Chucho Valdés:
La gran hora de un gran músico
Eliseo Cardona
Artículo publicado en El Nuevo Herald
El maestro cubano se impone en el ámbito internacional como una figura fundamental del jazz contemporáneo.
En privado, el maestro Jesús Chucho Valdés es un modelo de timidez y comedimiento proverbiales. Todo lo contrario de su estilo pianístico: vertiginoso, angular, poéticamente furioso, barroco en ocasiones, decidamente lírico en otras.
Sin embargo, hay momentos en que bien vale tirarlo todo por la ventana. Como la noche de los Grammy, por ejemplo: "¡Viva Cuba, coño!"
Valdés se encontraba en su casa habanera el 21 de febrero (2001) cuando recibió la noticia que le permitió desprenderse de las inhibiciones: había ganado un Grammy en la categoría de jazz latino por su álbum Live at the Village Vanguard.
"Creo me ha llamado gente hasta del Japón. Y mi casa, negro, está hasta el tope. Ya no se ve ni el piano".
Trabajar con un cuarteto o hacer presentaciones de piano en solitario ha comenzado a rendirle frutos al maestro, que tras varias décadas de dirigir el famoso grupo Irakere, encontró que su voz como compositor "comenzaba a debilitarse".
"Necesitaba un descanso para ponerme a estudiar, para practicar el piano, para refrescar la cabeza con nuevas ideas".
El resultado es una serie de excelentes grabaciones, que incluye el popular Bele Bele en La Habana (1988), seguido de Briyumba Palo Congo el año siguiente. Con su banda, formada por el conguero Roberto Vizcaíno Guillot, el baterista Raúl Pineda y el bajista Francisco Rubio, Valdés cumplió otro viejo sueño: grabar en el neoyorquino The Village Vanguard.
Live at the Village Vanguard, que apareció en abril del 2000 bajo el sello Blue Note, recoge piezas originales, algunos clásicos cubanos (Drume negrita, de Eliseo Grenet, Como traigo la yuca, de Arsenio Rodríguez) y el temazo de Rodgers & Hart My Funny Valentine.
Pregunta: Parece una mala hora para hablar contigo.
Respuesta: Chico, esto es increíble. La casa no es tan grande, pero aquí se ha metido la mitad de La Habana [risas]. Estoy contento, negro. Estaba comiendo algo cuando llegó la noticia: Me quedé de una pieza. No pude seguir. Me senté al piano y comencé a tocar algo de Bill Evans; creo que era People. Tú sabes que el piano es como mi refugio. Pero déjame decirte que yo creo que los vecinos sabían lo que iba a pasar, porque al rato todo el mundo echó para acá con bebidas y comida. Trajeron hasta instrumentos para formar una descarga, ¡imagínate! Esto es La Habana.
P: Te dieron un Grammy con Irakere en 1979 y otro con Crisol 20 años después. ¿Este premio tiene un significado especial?
R: Sí, sí, claro. ¿Recuerdas que hace tiempo te dije que tocar en Nueva York, especialmente en el Village Vanguard, era como la meta de todos los músicos de jazz? Bueno, con este disco se logró. Y es que el Village Vanguard, mi negro, tiene algo místico. No sé. Tal vez por las grabaciones de Bill Evans o las de John Coltrane. Tú sabes que esos tipos son héroes para mí.
P: Solo-Live in New York, el último disco, fue elogiado por los críticos. Sin embargo, algunos escritores insisten en compararte con Tatum, Evans, Peterson, Tyner y hasta Vince Guiraldi. ¿No te parece como que algo les falta?
R: Bueno, tú sabes que eso es un honor que te comparen con gente así. Esos son maestros bravos, pero bravos. Yo me siento cerca de Tatum, Peterson y Evans. Tyner es otro monstruo. Y Jarrett también. Pero, mira, también me parece importante que mencionen mis raíces cubanas. Lo que yo hago es básicamente seguir la tradición cubana del instrumento. Es una aportación humilde, pero está ahí.
Así que mis influencias vienen de la tradición cubana, de mi padre [Bebo Valdés] sobre todo, que es una influencia grande. Pianistas como Peruchín [Pedro Justiz], Lilí Martinez y Emiliano [Salvador] me dieron una visión grande de la música cubana, del jazz y de la música clásica. Sin olvidar a Lecuona, que ése sí era grande, pero grande, ¿eh? Lecuona es un modelo que uno sigue siempre. Así que yo te diría que mi punto de partida para todo, para el jazz, para todo, es la tradición del piano en Cuba.
P: O sea, ¿inútil escribir una crítica sin hacer mención de estas referencias?
R: Bueno, yo te diría que si no mencionas esas referencias estás dando la mitad del retrato. En Solo-Live lo que hice fue presentar algunos clásicos cubanos y algunos temas originales. De ahí busqué experimentar con lo que sé de la tradición pianística cubana. Cuando yo toco blues o swing, lo hago a través del bolero, el son o el guanguancó.
Tú sabes que a mí no me gusta decirlo, pero yo creo que uno es más completo como músico cuando tiene dos lenguajes; o más de dos. O sea, la música cubana y el jazz. A mí también me mata la música brasileña, la clásica y la latinoamericana. O sea, ahí tienes un retrato más completo.
Recuerda que yo me formé en la música clásica, luego escuchando jazz en mi casa y luego con la música cubana. Que está en todas partes, porque aquí tú sabes que esto es música y música todo el tiempo.
P: ¿Trabajar más con el cuarteto significa que abandonas definitivamente a Irakere?
R: No, muchacho, no, no. Yo ahora lo que estoy haciendo es concentrar las energías en el cuarteto, pero sigo escribiendo para Irakere. Irakere es como un bebé. El grupo es un taller que me mantiene en contacto con la gente, sobre todo con la gente que va a bailar. Si me quitan a Irakere es como si me quitaran un brazo.
P: ¿Quedaste satisfecho con los resultados de Calle 54?
R: Sí, totalmente. La película es una obra maestra. La pasé más que bien trabajando con [Fernando] Trueba, que es un amante del cine y también de la música latina. Creo que esta película abre caminos.
P: En la película tocas un tema con tu padre, Bebo Valdés. ¿Es cierto que estabas tocando a medias para no opacarlo?
R: ¿El te dijo eso? No, hombre. Para nada. A Bebo lo tengo aquí, arriba, bien arriba. Mi padre es un genio. Y no porque sea mi padre, pero es un genio. De verdad. Para él, cada nota tiene un significado especial, ¿entiendes? Bebo toca como escribiendo poesía, mientras que yo escribo novelas. No sé. Tú sabes que tengo un amigo que me decía eso. Los poetas usan las palabras con mucho cuidado, y el novelista se explaya. Lo que pasa también es que mi viejo es muy perfeccionista. Pero perfeccionista de verdad.
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© Eliseo Cardona
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 8
Enero-Febrero-Marzo
Departamento de Idiomas
Facultad de Ciencias Humanas - Facultad de Educación
Universidad del Atlántico
Barranquilla - Colombia
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