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Personajes populares:

Recuerdos de mi Barrio Abajo

César "Paragüita" Morales




Nota de la Dirección de LA CASA DE ASTERION:

Publicamos estos cuentos populares, llenos del rico lenguaje de la calle,de la sabiduría y las perplejidades de la esquina, cruce de encuentro de todas las historias que sabotean el baile mendaz y monofónico de la Historia Oficial. Llenas de la proverbial "mamadera de gallo" del barranquillero, estas formas de la oralitura le dejan a uno un sabor de frescura, de risa que se burla socarronamente de todo lo que huela a ceremonia y patetismo. Léalas y nos dará la razón.



       Mi barrio ha tenido troncos de personajes inolvidables,  protagonistas de las mas increíbles situaciones que han sido grabadas en la memoria de  sus habitantes. Voy  a referirles algunos cuentos de ellos.


1. El potroso

       A Cesar Cera le decían "EL POTROSO", y no es necesario explicarles por qué. Lo que sí sé es que le atribuían al agua que se consumía entonces estas inflamaciones salvajes que causaban risa entre los contertulios y dolor y aflicciones entre los que soportaban enfermedades de este calibre. Este man trabajaba para Funeraria La Mejor (1) pegando los "carteles de muertos", así difundía  la noticia de los que "pelaban el guineo", oficio que aumentó su popularidad. Esas tremendas chácaras que parecían balones de básquetbol, daban motivos para que le "montaran la talla", y se burlaran de él y de su potra cerrera.

       Un martes de Carnaval con tronco de chapetera le llevaron unos carteles y le tocó trabajar. --¡Tiene huevo este man, nojoda, cipote día el que escogió pa'morirse! --decía César,  tembleque, mientras los pegaba  sin ningún orden en la pared de los billares El Internacional (3), pero alguien le advirtió con un cipote grito:

       -- ¡Hey, César Potroso, estás pegando esa vaina al revés!

     Y él, saliendo de sus nebulosas, le contestó: --Cállate, sapo, que'l que se murió fue el dueño de los Almacenes Lasting
(2
), ¡nojoda!"

(1)  "La Mejor" quedaba en Murillo, entre Olaya y Aduana. Alguna vez pintaron un cipote aviso en una pared que había en el último tramo del ferry que tomábamos para ir a Santa Marta. Había muchos accidentes por exceso de velocidad en la recién inaugurada carretera. El letrero decía: "No corra, siempre lo esperamos". Funeraria "La Mejor". ¿Qué tal?

(2)  Murillo con Aduana, esquina.

(3)  La propaganda de Almacenes Lasting, populares en la década del sesenta, decía: "Donde está el aviso al revés".


2. Gardel

       Guillermo Naar García era tronco de mecánico, un tipo cuya honestidad era su estandarte. Lo conocíamos con el mote de "GARDEL", porque andaba cantando tangos y era todo un fanático del cantante argentino. Tú lo veías cruzando la calle mientras interpretaba con toda el alma: "Solo, yo voy solo entre la gente que me mira indiferente sin sentir curiosidad, solo como un perro callejero, como barca sin velero..."

       Cuando el viejo Guillo se metía sus petacazos se le despertaba el amor por nuestro bajo Manhattan, y cantaba con voz de tenor:  "Barrio, barrio, que tenés el alma inquieta de un gorrión sentimental...."

       Se lo veía elevado como un sonámbulo, parecía transfigurado, de otro mundo, era Gardel, entonces se alisaba el pelo y cantaba con una voz que le salía de por allá dentro, muy dentro de su alma:  "Mi Buenos Aires querido..."  Era el padre de Nancy Naar, popular apoyo espiritual de los desarrapados, los desechables,  los menesterosos de esta ciudad, a quien ellos llaman "Mamá Nancy".
 
       Su zona de trabajo fueron los distintos talleres de mecánica de la carrera Aduana, desde Obando hasta Jesús. En los inicios de los años 40, en plena  Segunda Guerra Mundial, un submarino alemán se varó en inmediaciones de Bocas de Ceniza y,  por recomendación de los técnicos de El Boliche, que habían tirado la toalla, buscaron a Gardel para arreglar el motor del submarino y lo hizo con tanta destreza y eficacia, haciendo crecer aún mas la fama de buen trabajador que ya tenía. En la etapa final de su vida trabajó con la Agencia de Aduana de Agustín Valle --padre de  Winston, el cumbiambero--, haciéndole mantenimiento al parque automotor de esa empresa . Su vida bohemia minó en extremo su salud hasta llevarlo a la tumba, pero dejó un recuerdo grato entre sus amigos.


3. El último trago

       En la tienda La Proveedora  se parqueaba, entre un combo de roneros y mamadores de gallo, EL RUSO. Buen cantante y mejor bailarín, de alcurnia gallega decía él, y agregaba para confirmarlo que su nombre era Juan de La Colina y Bárcenas. Ahí, en esa esquina, se reunían a meter ron el Viejo Pelusa, el Capitán --un viejo timonel del río que tenía el esfínter urinario falluco y se le salía el meao--,  Armando  "Cabezón" Cabrera --empleado de Telecom--,  su hermano René, El Pocho, El Caballo Patas Blancas, y otros.

       El Pocho era fanático del  Termarit y le gustaba apostar fuerte a su equipo cada vez que jugaba en el Tomás Arrieta. Un sábado por la tarde les dijo a sus amigos: "Denme el último trago que me voy pa'l estadio". Se metió el trago y se encaletó al baño de la tienda para echar una meada y, ¡trácata!,  fulminado por un "yeyo" en el manguito, se desmayó para no levantarse nunca más.

       --¡Fíjate lo que son las vainas --dijo El Ruso, --la pinta dijo que le dieran el último trago, nojoda, y fue su último trago, llave!

       --A la larga murió feliz -dijo Pelusa. --Ojalá yo muriera así, chapeto, cuadro.


4. La chanza

       Al viejo Caballo Patas Blancas, El Ruso le hizo una cipote de broma. Resulta que un domingo de carnaval, Patas Blancas se quedó mirdofly  en la entrada de La casa Mariana, que estaba frente a la tienda en mención. Los del combo le bajaron los pantalones y el Ruso le echó goma de uvita blanca entre las nalgas. Cuando el man  se despertó, semidesnudo y se tocó el "orto", sintió la sustancia resbalosa, pensó que era semen y lo primero que se le vino a la mente fue: "¡Nojoda, me mamaron!" Y se perdió del barrio por mucho tiempo. Solo volvió cuando los hermanos Cabrera le dijeron la verdad:

       --Usted está jodío, viejo Patas, todo fue  mamadera de gallo.

       A lo que el Patas Blancas exclamó:

       --Nojoda, llave, tronco de jugada barro. Yo casi me ahorco, cuadro, ¡Culo de chanza pesá!



5. La plata de las paletas

       Había un man que vendía paletas de la Fábrica de Helados Boston (Fadebo), propiedad de Gastón Lozano, que quedaba al lado del teatro Ayacucho. Le decían "CANGREJO" y era un fanático de Daniel Santos y la Sonora Matancera. Y el Ruso lo tenía bien precisao. Todos los domingos cuando jugaba el Junior en el estadio municipal Romelio Martínez, el Cangrejo bajaba por Aduana tipo cuatro de la tarde con su carrito de paletas vacío. Entonces El Ruso empezaba a bailar y a cantarle la canción que le gustaba al Cangrejo:

       --Hay tres muchachos jugando siempre y ellos cogen pa'quí y para'llá, laralará laralará.

       O le soltaba el bolero:

       --En el juego de la vida, juega el pobre y juega el rico...

       Entonces el Cangrejo se sollaba a bailá con el Ruso y éste le decía:

       --¡Eche, pero esta vaina es con ron, mi socio!

       Y el Cangrejo le decía:  --Vá pa'esa, viejo Ruso.

       Y se mamaba la plata de la venta de las paletas. Lógicamente que el viejo Fadebo lo echó. Recuerdo que el ron que tomaban era el Ron "17" que estaba de moda. Eran mediados de los 70.



6. Ruqui rucana cantaba la rana

       El Ruso era un gran conocedor de óperas, y cantándolas era un show. Claro, uno tenía que tirarle su botella de Ron "17" para que presentara su concierto. Hablando con él sobre su afición al bello canto me contó que trabajó de  "todero"   en el teatro Apolo, allá actuaban algunas de las compañías que llegaban a la ciudad y él, apuesto, de buena estatura y con un excelente timbre en la voz, era contratado como extra.

       Tenía fama de cigarrón. --"Viejo man, --me decía--, yo era un tipo pintoso, todo un "bollo" y la mayoría de esos manes eran "filtros"  y se iban en damier conmigo. Y yo, ni corto ni perezoso, los enyardaba y coronaba mi billete.

       Murió ya este personaje que ahora recordamos con mucho cariño. Un día narró con detalles el polvo que tiró con Marisol, una leona del barrio que le tenía miedo a la yarda potrosa del Ruso:

       --Yo trabajaba --me dijo-- en el Ayacucho de celador y me doblaba como portero durante las funciones. Para una vespertina apareció la Marisol, hermosa, coqueta, entonces la dejé entrar gratis a cine. La fui  cultivándo, mamándole gallo, echándole un piropo y tirándole su colombina o un chicle "Bomba", hasta que una vez se me metió de día  al teatro y yo le tiré el lance con todo los hierros.

       Ella me dijo: --Eche Ruso, tú crees que yo estoy loca como pa' zamparme tronco de yarda pa' que me expretines!
       --Eche --le contesté, ---¿y entonces pa'que te metes a esta vida, mamita? Tienes que estar preparada pa' todos los calibres que tropieces, mija.

       Ella, dudó un momento, y al fin me dijo: --Vamos a probá, pero con calmita pa'que no me maltrates.

       La encaleté en el baño y después de muchos intentos ella quería sacar la maleta, que "déjame ya", que "ya me voy", que "esa vaina no entra",  hasta que al fin la coroné sentándome yo en el inodoro, y ella encima, pero tuve que cantarle una nana así: ruqui rucana cantaba la rana, primero un brazo y después el otro, ruqui rucana... y tin marín de do pingüé, cúcala mácara títere fué..."


7. Los magos

       Por los lados de la tienda La Nube Blanca, vivían los mellos García. ¡Qué manes pa' mamar gallo, cuadro!, y ¡troncos de vivos! Se las picaban de magos para engrupir a los pendejos y hasta a los mas avispaos. Hacían sus trucos con cartas y tenían sus números montaos con juegos de manos.

       Ellos vivían en Aduana con Murillo y Santana, eran igualitos y tenían varios trucos montados para tumbar "marranos". Cuando llegaba alguien que no los conocía, a meter frías en La Nube Blanca, le montaban la jugada así: "Ajá llave ¿y qué?, ¿haciendo sombra?" y le metían conversación entre un par de frías hasta que el man cogía confianza. Después le decían: "Mira, yo vivo ahí enfrente. Te apuesto a que yo me cambio en menos de un  minuto de pies a cabeza!" "¿Eche, qué vá?" "¡Seguro cuadro! Te apuesto un billete y coges el tiempo pa' que veas!". "Va jugando, llave", decía el marrano. Y apostaban sus monedas. Entonces este mello salía corriendo, se metía en su casa y casi al mismo tiempo salía el otro y la pinta quedaba mamando.

       Una vez cogieron a un borracho y le dijeron: "Yo te amarro y, desde una distancia de tres metros, si digo: Soltaos pitas,  listo, las pitas se sueltan solitas. El marica del borracho dijo: "Vamos a apostá pa' ve". Casaron la apuesta, cogieron al borracho y lo llevaron a mitá de cuadra, lo amarraron bien y, cuando estaba reducido e indefenso, le tumbaron las prendas, el reloj y el billete, le dieron una patada en el jopo y lo dejaron ahí tirado.

       Aún viven estos dos troncos de personajes.


8. De brujos y botelleros

       JUAN BONITO era un viejito, negro, chiquito, que vendía cagajón de burro para abono de matas. Era chocoano y se las picaba de brujo y rezandero  de niños. Cuando uno se doblaba un pie o se lastimaba una mano, Juancho era el propio pa' la sobá que la tiraba con "sebo de Cuba".

       PAJARITO era botellero y cambiaba frascos usados y botellas sin uso por mamones, corozos y mangos. Aún vive y pasa sus últimos años en el Boliche, completamente alcoholizado.

       BARTOLO también era botellero. Cuando se enchapetaba tiraba a la tiña las frutas que le habían quedao de la jornada. Cuando escuchábamos el grito de "¡Ahí viene Bartolo chapeto!", los pelaos salíamos detrás de él para coger las frutas que él, divertido, esparcía.


9. Congo de Oro

       PABLO PAHUANA es un buen cumbiambero, tomador de trago y tirador de pases como todo buen bajero que se respete ¡Nojoda!. Pablo esta metío en todas las organizaciones, cuadro, pero no es que él se meta sino que lo buscan pa' meterlo y no sabe decir que no. No hay comité cívico, deportivo, folclórico donde Pablo no se apunte, ¡el man es tronco de calidá! El mejor premio a su gran espíritu se lo dio Avianca donde Pablo prestaba sus servicios. Resulta que él era uno de los principales animadores de las verbenas de Cecilia Angarita , reina del barrio  en el 57, y Pablo la prendió desde el Sábado y la soltó el Martes de carnaval, olvidando, en medio de su fenomenal juma, que debía ir a trabajar. El miércoles de Ceniza se presentó a laborar y su jefe le entregó el primer Congo de Oro que se haya otorgado con una leyenda que decía: "Queda destituido de su cargo".


10. Los hermanos Díaz

       Mención especial merecen los HERMANOS DÍAZ: MARINO, GALO, ROBERTO, ELVIRO DÍAZ y ÁNGEL PACHECO DÍAZ, este último, hermano por parte de madre. Mamadores de gallo, tomadores de ron, bailadores y desbarata bailes, parecían uno solo, pa' todos laos iban juntos. Eran troncos de vivos que querían entrar de patos a los bailes donde no los invitaban o sin pagar la cuota. Estos manes inventaron lo que se llamaba el "peo atómico", cuya química solo ellos la sabían y la usaban para sabotear los bailes donde eran rechazados. Entonces cogían el frasquito donde llevaban el torpedo subversivo y lo reventaban en la sala en voz baja, y era tanta la fetidez en el ambiente que la gente salía corriendo a buscar aire a la calle y pasaban horas antes de reiniciarse la fiesta. Usaban además la "pimienta voladora" que echaban en los bailes y, las mujeres sobre todo, tenían que salir corriendo a bañarse a sus casas por la piquiña insoportable que les caía entre las piernas.

       Roberto, uno de esos hermanos Díaz, se engullía una lagartija, de las que llamamos lobito, completamente viva, la madre si estoy mintiendo, o, en el colmo de la excentricidad, se zampaba una cucaracha en la boca y se la tragaba. Estos hermanos tenían también la nota del "trago chacarero". Se iban pa' los bares que quedaban por Aduana, como El Hoyito, El Trópico o el As de Copas, y Roberto, que tenía unas chácaras bien largas, las sacaba y se las estiraba, entonces alguno de sus brothers echaba el ron en la cuenca que hacían con el forro y empezaban a beber. Yo generalmente me apartaba de por ahí cuando el Roberto iba a empezar su show. Galo se localiza en la tienda que queda en la esquina de Bolívar con Líbano por la iglesia del Rosario y se nota su alto grado de alcoholismo, pero está ecuánime y es muy buen conversador. De los otros algunos murieron y de los que viven no se sabe dónde estarán.


11. Matrimonio con traganíqueles

       He querido dejar de último a un cipote personaje que en vida llevó el nombre de  CARLOS JOSE CARPIO BARRANCO, el peluquero mas famoso que han tenido los barrios Abajo y Montecristo .

       Por esos días el barrio Abajo ardía en pelota chica, cuadro, y uno de los mejores equipos lo patrocinaba un man judío llamado Jack Levy, dueño de la fábrica de hilados y tejidos de algodón (FHILTA). Era la época en que mandaban la parada  la guaracha y el bolero, la música que sonaba era la de Casino de la Playa y El Trío Matamoros, que interpretaban entre otras "Cachita", "Para Vigo me voy", "La Conga",  "Mis cinco hijos", "Taboga", "Bruca Manigua", el porro "La vaca Vieja", algunos pasodobles, etc.

      Y Carpio era un cipote fanático de béisbol. Su peluquería era el centro de información de lo que pasaba en el béisbol profesional ya que la mayoría de los peloteros  extranjeros del FHILTA eran sus clientes,  allí se enteraban de todos los chismes del barrio:

      --No es que a uno le guste el chisme --decía el viejo Carpio-- pero es bueno estar al tanto, pa' que no te cojan fuera de base. Aquí todo el que llega tira al ruedo sus notas, ajá,  ¿y cómo hace uno pa' no oírlas?

      Bien, Carlos Carpio se enamoró de la agraciada Julia López con quien se casó el 12 de Octubre del 42 en la Iglesia del Carmen, y la fiesta, todo un acontecimiento, la hicieron en Bellavista con Primavera y como no se consiguió picó, a alguien se le ocurrió traer el traganíquel de los billares Las Palmitas, de Rafael Martínez, al que también nombraron  padrino de la boda junto a Luis Mattos,  chofer de la Cervecería Águila, y Carmen, su esposa. Así que para bailar, los hombres tenían que meterle a la rockola monedas de 2 centavos para que sonaran  los discos, que eran de 78 RPM,  el compromiso era que cada parejo metiera 10 monedas y cuando notaban que alguien se las tiraba de vivo, le decían: "¡Hey, loco, mándate la tanda  tuya, nojoda, no seas duro!" Caso único en el mundo: baile de matrimonio con traganíquel, como para Rypley.



12. Los ladrones

       Pues bien, a esa fiesta asistieron los peloteros del FHILTA, "Guayubín" Olivo, "Tetelito" Vargas, El "Gallego Muñoz", "El Jiquí" Aragón Espinosa, Calvin Bayron,  Astor "El Submarino" Cúpidán, quien se levantó en el baile a Chanita, la hermana de Carpio, y se casó con ella después. Mientras estos peloteros, que vivían en la esquina de Topacio con Bellavista, disfrutaban de la fiesta, el conocido ratero "Perro Pingón" y los hermanos Calinches les robaron la ropa dejándolos en cueros a todos. También asistieron los peloteros criollos de la época.

      La vieja Julia, la novia de este cuento, ahora con  ochenta y pico ruedas a cuestas tiene una lucidez extraordinaria y aún está dura. Vive en la calle Felicidad en la casa marcada con el No 56-140 y todavía hace compras en las tiendas del barrio.
¡Qué teso es mi barrio cuadro!
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©   César "Paragüita" Morales

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 8
Enero-Febrero-Marzo de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 01247- 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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