JAZZ  EN CLAVE CARIBE

Rafael Bassi Labarrera
rabassi@playnet.net.co



      Muchos de los lectores de estas líneas crecieron  arrullados por las voces de la Sonora Matancera que brotaban de los mágicos traganíqueles de las tiendas de los barrios populares; así, mientras jugábamos en las calles tremendos partidos de chequita y bola e'trapo, íbamos educando nuestro oído con las sonoridades antillanas.  

      Al llegar a nuestra primera juventud en la década de los sesentas, aquellos locos sesentas, época de rebeldía y sueños, conocimos un nuevo sonido proveniente de esa caldera humana nuevayorquina conocida como El Barrio y que fue asimilado rápidamente en el club social de la esquina urbana caribeña. Esa salsa  que tenia su antecedente más cercano en el famoso Cortijo y su Combo era el sonido que los jóvenes de esa época necesitábamos para alimentar musicalmente el espíritu rebelde y contestatario. 

      Vale la pena señalar que esa salsa, que todavía no se llamaba así, no era música de fiestas familiares, era música de verbenas populares y fluía desde potentes picós engalanados con exuberantes dibujos y simpáticos nombres. Sin lugar a dudas un hecho que marcó la identidad musical de esa generación barranquillera fue precisamente que en 1968 aparecieron en nuestros carnavales, los líderes indiscutibles del nuevo sonido antillano Ricardo Ray y Bobby Cruz, dúo dinámico que desde la Babel de Hierro se apoderó a ritmo de Boogaloo y Jala Jala de las esquinas de los barrios populares. 

       Esa música se gozaba en las tiendas de Rebolo, Barrio  Abajo, Las Nieves y La 21. Con el permiso de ustedes, quisiera recordar algunos de esos sabrosos sitios que eran un híbrido de tienda-bar-cantina. ¿A quien se le ocurriría el horrible genérico de estadero? En fin, teníamos a la tradicional 100 que compartía popularidad con El Diamante, El Boricua, El Coreano, El Palladium, El Bronx Casino y toda una gama de tienda-bares esquineras.   En ellas se escuchaban la pachanga brava de Joe Cuba, el boogaloo de Pete Rodríguez, el son montuno de Eddie Palmieri y se viajaba en el poderoso avión de Joe Bataan. Para saborear esos deliciosos frutos sonoros en forma, aterrizábamos en la nocturna Ceiba con sus famosos bares, versión criolla de los cabarets de la Gran Manzana. Recordemos El Palo de 0ro, La Charanga, El Carnaval y la mágica Gardenia Azul con sus encantadores jardines.

      Pasaron los años y aquella música de marihuaneros ascendió en la escala social, penetrando en los hogares de clase media. Algunos de aquellos muchachos que habían sido inoculados por el virus salsero de Maelo & Cortijo se habían convertido en estudiantes universitarios, tenían inquietudes sociales y políticas diferentes, alimentaban sueños de cambiar la sociedad. Había un público que necesitaba otra música y aparecen las canciones salseras de contenido social  de Ruben Blades y Tite Curet Alonso como respuesta a esa necesidad. Evidentemente se enriquece el contenido de la salsa con temas llenos de mensajes sociales y letras mejor elaboradas. Aumenta el número de adictos, los salseros veteranos envenenan a sus compañeros y a las noviecitas, florece en todo el Caribe, excepción de Cuba que vive su nuevo orden social, una bohemia salsera que en el caso de Barranquilla, vive su momento cumbre con el Concierto de Willie Colon & Ruben Blades el 19 de Julio de 1979, festejando la caída de la dictadura somocista en Nicaragua.

      Como dice la canción de Pablo Milanés, "pasan los años nos vamos poniendo viejos". Al llegar el declive salsero de la segunda mitad de los ochentas, la furiosa avalancha merenguera y el sofocante vallenato complementan la pobreza  musical de la porno-salsa, llevándonos a buscar tierra alta como la tanga, siguiendo a líderes salseros como Eddie Palmieri, Ray Barretto y Papo Lucca. Encontramos la tabla de salvación en el denominado Jazz Latino que nos brinda la oportunidad de una música instrumental llena de matices para alimentar nuestra post-juventud.     

      Es indiscutible que la música popular del Caribe está indisolublemente ligada al canto y al baile. Nuestro rico espectro musical abarca un sinnúmero de géneros que identifican regiones y naciones; lógicamente esta diversidad musical también tiene funciones sociales.

      Cuando se habla de música instrumental del Caribe, se hace referencia a  esa música hecha pensando más en el oyente que en el bailador, como bien lo anota el musicólogo cubano Leonardo Acosta: "una música concebida más para ser escuchada que bailada, y con características que nos permitirán calificarla, al menos provisionalmente, de experimental".

      Precisamente una de las virtudes de la denominada música experimental del Caribe es su capacidad para mezclar diferentes expresiones musicales, además de la libertad que da a cada interprete para que  al improvisar ponga en juego todas sus habilidades técnicas y demuestre su talento y virtuosismo. Otra característica de esta música que conquista a Europa y Norteamérica, es la versatilidad de su formato orquestal, lo que le permite penetrar diferentes ambientes, desde refinados salones de concierto hasta escenarios callejeros pasando por los clubes nocturnos, siempre buscando llegar al fondo de la sensibilidad del oyente.

      En realidad, no es sino hasta época reciente cuando se consolidan internacionalmente los grupos instrumentales caribeños. Quizás el antecedente más cercano es la  desestresante  reunión de músicos  para dar rienda suelta a su capacidad de improvisación en legendarias sesiones de Descargas.

      En sus comienzos la salsa, alentada por el jazz, dio paso a un proceso de liberación de los instrumentos  en la música popular, intensificando el tiempo de las improvisaciones para permitir el lucimiento de los virtuosos intérpretes en maravillosos solos.

      El encuentro del jazz y los ritmos afrocubanos en la década de los cuarentas dio como resultado el llamado jazz afrocubano que tuvo entre sus gestores a Mario Bauzá, Dizzy Gillespie y al mítico tamborero Chano Pozo;  con el paso del tiempo esta fusión fue enriqueciéndose con otros elementos musicales del Caribe y Sudamérica, pasando a ser reconocido universalmente como jazz latino.

      El jazz latino se ha convertido en la alternativa sonora para  los músicos salseros de ayer al encontrar un mejor espacio para desarrollar sus ideas, experimentando con todo tipo de expresiones musicales latinoamericanas. Esta década ha visto consolidar una larga lista de intérpretes, creadores y solistas entre los que se destacan pianistas como el cubano Gonzalo Rubalcaba, el panameño Danilo Pérez, el puertorriqueño Hilton Ruiz y el dominicano Michel Camilo.

      En estos oscuros días de inicio del nuevo milenio, cuando supuestamente no existen fronteras en la aldea global, gracias a las grandes crisis económicas y al fin de la guerra fría, hemos tenido oportunidad de reencontrarnos con las sonoridades  que se hacen en la Isla de la Música y conocer una maravillosa nómina de educados artistas que lo mismo hacen música popular que música erudita. Sería muy dispendioso elaborar una lista de músicos cubanos contemporáneos, pero señalemos a vuelo de pájaro a destacados creadores como Chucho Valdés, Paquito D'Rivera, Orlando Maraca Valle, Juan Formell, José Luis Cortes, Adalberto Alvarez....

      Hay quienes afirman sin ningún temor que el jazz latino es la música del Siglo XXI, lo cierto es que el sentimiento musical latino ha encontrado una forma de expresarse con toda su intensidad y virtuosismo en este género.

      En el pasado festival de jazz "BarranquiJazz" (septiembre de 2001), celebrado en el Teatro Amira de la Rosa, contamos con la presencia de excelentes artistas  como el saxofonista boricua David Sánchez, los pianistas norteamericanos Jeff Gardner y Kirk Lightsey , la cantante brasileña Rosa Passos y los cubanos Hilario Duran y Orlando Maraca Valle. Además, se rindieron honores al gran pianista cartagenero Joe Madrid. 

      Es preciso señalar la vinculación de la Universidad del Norte a esta versión del BarranquiJazz coordinando todo lo relacionado con los talleres que dieron algunos músicos visitantes.

      Solo me queda invitarlos a escuchar JAZZ EN  CLAVE  CARIBE, el espacio radial que  UniNorte FM Estéreo dedica semanalmente a la difusión de lo mejor del jazz latino, todos los martes y viernes de 8 a 9 de la noche,  bajo la conducción de este servidor. Gracias y que los flujos  espírituales de Chano Pozo, Mario Bauzá, Chico O'Farrill, Tito Puente... nos llenen de energía musical.  ¡MANTECA!
_______________________________________

©   Rafael Bassi Labarrera

LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN:  0124 - 9282

Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 7
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2001


DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA

El URL de este documento es:
http://lacasadeasterionB.homestead.com/v2n7clave.html
PORTADA
VOLUMEN II - NÚMERO 7