"El Muñeco", de Marvel Moreno:
Ícono de la caída interior
Mercedes Ortega González-Rubio
Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá
En casi todos los artículos consultados acerca de la obra de Marvel Moreno se menciona como algo especial que ella fuera reina del Carnaval de Barranquilla en 1959. Este ensayo no será la excepción. Tal dato atrae mucho la atención: de reina a escritora.
El primer libro de cuentos de Marvel Moreno, Algo tan feo en la vida de una señora bien (1980), describe el ambiente y la sociedad de una ciudad en particular, Barranquilla, pero se han reconocido en estos relatos aspectos que podrían, de igual forma, encajar en cualquier lugar del mundo. Los críticos han encontrado que su obra gira en torno a un tema: la mujer, quien oprimida por una sociedad patriarcal, halla su libertad por medio de la sexualidad. Sin embargo, en Algo tan feo, un cuento se aleja un poco de este tópico, este es "El Muñeco".
En "El Muñeco", encontramos a doña Julia, señora madura que cuida de un niño completamente retraído, alejado de la realidad, que sólo juega con un muñeco. Algo en el pasado ocurrió para que el niño se comporte de esa forma. Un día el muñeco se pierde y doña Julia tarda un tiempo en convencerse de que es el mismo niño quien lo esconde en lugares inverosímiles de la casa. Mientras el muñeco está desaparecido, el niño se niega rotundamente a comer, por lo tanto doña Julia debe registrarlo todo hasta encontrar el juguete. La relación entre el muñeco y el niño es enigmática. Una tarde doña Julia invita a una muchachita vecina para que juegue con el niño. Este, por alguna razón, le da el muñeco a la niña, María; quien lo pierde sin posibilidades de recuperación, lo que hace que el niño finalmente muera.
La historia la conocemos por Doña Julia, es ella quien después recuerda lo ocurrido esa tarde en que el muñeco se perdió para siempre. Todo el cuento deviene anécdota. Se sabe del niño por medio de ella: es torpe, huraño, no habla, no se interesa por nada aparte del muñeco, vive en su propio mundo y, al parecer, está "unido al muñeco por un vínculo extraño y malévolo" (p. 32). Hay otros detalles acerca del niño que no se mencionan: no se sabe cuántos años tiene exactamente (podría ser ya un hombre), quiénes son los padres ni qué ocurrió para que actúe de esa forma. Al parecer hay un pasado que desencadenó su actual comportamiento. Se dice que el niño encontró el muñeco "la tarde aquella del accidente"(p.30), pero al lector nunca se le aclaran estos interrogantes o enigmas de forma directa, técnica seguramente aprendida del maestro del enigma: García Márquez.
El niño y el muñeco están unidos de alguna forma, pero se desconoce la finalidad de este vínculo que tiene mucho de sobrenatural. En otros cuentos de Márvel Moreno también encontramos estos particulares "pactos" entre las personas y las cosas, o entre las personas a través de los objetos. Por ejemplo, en relación con "Oriane, tía Oriane", cuento del mismo libro, se ha dicho que el valor dado a los objetos les confiere vida, convirtiéndolos en "abstracciones de las personas que los poseen. Por el objeto se manifiesta algo que no se puede ser o hacer [...]". Los objetos no aparecen en el discurso de manera ingenua, no son vistos con una mirada simplemente testimonial, sino que tienen una carga significativa [...]". El muñeco es representación del niño; si uno muere, el otro también. El niño repite al muñeco (o lo contrario) en una figura imperturbable, muda, inerte.
Una explicación únicamente mágica acerca de los acontecimientos es un poco forzada, aunque natural para doña Julia. Un análisis del comportamiento del niño conducirá a conclusiones más racionales: el niño refleja sus deseos a través del muñeco; ese es el vínculo que existe entre ellos. Cuando una pena es muy grande, se puede trasladar el dolor a algo externo, en un intento de comunicación con el exterior o como simple escape.
En contrapeso al niño está María, una muchachita vivaracha y llena de energías que despierta en él algún tipo de sentimiento o sensación que lo lleva a darle el muñeco, y con ese acto, a perder su vida. María podría ser la liberadora o la castigadora. Es un niño suicida, pero no se sabe si hay maldad en él. Un muñeco puede ser símbolo de inocencia, de compañía, de amistad, de sexualidad, o un fetiche, un objeto de brujería, de manipulación. El niño y sus pensamientos, sus razones y razonamientos, son "inaprehensibles", como dice doña Julia, la infancia es así un sitio muy alejado. El muñeco es, en todo caso, el vínculo del niño con la vida.
En la mayoría de los cuentos de Márvel Moreno, todo gira en torno a las personas adultas. La infancia sólo es analizada en la medida en que todo niño es un adulto en potencia que más tarde desarrollará su personalidad. En la niñez se esboza el comportamiento futuro de una persona, lo que realmente importa. Pero en "El Muñeco" se tiene a un niño que no llega a adulto. La única consecuencia de su comportamiento es su muerte prematura. Resulta difícil entrar en ese mundo tan reducido, las claves para entenderlo se muestran tan escasas que es muy fácil caer en interpretaciones aberrantes. Sólo se puede intentar seguir los hilos de su tejido.
La estructura del cuento deviene sencilla. Se parte de un presente en el que doña Julia recuerda aquella tarde, fórmula muy empleada para dar más credibilidad a la historia (el testimonio del pasado como prueba de verdad y realidad). Siempre hacia atrás, para luego volver al final, al presente: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota..."; en este caso : "Mucho después, ya la imagen del niño se gastaba en el tiempo, Doña Julia volvería una y otra vez al recuerdo de aquel instante [...]" (p. 34). Se sigue entonces con la narración de los sucesos de ese día, interrumpiendo a veces para dar detalles traídos del pasado acerca del comportamiento del niño. La narración termina con la pérdida irremediable del muñeco; la historia acaba con la vejez de doña Julia aún acordándose del niño. En el cuento no se narra que el niño muere, sin embargo, ya el lector está enterado de que no puede vivir sin el muñeco, así que cuando éste desaparece, el niño no come ni bebe nada.
La acción transcurre en el espacio de la casa de doña Julia, en tiempos anteriores bien cuidada y ordenada, ahora casi en ruinas, llena de polvo, lagartijas y murciélagos. La casa en ruinas es una imagen bastante frecuente del desmoronamiento interior de una persona: si no hay orden afuera, tampoco lo hay adentro. Sin embargo, ésta tampoco es una imagen cuyo valor sea sólo negativo. El patio donde juegan el niño y María está lleno de plantas: alhelíes, naranjos, nísperos, trinitarias, cayenas y un tú y yo (bastante significativo), que pueden connotar vida.
Lo que este cuento sí comparte con la obra total de Márvel Moreno es ese deseo de hurgar en la vida íntima de la sociedad. Doña Julia pertenece a una familia de tradición, el caserón donde vive está lleno de objetos de las generaciones pasadas, acumulados durante años. Ella no dice a nadie, ni siquiera al médico, lo que ocurre con el niño y el muñeco, le parece que esa es una desgracia para ocultarse, hay una necesidad de aparentar frente a la sociedad.
Doña Julia encarna una mujer que participa de religión y superstición. En varios cuentos de Márvel Moreno se trata este aspecto. Infinidad de análisis sociológicos, históricos, antropológicos, filosóficos han estudiado este particular fenómeno cultural sincrético de las sociedades latinoamericanas, expresado particularmente por nuestra literatura, que lo incluye con mucha frecuencia entre sus tópicos. La primera vez que se pierde el muñeco, doña Julia culpa a Eulalia, la sirvienta, pensando que es una bruja que ha realizado algún maleficio. Luego cree que es un ánima en pena la que oculta al muñeco, o un duende. Intenta combatir estos espíritus con pócimas religiosas, misas y agua del Carmen, lo que recalca hasta qué punto la religión y la magia van de la mano.
En el cuento nunca se aclara el parentesco entre el niño y doña Julia, pero parece más probable que ésta sea la tía o la abuela. Es una mujer madura a la que le gusta la tranquilidad; ansía tener una vida reposada, tejiendo en su mecedora o cocinando codornices. Está cansada por tener que estar pendiente todo el tiempo del niño; se dice que "no merecía el final de sus días" (p. 30) al tener que velar por el niño. Al final de su vida aún sigue angustiándose por no haber podido impedir la tragedia. Quizás doña Julia es víctima del niño (o del destino), primero por tener que cuidarlo y luego por tener que vivir el resto de su vida con el remordimiento de su muerte.
Es posible también que doña Julia quiera retener al niño, tener más que una compañía, un objeto con el cual distraerse; el recurrente tópico del temor a la soledad. El niño, más inteligente que ella, escapa a través del muñeco. La tarde de la visita de María, antes de que el muñeco se pierda, un turpial canta, como anunciando algo. Pero el turpial no es un ave de mal agüero. Quizás la muerte sea una salvación para el niño.
Doña Julia protege al niño, debido a su condición no le permite el contacto con otros niños, lo aísla para que no le hagan daño. Le compra muchos juguetes para que se distraiga y le cocina sólo lo que él quiere comer. Cuando permite que María vaya a la casa a jugar con el niño, cree notar un cambio favorable en él, por lo que decide seguir invitando a la niña, asegurando su presencia con juguetes. Existe una gran ambigüedad en el personaje de doña Julia. ¿Cómo decidirse por una interpretación de la historia si es a través de esta mujer que se conocen los eventos?
El narrador no es alguien que esté contando su propia historia; ni siquiera es un personaje de la historia. No lo sabe todo. Sólo cuenta lo que ve y piensa doña Julia, por lo tanto se centra mucho en temas típicos femeninos: cocina, plantas, tejido. El tono del cuento es el de doña Julia, la visión o focalización es la suya, a veces su lenguaje, en un estilo indirecto libre. El relato carece de diálogos. El narrador no parece nunca dar su punto de vista, la única otra opinión en el cuento es la de un médico, que habla a través de recuerdo de doña Julia y que le da consejos acerca del niño.
En el cuento hay elementos que indican tanto la perversidad de doña Julia y del niño como su bondad. De hecho, cada elemento se vuelve ambivalente y una única opinión acerca de los acontecimientos resultaría irrelevante. Doña Julia mantiene atrapado al niño, pero al fin y al cabo, es la única que lo cuida, aunque también quisiera deshacerse de él. El niño juega con la vida de los demás, permanece autista no siéndolo en realidad, obligando a doña Julia a atenderlo, aunque puede ser también víctima de ella, de allí que quiera escapar de esa vida por medio del suicidio. Precisamente allí está lo interesante del cuento: su riqueza de significados.
A veces es mejor creerle al texto, aunque quizás sea sano sospechar de lo que cuenta. El final es bastante rápido, no se dan muchos detalles. Ningún otro personaje confirma la historia, no ha ningún otro punto de vista en el cuento, lo que hace que el lector desconfíe de los acontecimientos narrados. El largo tiempo transcurrido entre los hechos y la narración acrecienta también la prevención del lector para creer la historia. No se cuenta lo ocurrido entre la desaparición para siempre del muñeco y el recuerdo de doña Julia en la vejez. Lo único claro es la muerte del niño.
Es inevitable hacerse la pregunta ¿qué pasa realmente? Sin embargo, al terminar de leer el cuento no hay vacío, no importa quedar con dudas, lo relevante son las "realidades interiores, lo que se vislumbra, lo dicho a media voz, lo que se piensa, se recuerda, se desea, se rumora o se supone [...], hay una ocultación del episodio tabú que apenas se adivina". No hay un develamiento final de la verdad, todo sigue quedando cifrado, es un final abierto con el que se puede seguir jugando, armando la historia.
Sin embargo, al lector le queda la impresión de no tener que aventurar ninguna interpretación para su comprensión. Al ir leyendo el cuento, se van haciendo conexiones provisorias entre sus elementos, que luego cambian, lo que hace que las posibles explicaciones sean al mismo tiempo obvias unas veces, probables otras e imposibles muchas. Es preferible dejar que la ficción nos invada y no permitir por completo que el mundo real de cada quien se desborde en el texto.
Jacques Gilard, en el ensayo que sirve de prólogo a Algo tan feo, dice de Márvel Moreno que "es escritora --peligrosa definición-- pero no es ni adolescente perversa, ni intelectual descarnada , ni escritora «sensible»". Ni siquiera necesita asumir una actitud rebelde o militante [...]" (p. VI). Al leer cuentos como "El Muñeco", se comprenden mejor estos calificativos. Se vuelve a pensar en su reinado en el carnaval de Barranquilla y se prefiere dejar eso de lado para seguir consumiendo la rica escritura que produjo y nos satisface.
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© Mercedes Ortega González-Rubio
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 7
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2001
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA
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