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Guilmar, el pájaro


Martiniano Acosta Acosta



       Yo tengo un pájaro de tres patas. Vive en el centro del mar.

         Es un ave que canta tres veces, a las tres de la mañana, los días tres de cada tercer mes.

         No come, devora tres clases de alimentos: tres peces con tres colas tricolor, pescados por él, a las tres de la madrugada. Tres cabezas de hormigas, recogidas en una esquina de tres puntas, que sean llevadas por la mano del viento hasta el centro del mar.

         Tres mangos de tres colores y sabores diferentes que le arrojan tres niños desde la orilla de la playa para la buena suerte. (Esta fue la gran oportunidad que me dio la suerte para poder cazarlo con tres cordeles de nailon. Sin embargo, se presentó un problema: conseguir tres jaulas de tres compartimentos: uno para la cabeza, el otro para el cuerpo y el tercero para las patas. Para ser sincero, allí se formó Troya).

          Después de la alimentación, se toma tres buches de agua salada,  reunidos en tres tazones por tres hermosas sirenas que le deben dar tres besos seguidos. Entonces, queda hechizado, como metido en un globo de felicidad en donde pasa tres meses. Luego, se le revienta al tercer mes y el hechizo se acaba. Y se hunde en el centro del mar. El pájaro Guilmar, al ser capturado,  cambia todas sus costumbres.

         Mamá se sorprendió al verlo y lo aceptó con su silencio.  Papá sí me reventó la alegría que yo traía porque ese día precisamente  el Guilmar era mi prisionero. Y ese día ellos discutieron tan fuerte que hasta los vecinos se metieron para calmar los ánimos. Después papá, a través de una carta, me despojó de todo regalo porque yo le di con una piedra en la espalda cuando vi que le soltó una cachetada a mamá.

         Yo me asilé con mi Guilmar en la habitación. No quise colgarlo en el balcón. El pájaro me miraba con tristeza tres veces seguidas.

         --Marco, te van a castigar por mí, Marco, te van a castigar por mí,. Marco, te van a castigar por mí.-- Guilmar repitió tres veces la misma frase.

         --Es cierto, Guilmar, pero otro como tú no se encuentra en el mar. Además, Guilmar, a mí me gustaría regalarle uno a Sandra.

         --Sí, hay dos más. Somos tres hermanos. Sí, hay dos más. Somos tres. Sí, hay dos más .Somos tres.

         --Guilmar, cuéntame de tu mamá y tu papá. ¿ Dónde están ellos?

         --Murieron hace muchísimos años. Pero ellos jamás se peleaban. Un barco que transportaba petróleo naufragó y les cayó encima. Murieron hace...

         --Un momento, Guilmar, espérate, ya sé que me vas a repetir la misma frase.

         --...muchísimos años. Pero ellos jamás se peleaban. Un barco que transportaba petróleo naufragó y les cayó encima.

        --¡Cuánto lo siento, Guilmar¡ ¿Cómo haré para tener uno a escondidas?

         --Cuando se aspira a tener lo imposible, hay que lucharlo hasta alcanzarlo. Cuando se aspira a tener lo imposible...

         --hay que lucharlo hasta alcanzarlo...-- terminé su frase .--¿Y si no lo alcanzo?

        --Bueno, debes conformarte que luchaste hasta el final para conseguir algo. Bueno, debes conformarte que luchaste hasta el final para conseguir algo...

         --Te propongo una cosa. Como es tan difícil tener un Guilmar en casa por lo que él exige, te tomaré una foto. Una foto es un buen recuerdo.

         --¡Sí, perfecto¡ ¡Sí, perfecto! ¡Sí, perfecto!

         La conversación demoró tres horas porque yo tenía que esperar a que el Guilmar repitiera su discurso tres veces.

         Entonces, busqué una cámara  fotográfica que estaba en el closet de mamá. Y disparé el flash, no sin antes explicarle al Guilmar cómo debía posar para  la foto con la advertencia de que no dijera palabra alguna ni tampoco fuera a posar tres veces.

         Como si  se hubiera hechizado con la luz del flash, salió de las tres jaulas, se colocó en la ventana y se orientó buscando el olor del mar.

         El pájaro dio tres saltos, cayó en el centro del jardín,  y con tres aleteos seguidos, Guilmar alzó vuelo rápido y parejo y se dirigió directamente al centro del mar en donde sigue viviendo y se deja capturar cada tres años por un niño que haya cumplido los nueve años.

         Un olor a albahaca removida llenó el balcón.

         Aquella fue la última vez que vi a papá y al pájaro Guilmar.
________________________________________

©   Martiniano Acosta Acosta

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 8
Enero-Febrero-Marzo de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 01247- 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v2n7guil.html
Guilmar, el pájaro


Martiniano Acosta Acosta



       Yo tengo un pájaro de tres patas. Vive en el centro del mar.

         Es un ave que canta tres veces, a las tres de la mañana, los días tres de cada tercer mes.

         No come, devora tres clases de alimentos: tres peces con tres colas tricolor, pescados por él, a las tres de la madrugada. Tres cabezas de hormigas, recogidas en una esquina de tres puntas, que sean llevadas por la mano del viento hasta el centro del mar.

         Tres mangos de tres colores y sabores diferentes que le arrojan tres niños desde la orilla de la playa para la buena suerte. (Esta fue la gran oportunidad que me dio la suerte para poder cazarlo con tres cordeles de nailon. Sin embargo, se presentó un problema: conseguir tres jaulas de tres compartimentos: uno para la cabeza, el otro para el cuerpo y el tercero para las patas. Para ser sincero, allí se formó Troya).

          Después de la alimentación, se toma tres buches de agua salada,  reunidos en tres tazones por tres hermosas sirenas que le deben dar tres besos seguidos. Entonces, queda hechizado, como metido en un globo de felicidad en donde pasa tres meses. Luego, se le revienta al tercer mes y el hechizo se acaba. Y se hunde en el centro del mar. El pájaro Guilmar, al ser capturado,  cambia todas sus costumbres.

         Mamá se sorprendió al verlo y lo aceptó con su silencio.  Papá sí me reventó la alegría que yo traía porque ese día precisamente  el Guilmar era mi prisionero. Y ese día ellos discutieron tan fuerte que hasta los vecinos se metieron para calmar los ánimos. Después papá, a través de una carta, me despojó de todo regalo porque yo le di con una piedra en la espalda cuando vi que le soltó una cachetada a mamá.

         Yo me asilé con mi Guilmar en la habitación. No quise colgarlo en el balcón. El pájaro me miraba con tristeza tres veces seguidas.

         --Marco, te van a castigar por mí, Marco, te van a castigar por mí,. Marco, te van a castigar por mí.-- Guilmar repitió tres veces la misma frase.

         --Es cierto, Guilmar, pero otro como tú no se encuentra en el mar. Además, Guilmar, a mí me gustaría regalarle uno a Sandra.

         --Sí, hay dos más. Somos tres hermanos. Sí, hay dos más. Somos tres. Sí, hay dos más .Somos tres.

         --Guilmar, cuéntame de tu mamá y tu papá. ¿ Dónde están ellos?

         --Murieron hace muchísimos años. Pero ellos jamás se peleaban. Un barco que transportaba petróleo naufragó y les cayó encima. Murieron hace...

         --Un momento, Guilmar, espérate, ya sé que me vas a repetir la misma frase.

         --...muchísimos años. Pero ellos jamás se peleaban. Un barco que transportaba petróleo naufragó y les cayó encima.

        --¡Cuánto lo siento, Guilmar¡ ¿Cómo haré para tener uno a escondidas?

         --Cuando se aspira a tener lo imposible, hay que lucharlo hasta alcanzarlo. Cuando se aspira a tener lo imposible...

         --hay que lucharlo hasta alcanzarlo...-- terminé su frase .--¿Y si no lo alcanzo?

        --Bueno, debes conformarte que luchaste hasta el final para conseguir algo. Bueno, debes conformarte que luchaste hasta el final para conseguir algo...

         --Te propongo una cosa. Como es tan difícil tener un Guilmar en casa por lo que él exige, te tomaré una foto. Una foto es un buen recuerdo.

         --¡Sí, perfecto¡ ¡Sí, perfecto! ¡Sí, perfecto!

         La conversación demoró tres horas porque yo tenía que esperar a que el Guilmar repitiera su discurso tres veces.

         Entonces, busqué una cámara  fotográfica que estaba en el closet de mamá. Y disparé el flash, no sin antes explicarle al Guilmar cómo debía posar para  la foto con la advertencia de que no dijera palabra alguna ni tampoco fuera a posar tres veces.

         Como si  se hubiera hechizado con la luz del flash, salió de las tres jaulas, se colocó en la ventana y se orientó buscando el olor del mar.

         El pájaro dio tres saltos, cayó en el centro del jardín,  y con tres aleteos seguidos, Guilmar alzó vuelo rápido y parejo y se dirigió directamente al centro del mar en donde sigue viviendo y se deja capturar cada tres años por un niño que haya cumplido los nueve años.

         Un olor a albahaca removida llenó el balcón.

         Aquella fue la última vez que vi a papá y al pájaro Guilmar.
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©   Martiniano Acosta Acosta

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 8
Enero-Febrero-Marzo de 2002

SUPLEMENTO LITERARIO CARIBANÍA
ISSN: 01247- 9290

DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

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