“EL PERRITO”, DE MARVEL MORENO:
ALEGORÍA DE LA MANIPULACIÓN,
EL PODER Y EL ABANDONO
(Segunda parte)
Ver la primera parte de este ensayo en:
Armando Martínez Gutiérrez
Universidad del Atlántico
Otro texto intercalado en la narración marco del relato nos remite a la visita que el protagonista realiza a la mansión de los d´Aubreil, en plena ejecución de otro de sus programas narrativos: lograr la aceptación de la clase aristocrática parisina. En esta oportunidad, su performancia recibe una sanción negativa. Una nueva intervención del focalizador externo (desde adentro) penetra la conciencia del sujeto y nos pone al tanto del desagrado sufrido por Esteban en su más reciente visita a aquella residencia suntuosa de Saint-Germain-en-Laye: “Pero algo le había hecho sentirse incomodo, ajeno a ese mundo”. Fue una conversación sobre cacería, planteada por un grupo de muchachos que entró al salón en compañía de tres perros, que lo obligó a silenciarse ya que desconocía por completo el tema. “Guardó un silencio precavido prometiéndose comprar libros que trataran del asunto. Algún día cazaría con los d´Aubreil y nada le disgustaba tanto como pasar por ignorante” (p. 101, énfasis agregado). Esta limitante marcaba una vez más las diferencias de clase entre el pintor, dado en desdeñar su origen latino, y el mundo de la aristocracia francesa al cual luchaba por integrarse.
En efecto, en el relato encontramos datos reveladores de esta pugna de identidad que Esteban ha venido librando consigo mismo. Así vemos como focaliza desde el recuerdo a su antigua compañera Isabel, la cual “con su manía de trenzarse el cabello parecía horriblemente latinoamericana” (p. 103). Resultan evidentes sus posturas maldicientes sobre la índole mestiza de su raza, y por el contrario, el frenesí con que aborda todo cuanto tenga que ver con la cultura europea. En concepto del maestro Pedro Henríquez Ureña, este tipo de actitudes es frecuente porque “nosotros, los más, ignoramos cuánto sea lo que tenemos de indios: no sabemos todavía pensar sino en términos de civilización europea” (15).
Nos referiremos ahora a la historia reciente de Esteban Henríquez, que como ya lo planteamos, comporta el carácter englobante del relato.
El renombrado pintor ha salido de un laboratorio ubicado en calle de la Tombe Issoire. El narrador-focalizador nos entera de la felicidad que lo embarga al saber que su columna vertebral no tenía complicaciones. Es aquí donde mediante un interesante juego de doble focalización, Esteban toma en cuenta al perrito, que está en un almacén detrás del vidrio de una vitrina; y a su vez, el pequeño animal ha fijado toda su atención en el pintor, de quien obtiene su interés al ejecutar una serie de piruetas circenses que atraen al famoso artista.
A partir de este momento, nos preparamos para asistir al juego del manipulador-manipulado ya que Esteban Henríquez, movido por un extraño impulso, termina entrando al almacén. Allí encuentra “la cara redonda y sonriente del propietario. Al instante se sintió incomodo, pues le pareció que aquel hombre había estado esperando su reacción desde un principio, como si el perrito fuera un anzuelo” (p. 101). Y no se equivocaba. Mediante el empleo de un diálogo con voces de segundo nivel, el relato muestra un Esteban sometido a las artimañas de un estafador sin escrúpulos que explota su total ignorancia sobre las razas caninas. Al preguntar si el perrezno era un sabueso su falencia había quedado al descubierto.
De esta manera termina comprando al animalito por un precio astronómico, bajo el supuesto de que era hijo de un campeón, de lo cual es convencido a través de un documento verde que forma parte de la utilería llevada a escena para la farsa.
Al llegar al apartamento, el recurso de una prolepsis (16), focalizada desde adentro, hace ver a un Esteban feliz de su adquisición y planeando actividades recreativas con su mascota al lado de los d´Aubreil. Ahora tiene la sensación de estar acompañado. Con la compra del animal cree haber resuelto el problema de su soledad, lo que en una particular retrospectiva lo lleva de nuevo al lado de Isabel. Así mismo, en la prospección de sus actividades de ese día por la tarde, contempla la visita de los Van der Castel, una pareja de millonarios que poseía una interesante colección de pintura moderna y había mostrado mucho interés en su obra. Para tales efectos, diseña la estrategia que le permitiría convencerlos de la calidad de su obra pictórica: un nuevo plan de manipulación del cual espera sacar la mejor de las tajadas. Dicho plan incluye desde el brindis inicial hasta la creación de un ambiente que no permita la más mínima de las distracciones de los potenciales compradores. Todo se dispone de esa manera.
Mientras llegan los visitantes, Esteban Henríquez recomienda a su mayordomo la especial protección del perrito. Esta circunstancia le hace recordar nuevamente a Isabel para quien, en muchas ocasiones había oficiado de “protector” cuando otra gente se proponía abusar de su débil carácter. Ahora ella vivía en Bogotá en condiciones de mucha pobreza, y él, de repente, se miró a sí mismo con la lupa del desagradecimiento. De inmediato, futurizando lo que podrían decir sus biógrafos más adelante, urde sobre la marcha un plan narrativo que favorezca a Isabel, pero que en el fondo lo que busca es librarlo del riesgo de la difamación: la llamará esa noche para ofrecerle “un apartamento decente” y “hasta un automóvil”. Otro plan cuya sanción se perfila negativa, ya que al final un duro golpe le impedirá realizarlo.
Para entonces se sentía admirablemente bien y decide terminar un cuadro que había iniciado el día anterior, pero al contemplarlo le pareció un verdadero caos. Entonces toma la determinación de pintar sobre ese mismo lienzo, otro cuadro totalmente diferente. Dos horas después termina su faena y se enorgullece de una obra en la cual ve reflejada la paz interior que ahora creía disfrutar.
Al momento de producirse la anhelada visita de los Van der Castel, Esteban Henríquez se da prisa en encerrar al perrito en su cuarto para evitar una fatal distracción de la pareja de coleccionistas. Comprendió de inmediato que era la esposa quien tomaba las determinaciones y preparó su redada. Se le antojó que pertenecía a ese tipo de personas “necias, dominantes, imponiendo con secreta rabia el poder que les servía de compensación, podían dar al traste con una venta” (p. 111).
Llegado el momento cumbre de pasar al taller, Esteban se sorprende con la actitud displicente de la dama que, contra todo pronóstico, nunca se mostró impresionada con los cuadros que iba observando. Sus comentarios siempre fueron punzantes y él se sintió desenmascarado cuando le propuso la compra del cuadro que acababa de pintar esa tarde. Recordemos que de las obras que iba descubriendo hábilmente a los visitantes, esta era la única que el propio artista consideraba vital y trascendente. Experimentaba una ira impresionante que no hallaba cómo reprimir, pero luego de su inicial negativa de negociar dicha obra, terminó por claudicar ante las pretenciones de los señores Van der Castel. Se encontraba francamente desconcertado. Era un primer revés que comenzaba a ubicarlo en el rol del manipulador manipulado.
Lo peor de la aciaga tarde estaba por venir. En el instante en que los coleccionistas solicitan volver a mirar algunos cuadros, el perrito comenzó a aullar. Esteban experimentó una perplejidad de hielo. Un nuevo juego de voces intercaladas dan cuenta sobre el cuestionamiento inicial de la existencia del animalito y el tono de reproche de la señora Van der Castel al decir que “a los perros no les gusta sentirse solos, sobre todo cuando son pequeños” (p. 112). Esto último pudiera interpretarse como una sutil alusión al propio Esteban, a quien la aristocrática dama estuviera adjudicando también la condición de perro pequeño.
Ante los aullidos cada vez más fuertes del perrezno, los Van der Castel ponen a andar su programa narrativo para seguir manipulando la situación. De tal manera que bajo el pretexto de que “a nosotros nos encantan los animales”, solicitan a Esteban que saque al inquieto perrito. Por el temor de que lo juzgaran mal, él mismo lo libera y la pareja de esposos simula disfrutar sus monerías y fascinarse con sus zalamerías. La estocada de gracia para el ahora manipulado pintor ocurre cuando los coleccionistas deciden partir sin haber adquirido ningún cuadro. Con el fracaso de este plan de uso del pintor Henríquez, se ha venido a tierra otro de sus objetos de deseo: la aceptación de la clase aristocrática de París (17).
Detengámonos para observar cómo desde un primer momento, resulta evidente que los esposos Van der Castel lo que perseguían era valorar qué clase de cánido tenía el atribulado pintor. La supuesta admiración y las caricias que le prodigaron eran parte de su plan de uso para enterarse del pedigrí del cachorro. Lo demás consistió en llegar a la simple deducción de que si el perro no era de alcurnia, como en efecto lo habían comprobado, los cuadros tampoco eran el portento que la crítica especializada tanto destacaba. La misma señora lo había intuido desde el instante en que pasaron al taller.
Al final, el pintor Henríquez experimenta una profunda sensación de odio hacia el animal. El hecho de haberle frustrado la venta de sus cuadros y de haber propiciado su desenmascaramiento, había trocado en rencor lo que antes era admiración y simpatía. Con este infausto acontecimiento, quedaban al destape también su frágil paz interior y su propensión a las frustraciones. En consecuencia de lo anterior, había ordenado ya a su mayordomo que abandonara al perrito en la calle o en el bosque.
Esta determinación marcaba un procedimiento similar al que realizara su madre con la perrita de su infancia. El hecho también nos remite al abandono de Isabel. Igual pasó con ella cuando se convirtió en un estorbo en su irreflexiva lucha por adquirir poder. Tan dura resolución configura el tercer acto de abandono que entraña el relato.
Ya de noche, después que el mayordomo ha cumplido la orden de deshacerse del animal, se acerca a Esteban para recordarle que tenía que llamar a Isabel a Bogotá, “pero lo vio tan sombrío, tan pálido y hosco, que no se atrevió a decirle nada” (p.113).
En conclusión, el pintor Esteban Henríquez, no obstante haber conquistado la fama y el poder económico, ha dejado de ser el diestro manipulador de personas y situaciones para asumir el rol de ente manipulado, que ve derrumbadas sus aspiraciones de ser aceptado por la aristocracia francesa y disfrutar de una paz interior que ha estado lejos de tener durante toda su vida.
NOTAS:
15. Pedro Henríquez Ureña. La utopía de América. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1989, p. 55.
16. Anacronía consistente en un salto hacia el futuro en el TIEMPO DE LA HISTORIA, siempre en relación a la línea temporal básica del DISCURSO novelístico marcada por el RELATO PRIMARIO. Darío Villanueva. Comentario de textos narrativos: La novela. Gijón, Ediciones Júcar, p. 193.
17. Ver el cuadro RELACIÓN ACTANCIAL EN EL PERRITO, en la pprimera parte.
BIBLIOGRAFÍA:
--ADAM, Jean Michel y LORDA, Clara. Lingüística de los textos narrativos. Barcelona, editorial Ariel, 1999.
--ARDILA, Felipe y RODRÍGUEZ, Héctor. “Las fases canónicas en Hansel y Gretel”. En: Narratológicas: Boletín 1-2: La historia: fases canónicas. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, febrero de 1991.
--BAL, Mieke. Teoría de la narrativa: Una introducción a la narratología. Madrid, Cátedra, 1998.
--BARTHES, Roland. “Introducción al análisis estructural de los relatos”. En: Análisis estructural del relato. Cuernavaca, Ediciones Coyoacán, 1998.
--DE LA TORRE VILLALBA, Antonio. Aproximación al texto literario. Málaga, Librería Ágora, 1992.
--GREIMAS, Algirdas Julien. Semántica estructural. Madrid, Gredos, 1984.
--HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro. La utopía de América. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1989.
--MARCHESE, Angelo y FORRADELAS, Joaquín. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona, Editorial Ariel, 1998.
--MORENO, Marvel. El Encuentro y otros relatos. Bogotá, El Áncora Editores, 1992.
--RIMMON-KENAN, Shlomith. “Focalización”. En: Narratológicas, No 2. Bogotá, agosto de 1998.
--ROMERA CASTILLO, José. “Teoría y técnica del análisis narrativo”. En: Elementos para una semiótica del texto artístico. Madrid, Cátedra, 1998.
--VILLANUEVA, Darío. “Glosario de Narratología”. En: Comentario de textos narrativos: La novela. Gijón, Ediciones Júcar, 1997.
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© Armando Martínez Gutiérrez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen II - Número 7
Octubre-Noviembre-Diciembre de 2001
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
BARRANQUILLA - COLOMBIA
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