¿García Márquez caribeño?
La hojarasca: mise en abime de la formación de un pueblo nuevo
Amílkar Caballero de la Hoz
Universidad del Atlántico
Lo que me impulsó a escribir este breve artículo fue una conferencia de uno de mis profesores de maestría en la Universidad Nacional de Colombia. Ese profesor planteaba que las manifestaciones culturales en el Caribe representaban una manera de pensarse, de verse a sí mismo, de autoexplicarse y no una forma de pensar, racionalmente lógica característica del mundo occidental. Según él, "las preguntas que se plantea el hombre creole antillés son básicamente ¿Quién soy? ¿De donde vengo? más como una búsqueda de su identidad, que como una necesidad de señalarse un rumbo" (1).
En una discusión posterior el mismo profesor ponía en duda la pertenencia de la obra de García Márquez a esa filosofía del ser de los caribeños diferenciada de la filosofía del devenir propia del mundo occidental que planteó Jean Pierre Jardel en su obra La pensée Creole des Antilles (2).
Por ello, decidí tomar La Hojarasca (3), su primera novela, analizarla a la luz de los procesos socio-históricos que configuraron la región caribeña colombiana (modernización, procesos identitarios, de urbanización, de poblamiento) y presentar una lectura sociocrítica (4) de la misma que ilustre la emergencia de una visión Caribe del mundo al lado de la mise en abime (5) de un proceso de transformación socio-económica de un Pueblo Nuevo (6) como elementos estructurantes del relato y como manifestaciones de una manera especular de ver la realidad.
El texto de la novela nos revela la coexistencia de dos fuerzas antagónicas e irreconciliables que presentan dos visiones del mundo (7) igualmente opuestas. "Nosotros", paradigma del orden (conformado por las familias fundadoras de Macondo y representado por la figura mítica del Coronel), tiene como oponente al actante (8) "hojarasca" (formado por los desplazados de las guerras civiles alentados por la oportunidad de trabajo que abre la llegada de la compañía extranjera a Macondo), paradigma de lo entrópico que instituye nuevos héroes contradictores de los valores occidentales y lleva a cabo un proceso de organización desintegradora.
Todo ello se enmarca dentro de un proceso de evolución histórica caribeño sui-generis de la región norte-costera colombiana basado en la "eliminación-obliteración" del elemento autóctono y en la importación de población nueva. El resultado: una sociedad básicamente compuesta por "recién llegados" (9) (la expresión aparece en el prólogo de la novela) y un sincretismo cultural y racial que genera esa visión del mundo completamente nueva y original.
La costa caribeña colombiana, especialmente el departamento del Magdalena, presenta, por la llegada de la United fruit Company y al igual que el resto del país, por la tecnificación del cultivo del café, una formación social caracterizada por el paso de un sistema semi-feudal amparado en la hacienda autosuficiente, a un tipo de desarrollo capitalista del campo auspiciado por la instalación de maquinaria moderna y la inversión de capital extranjero. Como bien lo describe Salomon Kalmanovitz, "este tipo de desarrollo capitalista en países dependientes y semi-coloniales ciertamente salta etapas y combina lo más moderno con el atraso de viejas formas productivas" (10). Esta formación social genera, por tanto, una formación ideológica análoga que nos presenta la pugna entre dos ideologías: una conservadora y moralista (la de los terratenientes dueños de haciendas, dueños de abundante población servil sujetada por medio de deudas, de control político y la ideología católica) y otra, liberal y progresista (la de un gran número de campesinos arrendatarios libres luego de la guerra civil y dispuestos a asalariarse).
El mismo preámbulo de La Hojarasca nos muestra, según Hélène Pouliquen (11), esa pugna: La ideología de un patriciado liberal en crisis es, en apariencia, el punto de vista ideológico que organiza el desarrollo del relato, pues el verdadero propósito de la novela es la "representación-evaluación" del advenimiento (¿de la postergación?) de la modernidad en colombia.
LA MISE EN ABIME
DE LA FORMACION DE UN PUEBLO NUEVO
El elemento responsable de gran parte de la producción de sentido en el texto de la novela es una formación social que enmarca el desarrollo histórico de la región caribeña colombiana dentro de la caracterización de Pueblo Nuevo y la opone a la de los "Pueblos Testimonios" (12) de la región Andina. Esta formación social implica, como ya se dijo, la eliminación-obliteración de la población autóctona y la importación de mano de obra esclava, en primera instancia, y luego, asalariada, producto de los flujos migratorios tan importantes en la conformación de todas las sociedades del Caribe.
En la novela, esta formación social se vehicula a través de tres articuladores semióticos: la figura del extranjero, la desaparición de Meme y la deshumanización-rebajamiento de los guajiros, y a través de la técnica del metarrelato o relato espejo.
Macondo es un pueblo reciente conformado por recién llegados (solo tiene unos 30 años, la edad de Isabel) y el propósito último de la novela es precisamente mostrar ese origen cercano, esa "novedad" y su evolución. La intención del autor (probablemente no-consciente) no es otra que buscar su origen, escudriñar su identidad, responderse a la pregunta: ¿De donde vengo? "De extranjeros, de recién llegados", parece ser la respuesta. Por eso son ellos los dinamizadores de la trama de la novela. El relato gira en torno al extranjero médico; el liderazgo en el pueblo es ejercido por el cachorro, otro recién llegado; Martín ejerce singular atracción sobre las mujeres de Macondo, e incluso, sobre el coronel; el coronel mismo es un recién llegado. Las uniones en el pueblo de las que tenemos conocimiento se dan siempre con extranjeros: Meme-Médico, Isabel-Martín, Genoveva-Titiriteros, signo inequívoco de la tendencia integracionista y de la tendencia al sincretismo de las sociedades caribeñas.
Así, se establece en el texto una microsemiótica referida a lo foráneo como elemento integral y constitutivo de Macondo: "La hojarasca volteó y salió a recibirlo y con la vuelta perdió el impulso, pero logró unidad y solidez; y sufrió el natural proceso de fermentación y se incorporó a los gérmenes de la tierra." (LH: 13)
Si uno de los rasgos sine qua non de los pueblos contigüos al mar Caribe fue el extermino casi total de la población autóctona, la pregunta obligada es por qué aparecen indígenas en un texto que pretende erigirse como imagen especular de la región donde se desarrolla; y, adicionalmente, y aún más intrigante: ¿Por qué guajiros? Cabe recordar, como lo señala Fabio Zambrano, que "el contacto de los españoles con la población indígena, tuvo drásticos efectos sobre ésta" (13) y como el mismo autor continúa diciendo "los indígenas fueron reemplazados por negros traídos de las antillas y del Africa, con lo cual se incidía en la modificación de la encomienda como sistema de producción ante la impresionante desaparición de los indígenas." (14) El texto traduce este proceso de exterminio a partir de un articulador semiótico: la desaparición de la india Meme y su descendencia. Este, a su vez, se articula discursivamente a través de la oposición del discurso oficial del extranjero "causante del exterminio": "en cuanto a Meme nos dio una explicación que habría podido parecer pueril, pero que fue dicha por él con el mismo acento con que habría dicho su verdad. Dijo que Meme se había ido, eso era todo" (LH: 133). Así, a través del discurso no-oficial portado por un pasquín: "Pero en el pasquín que apareció en esta esquina se decía que el médico asesinó a su concubina y le dio sepultura en el huerto" (LH:135)
En cuanto a la descendencia de la indígena, García Márquez utiliza la técnica del dato escondido, es decir, "narración por omisión o por omisiones significativas, silenciando temporal o definitivamente ciertos datos de la historia para dar más relieve o fuerza narrativa a esos mismos datos que han sido momentánea o totalmente suprimidos" (15), principio de organización narrativa muy apropiado para este caso, pues el discurso oficial, el del extranjero, es el que oculta y omite el dato: "Dígame una cosa, doctor: ¿Qué fue de la criatura? El no modificó la expresión: ¿Qué criatura, coronel?", "Tiene razón, coronel. Hasta me había olvidado de eso". (LH: 135)
Con esto, el autor y su región se autoexplican, se piensan. Sin embargo, aún queda por resolver el hecho más intrigante en este sentido: ¿Por qué guajiros? La respuesta parece residir, en mi opinión, en una formación social mucho más específica que se presenta en el departamento del Gran Magdalena, una de las subregiones de la costa Caribe colombiana, compuesta hasta los años sesenta por las regiones del Magdalena, La Guajira y El Cesar, territorios sobre los cuales la ciudad de Santa Marta ejercía importante influencia como capital. Según Adriana Mercedes Corso, "las actividades administrativas de la gobernación, las sesiones de la Asamblea Departamental, la oferta de servicios financieros (v. gr. la Caja Agraria) para esos territorios se realizaban en Santa Marta y se ofrecía educación de calidad en el Liceo Celedón, claustro en el cual se formaron muchos cesarenses y guajiros." (16) Producto de esa situación de primacía, encontramos una formación ideológica que señala la superioridad de los samarios y la inferioridad de los guajiros, tendencia xenofóbica que señala la categorización de vasallos para los últimos y señores para los primeros. Es por eso que el pueblo ve con 'malos ojos' la actitud de Meme de pretender ser una señora y está a punto de apedrearla: "Meme se había presentado a la iglesia, adornada como una cualquiera elevada a la categoría de señora" (LH:102). Y por eso Isabel la ve "vestida más como un pesebre de navidad que como una señora" (LH:39). Ya en 1778 Don Antonio de Narváez, gobernador de la entonces Provincia de Santa Marta y Rio Hacha, señalaba: "La reducción de los guajiros de esta Provincia del Hacha es mucho más difícil por su mayor número, valor, manejo de armas de fuego", "no estoy enterado a fondo de esta provincia, ni puedo hablar con perfecto conocimiento sobre los medios oportunos para la perfecta reducción de sus indios, y mejor adelantamiento de ella en particular; pero desde luego comprendo el más adecuado a ambos importantes fines, el aumentar quanto sea posible su población pues esta aumenta igualmente nuestra fuerza y preponderancia en ella" (17).
Esta estructura ideológica se reproduce en el texto a partir de la deshumanización-rebajamiento de los guajiros vasallos del Coronel. Así, para Isabel son "animales amaestrados en un circo" (LH:48), para el niño "cuatro cuervos en un caballete" (LH:48) y para el Coronel, una posesión, por eso los llama "mis hombres" (LH:147). Como señala Vargas Llosa, los guajiros "apenas son personas: meras presencias, se confunden con las vigas, con el catre solitario, con el ataúd." (18)
El relato espejo:
Punto culminante de la mise en abime
de la región caribeña y su evolución histórica
El punto culminante de la mise en abime de la región caribeña hecha por el autor reside quizá en la narración hecha por el niño. La pregunta obligada parece ser: ¿Por qué es el niño quien inicia y termina narrando en La Hojarasca, si el desconoce en su mayoría los datos de la historia? Mi hipótesis se orienta a que la inserción de su narración no tiene nada que ver con la historia del doctor narrada por los otros dos personajes, y a que, más bien, estamos en presencia de un metarrelato o relato espejo (19) que pretende ser una explicación, una revelación del propósito central de la novela: la formación de un pueblo nuevo o pueblo caribeño.
Los monólogos del niño no son otra cosa que la descripción de un despertar, de una iniciación: "Por primera vez he visto un cadáver", "He pasado frente al espejo de la sala y me he visto de cuerpo entero", "...Y he pensado: ese soy yo, como si hoy fuera domingo". (LH:15). El niño aparece, entonces, como símbolo de ese pueblo naciente, nuevo, inocente, en proceso de aprendizaje. Un pueblo sin pasado mítico y sin conciencia de futuro. De ahí que la narración del niño se desarrolle casi siempre en presente.
Si bien el personaje que tiene ecos del Mersault de Camus es el médico, el discurso existencial aflora, de manera explícita, en los monólogos del niño como signo inequívoco de esa búsqueda identitaria, de esa filosofía del ser. García Márquez, al igual que Hector Rojas Herazo, poeta y compañero del grupo de Cartagena, "sigue la línea heideggeriana del existencialismo ateo en la que el ser no se concibe de modo indirecto por vía del pensamiento intelectivo sino tan solo directamente revelándose al hombre a través de su existencia personal". (20) Como en el autor sucreño, el conocimiento del mundo se hace a través de los sentidos: "veo que tienen la cabeza acerada y un pañuelo amarrado a la mandíbula.", "veo que tiene la boca un poco abierta" (LH:16) "Y sentí ese olor a desperdicios" (LH:17), "y oigo a lo lejos el pito del tren que se pierde en la última vuelta" (LH:20), "Yo conozco los cuartos por el olor". (LH:76)
La presencia del discurso existencial se explica, asimismo, "en razón a una formación ideológica asociada al centralismo como actitud dominante en Colombia desde la década del 40 que de acuerdo con Jacques Gilard, se mostraba 'inmune a las disonancias de unas periferias cuya existencia no se reconocía sino en dosis homeopáticas' y que a finales de los 40 fue defendida y sustentada por el suplemento literario del periódico El tiempo, por unos años la publicación cultural de más amplia difusión en el país y cuyos colaboradores (Germán Arciniegas, Eduardo Caballero Calderón, entre otros) eran enemigos acérrimos del pensamiento existencialista". (21) El mismo García Márquez corrobora su apego al existencialismo en una entrevista con José Luis Díaz-Granados, al ser consultada su opinión sobre un cuento de éste último: "Está bueno el cuento. Pero no es existencialista." (22)
De esa forma, la narración del niño se constituye en metarrelato, es decir, relato que habla de sí mismo; en relato espejo que se constituye en 'señal' del texto básico que ayuda a clarificar el propósito central de éste.
Visión caribe del mundo
y panteón de héroes caribeños
Paralela a esta puesta en abismo de la formación de un pueblo caribeño, la novela patentiza la emergencia de una visión caribeña sui generis que instituye valores igualmente singulares, en marcada oposición a los valores occidentales fundamentados en la moral cristiana, introduciendo, de paso, un nuevo tipo de figuras "heroicas" que, como lo señala el profesor Avella (23), no siguen las reglas del juego sino que se juegan la regla.
Uno de los personajes mayormente ensalzados en la novela es, quizá, El Cachorro, la representación del anti-sacerdote. Es un religioso que no preconiza las bondades de la moral cristiana, defiende a un ateo y no lee la Biblia. El Cachorro es poco ortodoxo y menos doctrinario y, por tanto, muy caribe. Es uno de los representantes del desorden y aunque nació en el pueblo, también es un extranjero que llegó junto con la hojarasca. Para todos tiene características heroicas, incluso para el coronel, representante del orden, por ello es uno de los elementos que corrobora la desestabilización de la visión del mundo occidental y de la ideología conservadora-moralista que va de la mano con ella por parte de la visión caribeña.
Esta figura del cura "anti-religioso" parece surgir de una tendencia socio-religiosa escenificada a partir del Segundo Concilio Vaticano en una nueva generación de sacerdotes que, en palabras de Jaime Eduardo Jaramillo, "expresan una visión notablemente más secularizada que muchos de sus antecesores expresada en una enseñanza religiosa más moderna, tolerante y pragmática" (24).
El cachorro, a su vez, instituye otra figura en el panteón caribe: el almanaque Bristol, que reemplaza a uno de los símbolos más sagrados del mundo occidental: La Biblia. El mismo Coronel lo deja entrever: "De todos modos, lo que suceda tenía que suceder. Es como si lo hubiera anunciado el almanaque." (LH:150) Claro está que el ataque de García Márquez a la religión, en este sentido, también se encuentra ligado al papel de la iglesia católica como aparato ideológico y represivo del Estado durante la hegemonía conservadora de mitad de siglo.
La segunda gran figura heroica caribeña instituida por la novela, es la del trickster, tal vez la de mayor recurrencia en las manifestaciones folclóricas de todo el gran Caribe (recordemos a Ananse, por ejemplo). Martín, el esposo de Isabel, es la clara representación del ser astuto que logra engañar a todos valiéndose de los más ingeniosos ardides, consiguiendo la admiración de todos por ello. Así, Martín desposa a Isabel con el objetivo de ganarse la confianza del Coronel y llevar a cabo una empresa con el respaldo de los bienes de éste. A pesar de que ha desaparecido desde hace nueve años, el Coronel piensa: "han transcurrido nueve años pero no por ello tengo derecho a pensar que era un estafador. No tengo derecho a pensar que su matrimonio fue apenas una coartada para persuadirme de su buena fé." (LH:118). Sin embargo, en el fondo, el Coronel sabe que ha sido engañado por un especialista en timos y por eso señala más adelante: "si ambos nos equivocamos al confiar en Martín, corre como error compartido" (LH:118). Además, el coronel deja entrever cierta admiración por el astuto joven: "llegó a mi casa con un saco de cuatro botones, segregando juventud y dinamismo por todos los poros, envuelto en una luminosa atmósfera de simpatía" (LH:118). Isabel advierte esa situación: "Martín parecía vinculado a mi padre por una entrañable y sólida amistad y éste hablaba de aquél como si fuera él y no yo quien iba a casarse con Martín" (LH:105).
El ejemplo más diciente del juego de las reglas se da en la conversación del alcalde con el Coronel acerca del entierro del doctor. El alcalde se erige como el deshonesto, el hombre que se enfrenta al mundo adverso y sobrevive en una situación precaria jugándose la regla: "Y entonces comprendo que es deliberadamente ilógico, que está inventando trabas para impedir el entierro." (LH:42) Es aquí donde la desestabilización de esa visión del mundo occidental, lógica y racional, llega a su punto máximo. Es la visión caribe, anti-lógica y entrópica la que organiza claramente el desarrollo del relato y las relaciones de los personajes, pues el Coronel comienza a tener una visión menos ortodoxa: "Coronel, esto podríamos arreglarlo de otro modo. Y yo, sin darle tiempo a terminar, le digo: «Cuánto»" (LH:45).
Es posible afirmar, finalmente, que La Hojarasca es obra fundacional del Caribe Colombiano, en tanto se erige como espejo de su evolución histórica a través de la duplicación de las estructuras socio-históricas que dieron origen a ella. El texto presenta, paralelamente, una visión del mundo particular a la región caribeña que emerge desestabilizando e imponiéndose, en definitivas, a la visión aparentemente dominante, la visión del mundo occidental, cristiano-moralista, e instaurando, de paso, un nuevo "panteón heróico" que contraviene los valores y patrones axiomáticos introducidos por esa moral cristiana.
A nivel textual, este propósito se alcanza con el establecimiento de una red semiótica que apunta hacia el realce de lo extranjero, de lo recién llegado, y al rebajamiento de lo autóctono. Igualmente, se logra a partir de la introducción de la técnica del relato espejo y del discurso existencial y a través de la utilización de héroes investidos de anti-valores, anversos de los arquetipos tradicionales.
NOTAS:
1. AVELLA, Francisco. Del proceso identitario, al pensamiento Caribe. Universidad Nacional de Colombia, Maestría en Estudios del Caribe, mayo 20 y 21 de 2001, pág. 1
2. JARDEL, Jean. "La pensée creole des Antilles". En: Encyclopedie Philosophique Universelle. Paris, PUF, 1992. Tomo I, p. 1513.
3. Todas las citas en el texto pertenecen a esta edición de La Hojarasca: Bogotá, Ediciones Orbis, 1955, y serán introducidas por las iniciales LH seguidas del número de la página.
4. Según Edmond Cros, "La sociocrítica es una propuesta que nació en Francia a finales de la década del sesenta y comenzó a consolidarse como teoría de análisis textual en 1975 y cuyo objetivo es el estudio de los indicios y el funcionamiento socio-ideológico en los textos de ficción". Seminario Internacional de sociocrítica, Medellín, Universidad de Antioquia, Medellín, 4-8 de octubre de 1999.
5. Según André Gide, "es mise en abime todo espejo interno en que se refleja el conjunto del relato por duplicación simple, repetida o espacio". El espejo en la novela. En: Teoría de la novela. Antología de textos del siglo XX. Ed. Enric Sullà. Barcelona, Crítica, 1996. En este artículo utilizaré el término para demostrar que la novela es espejo de un texto cultural: la formación de un pueblo del Caribe.
6. Darcy Ribeiro define a los Pueblos Nuevos de América "como poblaciones plasmadas por la amalgama biológica y por la aculturación de etnias dispares dentro de un marco esclavócrata y hacendista." Según él, "de su conjunción resultarían no solo pueblos mestizos sino cristalizaciones culturales nuevas que terminaron por configurarse como proto-células étnico-culturales". "Configuraciones histórico-culturales americanas". En: Temas de filosofía de la cultura latinoamericana. Bogotá, Editorial El Buho, 1982.
7. Tomamos como base la concepción de Cros, quien define la visión del mundo como "el conjunto de aspiraciones, de los sentimientos y de las ideas que reúnen a los miembros de un grupo y los oponen a los demás grupos. Literatura, ideología y sociedad. Madrid: Editorial Gredos, 1983.
8. Greimas distingue seis actantes o categorías abstractas donde se pueden ubicar todos los actores de un relato. Semántica estructural, trad. Alfredo de la Fuente. Madrid, Gredos, 1976.
9. Término introducido por Lewis K. Gordon en: Main Currents in Caribbean Thought, The Johns Hopkins University Press. Baltimore-Londrés, 1987, p.24.
10. Salomón Kalmanovitz. "Desarrollo capitalista en el campo colombiano". En: Colombia, hoy, 7ª edición. Bogotá, Siglo XXI editores, 1981, pág. 289.
11. Hélène Poliquen. "Texto literario y desestabilización de la ideología: Lectura sociocrítica del preámbulo de la Hojaras, de Gabriel García Márquez". En: Teoría y analísis sociocrítico. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia,1992, pp.36-37.
12. Darcy Ribeiro, Op. cit. p.142
13. Fabio Zambrano. "Historia del poblamiento del territorio de la región Caribe de Colombia". En: Poblamiento y ciudades del Caribe Colombiano. Compilación: Alberto Abello Vives, Silvana Giaimo Chávez. Bogotá, Editorial Gente Nueva, octubre de 2000.
14. Ibid, p.40.
15. Mario Vargas Llosa. Historia de un deicidio. Barcelona, Barral Editores, 1971, pág. 279.
16. Adriana Corso. "Santa Marta, la habilidad para sobrevivir". En: Poblamiento y Ciudades del Caribe colombiano, p.399.
17. Antonio de Narváez. Provincia de Santa Marta y Río Hacha del Virreynato de Santa Fé. En: Ensayos Costeños: De la Colonia a la República: 1770-1890. Comp. Alfonso Múnera. Bogotá, Colcultura, 1994.
18. Ibid., pág. 255.
19. El término es de Mieke Bal, quien señala "cuando cabe parafrasear las fábulas básicas e intercaladas de modo que ambas paráfrasis tengan uno o más elementos en común. El subtexto será una señal del texto básico. El lugar del texto intercalado el texto espejo en el básico determina su función de cara al lector."Teoría de la narrativa: Una introducción a la narratología. Madrid, Cátedra, 1995.
20. Amilkar Caballero. "Visión del mundo Caribe en Desde la luz preguntan por nosotros, de Hector Rojas Herazo. En: Respirando el Caribe. Comp. Ariel Castillo Mier. Bogotá, Gente Nueva, 2001, pág. 8.
21. Ibid, pág. 9.
22. José Luis Díaz-Granados. "Gabo en 1959". En: Repertorio Crítico sobre García Márquez, tomo II. Comp. Juan Gustavo Cobo Borda. Santafé de Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1995, pág. 7.
23. Ibid., pág. 5.
24. Jaime Eduardo Jaramillo. "El sector agrario en Colombia: Modernización, diferenciación social y presencia del Estado". En: La Colombia de hoy, sociología y sociedad. Comp. Alvaro Camacho G. Bogotá, Fondo Editorial CEREC, 1986, pág. 189.
BIBLIOGRAFIA:
--AVELLA, Francisco. Del proceso identitario al pensamiento Caribe. Universidad Nacional de Colombia, Maestría en Estudios del Caribe, mayo 20 y 21 de 2001.
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