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Como el viento

Olga Drenen

           Los personajes:
          Pájaro Campana o Campanero: pájaro sudamericano del género de los mirlos cuyo canto suena como una ampana.
           Pajarita de Papel: papel cuadrado que mediante varios dobleces (papiroflexia) adquiere forma de pájara.


          Un día, Pájaro Campana y Pajarita de Papel empezaron a construir su nido. Habían decidido formar una familia. El nido. Barro, ramas, saliva. Poco a poco, el piso, un día; el otro, las paredes. Poco a poco. Mientras ellos trabajaban, los que iban a ser sus vecinos se habían reunido para conversar.          

          --Nadie los quiere aquí --protestó la calandria--. A ella, hay que cuidarla porque cualquier brisa se la puede llevar y a él, ¿quién lo entiende? Si casi no canta... Nadie los quiere aquí...

          --Yo --dijo el loro--, no es que no los quiera. Es que..., digo, ¿no?, ¿qué clase de pichones van a tener? ¡Son tan raros! Sería mejor que armaran su nido en otro lado, no es por nada, ¿no?... Tenemos que pensar en nuestros hijos...

          Un poco antes, cuando Pájaro Campana conoció a Pajarita de Papel, quiso cantar "¡Hola, linda!", pero no le salió ni "pío". Y no le salió ni "pío" porque, en primer lugar, él no cantaba, y en segundo lugar, porque en cuanto la vio, se emocionó tanto que lo único que pudo pronunciar fue "tilín". Pero un "tilín" finito, finito igual que un hilo de coser estirado.

          Al oírlo, Pajarita de Papel lo miró de reojo y se quedó pensando que nunca había oído nada igual.

Pronto, se hicieron amigos. Muy pronto. En medio de una tormenta, se hicieron amigos. Se cruzaron en el aire y en cuanto sopló el viento, él la tomó con cuidado con el pico y la protegió de la lluvia porque Pajarita de Papel era tan, pero tan liviana que en cuanto soplaba un poco de aire, remontaba vuelo.

          Después de mirarla a los ojos, Pájaro Campana dio vueltas y vueltas a su lado. ¡Era muy graciosa! Así, se conocieron.

          --Mejor les decimos lo que pensamos --dijo el loro.

          Pero el tordo, que tenía fama de sabio, no opinaba como él.

A la hora de la siesta, Pajarita de Papel dejó la hoja de pasto que tenía en el pico y recordó cómo Pájaro Campana y ella decidieron armar el nido.

          --¿Qué color tienen los árboles del otro lado del río? --le había preguntado una tarde.

          Por toda respuesta, él la pegó a su pecho y prendida de sus plumas, la llevó a conocerlos.

          Nadie como Pájaro Campana para cuidarla de las corrientes de aire, y nadie como ella para mostrarle los paisajes que llevaba dibujados en sus alas. Paisajes lejanos que él nunca había visto.

          No era extraño que se hubieran enamorado y decidieran formar una familia.

          Aquella mañana, Pájaro Campana y Pajarita de Papel iban y venían con hojas y ramas; los vecinos, en cambio, hablaban.

          --Estoy pensando que lo mejor va a ser decirles que no queremos saber nada con ellos --dijo el loro que repetía todo lo que decía la calandria--, ¿qué puede pasar si nos mezclamos con ellos que son tan distintos de nosotros? Tenemos que pensar en nuestros hijos.

          --¡Estoy de acuerdo! -,se entusiasmó el hornero--, pero por ahí, se dan cuenta solos si no los miramos ni les hablamos. Y, entonces, se van a ir.

          Sin embargo, el tordo, que tenía fama de sabio, no opinaba como ellos.

          --¡Eso es echarlos! Pero, ¿dónde está escrito --protestó-- que para tener derecho a vivir con otros hay que saber cantar y volar? ¿Y los topos, entonces? ¿Por qué no se meten con los topos?

          --Es que Pájaro Campana y su señora no son como nosotros... --dijo el loro.

          --Los caballos tampoco, ni los tigres, ni los peces, ¡echen a los perros y a los gatos que también son diferentes! ¡A que no se animan!

          La calandria iba a contestarle, pero los otros pájaros que respetaban mucho al tordo le volvieron la espalda.

          --Tasa, tasa, cada cual para su casa... --suspiró el tordo dando el asunto por terminado.

          Y levantó vuelo. Los demás lo siguieron. La calandria y el loro se quedaron solos en medio del campo.

          Algo después, una noticia corrió de pico en pico, de trompa en trompa, de hocico en hocico.

          --Pajarita de Papel está empollando, ¡van a tener pichones!

          --Ahora, te quiero ver... --murmuró la calandria--, me gustaría saber qué va a salir de esos cascarones...

          Justamente, fue ella la primera en acercarse al nido cuando los nuevos pajaritos empezaron a asomar las cabezas sin plumas fuera del huevo.

          --¿A quién salieron? ¿A quién se parecen? ¿Cómo van a ser esos pichones? --preguntó de puro curiosa.

          Entonces, Pajarita de Papel le contestó:

          --Libres como el viento igual que sus padres.

          Fue cuando Pájaro Campana cantó una vez más, su famoso "¡Tilín!".

          Y, aunque parezca imposible, el mundo entero se llenó de cascabeles.
______________________________________

©  Olga Drenen

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v3n10cam.html
Como el viento

Olga Drenen

           Los personajes:
          Pájaro Campana o Campanero: pájaro sudamericano del género de los mirlos cuyo canto suena como una ampana.
           Pajarita de Papel: papel cuadrado que mediante varios dobleces (papiroflexia) adquiere forma de pájara.


          Un día, Pájaro Campana y Pajarita de Papel empezaron a construir su nido. Habían decidido formar una familia. El nido. Barro, ramas, saliva. Poco a poco, el piso, un día; el otro, las paredes. Poco a poco. Mientras ellos trabajaban, los que iban a ser sus vecinos se habían reunido para conversar.          

          --Nadie los quiere aquí --protestó la calandria--. A ella, hay que cuidarla porque cualquier brisa se la puede llevar y a él, ¿quién lo entiende? Si casi no canta... Nadie los quiere aquí...

          --Yo --dijo el loro--, no es que no los quiera. Es que..., digo, ¿no?, ¿qué clase de pichones van a tener? ¡Son tan raros! Sería mejor que armaran su nido en otro lado, no es por nada, ¿no?... Tenemos que pensar en nuestros hijos...

          Un poco antes, cuando Pájaro Campana conoció a Pajarita de Papel, quiso cantar "¡Hola, linda!", pero no le salió ni "pío". Y no le salió ni "pío" porque, en primer lugar, él no cantaba, y en segundo lugar, porque en cuanto la vio, se emocionó tanto que lo único que pudo pronunciar fue "tilín". Pero un "tilín" finito, finito igual que un hilo de coser estirado.

          Al oírlo, Pajarita de Papel lo miró de reojo y se quedó pensando que nunca había oído nada igual.

Pronto, se hicieron amigos. Muy pronto. En medio de una tormenta, se hicieron amigos. Se cruzaron en el aire y en cuanto sopló el viento, él la tomó con cuidado con el pico y la protegió de la lluvia porque Pajarita de Papel era tan, pero tan liviana que en cuanto soplaba un poco de aire, remontaba vuelo.

          Después de mirarla a los ojos, Pájaro Campana dio vueltas y vueltas a su lado. ¡Era muy graciosa! Así, se conocieron.

          --Mejor les decimos lo que pensamos --dijo el loro.

          Pero el tordo, que tenía fama de sabio, no opinaba como él.

A la hora de la siesta, Pajarita de Papel dejó la hoja de pasto que tenía en el pico y recordó cómo Pájaro Campana y ella decidieron armar el nido.

          --¿Qué color tienen los árboles del otro lado del río? --le había preguntado una tarde.

          Por toda respuesta, él la pegó a su pecho y prendida de sus plumas, la llevó a conocerlos.

          Nadie como Pájaro Campana para cuidarla de las corrientes de aire, y nadie como ella para mostrarle los paisajes que llevaba dibujados en sus alas. Paisajes lejanos que él nunca había visto.

          No era extraño que se hubieran enamorado y decidieran formar una familia.

          Aquella mañana, Pájaro Campana y Pajarita de Papel iban y venían con hojas y ramas; los vecinos, en cambio, hablaban.

          --Estoy pensando que lo mejor va a ser decirles que no queremos saber nada con ellos --dijo el loro que repetía todo lo que decía la calandria--, ¿qué puede pasar si nos mezclamos con ellos que son tan distintos de nosotros? Tenemos que pensar en nuestros hijos.

          --¡Estoy de acuerdo! -,se entusiasmó el hornero--, pero por ahí, se dan cuenta solos si no los miramos ni les hablamos. Y, entonces, se van a ir.

          Sin embargo, el tordo, que tenía fama de sabio, no opinaba como ellos.

          --¡Eso es echarlos! Pero, ¿dónde está escrito --protestó-- que para tener derecho a vivir con otros hay que saber cantar y volar? ¿Y los topos, entonces? ¿Por qué no se meten con los topos?

          --Es que Pájaro Campana y su señora no son como nosotros... --dijo el loro.

          --Los caballos tampoco, ni los tigres, ni los peces, ¡echen a los perros y a los gatos que también son diferentes! ¡A que no se animan!

          La calandria iba a contestarle, pero los otros pájaros que respetaban mucho al tordo le volvieron la espalda.

          --Tasa, tasa, cada cual para su casa... --suspiró el tordo dando el asunto por terminado.

          Y levantó vuelo. Los demás lo siguieron. La calandria y el loro se quedaron solos en medio del campo.

          Algo después, una noticia corrió de pico en pico, de trompa en trompa, de hocico en hocico.

          --Pajarita de Papel está empollando, ¡van a tener pichones!

          --Ahora, te quiero ver... --murmuró la calandria--, me gustaría saber qué va a salir de esos cascarones...

          Justamente, fue ella la primera en acercarse al nido cuando los nuevos pajaritos empezaron a asomar las cabezas sin plumas fuera del huevo.

          --¿A quién salieron? ¿A quién se parecen? ¿Cómo van a ser esos pichones? --preguntó de puro curiosa.

          Entonces, Pajarita de Papel le contestó:

          --Libres como el viento igual que sus padres.

          Fue cuando Pájaro Campana cantó una vez más, su famoso "¡Tilín!".

          Y, aunque parezca imposible, el mundo entero se llenó de cascabeles.
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©  Olga Drenen

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen III - Número 10
Julio-Agosto-Septiembre de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 0124 - 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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