Editorial:
2002: A 20 años del Premio Nobel
de Literatura concedido a García Márquez

Guillermo Tedio
Universidad del Atlántico

                    Ahora (2002), cuando Gabriel García Márquez ha cumplido 75 años de edad y está a punto de entregarnos el primer volumen de sus memorias, queremos recordar que hace 20 años, en 1982, recibió en  Estocolmo, el Premio Nobel de Literatura. Si bien es cierto este Premio no se concede por una obra en especial sino por el conjunto de la obra de un escritor, no cabe duda la importancia que en ello tuvo el mundo de ficción y lenguaje vertido en Cien años de soledad. Del mismo modo, aprovechemos esta conmemoración para hablar un poco del primer cuento publicado por el narrador colombiano, en el año de 1927, y señalar uno de sus temas obsesivos.

                    Empezada a escribir cuando García Márquez cumplía 16 años, Cien años de Soledad  tendrá vida pública 24 años después. Confiesa el mismo Gabo que él llevaba en la cabeza los hechos que quería contar, lo que sería la historia de los Buendía en un pueblo llamado Macondo, pero como confesó a Mario Vargas Llosa, tenía dificultades técnicas narrativas y carecía del lenguaje y el tono que requería esa historia, y solo va a ser en 1965 cuando se encierra 18 meses en una casa de México y produce el milagro de parir el libro que había estado gestando durante 38 años, desde su nacimiento, en 1927, en Aracataca. De ese encierro salió lleno de deudas pues a su alrededor se había deteriorado la economía doméstica, pero con el aura de los náufragos que logran llegar a una playa salvadora, con el regocijo de haber escrito la obra que partiría en dos tajadas la historia de la literatura latinoamericana.

                    Si hay una palabra que define a Cien años de soledad es "desaforada", no solo por los personajes, las situaciones y el argumento gargantuescos sino igualmente por el lenguaje. Se trata de seres pantagruélicos en las acciones que emprenden, en los anhelos que proyectan, en las empresas que se proponen. Pero quizás el mayor mérito o mejor, el gran descubrimiento de García Márquez, fue el hecho de volver a inventar el mundo, a reinventar las cosas, como se puede apreciar en el motivo de la fundación de Macondo; en la peste del insomnio y del olvido, cuando había que colocar letreros a las cosas y a los animales para identificarlos y poder recordar cuál era su uso o para qué servían; igualmente se aprecia en el mundo reciente en que las cosas carecían de nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo; en José Arcadio Buendía, cuando descubrió que la tierra era redonda como una naranja; en el asombro de los macondinos frente a los inventos que traían los gitanos a la aldea, como el hielo, la lupa, el catalejo, el sextante, el astrolabio, la brújula, los mapas, el laboratorio de alquimia, la daguerrotipia, la dentadura postiza... Dentro de esa posición de reinventar el mundo, de descubrir lo que ya está descubierto, se explica el rico y novedoso anacronismo que recorre todas las páginas de la novela, como por ejemplo, el uso del narrador omnisciente decimonónico  frente al desapego por otros tipos de narradores más cercanos a la modernidad; el empleo de algunas técnicas o trucos narrativos provenientes de la edad media, como el hecho de imaginar que ya la historia de los Buendía había sido escrita en sánscrito por el gitano Melquíades, con cien años de anticipación, para que un miembro de la estirpe de los Buendía la leyera en el momento exacto en que un huracán apocalíptico destruye a Macondo.

                    Cien años de soledad es una novela total en la que el Macondo que ya venía bosquejado en los libros anteriores, toma corporeidad definitva de aldea latinoamericana, en este caso, con sus tangibles características de mundo costeño, caribe, en el que los personajes viven sus vidas desaforadamente, dando rienda suelta a sus sueños y deseos.

                    Por otra parte, el primer cuento publicado por García Márquez es  "La tercera resignación", que aparece en el periódico El Espectador, de Bogotá, en 1927, cuando Gabo tiene 20 años de edad. Es un cuento en el que ya se palpa el mundo de realismo mágico que va a estar presente en su obra posterior. En ese sentido, García Márquez ha sido fiel a sus primeras obsesiones: el tema del muerto y el realismo fantástico en que combina los hechos cotidianos con la anormalidad de la ficción mágica. Es lo que ocurre en este cuento primerizo en el que al morir un niño, su madre se ve obligada, por diagnóstico del médico, a tenerlo en la casa, metido en un ataúd para adultos porque aunque esté muerto, sigue creciendo hasta cuando años más tarde se produce una segunda muerte, ésta sí definitiva. El título del cuento quizás se justifica o explica en el hecho de haber muerto el personaje dos veces, más el momento del nacimiento, que es de algún modo, una forma de morir o de empezar a morir, lo que suma tres resignaciones en la muerte.

                    Si tuviéramos que proponer una interpretación del cuento, podríamos escoger el camino de explicarnos cómo las estructuras o las situaciones económicas, sociales y políticas del país (Colombia) --planteadas en el cuento de un modo seguramente no consciente-- van a producir en la mente de García Márquez, una metáfora del país, la del niño que se muere tres veces sin alcanzar su pleno desarrollo mental y físico, para remitirnos imaginativamente a la imagen de una nación que en 1947, tiempo de la escritura del relato, se resignaba a la muerte por tercera vez. No hay que olvidar que en 1947, Colombia padecía una de sus peores crisis socio-políticas, que va a desembocar en 1948, en el asesinato del líder populista Jorge Eliécer Gaitán.

                    Y precisamente, el tema del muerto va a reinar a todo lo largo y ancho de la obra garcíamarquina. Para dar algunos ejemplos, pensemos en el comienzo de El otoño del patriarca, en que los gallinazos han roto las celosías de las ventanas del palacio presidencial y han entrado a las habitaciones, al vasto desierto del poder, a picotear el cadáver de Su Excelencia.

                    Del mismo modo, Cien años de soledad se inicia con la angustiosa posibilidad de la muerte, cuando se nos dice que el coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, había de recordar la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo traído por los gitanos. El cuento largo "Los funerales de la Mamá Grande" lleva el tema del muerto en el título y lo desarrolla desde la primera hasta la última frase, con un lenguaje carnavalesco. En "El ahogado más hermoso del mundo", como en "La  tercera resignación", el tema funerario se convierte en el del "muerto-vivo". Tal vez esta obsesión o manía funeraria de García Márquez provenga de la imagen que seguramente dejaron en su mente las escenas de los velorios de la costa atlántica colombiana y el Caribe, en que la gente tiene la costumbre de reunirse alrededor del difunto, a recordar las peripecias por las que pasó esa persona. Es lo que ocurre en La hojarasca. Allí, un muerto desgrana la historia, que se narra a través de tres conciencias: el abuelo, la hija, el nieto. Cuando bajan el cadáver del médico francés, quien se ha ahorcado, se comienza a hablar de su llegada, de sus relaciones con Meme, de cómo y por qué perdió su clientela...

                    Es importante recordar que al lado de García Márquez, otros escritores latinoamericanos han recibido el Premio Nobel: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Octavio Paz y los caribeños  D. Walcott y  V. S. Naipaul.
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©   Guillermo Tedio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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Editorial:
2002: A 20 años del Premio Nobel
de Literatura concedido a García Márquez

Guillermo Tedio
Universidad del Atlántico

                    Ahora (2002), cuando Gabriel García Márquez ha cumplido 75 años de edad y está a punto de entregarnos el primer volumen de sus memorias, queremos recordar que hace 20 años, en 1982, recibió en  Estocolmo, el Premio Nobel de Literatura. Si bien es cierto este Premio no se concede por una obra en especial sino por el conjunto de la obra de un escritor, no cabe duda la importancia que en ello tuvo el mundo de ficción y lenguaje vertido en Cien años de soledad. Del mismo modo, aprovechemos esta conmemoración para hablar un poco del primer cuento publicado por el narrador colombiano, en el año de 1927, y señalar uno de sus temas obsesivos.

                    Empezada a escribir cuando García Márquez cumplía 16 años, Cien años de Soledad  tendrá vida pública 24 años después. Confiesa el mismo Gabo que él llevaba en la cabeza los hechos que quería contar, lo que sería la historia de los Buendía en un pueblo llamado Macondo, pero como confesó a Mario Vargas Llosa, tenía dificultades técnicas narrativas y carecía del lenguaje y el tono que requería esa historia, y solo va a ser en 1965 cuando se encierra 18 meses en una casa de México y produce el milagro de parir el libro que había estado gestando durante 38 años, desde su nacimiento, en 1927, en Aracataca. De ese encierro salió lleno de deudas pues a su alrededor se había deteriorado la economía doméstica, pero con el aura de los náufragos que logran llegar a una playa salvadora, con el regocijo de haber escrito la obra que partiría en dos tajadas la historia de la literatura latinoamericana.

                    Si hay una palabra que define a Cien años de soledad es "desaforada", no solo por los personajes, las situaciones y el argumento gargantuescos sino igualmente por el lenguaje. Se trata de seres pantagruélicos en las acciones que emprenden, en los anhelos que proyectan, en las empresas que se proponen. Pero quizás el mayor mérito o mejor, el gran descubrimiento de García Márquez, fue el hecho de volver a inventar el mundo, a reinventar las cosas, como se puede apreciar en el motivo de la fundación de Macondo; en la peste del insomnio y del olvido, cuando había que colocar letreros a las cosas y a los animales para identificarlos y poder recordar cuál era su uso o para qué servían; igualmente se aprecia en el mundo reciente en que las cosas carecían de nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo; en José Arcadio Buendía, cuando descubrió que la tierra era redonda como una naranja; en el asombro de los macondinos frente a los inventos que traían los gitanos a la aldea, como el hielo, la lupa, el catalejo, el sextante, el astrolabio, la brújula, los mapas, el laboratorio de alquimia, la daguerrotipia, la dentadura postiza... Dentro de esa posición de reinventar el mundo, de descubrir lo que ya está descubierto, se explica el rico y novedoso anacronismo que recorre todas las páginas de la novela, como por ejemplo, el uso del narrador omnisciente decimonónico  frente al desapego por otros tipos de narradores más cercanos a la modernidad; el empleo de algunas técnicas o trucos narrativos provenientes de la edad media, como el hecho de imaginar que ya la historia de los Buendía había sido escrita en sánscrito por el gitano Melquíades, con cien años de anticipación, para que un miembro de la estirpe de los Buendía la leyera en el momento exacto en que un huracán apocalíptico destruye a Macondo.

                    Cien años de soledad es una novela total en la que el Macondo que ya venía bosquejado en los libros anteriores, toma corporeidad definitva de aldea latinoamericana, en este caso, con sus tangibles características de mundo costeño, caribe, en el que los personajes viven sus vidas desaforadamente, dando rienda suelta a sus sueños y deseos.

                    Por otra parte, el primer cuento publicado por García Márquez es  "La tercera resignación", que aparece en el periódico El Espectador, de Bogotá, en 1927, cuando Gabo tiene 20 años de edad. Es un cuento en el que ya se palpa el mundo de realismo mágico que va a estar presente en su obra posterior. En ese sentido, García Márquez ha sido fiel a sus primeras obsesiones: el tema del muerto y el realismo fantástico en que combina los hechos cotidianos con la anormalidad de la ficción mágica. Es lo que ocurre en este cuento primerizo en el que al morir un niño, su madre se ve obligada, por diagnóstico del médico, a tenerlo en la casa, metido en un ataúd para adultos porque aunque esté muerto, sigue creciendo hasta cuando años más tarde se produce una segunda muerte, ésta sí definitiva. El título del cuento quizás se justifica o explica en el hecho de haber muerto el personaje dos veces, más el momento del nacimiento, que es de algún modo, una forma de morir o de empezar a morir, lo que suma tres resignaciones en la muerte.

                    Si tuviéramos que proponer una interpretación del cuento, podríamos escoger el camino de explicarnos cómo las estructuras o las situaciones económicas, sociales y políticas del país (Colombia) --planteadas en el cuento de un modo seguramente no consciente-- van a producir en la mente de García Márquez, una metáfora del país, la del niño que se muere tres veces sin alcanzar su pleno desarrollo mental y físico, para remitirnos imaginativamente a la imagen de una nación que en 1947, tiempo de la escritura del relato, se resignaba a la muerte por tercera vez. No hay que olvidar que en 1947, Colombia padecía una de sus peores crisis socio-políticas, que va a desembocar en 1948, en el asesinato del líder populista Jorge Eliécer Gaitán.

                    Y precisamente, el tema del muerto va a reinar a todo lo largo y ancho de la obra garcíamarquina. Para dar algunos ejemplos, pensemos en el comienzo de El otoño del patriarca, en que los gallinazos han roto las celosías de las ventanas del palacio presidencial y han entrado a las habitaciones, al vasto desierto del poder, a picotear el cadáver de Su Excelencia.

                    Del mismo modo, Cien años de soledad se inicia con la angustiosa posibilidad de la muerte, cuando se nos dice que el coronel Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento, había de recordar la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo traído por los gitanos. El cuento largo "Los funerales de la Mamá Grande" lleva el tema del muerto en el título y lo desarrolla desde la primera hasta la última frase, con un lenguaje carnavalesco. En "El ahogado más hermoso del mundo", como en "La  tercera resignación", el tema funerario se convierte en el del "muerto-vivo". Tal vez esta obsesión o manía funeraria de García Márquez provenga de la imagen que seguramente dejaron en su mente las escenas de los velorios de la costa atlántica colombiana y el Caribe, en que la gente tiene la costumbre de reunirse alrededor del difunto, a recordar las peripecias por las que pasó esa persona. Es lo que ocurre en La hojarasca. Allí, un muerto desgrana la historia, que se narra a través de tres conciencias: el abuelo, la hija, el nieto. Cuando bajan el cadáver del médico francés, quien se ha ahorcado, se comienza a hablar de su llegada, de sus relaciones con Meme, de cómo y por qué perdió su clientela...

                    Es importante recordar que al lado de García Márquez, otros escritores latinoamericanos han recibido el Premio Nobel: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Octavio Paz y los caribeños  D. Walcott y  V. S. Naipaul.
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©   Guillermo Tedio

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia

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