. Sus trabajos han sido editados en países de Latinoámerica, Europa y Estados Unidos. Ha publicado la novela REZOS DE MARIHUANA y el poemario PARTE DEL POLVO, ambos en Ediciones del Dock, Argentina. Es corresponsal en Asia de la revista EL MURO CULTURAL. Ha colaborado con diversas publicacione en internet, como THE BARCELONA REVIEW, VOCES, EL ARCO DE LA ROSA, EL GATO DE HANK, LITAPORTER, MUNDO POESIA, EL BOLÍGRAFO, RAZON Y PALABRA y otras más. Como fotógrafo, ha participado en muestras parciales en Chicago, Argentina y Japón. Estudió teatro con Myriam Wigutov. Actualmente, reside en Niigata, Japón, donde realiza un estudio fotográfico sobre Asia, trabaja en su próxima novela y enseña la lengua española. ________________________________________
© Fernando Olszanski
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 10 Julio-Agosto-Septiembre de 2002
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO BARRANQUILLA - COLOMBIA
El URL de este documento es: http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n10jen.html |


Se siente o no
Fernando Olszanski
Dice Octavio Paz, que el poeta se enamora del silencio y necesariamente debe romperlo en el acto de la creación, y esto es una paradoja soberbia y apasionada. Porque la poesía es eso, un acto de parición, una entrega de las últimas reservas emocionales, que fueron sacudidas para dejar destilar esa sensibilidad que vocifera pasión. La poesía es todo, y es nada, pero si hay que decir que la poesía es algo, entonces necesariamente debemos decir que es pasión. Declarar que es pura e impura, es sucia y sublime, es narcótica, y es también oración.
Por eso a la hora de la crítica se debe medir lo que se dice. Leer poesía no es fácil. ¿Se puede mensurar la pasión? ¿Quién está realmente preparado para evaluar un poema de obsesión, o de desamor, o sobre un aborto, o sobre la muerte? Nadie. Absolutamente nadie puede decir si un poema es bueno o si es malo. Se puede advertir si llega a los filamentos o no, si se palpa la emoción del poeta o no. Pero ¿criticarlo? ¿Proclamar que es arte o no? ¿Medirlo tan solo en cuestiones geométricas o estéticas? ¡Ah críticos! Quisiera ver sus creaciones y no sus lenguas serpenteando simbolismos en el aire. El analizar una poesía debe ser una suma de contextos que encierran el momento creador, edad, punto de vista, realidad social, cultural, económica, política. La situación histórica, tan cambiante, como perturbadora. ¿Cómo identificar las influencias, las circunstancias que obligan a expresarse de una manera u otra, el por qué de la utilización de un vocablo en desmedro del otro? Pretender inmiscuirse en los pensamientos de alguien es, ¿como decirlo?, imprudente.
Además tenemos la osadía de encontrar códigos cifrados, diagramas entrelazados en las sentencias diseminadas por el autor. La poesía en un género único dentro de la literatura. Nos permite hallar más de un sentido en sus líneas. Más de una dimensión. Interpretarla técnicamente es un pecado de snobismo. Si se lee sin emoción, probablemente se dirá: no entiendo. Lo que traducido significa es mala. Para leer poesía debe existir un compromiso de sensibilidad con el texto, si no, el estremecimiento escondido en las oraciones, pasará desapercibido, la lágrima que aflora por detrás de un acento se escurrirá perdiéndose en el anonimato. Si después de encontrar la emoción, genera una reacción, el poema habrá alcanzado el grado de perfección que añora el autor. Si un poema llega tan sólo al cerebro, no sirve. Tiene que hacer algo dentro de uno, tiene que provocar los sentidos, mutar los pensamientos, y de eso las escuelas literarias no entienden. Detrás de los oxímoros, de los lugares comunes, de los gerundios, y de los condicionales, hay un ser que grita, patalea, se emociona, se comunica. No hay nada peor que tender la mano, y que quede flotando en el vacío.
Se podrá decir que una poesía es arte y otra no. Tratarán de convencerme de la conveniencia del vuelo retórico, (algo que valoro y mucho), pero al momento de sentarme frente a un libro no enciendo la calculadora. Abro mis sentidos. Extiendo mis emociones. Aclimato las instancias. Me desvisto de preconceptos y recibo el estímulo del poeta. Pero por sobre todo, no comprendo, siento, que no es lo mismo. Después y sólo después vendrá el análisis, el desguace de las piezas, el desmenuce literario y técnico.
Matsuo Basho dijo que hay que vivir lo que se escribe, y escribir lo que se vive. Esto es la única garantía de evitar una gramática fuselada y aritmética, abarcando así un costado creativo, un discurso penetrante y real, un sentido profundo y mucho más locuaz que los fuegos de artificio.
La poesía se siente o no. La poesía llega o no. Lo que se diga después, es tan sólo literatura.
BIO-BIBLIOGRAFÍA DE FERNANDO OLSZANSKI:
Fernando es escritor, actor y fotógrafo, nacido en Buenos Aires, Argentina. Cursó estudios de Ingeniería Química en la Universidad de Buenos Aires. Residió alternativamente en Ecuador y Estados Unidos, donde coordinó talleres literarios. Sus trabajos han sido editados en países de Latinoámerica, Europa y Estados Unidos. Ha publicado la novela REZOS DE MARIHUANA y el poemario PARTE DEL POLVO, ambos en Ediciones del Dock, Argentina. Es corresponsal en Asia de la revista EL MURO CULTURAL. Ha colaborado con diversas publicacione en internet, como THE BARCELONA REVIEW, VOCES, EL ARCO DE LA ROSA, EL GATO DE HANK, LITAPORTER, MUNDO POESIA, EL BOLÍGRAFO, RAZON Y PALABRA y otras más. Como fotógrafo, ha participado en muestras parciales en Chicago, Argentina y Japón. Estudió teatro con Myriam Wigutov. Actualmente, reside en Niigata, Japón, donde realiza un estudio fotográfico sobre Asia, trabaja en su próxima novela y enseña la lengua española. ________________________________________
© Fernando Olszanski
LA CASA DE ASTERIÓN ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios Volumen III - Número 10 Julio-Agosto-Septiembre de 2002
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO BARRANQUILLA - COLOMBIA
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