A propósito del carnaval de Barranquilla:
Más que ocultar, la máscara revela
Isabel Álvarez de Ahumada
Especialista en Literatura del Caribe Colombiano
Universidad del Atlántico

Esta oración sencilla, paradójica y contrastada fue pronunciada en una charla acerca de la carnavalización (teoría del carnaval aplicada a la literatura )* por un gran amigo y compañero de labores, el escritor caribeño Guillermo Tedio, quien al emitirla, produce una acertada afirmación.

Es una tendencia general suponer que la máscara, usada en los carnavales, es sólo símbolo de ocultamiento, de reflejo de las leyes, prohibiciones y limitaciones que tenemos en nuestra vida normal y que determinan las acciones diarias; de liberación de los roles que desempeñamos en el teatro cotidiano.

Bajtin plantea que en esta manifestación de la cultura popular, se lleva a cabo "La disparidad carnavalesca ", esto es, la conjugación de valores con antivalores: lo profano con lo sagrado, lo alto con lo bajo, lo estúpido con lo sabio, etc.

Por un lado, la máscara oculta porque vivimos aún en un mundo de apariencia desde un fondo social, ideológico, religioso, etc. Esta es una parte de la condición humana. El ser existente, en general, se enmascara en situaciones difíciles, en las cuales necesita de imágenes carnavalescas que funcionan tanto como proyecciones fantasmagóricas de miedos y angustias, como de frustraciones y aspiraciones. Estas limitan el modus vivendi de todas las clases, aún de las más honrosas, en una especie de metamorfosis de la realidad.

El enmascaramiento del hombre oculta su mundo exterior, su pasado, su temperamento, su experiencia, sus vínculos afectivos, su condición económica, sus posibilidades de libertad. Despersonaliza, sin proponer al enmascarado, ni como testigo ni como víctima. El individuo sólo debe desempeñar roles. Por consiguiente, y retomando el título de este ensayo, podríamos afirmar que la máscara del carnaval también revela; también descubre configuraciones visibles que, en la cotidianidad, no percibimos en las personas que nos rodean, evidenciando en esta manifestación folclórica los verdaderos rostros que les gustarían mostrar, pero que la sociedad no quiere aceptar, aunque en ella existen muchos valores perdidos.

Luego, a manera de liberación, algunos participantes del carnaval de Barranquilla y quizás de cualquier parte del mundo, no pueden perder esta oportunidad para despojarse de prejuicios, dejar a un lado sus frustraciones y enmarañarse en la risa carnavalesca, para salirse de la rutina y dar rienda suelta a su "yo" interno.

En el carnaval encontramos al magnate, intelectual, profesor, ingeniero, médico, etc., quienes, debido a la robotización, tecnología, rutina y absorción laboral, inspiran miedo, neurosis y extremada seriedad a las personas que los rodean. Así, en el evento carnavalesco se desdoblan y reflejan lo que son o tal vez desearían ser: el inmoral, el alegre, el bullanguero, el mamador de gallo, el atrevido, el irreverente, capaces de realizar actos y mostrar comportamientos que llevan consigo internamente, y que sólo se atreven a manifestar en carnaval. Es precisamente ésta, la transgresión y ruptura de las normas sociales.

Existe una serie de alegorías y situaciones presentadas en el carnaval, que poseen en su contenido, no intención de ocultar sino de revelar elementos de protesta, de esperanza, de burla, de redención, de desquite. Algunas de éstas podríamos plantearlas así: el político y el militar. Quizás dentro de esa burla, ironía y mamadera de gallo, encontramos al personaje que en el fondo quiere "hacer pilatunas", "serruchar", "gobernar", mandar; se siente frustrado porque en su vida diaria y en su hogar no lo puede hacer. Luego, esta es la oportunidad de realizarlo.

La marimonda y el monocuco hacen de las suyas. ¡Qué hermosa ocasión para desbordar con estos disfraces la risa, la alegría, el bullicio que llevan dentro de sí, pero que la dureza y dificultades de la rutina, no les permiten reflejar! No obstante, algunos se aprovechan para utilizar el lenguaje vulgar que les gustaría emplear a diario y que la atadura a su condición social o laboral les inhibe.

El que lleva la máscara de animal de la selva, como el gorila, el tigre, el leopardo y otros, tiene aquí la oportunidad para dejar salir a flote la bestia que todos llevamos dentro y que no podemos revelar cuando lo quisiéramos.

La loca probablemente representa al colombiano que quiere perder la lucidez, vivir en un mundo de locuras y extravagancias en esos cuatro días carnavalescos para evadir la cruda realidad que acontece en nuestro país, pleno de guerras y contradicciones.

El grupo de las letanías no puede perder esta precisa ocasión para develar secretos ajenos, algunas veces con nombres propios; criticar, mostrarse irreverente, irónico y hasta vulgar. Aquí nos tropezamos con personas que, nunca hubiésemos imaginado, manejan la oralidad con tanta jocosidad y osadía.

Podríamos concluir entonces que el barranquillero, que a veces creemos no baila, no goza, no ríe tanto, se desborda arrebatadoramente como dice una vieja canción: "Barranquillero, que baila arrebatao...".
BIBLIOGRAFÍA:
1. BAJTIN, Majail. La cultura popular en la edad media y renacimiento. Barcelona, Barral Editores, 1971.
2. ------------. Problemas de la poética de Dostoievski. México, FCE, 1993.
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© Isabel Álvarez de Ahumada
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 7
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2001
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA
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